Reflexiones

El adúltero y la engañada: un ofensivo circo mediático.

7 Octubre, 2010 – José Luis Burgos Fernández

No seré yo quien intente demonizar a una, ya castigada, Princesa del Pueblo. Y que conste que me parece genial que a una persona sencilla, humilde, espejo fiel y representativo de una parte significativa de esta sociedad, se le de la oportunidad de participar en una televisión, en detrimento de clásicos y pedantes tertulianos que, lejos de ofrecer un discurso renovado y de interés ciudadano, poseen una gran habilidad para aburrir a la peña.

Tampoco seré yo quien obligue a abdicar a alguien de su trono, por ostentar un título del que no me siento representado y, sobre el que nadie me ha consultado democráticamente si deseo que exista. Allá cada cual con los líderes que elige para su causa, yo también formo parte del pueblo y puedo asegurar que mi princesa la elegí hace tiempo y la tengo en casa.

Con lo que sí me manifiesto en total desacuerdo, es con la falta de sensibilidad y respeto que tienen esta y otras cadenas televisivas, con respecto a las personas que sí tienen motivos reales y serios para sufrir y encontrarse desengañados.

Presentan anoche en Tele 5, tras finalizar la serie “Tierra de Lobos”, el inicio de un programa donde su presentadora y dos colaboradores del mismo, ocupan un primer plano de la pantalla para dirigirse a los oyentes y comunicarles, en un mensaje donde se declara poco menos que un “Duelo Nacional”, que España entera habla y siente el dolor de su Princesa. Todo ello con un discurso riguroso y solemne, similar al que se dedica cuando se habla de personas ilustres, o privilegiados nobles, donde se repiten las palabras del profundo dolor por el delicado momento que atraviesa la persona que idolatran, su Princesa.

Para más INRI, proyectan unas imágenes de la Princesa, mientras viajaba en la parte trasera de un coche conducido por chófer, en las que dirigía unas palabras a la cámara explicando lo dura y complicada que ha sido su vida, el sufrimiento por el que ha atravesado no es envidiable para nadie. Vuelven la presentadora del programa y sus dos colaboradores a enviarle su apoyo por el delicado momento en que se encuentra.

¿Dónde radica el problema? “Insisto, mi intención no es desacreditar a esta mujer, que hace muy bien en aprovechar la plataforma que le brinda una televisión y rentabilizarla de la mejor manera posible”. El problema es el mensaje mediático que utiliza este canal, para hacer un castillo de un problema que sufren miles y miles de mujeres y hombres en todo el mundo: el adulterio.

¿Saben los responsables y comunicadores de estos programas, que el peor daño que puede sufrir una mujer por parte de su pareja, no es la infidelidad sino el maltrato y el asesinato? ¿Saben que sufren más dolor las madres de Afganistán, que diariamente ven como sus hijos mueren en una guerra que ellas no desean? ¿Saben el dolor que sienten cientos de miles de familias en este país, no solo por haber perdido su empleo, sino porque les quitan las viviendas por no poder pagar su hipoteca y se les condena a una deuda vitalicia? …

Sí, naturalmente que lo saben, pero a ninguna de estas víctimas se le da la proyección mediática que dan a su Princesa, no lo merecen, porque no son rentables. A pesar de que con ello contribuirían a solucionar muchísimas de las injusticias que se comenten diariamente en esta sociedad.

Por supuesto que ese circo mediático es ofensivo para todas esas víctimas, especialmente irrespetuoso y ofensivo con los ciudadanos de este país que colaboramos en el aumento de sus audiencias y, que estamos sufriendo graves atropellos, que esas mismas televisiones importantes se niegan a denunciar. No existe ética profesional ni vergüenza humana para estas personas, que anteponen los beneficios económicos a la información veraz y a la justicia.

Su complicidad con los atracos e irregularidades que comenten sus clientes es total. Las millonarias sumas que ingresan de esos clientes, en concepto de publicidad, las amortizan éstos últimos por partida doble, ya que no solamente compran clientes para sus negocios, también compran el silencio de los medios que contratan.

De esa forma se puede robar con mayor tranquilidad y sin que ningún medio contribuya a revolucionar el gallinero. Esa práctica la conocen ya muy bien nuestros políticos y otros agentes sociales, ¿verdad que sí, Sres. Botín y resto de banqueros?

¡Compren, ciudadanos, compren…! Compren horas de televisión y una corona, que con ese dinero aliviarán el dolor de su Princesa. Elijan ustedes mismos si ponen esa corona sobre la cabeza de su Princesa, o la colocan sobre sus cajas el día mueran, porque las horas de ignorancia que hemos consumido a esas televisiones son cancerígenas, y serán las culpables de que el capital nos entierre.

Tu otro banco… y cada día el de más gente.

3 Junio, 2010 — José Luis Burgos

No soy un moroso. Soy un estafado e ignorado por un sistema capitalista brutal y despiadado.

Yo era un ciudadano productivo más, de los muchos que hay como yo, víctimas del escándalo financiero que se está produciendo y encubriendo en nuestro país por las fuerzas políticas existentes. Trabajaba con ilusión, pagaba mis impuestos, generaba puestos de trabajo y riqueza.

Suscribí una hipoteca con el mismísimo diablo disfrazado: una de las entidades más fuertes del panorama económico y financiero nacional e internacional, el Banco de Santander. Pagaba puntualmente la misma hasta el momento en que una enfermedad degenerativa se apoderó de mi cuerpo y, con ello, de todas mis posibilidades de mantener la misma vida laboral y productiva que hasta ese momento había realizado. La nueva discapacidad me fue generando unos costes económicos de adaptabilidad de vida, consultas médicas y tratamientos, que nuestro actual sistema político y Administrativo, no cubre ni de lejos en su totalidad

Puse en conocimiento de esta entidad bancaria mi nueva situación, confiando en que su anunciada respetabilidad me correspondería con el mismo apoyo que yo un día les dispensé a ellos, que responderían a la confianza que yo les deposité al suscribir mi operación de crédito. Esperaba que ante mi nueva situación de invalidez, con la que he perdido una importante movilidad y me obliga a desplazarme en silla de ruedas, el banco me abonaría el importe de la póliza de seguro que en su día me obligaron a contratar y, que preveía este tipo de situaciones, más la de accidente o fallecimiento.

Pero lejos de rebajar ese importe de mi hipoteca y presentar una propuesta de amortización que se adaptase a mi nueva situación económica, me convertí en presa de sus constantes acosos y malas maneras. Poniendo la guinda a estos abusos el mismísimo Director de la Sucursal del Banco de Santander que me concediera en su día la hipoteca: esta persona entró en mi domicilio particular saltando por encima de una puerta que se encontraba cerrada, ante la presencia de testigos que corraboraron este hecho en la denuncia que interpuse ante la policía autonómica catalana.

Hoy me encuentro con que se han comido mis ahorros y una buena parte de los ingresos que obtenía cuando podía desempeñar mi trabajo. Pretenden embargarme mi hogar y dejarnos a toda la familia en la calle, prestos a subastarlo por un importe muy inferior a su valor real y al que en su día yo mismo suscribiera, para beneficio de crápulas y subasteros.

Ese es el Banco de Santander. Una de las entidades que más fondos públicos y privados recauda y gestiona; una de las entidades que más beneficios económicos habitualmente declara. La misma que se jacta de invertir 200 millones de euros en el equipo de Ferrari y Fernándo Alonso, para seguir luciendo poderío en esta España de amodorramiento, de circo y pandereta. La misma que financia con fortunas inmorales la compra de futbolistas, para que ese poderío, forjado con el dinero de sus clientes y los abusos que le permite el Gobierno ejercer sobre los mismos, traspase fronteras y muestre al mundo el despilfarro que existe en este país, por encima de necesidades sociales de primer orden, por encima de conciencias y personas desesperadas, para hacer todavía más evidente la falta de sensibilidad y compromiso con una sociedad que le ha permitido todo y se ha convertido en la Meca de ávidos banqueros y políticos corruptos.

Un país que no siendo ni de lejos la tercera potencia económica mundial, ha metido entre las filas del capitalismo internacional al tercer banco más potente, ese que con nuestro dinero se ha convertido en uno de los más ricos, pero también de los más pobres en gratitud y calidad humana. Ese que ha sabido, como todos sus homólogos nacionales, aprovecharse de la bondad de las gentes conformistas de este país, aprovecharse también de sus desgracias y, de una legislación que parece proteger únicamente los intereses de estas entidades, en detrimento de los más débiles. Una legislación que utiliza la maquinaria democrática y su Estado de Derecho, para dar forma a un inverosimil escenario de injusticia para sus ciudadanos y, albergar a un gran número de insaciables tragaperras que se han arropado bajo las sábanas celestiales de este fantástico paraíso financiero situado al sur de Europa.

Este es su banco y cada día el de más gente, el mismo en el que invierten su vida y su dinero.

Estoy aquí con mi hijo, en la calle, donde ellos nos quieren dejar. Me he plantado ante una oficina del Santander porque deseo poder mirar y que me mire a los ojos uno de los hombres más ricos del mundo: el Sr Botín. Para que sepa de donde sale una sustancial parte de sus beneficios y de su dinero, de tragedias como la que hoy os cuento.

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