Los mercados dan más miedo que Al Qaeda.

“Los mercados van a castigar seriamente a los países que no cumplan, con el consiguiente perjuicio para familias y empresas y el aumento del paro.” – José Viñals, Director de Asuntos Monetarios del FMI –

Decíamos hace un par de días que los ciudadanos europeos no nos hemos asustado mucho con las alertas terroristas de la semana pasada, y que podía deberse a que estamos más asustados por otras amenazas hoy más dañinas y visibles: las económicas, los planes de recortes sociales, ajustes presupuestarios y desmantelamiento del Estado de Bienestar que ya estamos sufriendo, y sobre todo que se adivinan en el horizonte.

Es así: los mercados dan hoy más miedo que Al Qaeda. Mientras ésta lanza atentados puntuales, que causan muerte y destrucción, pero que aunque terribles son esporádicos; los fantasmales mercados atacan repetidamente a las economías nacionales, sacudiendo bolsas, encareciendo la deuda pública, imponiendo reformas drásticas. Incluso cuando no golpean y sólo amagan, extienden el terror con mayor éxito que cualquier comunicado terrorista.

Su efecto se ve sobre muchos ciudadanos a los que el miedo económico desmoviliza, disuadiéndolos de protestar, quedándose en casa como no lo conseguiría un aviso de bomba. Y no sólo los ciudadanos: también los gobiernos temen más a los mercados, pues se doblegan ante ellos, negocian, hacen concesiones, aceptan su chantaje; es decir, todo aquello que rechazan hacer con los terroristas.

Como Al Qaeda, también los mercados forman una red sin centro, estructura o jerarquía, compuesta por células que actúan con independencia pero con un propósito común. Comparten esa condición nebulosa, sin rostro, en la sombra. En el caso de los mercados, la crisis no ha conseguido ponerles nombre y apellido, y mantienen su carácter fantasmagórico mientras aumentan su poder y capacidad de causar estragos. Eso sí, no tienen rostro pero tienen portavoces y medios afines, que transmiten sus mensajes con una impunidad y una difusión que ya querrían los videos de Bin Laden.

Ahí está Grecia, asolada por los mercados. O España, sometida a “estrecha vigilancia” de los mismos. O Irlanda, atrapada en un círculo fatal: una recesión que impone una austeridad, que a su vez provoca más recesión, lo que exige más austeridad… Una bomba (económica) perfecta.

Fuente: Isaac Rosa / Público