SE ACERCA EL TIEMPO DE LA VERDAD.

 

Se acerca el tiempo de la verdad;

el tiempo de la palabra,

el tiempo de romper entre la ola y la esperanza,

las soledades dormidas, los silencios de estampa.

Se acerca el tiempo de todos venciendo a las nadas.

Se ha desenterrado el hacha

que habrá de marcar la distancia

entre los derechos de lo humano

frente a la bestia deshumanizada.

Se abre paso el clamor, el grito, la esperanza;

se abre paso la fuerza en la profundidad ocultada.

Se abren paso mis ojos reviviendo en la añoranza,

cuanto pudo haber sido y no fue,

cuanto quiero que sea mañana.

Late el corazón en la memoria

que despierta la promesa silenciada

de volver a renacer sobre el rescoldo

que dormía en la ceniza sepultada.

Tiempla el mercenario en su trinchera,

repta el camaleón dando la espalda

a cuanto no debió de ser pero que ha sido,

porque teme que no valga su palabra.

Se acerca el tiempo de la verdad

y la justicia emancipada.

Mª Ángeles Sierra. 

EL MANANTIAL DE LA PALABRA.

Por Jerónimo Jesús de la Torre Tapias.

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Aquel aprendiz de escritor, acostumbrado durante años a digerir tozudos textos de Historia, a veces creía que, de vuelta de tanto (Guerra Fascista del 36, Auschwitz, Balcanes, Irak, Afganistán,…) y tras “habituarse” a tanta miseria, ya nunca sabría acercarse a lo cotidiano, a la belleza, a lo sencillo,…a lo no “contaminado”.

Pero un día, tras más de una década de investigación tratando de esclarecer tantos hechos inicuos, manipulados y ocultados, consciente de que los responsables andaban siempre afanosos con no contar y tapar la verdad, una mañana normal y corriente, mientras pensaba en aquella fotografía de los años cuarenta -de un niño con traje raído, mal calzado y con un pajarillo posado en su hombro- no necesitó más de tres minutos para expresar lo que más ansiaba: la ternura, el amor, la libertad, lo pequeño y su grandeza,…la vida.

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Por fin conseguía transmitir, con palabras sencillas, la unión de lo que tanto una ciencia social como la expresión más idónea, concisa e íntima del sentimiento me venían aportando, lenguajes -los de la Historia y la Poesía- tal vez muy diferentes pero siempre hondos y esclarecedores de todo aquello que de misterioso y asombroso tiene la vida, descubriéndonos su auténtico valor: Buscar el conocernos mejor y tratar de ser mejor personas, intentando aprender a recorrer nuestros caminos sin miedo, desandando los propios errores -si es preciso-…y superándolos.

Absorto en aquella imagen, tres minutos dieron de sí para recoger el agua de aquel manantial que llegaba de alguna parte: la magia de lo cercano se hilvanaba en frases escuetas, enlazadas: Así de tierna, así -tan breve-, se mostraba la vida en el silencio pausado del recogimiento:

En tu hombro yo me poso

Soy un pajarillo alegre

Que se prende en tu costado,

Miro de cerca tu rostro,

Escucho tu voz, callado,

Tu sonrisa me cautiva,

Tus manos suaves me impactan,

Me extasío en tu fragancia,

Tu cadencia me arrebata

Pues tu corazón me habla

Al ritmo que tú le marcas:

Soy un pajarillo libre,

Un pajarillo encantado*,

Un pajarillo que vuela

Entre sueños a tu lado.

(*): De conocerte.

Centenario del nacimiento de Miguel Hernández por Mª Ángeles Sierra.

NO HABRÁ TIRANO EN EL MUNDO QUE LES PUEDA SILENCIAR

30 de octubre de 1910.
Del ay, al ay, por el ay, parió una madre un poeta.
Con tres heridas viene:
La de la vida, la del amor, la de la muerte.
El poeta de un pueblo llega.
¡Le llaman poeta!
Poeta del pueblo de ardor y braveza.
Poeta de un tiempo de odio, de guerra, miseria y pobreza;
de amores ahogados en vidas completas.
Tiempos de un tirano que quitó a su pueblo la luz de sus manos,
desgarrando el alma del pueblo cansado.
¡Le llaman poeta!
Poeta de guerra, rescatando  el alma robada a su tierra.
Miguel se llamaba. Nació en Orihuela;
cantaba a las cabras sus dulces poemas,
sus tiempos amargos, su sueño y su pena.
Contaba los dientes de su hijo entre rejas.
Soñaba la teta que mamar pudiera,
sabiendo a cebolla o a herida pequeña
¡Le llaman poeta!
Le llora la historia después de cien años.
Le llaman los vientos del pueblo del hombre que acechó otros tiempos
con los mismos males que acechan los vientos de estos temporales,
en los que el rayo que nunca cesa, sigue creando inmortales.
Cien años después de parirle llora el pueblo a otro inmortal
que también sufrió la cárcel por buscar la libertad.
El bueno de Marcelino, puño en alto y sin doblar,
con un zurrón en la espalda, va con Miguel a silbar.
Quiso el caprichoso azar, gran tejedor de la historia,
que en cien años y dos grandes se fueran un día a encontrar,
reforzando la memoria que nos quisieron quitar.
El pueblo al que tanto dieron nunca les olvidará.
El recuerdo de su ejemplo nadie lo podrá borrar.
Sindicalista y poeta se van para no marchar.
No habrá tirano en el mundo
que les pueda silenciar.