Carta abierta al Presidente del Gobierno de España.

Sr. D. José Luis Rodríguez Zapatero Presidente del Gobierno

Señor Presidente:

Me dirijo a usted en mi condición de Presidente de ATTAC España, una asociación que seguramente conocerá y que se preocupa por formar a la ciudadanía, por analizar la situación social y económica y por combatir pacífica y democráticamente el “terrorismo financiero”, en expresión de su compañero de Partido y presidente de la Junta de Andalucía, José Griñán, que en nuestra opinión y como creemos que usted sabe mejor que nadie viene extorsionando a los pueblos desde hace tiempo. Una asociación que pronosticó acertadamente hace ya diez años el desencadenamiento de la actual crisis y sus efectos y a la que, por cierto, pertenecen también militantes y simpatizantes del Partido Socialista Obrero Español.

En esta ocasión me dirijo a usted en nombre de ATTAC España para manifestarle la desolación e indignación que produce el hecho de que una vez más, para plantear y tratar de resolver los gravísimos problemas que tiene la economía española recurra usted solo a una parte de la sociedad española: en este caso a los grandes bancos y empresas que en tan gran medida han sido, precisamente, los que han provocado los problemas que padecemos.

Le manifiesto nuestra indignación porque creemos que usted, como Presidente del gobierno de todos los españoles, debería tener presente la opinión y los deseos no solo de los grandes poderes empresariales y financieros sino también de los que vienen sufriendo las consecuencias de su avaricia y de su irresponsabilidad.

Y le manifiesto igualmente nuestra desolación al comprobar una vez más que recurre usted a quienes menos éxito han tenido a la hora de analizar el origen de la crisis y a quienes se han equivocado constantemente en sus pronósticos y proyecciones, sin que se haya usted dignado (o al menos, sin que ello haya trascendido públicamente) tomar nunca en cuenta la opinión de las personas y estudiosos que desde posiciones de izquierda están mostrándose con mucha más capacidad de descubrir y analizar la realidad de los hechos.

Lamento tener que decirle que de esa manera es usted mismo quien alimenta las posiciones ideológicas y políticas que lo vienen combatiendo con un ímpetu denodado y la mayoría de las veces incluso injusto y quien se incapacita para disponer de claves que permitieran abordar los problemas económicos de España desde otros puntos de vista. Y, al mismo tiempo, quien desarma a las clases trabajadoras pues éstas quedan confundidas cuando alguien en quien confiaron simplemente se limita a ejecutar lo que le piden los grandes poderes financieros.

Lejos de limitarnos a denunciar esa actitud tan poco efectiva y tan escorada a favor de estos últimos, deseamos contribuir a hacer explícitos otros puntos de vista que los grandes medios y las derechas se empecinan en ocultar y por lo que le animo a conocer las propuestas de otras organizaciones de la sociedad civil (ATTAC entre ellas) y los análisis que realizamos de la crisis, que una vez que han ido sucediendo los hechos, se han mostrado como mucho más acertados que los que vienen realizando desde posiciones neoliberales y que le pueden ofrecer alternativas mucho más eficaces y menos onerosas para las clases trabajadoras y para la pequeña y mediana empresa de este país que es la que, como usted sabe crea y mantiene a más del 90% del empleo.

En la confianza de que una organización como la nuestra, que cuenta con miles de afiliados en toda España pueda tener la misma capacidad de ser oída que los grandes banqueros y empresarios, le saluda atentamente

Carlos Martínez García

Presidente de ATTAC España

El ajuste de Krugman.

Hace algún tiempo el Nobel Krugman, refiriéndose a la economía española y tras observar el gran déficit de la balanza por cuenta corriente que había acumulado, que revelaba su débil posición competitiva, sostuvo que nuestro país se enfrentaba a un dilema. O bien recurría a la devaluación para abaratar las exportaciones y encarecer las importaciones, o bien producía un ajuste interno de precios y salarios con los mismos objetivos. Pero llegaba, inicialmente, a la conclusión que la devaluación no era posible por la pertenencia a la moneda común del euro, al cual lo consideraba como algo irreversible, decantándose, en consecuencia, por el ajuste interno.

Posteriormente cambió de opinión y vino a decir que aunque la operación de abandonar el euro era costosa y compleja, al final la estimaba como la opción más lógica, pensando en los interrogantes de los efectos y en las dificultades de un ajuste interno. En todo caso, hasta ahora la salida del euro no se ha producido, no se vislumbra en lo inmediato a pesar de que la economía española y otras economías integradas en la moneda única no acaban de digerir la pertenencia al euro y en ocasiones ha habido momentos, como en mayo pasado, en que todo parecía posible.

Se puede afirmar, pues, que la opción por el ajuste interno es la que prima por el momento. Y no tanto porque haya sido la alternativa elegida ante el dilema como porque se está imponiendo hasta el momento por la vía de los hechos. No hay un pacto social como postulaba Krugman para abordar el problema -cosa que podía considerarse imposible-, pero la realidad es que los salarios, fundamentalmente, están ajustándose a la baja, ya sea por las condiciones socioeconómicas, el paro masivo, la paralización de la negociación de los convenios o el recorte por la vía legal ,como ha sucedido con los sueldos de los funcionarios.

Frente a la devaluación, es decir la salida del euro, el ajuste interno tenía dos inconvenientes. El primero es que con él no se lograba el efecto general de abaratar exportaciones y encarecer importaciones como ocurre cuando un país devalúa su moneda: todas las mercancías y todos los servicios que se intercambia con el exterior recogen de inmediato el impacto de la variación del tipo de cambio. Un ajuste interno, por el contrario, como es producto de las circunstancias particulares de los distintos sectores productivos y de la casuística que se da en las empresas, desde situación económica de ellas, la posición defensiva de los sindicatos, y reacciones empresariales para obtener beneficios, origina un cambio muy desigual en los precios de los distintos bienes y servicios, y por tanto un ajuste también muy irregular en los precios de las exportaciones, con efecto más difíciles de evaluar en los intercambios exteriores.

Por otro lado, una devaluación de la moneda no tiene efectos depresivos sino más bien lo contrario, ya que favorece las exportaciones y la demanda interna frente a las importaciones, mientras que el ajuste interno de salarios, en la medida en que no se acompaña de un ajuste inmediato y semejante de los precios (en ese caso todos los precios relativos internos no se modificarían, pero sí con respecto a los precios exteriores, lo que sería equivalente a la devaluación), tiene un impacto recesivo sobre la actividad y la demanda, lo que si bien puede resultar beneficioso para corregir el problema del déficit exterior de una economía, agrava otros problemas como pueden ser una mayor desigualdad en la distribución de la renta, el aumento del déficit público por el impacto de la depresión en la recaudación impositiva y, sobre todo, lleva aparejado un incremento del paro, que en el caso de la economía española no se puede considerar como una secuela secundaria.

El déficit por cuenta corriente de la balanza de pagos española se ha corregido de un modo acusado a lo largo de 2009 y 2010. Desde el 9,7% del PIB que se registró en 2008, quedó reducido al 5,4% en 2009, y estará en torno al 4,7% en este año. Se podría pensar, por tanto, que la opción del ajuste interno está produciendo los efectos deseados y que cuando la economía se encamine a una recuperación no lo hará ya con la rémora de un desequilibrio exterior insostenible. De hecho el Gobierno de los brotes verdes, proclive a ver en el canto de un pajarillo, en cualquier dato insignificante, un anuncio de que lo peor de la crisis ya se ha superado, no deja pasar ocasión de resaltar y apuntarse como un éxito que el déficit exterior ha disminuido considerablemente.

En mi opinión, sin embargo, no sólo hay que ser más precavidos sino que sostengo que la importante cuestión de si la economía española podrá sobrevivir en el euro no se ha resuelto y está pendiente. Es indiscutible: el déficit se ha reducido sensiblemente, pero también hay poca duda de que esa reducción es resultado ante todo del grave hundimiento que ha sufrido la economía en los dos últimos años, como consecuencia de la crisis financiera internacional y la recesión generalizada posterior, del estallido de la burbuja inmobiliaria y del estrangulamiento del crédito que ha tenido lugar. Lo ocurrido en la balanza de pagos no es una mejora atribuible en lo fundamental a un ajuste interno de precios y salarios sino a la conmoción sufrida por la economía desde que se inició la crisis internacional en la segunda mitad de 2008.

Sería un error imputar a un ajuste interno la disminución del déficit exterior puesto que, sin perjuicio de que ese ajuste se haya visto facilitado por la depresión de los últimos dos años, esa mejora no cabe proyectarla en el futuro. Estamos hablando de una mejora que ha sucedido con una destrucción de 2 millones de puestos de trabajo, con una evolución del paro cuya tasa casi se ha duplicado hasta llegar al 20% de la población activa, con una caída acumulada a lo largo de 2009 y 2010 del 8% en la demanda interna y del 25% en la formación de capital bruta. De repetirse algo parecido, podría pensarse en una reducción aún mayor del déficit de la balanza por cuenta corriente, pero al precio ya de una catástrofe económica.

Sin que suponga anunciar la recuperación de la economía -problemas acumulados como el que se comenta y riesgos agudos impiden tal pronóstico-, cabe imaginar que se adentrase en un moderado crecimiento, el mínimo siquiera para evitar un aumento del paro. Es decir, una economía avanzando en torno al 2%, mínimo crecimiento estimado para generar algún empleo. Ello supondría que se detendría la disminución del déficit exterior y que comenzaría de nuevo a aumentar, desde un nivel nada despreciable, sin parangón con los registrados en otros momentos históricos con la peseta como moneda, y en unas condiciones en que el peso de la deuda exterior de la economía española es aún insoportable, en un país bajo sospecha de quiebra y con unos mercados financieros enrarecidos.

A este respecto hay que destacar que la reducción del déficit no se ha traducido en una mejora de la posición exterior de la economía, puesto que todo déficit implica lo contrario. Los pasivos financieros brutos de nuestro país frente al exterior -lo que se debe y nos pueden reclamar- ascendían a finales de junio de este año a 2,3 billones de euros, casi el 230% del PIB. Descontando los activos frente al exterior, que alcanzan 1,4 billones de euros, la posición deudora neta de la economía española frente al resto del mundo es de 0,9 billones de euros, una cifra casi equivalente a la del PIB, que es de 1,05 billones de euros. Esa posición deudora origina un saldo neto desfavorable de pago de intereses y rentas de inversión, que fijándolo sólo en un tipo de interés del 3% (los tipos de interés son más altos y tienden a aumentar por la desconfianza en la solvencia del país), significa que cada año la economía española inicia el ejercicio con el hándicap de un déficit exterior de la balanza por cuenta corriente de casi 3% del PIB.

Como es normal, una recuperación económica por modesta que sea implica un empeoramiento de la balanza de cuenta corriente, por el incremento que se produce de las importaciones, tanto más cuanto que en esta ocasión la recuperación no vendrá del estímulo a las exportaciones, como sucedió en la crisis de 1992/93 cuando las devaluaciones sucesivas de la peseta permitieron un crecimiento considerable de ellas, a las que cabe atribuir el papel catalizador de salida de aquella crisis. El panorama se enturbia algo más por el hecho de que la crisis de la economía española ha llevado a una destrucción considerable de tejido productivo, que se traducirá en una mayor dependencia de las importaciones en el futuro. Por otro lado, nuestro país estará en el ojo del huracán de toda crisis financiera general o particular de la zona del euro, por la simple razón de que es uno de los países más endeudados del mundo.

En las condiciones descritas, cabe poner muy serias reservas a la opinión de que la crisis exterior de la economía española está resuelta, que sólo debemos preocuparnos de algunos problemas internos (las reformas estructurales pendiente en el lenguaje dominante) para que la recuperación se inicie y que una vez puesta en marcha todo el camino se encuentra despejado.

Nada más lejos de la realidad, como he tratado de exponer. La crisis económica ha venido para quedarse, atrapado el país en una posición exterior insostenible de deuda y déficit, sin solución posible por la vía del ajuste interno que alguna vez, fugazmente, pensó Krugman. La izquierda, toda, debe tomar nota para preparar su estrategia.

Pedro Montes – Miembro de la Coordinadora Federal de Socialismo 21

Economistas neoliberales.

Voy a dejar de lado aquí la crítica que creo que se le puede hacer a sus contenidos principales y propuestas concretas porque me ocupo de ello en un texto más largo que publicaré en los próximos días junto a Vicenç Navarro.

Ahora solo quiero comentar brevemente algunos rasgos que aparecen claramente en la incipiente polémica que ha habido y que en mi opinión definen con bastante nitidez el “estilo” de este tipo de economistas que hoy día constituye la ortodoxia o corriente principal de nuestra profesión.

Los economistas de este perfil neoliberal suelen manifestar un cierto desprecio, a veces explícito, hacia la voluntad social y, por tanto, incluso a la propia democracia, al menos, en lo que ésta tiene que ver con las cuestiones económicas.

Hayek fue muy claro en este sentido cuando visitó el Chile de Pinochet, en donde bajo la dictadura comenzaron a aplicarse muchas de las políticas que defienden los economistas neoliberales: “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente” (El Mercurio, 12-4-1981). En la misma línea se han pronunciado numerosos economistas en los últimos años, como es bien sabido, y eso han vuelto a hacer los que hacen la propuesta de reforma de las pensiones.

Uno de ellos, el profesor del IESE de la Universidad de Navarra Javier Díaz Jiménez afirmó en el acto de presentación de la propuesta que el Pacto de Toledo es “la mayor estafa para el contribuyente español por dejar en manos de los políticos la reforma de las pensiones” (Europa Press, en Los “100″ economistas proponen calcular la pensión en función de toda la vida laboral). Un auténtico dislate que hace pensar que estos economistas olvidan que un principio esencial de la democracia es que las decisiones sobre los recursos públicos deben ser adoptadas por los representantes de la ciudadanía y no por los tecnócratas, como parece que proponen.

Esta posición tan poco respetuosa hacia las preferencias sociales deriva posiblemente de su convencimiento de que la ciudadanía no sabe en realidad qué le conviene o qué es lo mejor que debe hacerse para asignar los recursos. Y eso les lleva a confundir las decisiones sobre la distribución de la renta y la riqueza, que son evidentemente políticas y fruto de las preferencias sociales o de las concepciones éticas dominantes, con asuntos técnicos que solo los entendidos pueden resolver correctamente. Otro economista de ese grupo, el profesor Fernández-Villaverde, manifiesta claramente este prejuicio en su blog al defender la reforma: “Los economistas tienen que recordar a la sociedad constantemente cual es el óptimo. Si el público ni sabe cual es la manera optima de redistribuir, es muy poco probable que surjan instituciones, incluso condicionales en su sostenibilidad, que sean relativamente eficientes” (Críticas a las Reforma de Las Pensiones: Algunas Falacias Comunes I). Otro disparate porque no hay una forma óptima de redistribuir que dependa de criterios objetivos que solo los economistas puedan establecer o interpretar sino que se establece una u otra en función del poder que tengan los individuos y grupos sociales.

Otro rasgo que suele caracterizar al estilo de este tipo de economistas neoliberales es que desprecian de un modo bastante evidente y explícito la opinión de quienes no piensan o analizan los fenómenos económicos como ellos. Sus publicaciones suelen ser formalmente muy consistentes y documentadas pero se puede comprobar fácilmente que en ellas nunca o casi nunca está la opinión que disiente de sus postulados. Pueden avanzar mucho en el conocimiento pero siempre en el que transcurre en una misma vía, la construida sobre sus propios principios y postulados. Les ocurre igual que dice Stiglitz en su último libro que le pasó a los gobernadores de los bancos centrales frente a la crisis: como solo leen lo que les confirma sus ideas no podían descubrir los problemas que otros estaban planteando en sus escritos. Y quienes vivimos junto a ellos en el mundo académico hemos comprobado hasta la saciedad que este tipo de economistas desprecian y rechazan incluso a cualquier otra rama y forma del saber que no sea la suya, la historia, la filosofía, la sociología, la politología, el derecho… habiendo hecho todo lo posible para sus contenidos lleguen a desaparecer de las enseñanzas de economía en aras de convertir a ésta última en una simple variante de la matemática.

Todo ello les lleva a recurrir constantemente a un criterio “de autoridad” bastante discutible: si otra idea no está publicada en las revistas en las que las suyas han tomado plaza son despreciables y no tienen por qué ser tenidas en cuenta. Un criterio circular afectado por una enfermedad muy extendida en la comunidad académica de nuestro tiempo: la “impactolatría” (aunque referido básicamente a ciencias de la salud es muy interesante leer el trabajo de J. Cami Impactolatría: diagnóstico y tratamiento. En: Medicina Clínica. v. 109. n. 13. (1997).

Este tipo de economistas suele también actuar como si considerase que está completamente inmunizado frente al error propio. Esto se observa claramente a la hora de proponer y defender esta reforma de las pensiones cuando hablan como si estuvieran en posesión de la verdad sin mencionar los continuados errores de cálculo que han tenido en los análisis previos que han venido realizando para ofrecer escenarios que justificaran las medidas que proponen. En ninguno de ellos acertaron en sus predicciones, a pesar de lo cual quieren convencer a la ciudadanía de que están en lo cierto cuando hacen sus previsiones alarmistas para el futuro.

Por otro lado, suele ser habitual que estos economistas cuenten, como ocurre en el caso de la Fundación FEDEA que financian los bancos y grandes empresas españolas, con el patrocinio y la ayuda habitual y generosa de los grandes poderes económicos y financieros. Quienes somos críticos con sus postulados recordamos esta vinculación porque nos parece que es siempre indicativa. Sería normal que esos bancos y grandes empresas no financiaran a un economista como yo porque mi curriculum es demasiado modesto, o incluso quizá mediocre desde su punto de vista. Pero tampoco lo harían porque es lógico que esas entidades no están interesadas en promover ideas y propuestas que van claramente en contra de sus intereses. Y, justo en sentido contrario, es normal que financien a economistas como estos del grupo de los 100, no solo porque tienen curricula brillantísimos (que los tienen), sino también porque lo que proponen, como reducir el gasto en pensiones públicas para fomentar el ahorro privado que es lo que beneficia a la Banca, o reformas laborales que aumentan el poder del gran empresariado, es lo que conviene a sus intereses.

Por eso resulta sorprendente que se tomen como un insulto el reconocimiento de esta vinculación. Es el resultado de una opción ideológica y personal legítima y no censurable. Pero también es legítimo que los demás lo sepan y que pongan en duda la independencia y la objetividad de su obra porque resulta muy difícil creer que pudieran contar con ese patronazgo si sus tesis no fueran siempre las que convienen a quienes los financian.

Se podría añadir también que este tipo de economistas suele razonar sosteniendo que los grandes parámetros de los que depende la vida económica son inmutables. Es igualmente fácil comprobar en sus escritos, y concretamente en los que usan para defender la reforma de las pensiones, que dan por sentado que hay cosas (justamente las que constituyen el orden socioeconómico que beneficia a la banca o a las grandes empresas) que no se pueden cambiar: la pauta distributiva, los impuestos sobre el capital, las políticas generales de las que depende en realidad el volumen de empleo o su naturaleza… Por eso este tipo de economistas son una de las principales fuentes que alimenta esa idea tan extendida de que vivimos el fin de la historia o de que no hay ninguna otra alternativa al modo de producir y distribuir en el que estamos o frente a las políticas económicas neoliberales que se llevan a cabo.

Finalmente, estos economistas, pero no solo los españoles, suelen ser bastante altivos y muy dados a la descalificación personal de quien disiente de ellos. Por ceñirme al caso del debate sobre esta propuesta de reforma de las pensiones, basta comprobar que ni siquiera llaman por su nombre a quien los ha criticado, o las expresiones que solo muestran mala educación y falta de respeto.

Pudiera parecer que es injusto generalizar de esta manera, pero creo que basta una rápida ojeada a los escritos de estos economistas, a sus pronunciamientos públicos y a la forma en que actúan en comisiones de evaluación o juzgan a sus colegas para comprobar que ya se ha generado un prototipo que va mucho más allá del caso aislado.

Fuente: JUAN TORRES LÓPEZ

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Doctor en CC. Económicas y Empresariales.
  • Catedrático de Economía Aplicada en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales – Universidad de Sevilla – Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

Los problemas de Obama (y de Zapatero).

Las elecciones estadounidenses han sido una derrota predecible para el Presidente Obama, consecuencia de los errores que ha cometido durante su mandato y que se han traducido en una enorme abstención entre sus bases electorales, y muy en particular, entre su principal eje de apoyo, es decir, sindicatos y movimientos sociales progresistas, tales como el movimiento feminista (Now), el movimiento ecologista y el movimiento de derechos civiles. Para entender esta derrota, hay que comprender que en EEUU los candidatos del Partido Demócrata no pueden ganar elecciones con sólo el voto de este eje de su base electoral (que son las izquierdas del Partido Demócrata). De ahí la necesidad que tienen tales candidatos de aliarse también con otras sensibilidades menos a la izquierda que estos agentes sociales. Pero de la misma manera que no pueden ganar con sólo el apoyo de las izquierdas, “tampoco pueden ganar sin tal apoyo, pues éste es esencial para la movilización de sus bases electorales”. Esto ocurre también, por cierto, en España, como comentaré más adelante.

Pues bien, desde el principio, las decisiones tomadas por el Presidente Obama establecieron las bases de su derrota. Me apena mucho decir que así lo predije a los pocos meses de su nombramiento como Presidente. Y aún me sabe peor haber tenido razón. Me hubiera encantado estar equivocado, y por desgracia, no lo estaba.

Tres decisiones claves antagonizaron a las izquierdas del Partido Demócrata. Una fueron los nombramientos de su equipo. Un candidato como Obama, que había movilizado a las bases del partido con el mensaje de cambio, se rodeó de personajes conservadores y neoliberales heredados del gobierno Clinton, muchos de ellos responsables de decisiones (como Lawrence Summers) que habían contribuido a generar la enorme crisis financiera. De manera predecible, tales personajes continuaron llevando a cabo políticas públicas continuistas de las que había llevado a cabo el Presidente Bush. De ellas, la más notoria fue el rescate de Wall Street con fondos públicos (700.000 millones de dólares) en términos tan favorables a la banca, que indignaron, no sólo a las izquierdas, sino a la gran mayoría de la población. Ni por un momento Obama consideró propuestas alternativas, como el desarrollo de una banca pública (como sugirió Joseph Stiglitz), o condicionar la ayuda a la cesión de créditos, con clara penalización de los comportamientos especulativos (como propuso Paul Krugman). El equipo que nombró Obama era profundamente anti-izquierda. En realidad, su jefe de gabinete, Rahm Emanuel, era la bestia negra de las izquierdas. Había sido el congresista demócrata más próximo a Wall Street, que había purgado (durante la administración Clinton) las listas de candidatos del Partido Demócrata a fin de excluir a las izquierdas.
El segundo error del Presidente Obama fue abandonar completamente el compromiso, que había adquirido durante su campaña, de pasar una ley por el Congreso que facilitara la sindicalización de las personas que desearan hacerlo. El 62% de la población laboral en EEUU indica que preferiría sindicalizarse, pero no lo hacen porque, o bien la empresa es demasiado pequeña, o el empresario dificulta tal sindicalización. La ley que Obama se comprometió a proponer al Congreso durante la campaña electoral hubiera facilitado tal sindicalización, prohibiendo al mundo empresarial que pusiera obstáculos a tal proceso. Lo único que Obama hizo a favor de los sindicatos fue nombrar a una sindicalista como Ministra de Trabajo. Pero por lo demás, los temas de protección de los derechos laborales y sindicales tuvieron poca prioridad en su administración. Ello decepcionó en gran manera a los sindicatos.

Y el tercer gran error fue la manera como se hizo la Reforma Sanitaria. Durante su campaña había indicado que todas las propuestas de reforma del sistema sanitario que se habían hecho durante la campaña electoral (incluidas las realizadas por el Partido Republicano) serían consideradas seriamente por su Administración. Pero cuando convocó a representantes de las reformas sanitarias, excluyó deliberadamente la propuesta de las izquierdas, es decir, de los sindicatos y de los movimientos sociales progresistas. Tal propuesta –llamada “single payer”- reducía considerablemente el protagonismo que las compañías de seguro sanitario tienen en la gestión de los servicios sanitarios, dando mayor capacidad de dirección y gestión a los gobiernos estatales y al gobierno federal. Los proponentes de tal reforma ni siquiera fueron convocados a la reunión, y ello, a pesar de que, como indiqué antes, contaba con el apoyo de los sindicatos, del movimiento feminista (Now), de los movimientos ecologistas y del movimiento de los derechos civiles. Las propuestas republicanas, sin embargo, sí que fueron consideradas. El producto final aprobado por Obama mantenía el protagonismo de las compañías de seguro (que financiaron parte de su campaña y de los miembros del Senado y del Congreso que decidieron sobre la reforma). Es más, la financiación de la cobertura sanitaria de los que hasta entonces carecían de ella (45 millones de estadounidenses) sería a costa de aumentar los impuestos de aquellos que ya tenían cobertura y reduciendo la financiación del programa de cobertura pública a los ancianos (Medicare), sin apenas tocar los beneficios exuberantes de las compañías de seguro. Con ello antagonizó, además de a los ancianos, a los sindicalistas que, por regla general, suelen tener mayor cobertura sanitaria (que aportaban un porcentaje elevado en la financiación de la reforma sanitaria).

Las izquierdas estaban enojadas e irritadas con el Presidente Obama. Habían jugado un papel clave en la victoria de Obama y luego fueron marginadas. Ni que decir tiene que el Presidente Obama también aprobó legislación que fue bien recibida por las izquierdas. Entre ellas estaba la Ley de Estímulo Económico, en la que la oficina del Vicepresidente (próximo a los sindicatos) jugó un papel importante. Invirtió 800.000 millones de dólares en estimular la economía, lo cual evitó que ésta cayera en una Gran Depresión. Pero cedió innecesariamente a las peticiones del Partido Republicano, bajando los impuestos como medida de estímulo, en lugar de aumentar los fondos públicos para crear empleo. Un tercio del estímulo consistió en reducir impuestos, otro tercio en inversión pública para crear empleo (los sindicatos querían dos tercios), y otro tercio en ayuda a los estados. Pero por grande que parezca el estímulo, el hecho es que la cantidad debiera haber sido mucho mayor, pues el vacío económico creado por la explosión de la burbuja inmobiliaria era diez veces mayor que el estímulo.

Otra medida fue la nacionalización de GM y Chrysler (pagando 60.000 millones), lo cual fue aplaudido por los sindicatos. Pero en lugar de convertirlos en cooperativas, como la española Mondragón (que es lo que deseaban los sindicatos) las sanearon y las quieren ahora vender, con la oposición, de nuevo, de los sindicatos. Y en sanidad, la ley prohíbe que las compañías de seguro excluyan a personas con enfermedades crónicas, limitando la capacidad de selección de pacientes que caracteriza el sistema de aseguramiento privado. Pero la reforma dejó intacto el enorme poder de tales compañías, creando gran frustración entre las izquierdas. Y así un largo etcétera. De ahí su abstención, que le ha costado la Cámara baja.

¿Es la situación relevante para el gobierno Zapatero?

La situación política de España es muy distinta a la de EEUU. Y el gobierno federal estadounidense es muy diferente al gobierno español. Y, sin embargo, hay algunos puntos en común. En ambos países, los partidos gobernantes, definidos como progresistas, están en profunda crisis como consecuencia de las políticas llevadas a cabo por sus gobiernos, el gobierno Obama en EEUU y el gobierno Zapatero en España. En ambos países, sus bases electorales les están abandonando, en respuesta a sus comportamientos y políticas públicas. Tanto el gobierno Zapatero como el gobierno Obama, tras prometer un cambio, hicieron nombramientos en sus equipos económicos que señalaban una orientación económica de carácter liberal, que sembraron las bases para el distanciamiento político de las bases electorales. Solbes había sido el Comisario de la UE, encargado de imponer la ortodoxia liberal a los países de la UE; David Taguas (procedente de la Banca) había llegado a proponer la privatización total de la Seguridad Social, tal como había hecho el General Pinochet en Chile; Jordi Sevilla había rechazado el aumento de gasto público y de impuestos en España (el país de la UE que tiene menor carga fiscal y menor gasto público); Miguel Angel Fernández Ordóñez, es bien conocido como un ultraliberal; Miguel de Sebastián (también procedente de la Banca), había indicado que el estado protector debiera debilitarse a costa del estado facilitador; y así un largo etcétera. La orientación del equipo económico ha sido claramente liberal (ver mi artículo “El mayor problema del gobierno socialista español y que los cambios de esta semana no resuelven”. Sistema 22.10.10). Los keynesianos de izquierda no existieron en el gobierno Zapatero, ni se les esperaba. Las políticas redistributivas brillaron por su ausencia, hecho que ha culminado con las políticas actuales de una excesiva e innecesaria dureza, desarrolladas para impresionar a los mercados, implementadas por un equipo económico, también liberal, escogido por su capacidad de dureza.

Ni que decir tiene que ha habido elementos positivos en el gobierno Zapatero, como también los ha habido en el gobierno Obama. Entre ellos, el crecimiento del gasto público social y el desarrollo de la Ley de la Dependencia. Pero esta última estuvo siempre subfinanciada, y el crecimiento del gasto público se hizo a base del elevado crecimiento económico, no como consecuencia de políticas impositivas redistributivas. Sus políticas fiscales fueron continuistas con las seguidas por el gobierno Aznar anterior, acentuando su regresividad. Estas intervenciones iban configurando el marco dentro del cual se desarrolló la respuesta del gobierno Zapatero a la crisis, respuesta que es de una ortodoxia liberal que conducirá a un desastre político, resultado, como en el caso Obama, de la enorme alienación de su electorado. Así pasó con Schröder en Alemania, y así pasó con el New Labor (muy admirado por los tecnócratas del socialismo español), y así está pasando en EEUU y en España. No es la crisis, sino la manera como los partidos progresistas socialdemócratas están respondiendo a la crisis (convirtiéndose en partidos socioliberales) lo que está llevando a tales partidos a sus derrotas.

Vicenç Navarro

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

Manifiesto de Activos Contra La Crisis.

A todas las ciudadanas y ciudadanos.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS plataforma de organizaciones que denuncian la crisis generada por las políticas neoliberales y conservadoras que los gobiernos aplican hace la siguiente declaración pública.

La Huelga General del 29 de septiembre fue una medida imprescindible contra las injustas medidas del Gobierno español que hace recaer sobre las clases populares y trabajadoras los efectos más negativos de una crisis desencadenada por la especulación financiera y el estrangulamiento de la economía real y productiva.

La llamada reforma laboral por sí misma ya exigía una huelga contundente. Pero es que además la congelación de las pensiones, el plan de ajuste, el anunciado retraso de la edad de jubilación y el injusto sistema fiscal, hacen necesaria e imprescindible nuestra movilización. En este país las personas trabajadoras y autónomas y las empresas familiares, pagamos muchos más impuestos que los ricos, las grandes empresas y los bancos.

También hicimos movilizaciones contra el paro, la precariedad laboral o la sobrexplotación que padecen muchas personas jóvenes, inmigrantes o mujeres o sectores como los servicios o el campo, así como para defender los derechos laborales y sociales de las personas jóvenes, paradas y pensionistas.

La Huelga, a pesar de las mentiras y medias verdades lanzadas por los medios de “información”, los ataques de la derecha y el ninguneo del gobierno, fue un éxito, sobre todo sabiendo que la desinformación masiva, el miedo generado por la gran cantidad de eventuales y contratos temporales, así como el gran paro reinante, jugaban en su contra.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS no hemos bajado la guardia. El Gobierno no puede seguir ignorando la gran protesta de las clases trabajadoras y de la ciudadanía. Exigimos la retirada inmediata de la reforma laboral y de las congelaciones y reducciones de sueldos y pensiones. Exigimos igualmente un subsidio digno y universal para las personas paradas.

Nos oponemos a la decisión del gobierno de excluir del subsidio de 426 euros al colectivo de personas paradas entre 30 y 45 años sin cargas familiares que han dejado de cobrar la prestación de desempleo y exigimos que dicho subsidio se prorrogue indefinidamente para todas las personas en paro y sin prestación. Una medida que afectará a cientos de miles de parados y paradas. Un motivo más para las movilizaciones y protestas. Basta ya de subvencionar a bancos y grandes empresas, permitir el fraude fiscal y no cobrar impuestos justos a ricos y grandes fortunas y en cambio recortar prestaciones a las personas paradas.

El Gobierno español está muy preocupado por la reacción de “los mercados”, es decir los grandes grupos de especuladores financieros, pero ¿Y las personas? ¿Importa nuestra opinión? ¿Se escuchan nuestras protestas y propuestas?

Una nueva amenaza, se cierne sobre nuestras cabezas, se nos está tratando de amedrentar sobre el tema de las pensiones. Las pensiones son una obligación solidaria intergeneracional y la caja del sistema público de pensiones es sólida. Lo que ocurre es que se quiere ir hacía una privatización paulatina en beneficio de ciertos intereses bancarios y de los fondos privados de pensiones que sí están en crisis.

Hacemos un llamamiento al conjunto de la ciudadanía, y en especial a las personas jóvenes a que defiendan su derecho a una jubilación digna y pública o perderán su futuro. Las personas jóvenes son las grandes víctimas de la reforma laboral, el paro y la posible privatización de las pensiones o su drástica reducción.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS no se olvida de los embargos de viviendas y la aplicación de una injusta ley que favorece a los bancos, pero castiga a las personas que sufren paro, precariedad o riesgo de exclusión social. Por eso, exigimos la modificación legal oportuna, para que la responsabilidad exigida alcance tan sólo al valor real y actual de la vivienda embargada y que quede en suspenso mientras el deudor se vea incapacitado para afrontarla por culpa de la crisis económica, y, sobre todo, que se establezca y articule legalmente, el acceso a una vivienda digna con un alquiler asequible.

Es preciso acabar con el monopolio de la creación de crédito que los gobiernos de la UE han otorgado a la banca privada y que está llevando a la quiebra a muchas empresas e incluso a estados en Europa. La Carta del Banco Central Europeo, al prohibir expresamente la financiación de la deuda pública, fuerza a gobiernos y empresas no financieras a tomar prestado de la banca privada, generando una carga financiera que podrían perfectamente evitarse gracias a una banca pública que haría lo mismo pero a coste cero. En el estado español es urgente la nacionalización de las Cajas de Ahorros.

Exigimos al gobierno que modifique su política social y económica y a la derecha, en sus diferentes corrientes, que deje de manipular y atacar a los sindicatos y a las libertades democráticas para favorecer aún más a los poderosos. Es lamentable que la política económica esté orientada por economistas neoliberales como el influyente grupo de “los cien”, los “expertos” de los bancos, especialmente el supuestamente independiente Banco de España, las agencias de calificación y la influencia de los poderosos, ninguno de ellos con legitimidad democrática y que en realidad solo buscan el beneficio propio y de los grupos financieros, pero no el interés general y mucho menos el de las clases populares.

Ante todas estas agresiones ACTIVOS CONTRA LA CRISIS apuesta por dar continuidad a las movilizaciones. Por ese motivo, apoyamos todas aquellas que se han convocado en las próximas semanas y consideramos que, de persistir con las actuales políticas de recortes de los derechos, será necesaria la convocatoria de una nueva Huelga General.

CALENDARIO DE MOVILIZACIONES:

* 13 DE NOVIEMBRE. MOVILIZACIONES DESCENTRALIZADAS CON MOTIVO REUNIÓN G- 20

* 13 NOVIEMBRE. MANIFESTACIÓN CONTRA REFORMA LABORAL Y DE PENSIONES EN BARCELONA

* 24 NOVIEMBRE. ACCIONES DE APOYO A HUELGA GENERAL EN PORTUGAL

* 20 A 27 NOVIEMBRE. MOVILIZACIONES DESCENTRALIZADAS EN LOS DIVERSOS TERRITORIOS.

* 15 DICIEMBRE. MOVILIZACIÓN A NIVEL EUROPEO, INCLUYENDO PAROS Y DIVERSAS ACCIONES.

* 18 DICIEMBRE. MANIFESTACIONES MASIVAS DESCENTRALIZADAS EN TODO EL ESTADO.

DEROGACIÓN DE LA REFORMA LABORAL YA!.

TRABAJO O, EN SU DEFECTO, PRESTACIONES DIGNAS.

PENSIONES PÚBLICAS, NO AL RETRASO DE LA EDAD DE JUBILACIÓN.

IMPUESTOS JUSTOS Y REDISTRIBUTIVOS. JUSTICIA FISCAL YA!

SUPRESIÓN DE LOS PARAISOS FISCALES Y DE LAS SICAV.

POR UNA BANCA PÚBLICA. NO A LA PRIVATIZACION DE LAS CAJAS DE AHORROS.

DERECHO A LA VIVENDA DIGNA. PARALIZACIÓN DE LOS DESHAUCIOS.

NO A LA REPRESIÓN SINDICAL, NI A LOS DESPIDOS POR CAUSAS LABORALES, SINDICALES O POR EJERCER EL DERECHO DE HUELGA.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS

Firmantes:

ATTAC – CONFEDERACIÓN INTERSINDICAL – ECOLOGISTAS EN ACCIÓN – FORO SOCIAL DE MURCIA – IAC INTERSINDICAL ALTERNATIVA DE CATALUNYA – INTERSINDICAL Valenciana – IZQUIERDA ANTICAPITALISTA – IZQUIERDA UNIDA –  ODG, OBSERVATORIO DE LA DEUDA DE LA GLOBALIZACIÓN – PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA PCE – SOCIALISMO21 – UJCE UNIÓN DE JUVENTUDES COMUNISTAS DE ESPAÑA – UNIÓN PROLETARIA.


Después de la utopía. Entrevista Antoni Domènech / Daniel Raventós.

La revista cuatrimestral del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Minerva, entrevistó en mayo a Antoni Domènech y Daniel Raventós. Reproducimos esta entrevista, realizada por Esther Ramón y cuya redacción final hizo Carolina del Olmo, que se publicó en el número 15 de Minerva correspondiente al último cuatrimestre de 2010.

Antoni Domènech y Daniel Raventós, colaboradores habituales en distintos proyectos académicos, editoriales y políticos, son dos voces clave en la crítica de las ciencias sociales contemporáneas. Raventós –profesor titular en la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona, presidente de la Red Renta Básica y miembro del Consejo Asesor de ATTAC– es conocido particularmente por sus trabajos en torno a la renta ciudadana universal. Domènech, catedrático de Filosofía de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, es uno de los más importantes filósofos políticos de nuestro país. Ambos son fundadores de la revista Sin Permiso.

Utopía y catástrofe

Domènech: La historia de las utopías modernas muestra que estas suelen aparecer en momentos catastróficos, de derrota. Sin ir más lejos, la Utopía de Tomás Moro es en buena medida una reacción al desastre de la conquista de América: Rafael Hytlodeo es un portugués que le cuenta a Moro lo felices que vivían los indios hasta la llegada de los invasores. Además, el primer libro de la Utopía de Moro analiza con mucho detalle la catástrofe que supuso la destrucción de los bienes comunes en la Inglaterra de comienzos del siglo XVI. Del mismo modo, el llamado “socialismo utópico” es una reacción a la contrarrevolución, a la catástrofe política que supuso para los movimientos populares la derrota de Robespierre. Precisamente, la eclosión del socialismo no utópico, el marxismo y el anarquismo, se produce cuando el movimiento obrero retoma la iniciativa. En ocasiones, las utopías pueden proponer reflexiones interesantes, críticas y lúcidas, como es el caso de William Morris o Diderot, pero a menudo resultan muy reaccionarias. Por supuesto, no hay nada más despótico que la República de Platón. Pero también, a pesar de lo que a menudo se dice, Tomás Moro era profundamente conservador. En Utopía había esclavos públicos, muchos de ellos emigrantes pobres que se esclavizan voluntariamente, un patrioterismo feroz… En general, la utopía se asocia a una derrota mal aceptada, a una huida de la realidad que tiene un componente autoritario. Las utopías suelen estar más preocupadas por la armonía y la felicidad que por la libertad, al contrario que los movimientos revolucionarios reales.

Neoliberalismo y utopía

Raventós: Si pervive una utopía particularmente poderosa, esa es la liberal. De todo el programa neoliberal que se puso en marcha hace unos treinta años no se ha cumplido prácticamente nada; por eso es, en sentido estricto, una utopía reaccionaria, que logró convencer en un momento determinado a buena parte de la sociedad gracias a un aparato de propaganda muy eficaz. ¿Cuánta izquierda no se ha dejado seducir por las grandes proclamas neoliberales? Por ejemplo, nunca se llevó a cabo ninguna reconversión industrial tan brutal como la que pusieron en marcha los gobiernos de Felipe González.

Es importante no subestimar la impresionante elocuencia y capacidad de militancia de algunos neoliberales para resucitar una teoría que después de la Segunda Guerra Mundial había quedado arrinconada por el keynesianismo. John Kenneth Galbraith en su Historia de la economía, que escribe en el momento en que Reagan gana sus primeras elecciones, se muestra perplejo del retorno de lo que él llama la “economía neoclásica”. Pero también es cierto que este proceso implicó una estrategia deliberada de manipulación en la que desempeñaron un papel protagonista los medios de comunicación. La destrucción de los sindicatos y el tejido social en beneficio de la mercantilización generalizada requiere una intervención administrativa a enorme escala que, cuando la resistencia es muy fuerte, se convierte en una liberalizaciónmanu militari, como sucedió en Chile y en Argentina. Precisamente hace poco acaban de detener en Argentina por genocida a Martínez de la Hoz, el gran ministro neoliberal de economía de Videla, un auténtico “chico de Chicago”. También existen procesos de influencia directa, por decirlo así. La cantidad de dinero que se mueve en el mercadeo político de Washington o Bruselas es impresionante. El Tribunal Constitucional norteamericano ha permitido recientemente que las empresas de ese país den todo el dinero que les de la gana a los candidatos electorales, una decisión que muchos, desde el presidente Obama a Noam Chomsky, han considerado un golpe mortal a la democracia.

Domènech: El neoliberalismo puede considerarse una utopía en el sentido de que constituye una auténtica huida de la realidad. La idea de que la expansión de los mercados financieros ha supuesto un retroceso del Estado es sencillamente imaginaria. A estas alturas debería ser obvio que la crisis económica actual es en buena medida el resultado de una política activa de inflación de activos financieros e inmobiliarios por parte de la reserva federal estadounidense y los bancos centrales de muchos países. Y, tras el estallido de la burbuja, la intervención ha sido de nuevo masiva: la inyección de dinero del gobierno de Estados Unidos en la economía real ronda los cuatro billones de dólares, casi cuatro veces el producto interior bruto de España y, en dólares constantes, el mismo coste de la intervención estadounidense en la Segunda Guerra Mundial.

La desregulación de los mercados es un mal chiste. Lo que tenemos son unos mercados profundamente intervenidos en favor de los intereses de rentistas financieros e inmobiliarios en guerra pugnaz con el movimiento obrero organizado y, de un modo más descuidado, con el capital productivo real. La globalización es la venganza de los rentistas, que habían sido contenidos por las políticas reformistas keynesianas de la coalición antifascista de la Segunda Guerra Mundial. El problema es que las élites que nos gobiernan se han creído sus propias mentiras hasta tal punto que han dejado de entender cómo funciona el capitalismo real. Las cuatro semanas agónicas que vivió Grecia hasta que intervino el Banco Central Europeo fueron descabelladas. Cualquier persona que tuviera unas mínimas nociones de macroeconomía sabía que la quiebra de Grecia era inadmisible y que la manera de rescatar su economía pasaba por comprar deuda pública griega. Se tardó tanto en tomar esta decisión no sólo por intereses electorales regionales de la señora Merkel, sino porque la Comisión Europea y los ministros de finanzas europeos no acaban de entender cómo funciona el mundo. Es para acordarse del rey Lear: «Sino de nuestros tiempos es que los ciegos guíen a los locos».

La utopización sobrevenida

Domènech: En las últimas décadas hemos asistido a un desplazamiento hacia la derecha del centro de gravedad del sentido común político. A finales de los años sesenta, cuando estaba estudiando en Alemania, presencié un debate en la televisión pública entre Kurt Kiesinger y Willy Brandt. En determinado momento, Brandt acusó a Kiesinger de querer autorizar las televisiones privadas. Este último puso el grito en el cielo: la democracia cristiana jamás permitiría la existencia de televisiones privadas, dijo, eso sería la muerte de la democracia de la República Federal… Imaginaos lo que pasaría si alguien dijera hoy que las televisiones privadas son problemáticas, como poco se le acusaría de autoritarismo terminal. En aquello años existía un consenso en torno a unos puntos mínimos que hoy se ha roto. En la televisión pública de Cataluña, donde hay un gobierno de coalición de izquierdas, los tertulianos invitados oscilan entre la extrema derecha y el centro, el centro izquierda está sencillamente excluido. Las reformas más elementales y factibles, realizadas mil veces entre 1937 y 1975, ahora parecerían utópicas, irrealizables o peligrosamente totalitarias. Esto ha destruido ideológicamente a la izquierda. La tasa de sindicalización en todo el mundo ha bajado a menos de la mitad en treinta años. El movimiento popular ha sido desvertebrado, desorganizado y eso explica que tengamos una izquierda que, por un lado, parece utópica (porque cualquier cosa parece utópica) y, por otro, reacciona enquistándose sectariamente. Como explicó Rosa Luxemburgo, sin reforma no hay revolución. Y viceversa: para hacer buena reforma necesitas amenazar con algo. Necesitamos recuperar ese tipo de dialéctica.

Raventós: No se trata sólo de cuestiones ideológicas. Las políticas públicas relacionadas con la redistribución de las rentas consideradas normales hace apenas tres décadas son hoy impensables. Durante los Treinta Gloriosos [1945-1973], los tipos impositivos para los más ricos llegaron a estar en el 91% en Estados Unidos. Las rentas superiores a los doscientos mil dólares tributaban –bajo un presidente de derechas como Eisenhower– al 93 %. Y eso ocurría en una época en la que no existían los instrumentos de evasión fiscal actuales. Estamos hablando de la época anterior a la ruptura de Nixon con Breton Woods en 1971, que desancló el dólar, levantó el control de los movimientos de capitales y permitió el retorno al capitalismo anterior a la Segunda Guerra Mundial. Hoy, a efectos prácticos, con los correspondientes y abundantes descuentos, la tributación de las grandes fortunas viene a rondar el 20% y, si son beneficios del capital, el 15%. Actualmente, en el Reino de España, las SICAV, cómodo y legalísimo refugio de las grandes fortunas, tributan al 1%. La normativa que permite semejante barbaridad se aprobó en España con todos los votos parlamentarios menos los de Izquierda Unida. Así que no es sólo que si hoy alguien propusiera recuperar las propuestas de la derecha norteamericana de los años sesenta sería tachado de demente bolchevique, sino que se oculta sistemáticamente esta realidad. Es impresionante el velo de silencio que ha cubierto este asunto.

Domènech: Hay que insistir en que la globalización no es un fenómeno nuevo relacionado con el multiculturalismo e Internet, sino el sistema social dominante hasta la Segunda Guerra Mundial. La reforma del capitalismo de Roosevelt y la izquierda burguesa consistió en una desmundialización de la economía que introdujo controles en los movimientos de capital, ese es el núcleo del keynesianismo. Sólo así fue posible la política socialdemócrata de la década de los cincuenta y sesenta, con unos sindicatos fuertes –capaces de obligar a la patronal a sentarse a negociar porque no podía mover los capitales a su antojo– y constituciones como la alemana o la italiana, que brindaron a los trabajadores derechos que hubieran parecido increíbles en los años veinte. Cuando desapareció la posibilidad de controlar los movimientos del capital se creó lo que Keynes llamaba un “parlamento virtual” donde los mercados financieros votan y su voto cuenta más que el de los parlamentos políticos. En ese contexto, que es el nuestro, el populismo de derechas puede arrasar, como está ocurriendo en Estados Unidos con el movimiento de los Tea Parties. El auge de esta nueva extrema derecha populista se explica por la impotencia de Obama frente a los mercados financieros. Y no hay que olvidar que los asesores económicos de Obama son el equipo de halcones que llevó a la destrucción la Rusia de Yeltsin.

No obstante, hay fenómenos que nos permiten no ser completamente pesimistas. Por ejemplo, tras la quiebra de la economía islandesa, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea pusieron unas condiciones de rescate muy duras que el Parlamento de Islandia aceptó. Pero entonces hubo una gran manifestación de protesta exigiendo un referéndum. Se convocó el referéndum y las medidas fueron rechazadas por un 94% de los votantes. La sumisión al FMI no es la única opción. Por ejemplo, como ha propuesto Randall Wray, un país podría decir a sus deudores que les devolverá el dinero que les debe con títulos fiscales: no te puedo pagar lo que te debo, pero si inviertes en mi país, todos tus beneficios estarán exentos de impuestos. Lo impresionante es que estas medidas de sentido común quedan circunscritas a la discusión de pequeños círculos académicos. La vulgata es “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “hay que apretarse el cinturón”… Auténticas idioteces. Yo suspendo a los estudiantes que dicen estas cosas y, sin embargo, es lo que los grandes “expertos” cuentan en todos los periódicos.

Alternativas

Domènech: Hay fenómenos poco visibles pero importantes que permiten imaginar transformaciones profundas perfectamente factibles. Por ejemplo, un parte significativa de la economía mundial funciona cooperativamente. Hay 800 millones de trabajadores que trabajan directamente o indirectamente en cooperativa, más del 10% de la población mundial. El trabajo asalariado es la minoría mayoritaria en el mundo, pero hay 1.600 millones de trabajadores no asalariados –entre cooperativistas, personas que trabajan en bienes comunales o en propiedades fundadas en el trabajo personal y esclavos–, y 1.000 millones de personas que simplemente están fuera de la economía mundial. El capitalismo no es, como creen los estructuralistas, una gran unidad funcional, sino una realidad histórica muy compleja.

En España tenemos un ejemplo paradigmático, como es la cooperativa Mondragón, la mayor del mundo, con más de 90.000 empleados. Los propietarios de esta empresa son los trabajadores. Hay empleados que no son propietarios, pero todos tienen la posibilidad de llegar a serlo, para ello tienen un banco propio que concede los créditos necesarios para convertirse en copropietario. De este modo, reciben dividendos, tienen voto en las asambleas, que funcionan democráticamente… El abanico salarial es de 5 o 6 a 1, pero son ratios que se pueden revisar en las asambleas. Es una realidad social económica que abundaría mucho más en Europa si no estuviera durísimamente castigada por las políticas económicas de los gobiernos. En el programa de un gobierno de izquierdas podría figurar el fomento de las cooperativas de trabajadores. No todo tiene por qué ser ayudas a las multinacionales…

Raventós: Otra alternativa factible es la renta básica. La renta básica es posible dentro del marco capitalista, como lo fue en su momento la asistencia sanitaria universal. Los que creen que la renta básica es una medida que, de suyo, puede acabar con el capitalismo o bien no entienden cómo funciona el capitalismo o, en todo caso, dan una importancia a la renta básica que no tiene. Pero eso sí, con una renta básica el capitalismo sería muy diferente del que conocemos. No sólo porque cubriría las necesidades básicas y aseguraría el traspaso del umbral de la pobreza. Tan importante como la posible mejora en las condiciones materiales es el aumento del poder de negociación de los trabajadores que supondría. La renta básica, al menos en mi forma de entenderla, es una opción social y económica que supone la intervención del mercado. El mercado, contra lo que se acostumbra a suponer muy precipitadamente, siempre ha estado intervenido. La diferencia entre partidarios de los ricos y de los pobres, para decirlo de forma simplificada, no es que los primeros defiendan el mercado libre y los segundos quieran intervenirlo. La diferencia exacta es la siguiente: los primeros quieren intervenir el mercado para favorecer sus intereses y los segundos quieren intervenir el mercado para favorecer los suyos. Así que la renta básica, como decía, es una opción de política económica en defensa de la mayor parte de la población. No de la parte más rica. Exactamente lo contrario de lo que se ha venido haciendo a lo largo de los últimos treinta y cinco años, si atendemos a ingredientes centrales como la distribución de la renta que se ha producido en este tiempo. Un mero ejemplo, si en 1976 el 1% más rico de EE UU acaparaba el 9% de la renta nacional, en 2006 ya acumulaba el 20%. 2006 es justamente el año anterior a la crisis. Actualmente la desigualdad y la polarización son mayores. La crisis económica, provocada y ahora perfectamente aprovechada por los especuladores y banqueros, está haciendo estragos entre las clases populares.

Domenech: Soy bastante escéptico respecto a las políticas “alterglobalizadoras” que hoy ocupan a buena parte de la izquierda. Creo que, por lo pronto, hay que desandar buena parte de lo andado, enderezar la economía y recuperar la soberanía popular controlando los movimientos de capitales. Hay que hacer una amplia coalición que destruya la élite rentista que se ha apoderado de la dinámica económica del mundo y que nos ha llevado a la catástrofe. Porque, es importante que lo tengamos presente, lo que vemos es la punta de un iceberg que se ha consolidado a lo largo de los últimos treinta años y que incluye también un enorme aumento de la pobreza en todo el mundo o la destrucción masiva de los ecosistemas. La situación actual ya la conocemos, este es el capitalismo desbridado de la Belle Époque. Tenemos conocimientos muy elaborados para saber cómo se pueden hacer reformas, lo que falta es voluntad política para emprenderlas y, sobre todo, un gran movimiento social como el que sí existía en los años treinta.

Arrebato social en Francia.

Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC España.

No es una sorpresa. Desde hace más de dos siglos, la protesta está en el código genético político de la sociedad francesa. Además de ser derechos constitucionales, la manifestación callejera y la huelga constituyen modos naturales de ejercer la plena ciudadanía. Cada nueva generación considera que participar en los cíclicos arrebatos de cólera social es un rito de paso para acceder a la mayoría de edad democrática.

Esta vez, el detonante de la crisis ha sido el presidente francés. Desacreditado y enfangado en varios hediondos escándalos, obcecado por el FMI y las agencias de calificación, Nicolas Sarkozy se muestra sordo a las quejas del pueblo y pretende demoler una de las joyas principales del Estado de bienestar: el derecho a jubilarse a los 60 años.

Conquistado tras decenios de enfrentamientos, este avance social es percibido, en el imaginario colectivo, como un totem intocable. Sarkozy -que, en 2008, prometió respetarlo- ha subestimado el apego de los ciudadanos a ese derecho. Y aprovechando el choque causado por la crisis, desea imponer una reforma que retrasa la edad legal de jubilación de los 60 a los 62 años, amplía el periodo de pago de cotizaciones a 41,5 años y retrasa la edad para cobrar una pensión completa de los 65 a los 67 años.

Algunos creen que, en realidad, Sarkozy quiere romper el régimen público de jubilación por repartición, basado en la solidaridad entre las generaciones, y sustituirlo por un régimen privado que representaría un mercado de entre 40.000 y 100.000 millones de euros. Denuncian que la compañía de seguros que más se beneficiaría de ello es el grupo Malakoff Médéric cuyo consejero delegado es… Guillaume Sarkozy, el hermano del Presidente.

La reacción de los principales sindicatos es unánime. Sin rechazarla en totalidad, reclaman modificaciones argumentando que el coste de la reforma recaerá esencialmente sobre los asalariados, vapuleados ya por la crisis, y que ello agravará las desigualdades. Organizaron varias jornadas de movilización antes del verano. Pero el Gobierno, en una actitud prepotente, mantuvo su rechazo de negociar.

Grave error. Con la vuelta al trabajo, en septiembre, se reunieron asambleas generales en centenares de empresas y administraciones. Los asalariados confirmaron su decisión de no dar “ni un paso atrás”. Convencidos que si se cedía en algo tan sagrado como la jubilación a los 60 años, se les vendría encima una avalancha de nuevos recortes en la Seguridad Social, la sanidad, la educación y los servicios públicos.

Estas asambleas demostraron que las direcciones sindicales eran mucho menos radicales que sus bases exasperadas por los constantes retrocesos sociales. Inmediatamente, regueros de acciones colectivas se extendieron por todo el país; millones de personas se echaron a la calle; la huelga popular prolongada entorpeció el funcionamiento de los transportes; algunas ciudades, como Marsella, quedaron paralizadas… A medida que se repiten las jornadas de acción, nuevas categorías sociales se van sumando a una protesta que adopta expresiones inéditas.

Lo más original es el bloqueo de las refinerías y los depósitos de carburante. Lo más notable es la masiva incorporación de los estudiantes de secundaria. Algunos imaginaban a esta “generación Facebook” ensimismada y autista, pero su energía contestataria reveló su angustia frente al derrumbe del futuro… Y su temor a que, por vez primera desde 1945, si nada cambia, le toque vivir en peores condiciones que sus padres. El nuevo modelo neoliberal destroza el ascensor social…

La protesta cristaliza un malestar social profundo y una suma de descontentos acumulados: desempleo, precariedad, pobreza (hay ocho millones de pobres), dureza de la vida diaria… Ya no es sólo un asunto de pensiones sino una batalla por otro modelo social.

Lo más significativo es el apoyo popular, entre el 60% y el 70% de los franceses aprueba la protesta. Nadie acaba de entender cómo la Francia arruinada de 1945 pudo costear el Estado de bienestar, y la Francia de hoy, quinta potencia económica mundial, es incapaz de hacerlo. Nunca ha habido tanta riqueza. Los cinco principales bancos franceses obtuvieron, en 2009, unas ganancias de 11.000 millones de euros. Y las cuarenta principales empresas obtuvieron, ese mismo año, beneficios de 47.000 millones de euros…. ¿Por qué no gravar, en provecho de los pensionistas, tan cuantiosos capitales? La Comisión Europea estima que una pequeña tasa sobre las transacciones financieras aportaría al conjunto de los Estados de la Unión Europea, cada año, entre 145.000 y 372.000 millones de euros… Más que suficiente para pagar el aumento de los sistemas de pensiones.

Pero el dogma neoliberal exige que se exonere el capital y se ajusten más los salarios. De ahí el pulso actual en Francia. La sensación general es que ninguno de los dos antagonistas puede transigir. Las organizaciones sindicales, empujadas por una corriente de radicalización, siguen unidas después de varios meses de ofensiva. Ceder constituiría un fracaso semejante al de los mineros británicos en 1985 frente a Margaret Thatcher. Lo que significó el fin de la resistencia obrera en el Reino Unido y abrió la puerta a las “terapias de choque” ultraliberales.

Nicolas Sarkozy cuenta con el apoyo de la Unión Europea (1), del FMI, de la banca y del empresariado europeo(2) temeroso de que la “chispa francesa” incendie la pradera social del continente. El abandono de su reforma le condenaría a la derrota electoral en 2012.

La historia social francesa enseña que cuando una protesta ha ido tan lejos como la actual, jamás se ha desinflado. Siempre ha vencido.

Notas:

(1) El Consejo Europeo, en Barcelona, en marzo de 2002, recomendó: “Para 2010 deberá intentarse elevar progresivamente en torno a cinco años la edad media en que se produzca el cese efectivo de actividad de las personas en la Unión Europea”.

(2) En España, el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, defiende como “imprescindible y aconsejable”, la subida de “la edad de jubilación a los 70 años”. Añade que “los asalariados deben trabajar más y, desgraciadamente, ganar menos”. Pide ampliar el periodo de cálculo de la pensión a “toda la vida laboral”, y que los ciudadanos se hagan “pensiones privadas”. Europa Press, 26 de julio de 2010 y ABC, Madrid, 15 de octubre de 2010.

Artículo publicado en Le Monde Diplomatique

Por qué sigue habiendo motivos para luchar contra las Instituciones Financieras internacionales.

Iolanda Fresnillo – Observatorio de la Deuda en la Globalización

Del 26 al 28 de septiembre de 2000 decenas de miles de activistas tomaron las calles de Praga. El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) celebraban su asamblea anual en la capital checa, y eran el foco de las denuncias de un creciente movimiento social altermundialista. “Este modelo de capitalismo global está sustentado por las políticas del BM y el FMI, y otras como las de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que son las principales causas de los persistentes problemas mundiales, agravan aún más la destrucción medio ambiental y aumentan las desigualdades económicas y sociales de la mayoría de la población”, afirmaba el manifiesto del Movimiento de Resistencia Global, en el año 2000. En aquella ocasión el BM y el FMI se vieron obligados a clausurar precipitadamente su 55 reunión anual, ante la masividad y virulencia de las movilizaciones en la calle.

Entre el 8 y el 10 de octubre de 2010 ha tenido lugar en Washintgon DC la 65 reunión anual del BM y el FMI. Una década más tarde, con unos pocos cientos de personas protestando en la calle, estas dos instituciones siguen con fuerzas renovadas imponiendo su visión de la economía y el desarrollo en todo el mundo. ¿Han cambiado tanto el FMI y el BM como para que los movimientos sociales hayamos dejado de movilizarnos contra sus políticas? ¿En qué andan actualmente las gemelas de Bretton Woods?

Reformas históricas ¿en serio?

Una de las críticas más repetidas cuando hablamos del Banco Mundial y del FMI es la falta de democracia en el seno de estas instituciones. El derecho a voto en ambas se reparte según el peso de cada país en la economía mundial, lo que fija las aportaciones en forma de cuotas de cada país. El evidente desequilibrio en el reparto de cuotas, y por tanto de votos, se ha convertido en los últimos años en foco de debate también en el seno tanto del BM y del FMI, ante el reclamo de los países emergentes de una revisión de este sistema. Si bien los países más empobrecidos del planeta, y las organizaciones de la sociedad civil, venimos denunciando desde hace décadas este desequilibrio en el poder de decisión, no ha sido hasta que países como China, Brasil o Corea del Sur han reclamado su parte del pastel, que BM y FMI no se han tomado en serio esta crítica.

Desde hace unos años se vienen repitiendo con ocasión de las reuniones anuales o de primavera reclamos, discusiones y declaraciones sobre el sistema de cuotas en el BM y el FMI. En 2008 se llegó a acuerdos en ambas instituciones para revisar este sistema de cuotas, pero no ha sido hasta este año que no se ha cerrado la tan anunciada reforma. En abril, en las reuniones de primavera, se cerró la revisión de cuotas en el Banco Mundial y el pasado 23 de octubre, en la reunión de ministros de finanzas del G20 que se celebró en Corea del Sur dos semanas después de las reuniones anuales del BM y el FMI, ha llegado el acuerdo sobre el nuevo reparto del pastel del Fondo. El director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, ha calificado el acuerdo del G20 de “compromiso histórico” que hará del Fondo una institución “”más efectiva, creíble y legitimada“.

La “histórica” reforma esconde, sin embargo, una realidad que ha cambiado muy poco. El principio sobre el que se establece el sistema de cuotas se mantiene intacto. El pastel se reparte según el poder económico (y político) de cada país. Así, la Unión Europea ha tenido que ceder un 6% de cuotas para que “las economías emergentes de rápido crecimiento obtengan una voz más fuerte en el Fondo”. Así, la reforma ha dado en efecto más poder en países como China, India o Brasil. La reforma de las cuotas del Banco Mundial acordada en abril sigue la misma línea, dando más poder a las economías emergentes. Estados Unidos mantiene con la reforma el poder de veto en ambas instituciones, al igual que la Unión Europea (en caso de decidir votar en bloque, ya que los países de la UE no tienen un asiento único en el FMI ni en el BM). En el Banco Mundial, por ejemplo, los países con altos ingresos acumulan todavía el 61% de los votos, los países con rentas medias aumentan hasta el 35% de votos, mientras que los países de bajos ingresos se quedan sólo con un 4,46% de los votos. En el FMI se repite el mismo esquema, dando más poder a quienes han incrementado su poder en la economía mundial, y manteniendo las cuotas marginales de los países más empobrecidos. Para Strauss-Kahn, sin embargo, la reforma “pone fin a la discusión sobre la legitimidad del Fondo que ha durado por años, casi décadas“.

Si bien es cierto que el nuevo reparto de cuotas reconoce el creciente peso en la economía mundial de las economías emergentes, no responde en absoluto a los problemas de falta de legitimidad y democracia de BM y FMI. Estas instituciones se mantienen con estructuras internas profundamente desequilibradas, en tanto que mantienen en la marginalidad a aquellos países que son las principales víctimas de sus políticas.

La crisis como oportunidad

Para muchos de nosotros, la falta de legitimidad del FMI y el BM no se debe sólo a la profundamente antidemocrática estructura interna de las instituciones, sino, y sobre todo, a las políticas que éstas han venido imponiendo en todo el mundo durante más de medio siglo. Como ya denunciábamos hace una década en las calles de Praga, el BM y el FMI “han proporcionado los medios necesarios para que empresas transnacionales, bancos e instituciones financieras continúen expoliando los recursos de la periferia y cargando el peso de la deuda sobre los más empobrecidos“. Es esta alianza entre las Instituciones Financieras Internacionales (IFI), las empresas transnacionales y el capital financiero es la que ha guiado durante décadas las políticas de ajuste que las IFIs siguen imponiendo. El evidente fracaso, desde el punto de vista del bienestar de los pueblos, de las políticas dictadas por el FMI o los proyectos diseñados por el BM nunca ha sido reconocido por estas instituciones ni por sus principales accionistas.

Lejos de reconocer los fracasos y enmendar los errores, siguen “recomendando” las mismas medidas de liberalización y ajuste, financiando la construcción de megaproyectos al servicio de las grandes empresas o generando deuda externa ilegítima. No han querido ver en la crisis financiera y económica la prueba de su fracaso, sino todo lo contrario. Ambas instituciones están reforzándose gracias a esta crisis. En ambas instituciones se han dado ampliaciones de capitales o incremento de los fondos disponibles. En abril de 2009 el G20 designó el FMI como vehículo central para la salida de la crisis y triplicó la capacidad prestadora del Fondo, pasando de 250.000 millones de dólares a 750.000 millones. Según Jubilee USA, “en 2014 la capacidad de préstamo del Fondo a los países de bajos ingresos será 10 veces superior a la que la institución tenía antes de la crisis“.

Los nuevos fondos deben destinarse en teoría a hacer frente a la crisis y a sus impactos, pero paradójicamente vienen acompañados de las condiciones de siempre, medidas como la liberalización del sector financiero y bancario, o la imposición de limitaciones al gasto social y al déficit público. Varios informesde organizaciones sociales muestran cómo los préstamos que el FMI ha otorgado para hacer frente a la crisis contienen condicionamientos al más puro estilo del Consenso de Washington. En el estudio realizado por la red europea Eurodad sobre los préstamos post-crisis otorgados a 10 países empobrecidos, se evidencia la existencia de condicionamientos para reducir o congelar salarios, reducción de déficit y recortes en el gasto social o trasladar los aumentos de precio del petróleo y los alimentos a los ciudadanos en forma de impuestos indirectos y subidas de precios.

Nuevas formas, nuevos temas, nuevos países… los intereses de siempre

Pero no nos engañemos, no todo sigue igual que hace 10 años en el BM y el FMI. El Banco Mundial, por ejemplo, se ha ido amoldando a los nuevos tiempos, ampliando su campo de acción, adaptando su discurso a las nuevas tendencias y renovando sus estrategias.

Así, por ejemplo, se ha posicionado como un actor clave en la gestión de los fondos financieros para afrontar los retos del cambio climático. A pesar de la oposición de buena parte de la sociedad civil, el Banco Mundial administra ya hasta 12 fondos del mercado de carbono, con un valor de más de 2.500 millones de dólares, y un buen número de fondos de inversión relacionados con el cambio climático (tecnología limpia, energía renovable, bosques, MDL, …). De los 30.000 millones de financiación para la lucha contra el cambio climático comprometidos por los países ricos en la Cumbre de Copenhague en diciembre de 2009, se han hecho efectivos cerca de 8.000 millones, de los cuales el 42% se ha canalizado a través del Banco Mundial, y buena parte de éstos se aplicarán en forma de préstamos.

El interés del Banco Mundial en la lucha contra el cambio climático responde básicamente al interés de hacerse con este nuevo pastel de financiación. Y la prueba de ello es que en los últimos años el BM ha seguido financiando proyectos que contribuyen al Cambio Climático. Así, según Jubileo Sur, entre 1992 y 2004 el BM aprobó más de 11.000 millones de dólares en préstamos para más de 120 proyectos de combustibles fósiles, representando el 20% de las emisiones globales actuales. Sólo entre 2007 y 2008 el BM financió 7.300 millones de dólares adicionales en proyectos de combustibles fósiles, y sólo 5.300 millones para energías renovables y eficiencia energética.

El Banco Mundial no sólo se adapta a los nuevos tiempos maquillándose de verde, sino que lidera un proceso de transformación de las finanzas para el desarrollo donde el sector privado pasa a ser protagonista. Efectivamente, el BM ha ido reforzando de forma progresiva la Corporación Financiera Internacional (CFI). Este organismo, perteneciente al Grupo del Banco Mundial, fue creado en 1956 para promover inversiones en el sector privado en los países del Sur, facilitando asistencia técnica y participando en la financiación de las iniciativas privadas o público-privadas. El presupuesto del CFI se ha quintuplicado desde 2002, con más de 18.000 millones de dólares comprometidos este año. El CFI deja en manos de intermediarios financieros (bancos, fondos de inversión, fondos de capital riesgo…) cerca de la mitad de sus préstamos, unos intermediarios con dudosa experiencia o interés en fomentar el desarrollo sostenible de los pueblos. De esta manera a través del CFI el Banco Mundial premia el principal sector responsable de la crisis financiera y económica que vivimos hoy en día.

El principio bajo el que actúa el CFI es la promoción de la inversión privada, sea cual sea esta inversión, siempre y cuando sea viable económicamente. Se priorizan criterios comerciales y financieros, más que sociales o ambientales, a la hora de elegir los proyectos donde invertir o los que apoyar. Buena parte de los recursos terminan yendo a grandes proyectos de infraestructuras y los principales beneficiarios son las empresas transnacionales de los países ricos. Cerca de dos terceras partes de las empresas que han recibido apoyo del CFI en los últimos años han sido empresas de países de la OCDE.

Además, el CFI ha sido denunciado por organizaciones de la sociedad civil de apoyar a empresas que operan o tienen sede en paraísos fiscales, fomentando así la fuga de capitales desde los países del Sur. El CFI ha sido también denunciado por la falta de mecanismos de control, evaluación, transparencia y participación de la sociedad civil.

En definitiva, el Banco Mundial, y en concreto el CFI, están promoviendo un modelo de privatización de las finanzas para el desarrollo. Un modelo que se está imponiendo en todas partes, como en el Estado español, donde se crean y refuerzan mecanismos de apoyo al sector privado, como el nuevo Fondo de Internacionalización de la Empresa española (FIEM). Un modelo que eleva a las empresas privadas a la categoría de agentes de desarrollo, sin tener en cuenta los impactos negativos que las actuaciones de estas empresas tienen sobre el bienestar de los pueblos y la defensa de los derechos humanos, como en el caso tanto de FIEM como del también nuevo Fondo de Promoción para el Desarrollo (FONPRODE).

Finalmente, y esto no sorprenderá a nadie, las IFI están traspasando fronteras que años atrás nos parecían infranqueables. El FMI está siendo un actor clave en la definición de las políticas de ajuste que están aplicando gobiernos como el español, el griego o el irlandés, al igual que lo había hecho con Argentina o la República Democrática del Congo años atrás. La frontera entre Norte y Sur, entre países desarrollados y empobrecidos desaparece cuando se trata de defender los intereses del capital. La línea que separa lo público y lo privado se difumina cuando se trata de conseguir esos mismos intereses.

Tal como denunciaba el llamado a la acción de las movilizaciones de Praga, el año 2000, “los vínculos entre el FMI, el BM, la OMC y las corporaciones transnacionales, buscan maximizar los beneficios privados y limitar el poder de los pueblos para proteger el medio ambiente, para determinar su modelo económico y garantizar los derechos humanos“. Ahora, igual que hace una década, sigue habiendo razones para oponerse a las políticas e incluso a la existencia de instituciones como el Banco Mundial y el FMI. Cambian las formas, pero no el fondo. Nosotras elegimos, reforma o…

Manifiesto del Movimiento de Resistencia Global (MRG), Praga, septiembre 2000.

Artículo publicado en Rebelión


Las pensiones, ¿inviables?

Artículo publicado en el diario PÚBLICO.

Este artículo presenta los errores y los silencios del manifiesto firmado por 100 economistas sobre las pensiones, patrocinado por FEDEA (fundación financiada por los grandes bancos y las cajas así como grandes empresas). El artículo presenta propuestas alternativas a las expuestas en tal manifiesto para garantizar la viabilidad del sistema de pensiones públicas.

Hace 40 años, el 18% de los españoles adultos trabajaba en la agricultura. Hoy, sólo el 2% trabaja en la agricultura y produce incluso más que lo que producía 40 años atrás el 18% de la población en edad de trabajar. Dicho en otras palabras: un trabajador produce hoy más alimento de lo que producían antes nueve trabajadores, y ello como consecuencia de un enorme crecimiento de la productividad del trabajador agrícola. Con base en estos datos, se puede ver lo absurdo que habría sido si hace 40 años cien economistas hubieran alarmado a la población indicando que, como consecuencia de que los trabajadores estaban dejando el campo, habría menos producción de alimentos, y al cabo de 40 años la gente en España se moriría de hambre. Su desatención al impacto que el crecimiento de la productividad tiene en la cantidad de alimentos producidos explicaría el ridículo de su pronóstico.

Pues bien, por muy ridículo que parezca, esto es lo que está ocurriendo ahora, con grandes cajas de resonancia mediática disponibles para promover este mensaje. La única diferencia es que, en lugar de alimento, ahora se habla de pensiones. FEDEA, la fundación más importante del capital financiero (banca y cajas de ahorros) en España, acaba de patrocinar un manifiesto, firmado por cien economistas, que utiliza el mismo argumento: “La ratio entre la población en edad de trabajar y la población mayor de 65 años pasará de cuatro en la actualidad a 1,65 en 2050”, de lo cual deriva que el sistema de pensiones públicas no es sostenible. Este argumento ignora que, más importante que la relación población adulta versus ancianos, es el número de trabajadores por pensionista y su productividad. Pues bien, el número de trabajadores por pensionista pasará de 2,24 ahora a 1,15 en 2050 (una reducción de menos de la mitad), pero, lo que es más importante, es que en 2050 cada trabajador producirá mucho más del doble de lo que produce un trabajador ahora, con lo cual podrá sostener más del doble de pensionistas que ahora.

El mismo error aparece cuando el manifiesto neoliberal alarma a la población indicando que ahora nos gastamos el 9% del PIB en pensiones y dentro de 40 años nos gastaremos el 15%, lo cual, concluyen, es insostenible en una sociedad que tiene recursos limitados. (Por cierto, Italia ya se gasta ahora el 14% del PIB en pensiones públicas, y el sistema no se ha colapsado). De nuevo, el manifiesto asume que la productividad apenas variará, lo cual es un error.
Si la productividad creciera un 1,5% por año, que es el promedio de crecimiento en los últimos 40 años, el PIB de España en 2050 sería 2,25 veces mayor que ahora (en monedas constantes, es decir, que la capacidad adquisitiva real habrá más que doblado la actual). En otras palabras, si ahora el PIB es, por ejemplo, 100, en 2060 sería 225. Pues bien, en pensiones nos gastamos ahora nueve puntos, dejando para los no pensionistas 91 puntos. Y ,en 2050, nos gastaremos el 15% de 225, es decir, 33 puntos en pensiones, quedando para los no pensionistas 192 puntos, muchos más que los 91 actuales. En realidad, hace 40 años nos gastábamos el 3% del PIB en pensiones, y ahora nos gastamos el 9%. Hemos triplicado el gasto en pensiones y, sin embargo, los recursos para los no pensionistas también han aumentado, pues el tamaño de la tarta es mucho mayor ahora que hace cuatro décadas.

Que no haya problemas graves en las pensiones públicas no quiere decir que no deban hacerse reformas, pero estas no debieran ir en el sentido de reducir las pensiones. Una medida aconsejable para aumentar los fondos a la Seguridad Social y mejorar las pensiones (que son demasiado bajas) es facilitar la participación de las mujeres en el mercado de trabajo. En España, el porcentaje de la población que trabaja es más bajo de lo que le corresponde por el nivel de riqueza que tiene. Y en parte se debe a dos factores. Uno es el bajo porcentaje de la población adulta que trabaja en empleo público (el 10%, uno de los más bajos de la UE-15, cuyo promedio es del 15%). En contra de lo que se dice, el sector público (y, muy en particular, en los servicios públicos del Estado del bienestar, tales como sanidad, escuelas de infancia, educación, servicios sociales, vivienda social, entre otros) está poco desarrollado y tiene escaso personal, y ello se traduce en el bajo porcentaje de la población que trabaja en él.

El otro factor es el de la baja participación de la mujer en el mercado de trabajo (52%). Si España tuviera el porcentaje de Suecia, habría 2,8 millones más de trabajadoras pagando impuestos y cotizaciones sociales. Para ello se debiera expandir el cuarto pilar del bienestar, de modo que se incluya el derecho de acceso a las escuelas de infancia (que deberían ser mucho más que guarderías, aparcamientos para niños), además de los servicios domiciliarios a personas con dependencias. Y, naturalmente, hacer al hombre corresponsable de las obligaciones familiares. Y sobre todo, invertir en infantes y jóvenes, pues ellos son los futuros cotizantes que financiarán las pensiones del futuro.

Deberían también corregirse las inequidades existentes en la financiación de las pensiones. Es injusto que Emilio Botín, el banquero más rico de la UE, pague a la Seguridad Social un porcentaje mucho menor que un empleado de su banco. Como también es injusto que una persona trabajadora no cualificada (que vive 10 años menos que un burgués), tenga ahora que trabajar dos años más para pagarle las pensiones al burgués (que le sobrevivirá 10 años). En realidad, el incremento de la edad de vida se ha concentrado en los últimos 40 años en las rentas superiores, sin que apenas se haya notado en las rentas inferiores. Predeciblemente, ninguno de estos temas aparece en el manifiesto de los cien.

Vicenç Navarro

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

Unión Europea, ¿qué futuro social?

Francisco Morote Costa – ATTAC Canarias

La crisis se ha instalado en el corazón del sistema. Las contradicciones más agudas parecen hallarse ahora en la Unión Europea. Por un lado, entre los países deudores – Grecia, Portugal, España, Irlanda, Italia -, y los acreedores – Alemania, Francia, Reino Unido; por el otro, entre las clases dominantes acomodadas y las populares asalariadas de cada país. Por doquier se aplican planes de ajuste estructural o de austeridad fondomonetaristas. Planes de fuerte contenido antipopular y antisocial.

Apoyándose en gobiernos conservadores-liberales o socialistas o socialdemócratas débiles se implementan políticas regresivas de contención del gasto público y, especialmente, del gasto social. Las clases acomodadas anticipándose al espectro de la justicia fiscal paneuropea, se curan en salud tratando de persuadir a las clases medias y populares trabajadoras de que no hay otra salida posible que la austeridad del gasto, aunque eso implique sino el final el grave deterioro del modelo social europeo y su proclamado Estado de bienestar.

Que tal propuesta prospere depende de la respuesta que los pueblos de Europa den a la renovada ofensiva neoliberal, que históricamente podemos valorar como una contrarreforma social del capitalismo. Si el miedo – ” el miedo es la disciplina de una sociedad capitalista”, ha dicho Susan George -, el individualismo, el fatalismo y la resignación se instalan en la conciencia colectiva, la derrota está asegurada pero sí, como es natural y lógico a pesar de todo, los pueblos se sobreponen a esos sentimientos y reaccionan enfrentándose a las políticas regresivas reclamando no sólo la pervivencia del modelo social europeo sino su plena vigencia y el esfuerzo de su viabilidad, habrán de imponerse políticas basadas en la justicia fiscal, el respeto medioambiental y la sobriedad en el consumo.

Las viejas fuerzas políticas progresistas regeneradas y las nuevas fuerzas políticas que están surgiendo, en el marco de una democracia incluso meramente representativa, hallarán que las clases medias y populares trabajadoras les ofrecerán la oportunidad de impulsar un nuevo reformismo de marcado signo social, ecológico y ético.

Es el futuro social de la inmensa mayoría de los europeos lo que está en juego.

La Unión Europea, gravemente “deslocalizada” y “secuestrada” por el mercado.

Federico Mayor ZaragozaComité de Apoyo de ATTAC España

La producción progresivamente deslocalizada hacia el Este, hasta llegar a China, la “fábrica del mundo”, ha desembocado en la formidable paradoja del mayor país comunista del mundo, el gran país capitalista.

Por otra parte, el talento se ha estado deslocalizando hacia el Oeste, durante décadas. Europa ha realizado considerables esfuerzos en fomentar becas y ayudas (pre-doctorales, post-doctorales…) pero, luego, debido en buena medida a procedimientos menos flexibles que los norteamericanos, son muchos miles los científicos, especialistas en las más diversas materias, que han aceptado ofertas de los EEUU, sobre todo.

También en defensa estamos “parcialmente deslocalizados” al otro lado del Atlántico (Norte). Y en Europa nos hemos quedado con los servicios y con las “burbujas”, padeciendo de forma particular los “efectos colaterales” de la globalización plutocrática.

Los financieros nos dominan y los representantes del gran capital, bien aposentados y guarecidos de la tormenta, se limitan a repetir, con desesperante monotonía, que tienen soluciones (que nunca muestran)… mientras miran hacia otra parte.

Ya lo advirtió el Presidente Bush en noviembre de 2008: “la solución a la crisis es economía de mercado, libre mercado, libre comercio”. ¡Qué error -lo he subrayado en diversas ocasiones- cometió la Europa sometida y timorata cuando acudió presurosa en la fecha mencionada a Camp David, ya elegido Obama, para que fuera el Presidente norteamericano en funciones quien “liderara” la recuperación de la quiebra financiera (y democrática, y política, y medioambiental, y ética…).
Y así, el G-20, en lugar de las Naciones Unidas, ordenó el “rescate” con fondos públicos de las instituciones financieras, la mayoría privadas, que se hallaban en zozobra. Y, ahora, lógicamente, el sector público tiene un déficit enorme, que debe pagar… ¡el sector público!. Y recortar sus presupuestos, incluídos los relativos a políticas sociales. El mercado acorrala a la política, uniformizando las distintas opciones ideológicas.

Europa, como el mundo entero, se halla secuestrada por el mercado. Se les ayudó anunciando serias medidas de regulación e inmediata eliminación de los paraísos fiscales. Pues bien: sigue la desregulación; siguen los paraísos fiscales; siguen las “evaluaciones” o “clasificaciones” sesgadas, interesadas, parciales, oportunistas (la última de Moody’s, ¡el día antes de que Cataluña pusiera bonos a la venta!).

Europa, a los pies de los caballos. En lugar de dominar, como buenos jinetes, el poder desbocado del mercado, estamos a sus pies.

Occidente ha aceptado la progresiva marginación de las Naciones Unidas. Ha olvidado los principios democráticos, los Derechos Humanos y la grandeza de su mestizaje. Ha abrazado el mercado y se está dejando influir en exceso por el colosal poder mediático. Y -ver el caso de Suecia- son los ultras los que, contra todo pronóstico, se estan beneficiando de la crisis. Brotes de xenofobia, de intemperancia, están erosionando los pilares socialdemocráticos que durante tantos años fueron referencia.

Pero están germinado -el ciberespacio es especialmente relevante a este fin- semillas de movilización plantadas desde hace años, en tiempos de resistencia y prospectiva.

Y cada vez se sembrará más y más hasta completar los surcos, que pondrán al alcance del poder ciudadano los medios para la acción. El cambio vendrá de la ciudadanía, cansada de sometimiento y postergación. No pasarán muchos años que pretenden prolongar quienes, azorados, intentan con añagazas mil, eliminar la educación ciudadana de todos de grados docentes.

Sí, llegará el momento de “los pueblos”, tan lúcidamente previsto en La Carta de las Naciones Unidas. Y, valientemente, se exigirá la regulación de los mercados; que se procuren fuentes alternativas de ingresos (tasas sobre las transacciones electrónicas, por ejemplo; el cierre, de una vez, de los perniciosos paraísos fiscales; medidas urgentes sobre el medio ambiente, para protegerlo especialmente de procesos potencialmente irreversibles; reducir el gasto militar y en armamento, elaborando nuevas estrategias y máquinas apropiadas para la nueva naturaleza de los conflictos…

De este modo, sólo de este modo, terminará el secuestro y emergerá la Europa como referencia de la gobernación democrática a escala mundial.

En lugar de desprestigiarlo, procuremos fortalecer el liderazgo político en la Unión Europea. Para que resista y supere el acoso intolerable de los mercados, en manos de muy pocas manos, del “gran dominio”. Para que “relocalice” los tipos de producción que estime más adecuados. Y -como ya inició en 2007 con el Consejo Europeo de Investigación- promueva con brío la I+D+i en la UE “relocalizando”, también los “cerebros” en sus territorios.

Diseñe y ponga en práctica su propio sistema defensivo. Alianzas, sí. Dependencias, no.

La pieza que falta: políticas tras el 29-S.

Pese a las movilizaciones en Europa y el relativo éxito de la huelga general del 29-S, no se vislumbran cambios en las políticas económicas ni del Gobierno español ni de la UE.

El éxito de la movilización del pasado 29-S se arriesga a empantanarse en la arena política. A diferencia de Francia, donde una serie de huelgas sostiene la creciente ola de movilizaciones contra los ataques de Sarkozy, aquí parece que la huelga haya consumido toda la combatividad de CC OO y UGT.

Tras el 29-S, el silencio. El otoño caliente que nos prometían parece que no pasará de octubre y ya se nos ha echado encima un crudo invierno de recetas neoliberales. Y mientras que en Francia van a por la octava, aquí parece que tendremos que ver cómo el PSOE completa su giro neoliberal prácticamente sin oposición, retardando la jubilación a los 67 años y ampliando el cálculo de las pensiones de 15 a 20 –bajada efectiva de un 5,54% en las pensiones resultantes–.

Sin embargo, aquí como allá, una misma política provoca rechazo: otra vuelta de tuerca neoliberal a la que la izquierda gestionaria, desde el PSOE a las grandes centrales sindicales pasando por la izquierda subalterna (IU-ICV, ERC, BNG, etc.), no sabe –o, peor aún, no quiere– dar respuesta ni batalla. Ciertamente, en Francia esta izquierda claudicante y claudicada puede sumarse a las luchas con la misma facilidad con que la izquierda que nos gobierna se incorporó en su día contra la LOU, el Prestige o la Guerra. La pregunta, no obstante, no es quién nos causa el mal, sino cómo nos defendemos de esta izquierda que acepta el papel de alternante en el turnismo neoliberal.

Antes de nada urge comprender la naturaleza de la crisis, la manera en que afecta al trabajo al tiempo que afirma el mando del capital. Desde que a principios de los ‘80 el neoliberalismo emprendiese la estrategia de readaptación del mando al desafío de la ola de movilizaciones de los ‘60 y ‘70, hemos asistido a una lenta agonía de una modalidad de trabajo; un trabajo que había sido constitucionalizado tras la segunda postguerra mundial por medio del ‘wellfarismo’ y la acción social concertada –la negociación colectiva que implicaba en el mando a las grandes agencias del trabajo: las centrales sindicales–.

Modelo productivo.

En el caso de las dictaduras del Mediterráneo sólo en la segunda mitad de los ‘70 se produjo esta incorporación al capitalismo europeo occidental. El crecimiento de las últimas décadas, sin embargo, no modificó sustantivamente el modelo productivo. Turismo y construcción, sabido es, han sostenido el crecimiento en un país que liquidó industrias enteras o las vendió a los socios europeos en la firme convicción de que el proceso de unificación económica europea revertiría en beneficio propio.

Los tiempos del europeísmo pasaron y el repliegue sobre los Estados nacionales se dejó notar, si bien no en la variante de un europeísmo de clase, sino más bien de reacciones resistencialistas y defensivas a la manera del “no” francés al Tratado de Constitución Europea. Sintomáticamente, ha sido la extrema derecha y no la extrema izquierda quien ha acabado capitalizando la crisis del proyecto europeo. No defendemos con esto el TCE, claro está.

Pero a juzgar por lo sucedido –sobre todo desde la crisis– tampoco parece que la estrategia centrada en la defensa de la estructura interna del trabajo tardofordista y sus modelos organizativos hayan servido para cambiar las tornas. De acuerdo con distintas corrientes teóricas –escuela de la regulación, ‘neoschumpeterianos’, ‘postoperaistas’, etc.–, el tránsito al postfordismo comporta diferentes procesos que afectan a la composición social del trabajo –desterritorialización, inmaterialización, etc.–. En el postfordismo, las instituciones del fordismo –partido obrero, sindicatos, etc.– se han quedado desfasadas. A ello contribuye tanto el éxito –histórico– del movimiento obrero como la ausencia de reflexión teórica crítica. Y es que el éxito dificulta la autocrítica.

No es extraño escuchar en nuestros días apologías de la socialdemocracia como si ésta no hubiera sido liquidada por el social-liberalismo. En vano los herederos del eurocomunismo se emocionan con Die Linke y la posibilidad de ocupar el espacio socialdemócrata –en un notorio desconocimiento de la política alemana, por cierto–. Tampoco sorprende escuchar a anarquistas, trotskistas e independentistas, ideologemas como la necesidad de repetir el modelo insurreccionalista, la organización leninista o los movimientos de liberación nacional, como si su éxito otrora fuera una garantía de futuro. La Historia se repite como farsa.

Autonomía, no autoexclusión.

Pero si la izquierda tradicional no da para grandes esperanzas, por parte de una cierta autonomía la cosa no está mucho mejor: la confusión de autonomía con negación, como si ambas fuesen una misma cosa, es muy frecuente entre activistas de todo tipo. Nos encontramos así que, aunque no falta quien entiende el desafío postfordista, acaba finalmente enrocado en posiciones pseudoautónomas, esto es, en posiciones determinadas, en rigor, por la propia heteronomía del capital desde el margen que la sociedad de la opulencia deja al antagonismo a fin de determinar su propia vulnerabilidad, sus necesidades de readaptación y riesgos efectivos en la implementación del neoliberalismo.

Llegado este punto la cosa se pone realmente complicada, porque la izquierda no parece que esté por refundarse en serio y el interfaz representativo del movimiento es la pieza que falta contra el neoliberalismo. Subvertir los viejos lugares ideológicos de la izquierda es una tarea primera, la desobediencia a sus repertorios para visibilizar las otras realidades del trabajo –a la manera, por ejemplo, del Moviment del 25–, una prioridad. Pero tampoco lo es menos pensar las maneras de influir sobre los partidos y sindicatos. El ejemplo del Tea Party y su presión sobre el Partido Republicano, con todas las salvedades debidas, muestra hasta qué punto la extrema derecha lleva ventaja.

Así las cosas, más nos valdría aprestarnos a organizar las herramientas que impidan las derivas neoliberales de las izquierdas y no a consumirnos en los partidos imposibles y derivas electoralistas. La ley electoral no está ahí para nada. Si no se dispone de capacidad para cambiarla hay que adaptarse. El municipalismo puede ser una herramienta en pequeños ayuntamientos, pero a escalas mayores radicalizar la democracia pasa por imponerse a las opciones presentes en las instituciones. El movimiento debe alcanzar su madurez. Esta se expresa hoy en entender los efectos de la maquinaria legislativa e influir sobre quien la hace funcionar.

Raimundo Viejo Viñas.

  • Profesor de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Investigador del Instituto de Gobierno y Políticas Publicas de la Universidad Autónoma de Barcelona IGOP/UAB.

Mario Vargas Llosa, ¿Defensor de los derechos humanos y de la libertad?

Una característica de gran número de políticos, periodistas o escritores que dicen promover la defensa de los derechos humanos en Latinoamérica y otros continentes es su selectiva interpretación de lo que son los derechos humanos. Sus preocupaciones se centran exclusivamente en los derechos humanos de los disidentes en países con gobiernos con los que tales supuestos defensores de los derechos humanos están en desacuerdo. Con ello, están utilizando el noble concepto de derechos humanos para sus intereses políticos. Un ejemplo de ello es el recientemente galardonado Premio Nóbel de Literatura, Mario Vargas Llosa. Tal autor ha estado utilizando la causa de los derechos humanos para agredir verbalmente a los gobiernos venezolano, boliviano, ecuatoriano, cubano, argentino, brasileño, entre otros, todos ellos gobernados por partidos de izquierda o centro izquierda. Me parece muy bien, e incluso loable, que se critiquen comportamientos represores de los derechos civiles de los ciudadanos de aquellos países cuando ello ocurra. Pero lo que es denunciable es la enorme selectividad y sesgo en tales denuncias. Vargas Llosa raramente incluye entre sus críticas a gobiernos conservadores y neoliberales. El asesinato de más de 2.000 personas falsamente acusadas de terroristas por las fuerzas armadas del gobierno Uribe en Colombia, y la brutal represión que está existiendo en Honduras, nunca ha sido sujeto de crítica por parte de tal autor. La violencia que ocurre en Venezuela sí que ha sido criticada. La que tiene lugar en Colombia (el país del mundo donde se asesinan más sindicalistas) nunca ha sido criticada. Y así un largo etcétera. Su sensibilidad hacia los derechos humanos ha tenido siempre una coloración política, definitiva y clara. Ha estado siempre puesta a disposición de una sensibilidad política, reproduciendo la guerra fría. Este sesgo claramente político conlleva, pues, una interpretación muy reduccionista de lo que son derechos humanos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas en 1948, incluye como tales, no sólo los derechos políticos y civiles (los derechos derivados de la libertad de organización y de opinión), sino también los derechos económicos y sociales, tales como el derecho al trabajo, a un salario justo, a la salud y a la educación y a la seguridad social que, en gran manera condicionan la existencia, a su vez, de los derechos políticos y civiles. En realidad, es difícil hablar de los segundos independientemente de los primeros. Y un ejemplo de ello es EEUU, donde la enorme concentración de las rentas y de la propiedad dificulta enormemente la expresión democrática, pues tanto los medios de comunicación como los órganos representativos están claramente controlados (los medios) e influenciados (el Congreso Estadounidense) por los grupos económicos, enormemente poderosos, que limitan tales derechos. El Presidente Obama de EEUU ha alertado, con razón, de las enormes limitaciones que comporta para la democracia de aquel país la enorme influencia que los lobbies económicos y financieros tienen sobre las instituciones representativas estadounidenses y sus derechos políticos y sociales.

La evidencia existente y documentada en la literatura científica muestra claramente que la enorme concentración de la riqueza económica dificulta el desarrollo de la democracia pues, en cualquier país, poder económico se traduce en poder político. Esta traducción se hace a través (entre otros instrumentos) de los medios de información y persuasión que, controlados por tales grupos, configuran los parámetros dentro de los cuales tiene lugar el supuesto debate y competitividad política. No es, pues, de extrañar que todos los gobiernos de centro izquierda e izquierda en aquellos países latinoamericanos tengan enfrentamientos con los poderes mediáticos en sus intentos de diversificar las ofertas mediáticas muy limitadas y reducidas existentes en aquellos países. La supuesta “defensa de la libertad de expresión” es, en realidad, en muchos de aquellos países la defensa de monopolios mediáticos e informativos que dificultan enormemente la expresión y desarrollo democrático.

Presentarse, pues, como defensores de los derechos humanos, sin nunca referirse a los derechos económicos y sociales es un sesgo que refleja una enorme insensibilidad hacia el hecho evidente de que los derechos políticos están claramente determinados por los derechos económicos y sociales. Y los países de Latinoamérica son un claro ejemplo de esta realidad. Aquel continente se caracteriza por tener las desigualdades de riqueza más acentuadas del mundo, lo cual explica la escasez de sistemas democráticos en la historia de aquel continente y las enormes limitaciones de tales sistemas. Ni que decir tiene que en aquellos países donde hay democracia, existe competitividad política, pero tal competitividad está tan desequilibrada, con gran escasez de recursos para las opciones de izquierdas frente al gran apoyo de bloques económicos y mediáticos de las derechas, que tal competitividad toma lugar predominantemente entre partidos de derechas (conservadores versus liberales) con escaso espacio democrático para las izquierdas. Las últimas elecciones en Colombia son un reflejo de ello.

De ahí se deriva que la expresión libertad tiene significados muy distintos según el grupo y la clase social que la utiliza. Como bien dijo el Presidente Abraham Lincoln de EE.UU., “En teoría todosdeclaran su amor a la libertad. Pero la libertad de la clase de propietarios no es la misma que la libertad de los que trabajan para los propietarios. Y las instituciones del estado favorecen sistemáticamente el entendimiento que de la libertad tienen los primeros a costa de los segundos”. Esto ocurre no sólo en América Latina, sino en la mayoría de países incluyendo EEUU. Como dijo recientemente Richard Trumka, el Secretario General de los Sindicatos estadounidenses (AFL-CIO), “Si un trabajador al salir de una fábrica conduce su coche con imprudencia y atropella al dueño de la fábrica, es probable que pierda el carnet de conducir y vaya a la cárcel, además de pagar una elevada multa. Pero si el dueño de la fábrica daña la salud de sus 500 trabajadores por utilización imprudente de productos nocivos, casi nunca perderá su licencia de dirigir la empresa, y nunca le enviarán a la cárcel. Y es probable que, incluso, no reciba una multa”. Dentro de este marco, ¿de qué derechos humanos y de que libertad habla Mario Vargas Llosa? Es importante y necesario que se denuncien las violaciones de los derechos humanos y la reducción de la libertad donde ello ocurra. Pero esta denuncia pierde credibilidad cuando se expresa selectivamente en contra de ciertos estados y cuando se escogen unos derechos a costa de otros tan o más importantes que los que Mario Vargas Llosa escoge como motivo de su atención.

Comentarios sobre el artículo de Javier Cercas, laudatorio de Mario Vargas Llosa

Una última observación. Escribí este artículo que el lector acaba de leer el pasado viernes. Siempre lo escribo el viernes para que mi columna aparezca el lunes. Pero al leer el artículo de Javier Cercas sobre Mario Vargas Llosa, escrito ayer, domingo día 17 de octubre, titulado “La Izquierda y Vargas Llosa”, me siento en la necesidad de comentarlo, pues su tono, predeciblemente halagador de Mario Vargas Llosa, va acompañado de una serie de observaciones, algunas insultantes, sobre las izquierdas, que merecen una respuesta.

Pero primero analicemos los halagos. Cercas repite el aplauso a Vargas Llosa por “nadar contra corriente”. Tal frase parece indicar que sus ideas han sido siempre contrarias a las estructuras de poder político y mediático en América Latina y en el mundo, lo cual es fácilmente demostrable que no ha sido el caso. Antes al contrario, Mario Vargas Llosa ha sido el portavoz del neoliberalismo que ha sido la ideología y el proyecto promovido por las estructuras del poder en América Latina y EEUU durante los últimos treinta años. Sólo hace unos pocos años que gobiernos de izquierda han roto con tal ideología. Las amplias cajas de resonancia que Mario Vargas Llosa tiene en aquellos continentes se deben a su continua hostilidad a estos gobiernos de izquierda, no a las fuerzas político-económicointelectuales dominantes en ellos.

En el mismo tono laudatorio poco creíble, Cercas añade que Vargas en defensa de los derechos humanos nunca se ha servido de ellos. ¿Cómo explica Cercas, la selectividad en su defensa de los derechos humanos, que excluye a aquéllos próximos a él por su ideología? Igual de errónea es su aseveración de que Mario Vargas Llosa siempre separa –según Cercas- la crítica de las ideas de las críticas a las personas, añadiendo que “Vargas Llosa nunca considera que un hombre equivocado es un hombre inmoral”. Tengo que admitir que tuve que leer esta frase dos veces. Le aconsejo a Cercas que lea los artículos y escrito de Vargas Llosa sobre Chávez, sobre Evo Morales y sobre Fidel Castro. Inmoral es el término más amable que Vargas Llosa utiliza para definirlos. Uno puede estar en desacuerdo con las políticas e incluso con las personas a las que Mario Vargas Llosa critica, pero debiera haber límites en cuanto a la manera que esta crítica se expresa, límites que Vargas Llosa y otros pensadores neoliberales han traspasado con creces.

Por último, Cercas, no sólo alaba acríticamente a Vargas Llosa, sino que de una manera condescendiente aconseja a las izquierdas que aprendan de Vargas Llosa e incorporen en su ideario elementos de su filosofía. No sé a que izquierdas se está refiriendo Cercas, pues tanto en Latinoamérica como en Europa hay una gran diversidad de izquierdas. Pero si las izquierdas gobernantes en Europa están en profunda crisis, se debe precisamente a haber ignorado –como Vargas Llosa ha hecho siempre- que los determinantes de los derechos civiles y políticos son –tal como he indicado en este artículolos derechos básicos económicos, laborales y sociales. Este olvido ha facilitado su transformación en partidos socioliberales que han causado su ruina electoral. Al revés que lo que sugiere Cercas, le aconsejo a las izquierdas que estén tan lejos como sea posible del neoliberalismo, eliminando sus valores dentro de sus proyectos políticos.

Vicenç Navarro

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

Neoliberalismo para todos.

Nos han convencido: el neoliberalismo es nuestro camino. Fracasado el comunismo, el mundo ha abrazado el sistema de libre mercado llevado hasta sus últimas consecuencias. O no tanto. Todavía se puede perfeccionar el modelo. De haber alcanzado la excelencia, no vivirían 4.000 millones de personas (dos tercios de la población) en situación de extrema pobreza, muriendo literalmente de hambre por los rincones del planeta. Ni pagarían los privilegiados ciudadanos occidentales –restringiendo su nivel de vida y sus derechos adquiridos– los daños económicos que no han provocado. Urgen, por tanto, soluciones nuevas e imaginativas que proponer a los políticos –nuestros representantes–, quienes, por afinidad ideológica u obligación, acatan e imponen los dictados neoliberales. Nos hemos enamorado todos de la libertad desbocada y queremos disfrutarla al máximo. Si la palabra justicia –imprescindible antaño en el concepto– puede provocar urticaria, atengámonos a las reglas empresariales. Y logremos libertad de hablar, crear, creer, vender, comprar, negociar… y hasta comer para todos.

Existen posibilidades de beneficio hasta ahora inéditas. El ciudadano medio no ha caído en la cuenta de que, cada vez que presta atención a un anuncio o adquiere lo propuesto, está colaborando en un negocio. Ninguna ética empresarial aceptaría que en la cadena productiva quedara sin cobrar alguno de los integrantes del proceso. Por tanto, el consumidor debe hacer valer su papel activo en los rendimientos del proveedor y exigir remuneración por cada impacto publicitario, por cada acto de compra. Una cantidad siquiera testimonial, pero irrenunciable, que compensara el tiempo y recursos invertidos.

Del mismo modo, quienes nos vemos impelidos –sólo por vivir despiertos– a atender, en los medios informativos y por doquier, la propaganda de una ideología destinada (casi exclusivamente) a generar ganancias privadas, debemos obtener participación en las plusvalías. ¿Alguien negaría el pago al hombre anuncio que promociona un producto en la calle? ¡Cuanto menos a quienes, gratis hasta ahora, consolidamos el modelo que a otros aprovecha suculentamente! Oír, repetir, gastar energía en algún caso requiere devengos. Debemos preguntar: ¿cuánto pagas?

El Estado adelgaza en el nuevo orden mundial. Y en curiosa amalgama, se hace más fuerte para reclamar el cumplimiento de sus postulados y castigar la disidencia. Desde los países de la UE –controlados por Bruselas– a los Estados y los gobiernos autónomos. Los servicios públicos se alquilan a empresas privadas con ánimo –y recaudo– de lucro. ¡Cobremos por usarlos! De nuestra participación depende su cuenta de resultados. Decidir en un sentido u otro para cualquier acto de nuestra vida –desde beber un vaso de agua a tomar un avión, acudir a un hospital o estudiar en determinado colegio–, todo, nos convierte en valores económicos a postular en el mercado. Seamos emprendedores. Hay materias primas aún sin explotar: el aire. De broma recurrente, ha pasado a cotizar en bolsa, recién privatizado su tránsito para volar. Luego no es una entelequia que llegue a comercializarse como elemento esencial en la respiración. Urge su aprovechamiento social antes de que se anticipen: una cooperativa de ciudadanos gestionándolo lograría ganancias incalculables. Y apenas quedan otros bienes de libre acceso. Aprendamos de los maestros. En realidad, debemos cobrar por cada músculo, por cada neurona que movamos generando ganancias a otros. Y explorar ignotos campos susceptibles de originar réditos.

¡Facturemos por nuestro voto! Si no podemos elegir directamente al FMI, mercados o agencias de calificación, sino a los ejecutores de sus órdenes a favor de negocios particulares, nos cabe exigir una cuota de beneficios.

Estas retribuciones enunciadas equilibrarían un tanto el acceso a la libertad de todos. Y todavía se puede –y se debe– ir más allá. Si la crisis se ha producido, como aseguran los neoliberales extremos, porque el mercado está aún “demasiado regulado”, ¡suprimamos todo control del Estado! Dejémoslo como mero gestor de mínimos servicios. El contable que anota y calla, el árbitro, el comisario de carrera. Ahora bien, nadie con un mínimo de ética admitiría que cada cual accediera al circuito por donde le pareciera. Es decir, que unos tomaran el itinerario desde la parrilla de salida, otros por la mitad y algunos a diez metros de la meta. De ahí, precisamente, nacen los desequilibrios actuales. Se impone, por tanto, hacer tábula rasa. El fin de lograr la libertad absoluta del mercado –y en consecuencia el progreso sublime– justifica algunos sacrificios iniciales. El proceso implicaría, por supuesto, contabilizar todo el dinero y propiedades existentes en el planeta –incluidos los alojados en paraísos fiscales– y repartirlo equitativamente entre los miembros de la población mundial para que cada uno lo utilizara como mejor creyera oportuno. Todos en el mismo punto de partida. Y desde ahí, la competencia en estado puro, y las habilidades personales para incrementar, mantener o perder los activos propios y dotarse de lo preciso para vivir en la forma elegida.

¿Un esperpento? ¿Cuánto más que la realidad que nos circunda? Como tantas otras grandes palabras, libertad ha resultado ser polisémica. Latiendo desde el comienzo de los tiempos, ha servido para crecer y ser mermado, avanzar y defenderse, oprimir y volar. Justicia, igualdad, responsabilidad, egoísmo bailan en su danza de sinónimos al albur de las épocas. Pero nunca como ahora se unió prioritariamente al concepto negocio: actividad para obtener lucro. Dinero… para pagar la libertad. ¿Cuál?

Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España.

Ignacio Ramonet: «Las cosas solo cambian si la sociedad dice basta».

Elianne Ros – El Periódico

En un pequeño y luminoso despacho de la calle Stephen-Pichon, en el distrito 13 de París, cerca de la Plaza d’Italie, Ignacio Ramonet dirige la edición española de Le Monde Diplomatique. Las estanterías repletas de libros están salpicadas de fotografías. Testimonios de los viajes y las inquietudes del periodista de origen gallego. Ramonet aparece en ellas acompañado del líder cubano Fidel Castro, del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, o de tres guerrilleros de Chiapas. A los 67 años mantiene intacta su curiosidad por el mundo y su voluntad de convertirlo en un lugar mejor.

El Premio Antonio Asensio de Periodismo le ha sido concedido por su labor como intelectual, pero también por su voluntad de cambiar el mundo, por su compromiso social. ¿Qué representa este reconocimiento para usted?

-Recibir el Premio Antonio Asensio de Periodismo es un gran honor, no solo por su seriedad, sino también porque reconoce toda mi labor, y no camufla la faceta de activista.

¿Qué es para usted el periodismo?

-Creo que llega un momento en que el periodista no debe limitarse a reflejar una situación, debe hacer propuestas. Como actor intelectual puede sugerir pistas para buscar soluciones. Eso es lo que he pretendido con la creación de Attac o del Foro Social Mundial.

Se muestra muy crítico con los medios de comunicación. ¿Cuál cree que debe ser su papel en la era de internet?

-No es casualidad que Superman, Spiderman o Tintín fueran periodistas. Pero hoy el periodista ya no es un héroe. Para la gran mayoría la situación laboral se degrada, e internet ha provocado una crisis de identidad. Los medios dominantes son las redes sociales. Hoy hay un discurso que consiste en decir que todo el mundo es periodista.

¿Cuáles son los efectos de esta transformación en la sociedad?

-Internet está produciendo un fenómeno que yo llamo la inseguridad informativa. Está lleno de informaciones falsas y de rumores, que a partir del momento en que un medio creíble las reproduce se convierten en verdades, como ocurrió con el famoso rumor de la crisis del matrimonio Sarkozy. Luego estamos inmersos en una carrera por la inmediatez, que no siempre es sinónimo de calidad. Hay problemas nuevos, pero no creo que haya habido nunca una edad de oro del periodismo, siempre ha sido difícil ejercerlo.

¿Somos víctimas de una sobredosis de información?

-Se produce hoy lo que llamo la censura democrática. En realidad todos estamos tan asfixiados de información, tenemos tanta, que no sabemos cuál es la que falta. Es decir, no tenemos ni tiempo de preguntarnos cuál es la que no nos dieron. Antes, entre la información y la opinión pública había la barrera del poder. Hoy se ha construido una nueva barrera, que paradójicamente es la de la información. Hay un muro en el que la información no deja pasar la información.

En su último libro, La catástrofe perfecta, dice que la crisis financiera nos brinda una oportunidad para cambiar el sistema, siempre que no se caiga en las actitudes del pasado. ¿No es justamente eso lo que está pasando?

-Cuando se produjo el crac financiero, muchos analistas pensaron que después de un desastre de tales dimensiones no podía volver a reproducirse un capitalismo en el que los mercados actuaran sin ley. Y, sin embargo, para gran sorpresa de los propios dirigentes que dijeron que había que refundar el sistema, hoy estamos ante el mismo tipo de capitalismo.

¿Los estados no pueden hacer nada para remediarlo?

-Claro que sí, curiosamente Europa apuesta por una política de austeridad para defender ante todo la fortaleza del euro. En cambio, Estados Unidos opta por una política más neokeynesiana, primando la inversión pública para crear empleo. Es paradójico que el comportamiento de Europa sea más neoliberal que el de Norteamérica.

En Europa parece que la única solución a la crisis económica pasa por los recortes sociales.

-Habrá que ver qué pasa en Francia. No sería la primera vez que la sociedad se subleva, tiene esa especialidad histórica. Si los franceses consiguen detener la reforma de las pensiones, ¿qué pasará en los demás países? Eso puede estimular la resistencia social. La crisis tiene varias fases, la bancaria, la industrial y la social. Ahora estamos de lleno en este periodo, que será largo y penoso.

¿Y cómo ve usted la situación en España?

-Es diferente que en Francia. Tiene el doble de parados -un 20% es muchísimo-, pero también hay más solidaridad familiar y más economía sumergida. El desastre social es enorme, y una gran parte de los ciudadanos está bajo el choque del cambio de orientación del Gobierno. De la noche a la mañana ha cambiado la política de ayuda pública para acatar la del eje franco-alemán, que en realidad es la que marca Alemania. Muchas personas están desconcertadas, y temo que esto se traduzca en una abstención aún mayor en las elecciones y un aumento de la xenofobia, como está sucediendo en muchos países de Europa.

De hecho, en su libro, usted alerta del riesgo de que surjan nuevos Hitler o Stalin.

-En general, las grandes crisis llevan al poder a personajes autoritarios, antidemocráticos, salvadores de la patria que no necesitamos. Las crisis hacen ansiar soluciones sencillas para un mundo complicado, y no hay soluciones sencillas.

¿Cual cree que puede ser la salida del capitalismo ante la actual situación de la economía mundial?

-El capitalismo siempre ha funcionado en base a la articulación del mercado con el Estado. En 1980 triunfó la idea de que el mercado no necesitaba al Estado. Al final de cada ciclo se buscaba una solución razonable, keynesiana, pero siempre se volvía a caer en la tentación del mercado salvaje, y la explosión de cada burbuja era peor que la precedente. No hay ninguna razón para creer que un mercado desbocado no nos lleve a un desastre peor.

¿No aprenderemos nunca?

-El sistema no puede ir de burbuja en burbuja. De cada 10 euros, nueve los crea el sistema financiero y solo uno el sistema de producción. Somos un coche de carreras que circula sin control y a toda velocidad. La esperanza es que la gente diga basta. Hasta ahora ha reaccionado de forma extremadamente serena y sumisa. Lo que está pasando en Francia puede ser un detonante para el resto del mundo, puede generar una revolución. Solo cambiaremos las cosas si la sociedad se subleva y dice basta.

¿Cómo explica la explosión de cólera de los franceses? ¿Se debe solo a la reforma de las pensiones?

-Esta reforma ha sido la gota que ha colmado el vaso de un malestar general por el endurecimiento de la vida cotidiana. Detrás de la prolongación de la edad legal de la jubilación la gente ve una nueva vuelta de tuerca en la precarización del trabajo. Además de las consecuencias de la crisis, ha cristalizado una irritación creciente contra la política de Nicolas Sarkozy.

¿A qué se debe esta desafección de los franceses hacia Sarkozy?

-No es tanto por su política de derechas, sino por una actitud que se percibe como soberbia y prepotente, el llamado espíritu de Fouquets [el restaurante de lujo de los Campos Elíseos donde el presidente celebró su victoria electoral rodeado de un puñado de amigos ricos y famosos], que tiene su máxima ilustración en el caso Bettencourt [la heredera de L’Oréal, la mujer más rica de Francia, acusada de evasión de impuestos, habría financiado de forma ilegal la campaña de Sarkozy].

A diferencia de otros presidentes franceses, Sarkozy se muestra inflexible ante la presión de la calle. ¿Qué consecuencias puede tener su posición?

-Su actitud es irresponsable. Se ha producido una bifurcación, y los dos caminos son malos. Una vía es que Sarkozy consiga hacer lo mismo que hizo Margaret Thatcher en Gran Bretaña: romper el espinazo a los sindicatos. La otra lleva a un endurecimiento del movimiento social que puede desembocar en una parálisis del sistema. La situación se les puede escapar de las manos a los agentes sociales y conducir a una situación de gran violencia.

En su libro augura el fin de la hegemonía de Estados Unidos y el desplazamiento del eje geopolítico a la zona asiática. ¿Qué consecuencias puede tener esa transformación desde el punto de vista de los derechos humanos?

-En China el sistema económico actual es el capitalismo más salvaje. No es deseable que, tal como funciona, pase a ser la matriz del mundo. Pasaríamos de un mundo malo a uno peor. China no puede seguir así, no puede mantener dos dinámicas contradictorias. No se puede mantener fija la estructura política y dinámico el desarrollo de la sociedad. Inevitablemente se romperá un eslabón de la cadena, y esto pasará más pronto que tarde.

¿Se puede abrir un nuevo foco revolucionario?

-No necesariamente debe ser una revolución desordenada. Al mundo no le interesa que se abra un nuevo espacio de caos. China puede evolucionar transformando sus instituciones.

Para reducir las diferencias entre los países ricos y los pobres usted propuso la tasa Tobin. ¿Continúa siendo una solución válida?

-Estoy convencido. En el mundo, lo que se compra y se vende más no es el petróleo o el trigo, es el dinero. Una gran parte de las actividades financieras las genera el mercado de divisas. Tobin propuso que cada Estado creara una tasa de 0,1% sobre cada transacción para frenar el movimiento especulativo. Sobre este principio, yo propongo una tasa que vaya a un fondo gestionado por la ONU destinado al desarrollo de los países del sur. Se calcula que si solo hablamos del mercado de divisas este fondo tendría cada año unos 30.000 millones de euros. Las Naciones Unidas calculan que 12.000 millones al año serían suficientes.

¿Pero en un contexto de crisis una medida así no es mucho más difícil de aplicar?

-Cuando se creó el IRPF todos decían que era una catástrofe, y lo mismo pasó con el IVA. Si hoy la principal riqueza la crean las finanzas es indispensable que exista algo, un impuesto al valor añadido. Si es sobre el mercado de divisas, la suma sería tan importante que los estados podrían dedicar una parte a políticas sociales. Por ejemplo, a financiar las pensiones.

Después de las grandes movidas de principios de la década da la impresión de que el movimiento altermundialista está estancado.

-Hemos entrado en otra fase. La palabra altermundialismo surgió del lema del Foro Social Mundial, Otro mundo es posible. Algunas de las propuestas, que parecían muy revolucionarias, como la tasa Tobin, han acabado cuajando. Aún no se aplican pero hoy hasta Sarkozy defiende la medida.

Un plan perverso.

El Fondo Monetario Internacional, tras la bancarrota de Lehman Brothers, recomendó gastar; luego, cortar el gasto como sea. Y ahora agita el espantajo de la deuda pública como amenaza. Estados Unidos aprueba nuevos planes de estímulo, mientras la neoliberal Comisión Europea se emperra en controlar neuróticamente el déficit… ¿Saben qué hacen unos y otros? Mientras tanto, los alegres chicos de Wall Street se embolsarán este año 144.000 millones de dólares, 4% más que en 2009. Para esos pocos no hay crisis. Al otro lado del charco, el gobierno del Reino Unido pretende reducir drásticamente las personas que reciben pensiones por incapacidad.

Enfermos de esclerosis múltiple y personas con trastornos mentales tendrán que buscar empleo, porque verán reducido su ya modesto subsidio o lo perderán. El gobierno conservador quiere eliminar 500.000 personas receptoras de ayuda por incapacidad permanente o temporal. El ministro de Trabajo, Ian Duncan Smith dice que los subsidios crean dependencia y “dejan a la gente sin dignidad”.

¿De qué habla ese tipo? ¿Por qué no prueba él a vivir con una esclerosis múltiple y sin posibilidad de empleo? Entérese, señor Smith, hablamos de derechos, no de sus trampas neoliberales. Pero, como escribe Juan Torres, los gobiernos y grandes organismos internacionales nos engañan. Han convertido la crisis en una gran excusa, mientras simulan que se enfrentan a ella. Sólo simulan. No ponen coto a la orgía especulativa y dejan que la banca haga lo que quiera. Como incumplir reiteradamente su papel de financiar a empresas y consumidores. Como no dejar de especular como si el planeta fuera el Monopoly.

Dicen relanzar la economía y apostar por crear empleo, pero limitan el gasto, recortan derechos e imponen austeridades que impiden el crecimiento. Y pasan de puntillas sobre las inmensas fortunas de los poderosos. Para no molestar. Y los enormes gastos militares, ni rozarlos. La organización solidaria Setem denuncia que la banca cómplice de evadir impuestos contribuye a aumentar la pobreza.

El informe “Close to the gap”, elaborado por Red Internacional BankTrack, demuestra que los países empobrecidos y emergentes pierden anualmente 160.000 millones de dólares por evasión fiscal.

Los bancos continúan inventando estratagemas para que sus clientes (y ellos mismos) no paguen impuestos utilizando paraísos fiscales. Esa es la prueba del algodón de la voluntad verdadera de enfrentarse a la crisis: los paraísos fiscales.

El genial caricaturista El Roto lo ha clavado en una ilustración inspirada en el microcuento de Monterroso: Una isla con montones de fajos de billetes sobre su superficie y la leyenda: “Cuando despertaron de las falsas promesas de regeneración financiera, los paraísos fiscales seguían allí”. Es la clave. Y G20, Unión Europea, FMI, OCDE… no han hecho nada para cambiar la situación y actuación de los paraísos fiscales… Nada.

Los presuntos responsables de afrontar la crisis ni siquiera se plantean hacer algo contra esos paraísos. Para quien no recuerde, paraísos fiscales significan legalización del fraude fiscal, evasión de impuestos, blanqueo de dinero negro, refugio de dinero de criminales narcotraficantes, de fondos de terroristas y de fortunas del crimen organizado… Y no es una hipérbole. Ante este panorama de desconcierto, pusilanimidad y cobardía de gobiernos y organizaciones internacionales, volvamos a la pregunta: ¿saben lo que hacen? Nos tememos que sí. Pero no precisamente resolver la crisis, sino sacarle partido.

Michael Hudson, ex economista en Wall Street y profesor de University of Missouri nos cuenta su terrible conclusión: “Utilizan la crisis y la prohibición de que los bancos centrales financien los déficits públicos para penalizar y llevar a la quiebra a los gobiernos, si se niegan a rebajar los salarios. Los planificadores neoliberales pretenden que salarios más bajos en el sector público supondrán salarios más bajos en el sector privado. El objetivo es rebajar los salarios un 30% o más, para disponer de excedente y pagar la deuda, dicen. Falso. Es un proyecto perverso para aguar las reformas democrático-sociales del siglo pasado en Europa. Los gobiernos aún han de imponer más carga fiscal al empleo y al comercio, recortar pensiones y otros gastos públicos. Europa puede caer bajo una dominación neoliberal totalitaria. Contra eso son las huelgas y las manifestaciones. La lucha de clases ha regresado a Europa”.

Xavier Caño Tamayo – Vanguardia (Méjico)

Pensiones e imposiciones.

Los mercados son insaciables e impacientes. No había terminado la tramitación parlamentaria de la reforma laboral y sus voceros ya pedían acometer la de las pensiones. Nada de demoras en cuanto a esa otra pieza del ajuste. Ahí están las declaraciones del gobernador del Banco de España, con las que además hace patente su estado de gracia después de la reforma a su medida de la Ley de Cajas.

El economista M. A. Fernández Ordóñez, de quien no hace tanto se decía en las alturas del PSOE que podía dedicarse a controlar mejor el sistema financiero español en vez de a impartir doctrina, campa por un escenario donde la economía manda. Tras animar a los empresarios a hacer contratos con despido más barato –para eso la reforma laboral- y tras recomendar -¡qué casualidad!- que no haya tasas sobre beneficios bancarios, porque lastrarán la concesión de créditos, urge a cambiar el sistema de pensiones. Las propuestas son: aumentar de 15 a 20 años el tiempo de cotización para calcular la pensión de cada trabajador –¿mera sugerencia de un ministro en trance de despedida, como dijo la vicepresidenta económica?- e incrementar de 65 a 67 años la edad obligatoria de jubilación –¿también mera sugerencia, esta vez de la citada vicepresidenta, en trance de permanecer?-. Abaratado el despido, se va a una mengua de las pensiones aduciendo, según previsiones demográficas, la sostenibilidad del sistema.

Cierto es que hay que abordar responsablemente el envejecimiento de la población y tomar medidas para garantizar la solvencia futura del sistema público de pensiones. ¿Pero hay que hacer ambas cosas como se anda diciendo, con prisas avivadas por diagnósticos de improviso alarmistas, cuando se confiesa, como ha hecho el presidente Zapatero, que ello no es cuestión que incida directamente en la salida de esta crisis, salvo por lo que supone de gesto ante mercados desconfiados?

Mucho hay que debatir, con sosiego y buen criterio. Éste empieza por refutar a los que Paul Krugman, en un artículo reciente, considera fraudulentos artífices de una “contabilidad de mala fe” para justificar menos prestaciones y más edad para jubilarse. Se refiere a los EEUU, pero su análisis es trasladable a acá, con rigor y atención a los datos de nuestra realidad. El caso es que el Nobel norteamericano critica a los “asaltantes de la seguridad social”, especialistas en atacar a los trabajadores. Desde luego pasan por alto las desiguales repercusiones, según clases sociales, de la jubilación a los 67 años. Presentan como ideas científicas lo que es pura ideología –neoliberal, por si alguien no lo tiene claro-. A la vista está que hay planteamientos sobre pensiones que son imposiciones –de los mercados, por si alguien no se ha enterado-.

José A. Pérez Tapias – Granada Hoy


“Los bancos son los auténticos culpables de la crisis”.

Entrevista a Carlos Martínez en El Faro de Vigo

Carlos Martínez habla de asuntos económicos con claridad y contundencia, algo de agradecer en estos tiempos de confusión. Martínez atribuye sin paliativos la responsabilidad de la crisis a los bancos, a sus inventos financieros al amparo de la desregulación, y advierte de que la salida va para largo. Preside ATTAC España, integrada por un movimiento ciudadano internacional que comenzó a gestarse en 1998 en torno a una idea del periodista español asentado en París Ignacio Ramonet. ATTAC lleva casi una década anticipando lo que ahora ha estallado, resultado, a su juicio, de la victoria de los mercados sobre la política. Esta semana participó en Gijón en la escuela de verano de UGT.

¿Dejamos atrás a la crisis, nos quedamos en ella, el fin de esto está cerca?

Nosotros advertimos desde hace más de diez años de que si se mantenían las políticas neoliberales, la desregulación de los mercados financieros, podría ocurrir lo que está pasando ahora. Desde esa misma perspectiva, y a la vista de las medidas que se están tomando, hay que decir que la crisis va para largo. No lo decimos solo nosotros, también es la opinión de Krugman, Stiglitz y otros prestigiosos economistas, como Juan Torres o Vicenç Navarro. No es una cuestión de que nos guste ser catastrofistas. Lo peor de la crisis es que produce sufrimiento a mucha gente y, sobre todo, a quienes tienen una posición económica más débil; pero la política de seguir favoreciendo a las oligarquías financieras, a la banca, para entendernos, va a propiciar que la crisis persista más tiempo. No hay medidas de apoyo a la economía productiva, a la economía real.

Sin embargo, no parece que desde la política haya un remedio fiable. Aquí se restringe la inversión en infraestructuras, mientras que Obama lanza un plan de carreteras de una dimensión inusitada.

Europa y Obama llevan la crisis de forma diferente. Yo me inclino por cómo lo está resolviendo Obama, sin estar de acuerdo con lo que está haciendo en su conjunto. En EE UU los sindicatos han sido escuchados y sí se les hace caso, en cuanto que se está expandiendo el gasto y se intenta insuflar aire a la economía productiva. En Europa se hace lo contrario, reducir gasto y provocar ahorro, con un único objetivo: garantizar la solvencia de los bancos. Obama busca una salida al estilo de la que Roosevelt puso en marcha a raíz de la crisis del 29, mientras que en Europa persisten las mismas políticas neoliberales que nos llevaron a esto.

En esta crisis se constata el total fracaso de la política frente al poder económico.

Desde hace años nosotros advertimos de la crisis que se estaba gestando por efecto de la dictadura de los mercados, y reivindico para ATTAC el “copyright” de la frase. Cuando hablábamos de esto hace más de una década la gente nos miraba raro, pero ahora los gobiernos justifican su política por la necesidad de contentar a los mercados y valoran la eficacia de sus medidas a tenor de una supuesta reactivación de la economía que solo son respuestas de la ingeniería financiera. Que los políticos esperen a ver si los mercados sonríen o no ante sus medidas es una constatación de la dictadura de esos mercados. La oligarquía financiera, por usar el lenguaje clásico, que domina en los países centrales del mundo occidental es la que está marcando por dónde tienen que ir las políticas. Y los mercados tienen nombres y apellidos: son los grandes bancos internacionales, los ricos que salen en la lista “Forbes”.

Para ellos las crisis nunca resultan mal.

Lo que ocurre es que el mundo está cambiando mucho, no es lo que era. Hay ciertas zonas del mundo que antes eran muy pujantes y ahora están en decadencia, y otras antiguas tierras de misión que ahora son las que empiezan a mandar. Junto a la crisis económica y social se está produciendo una crisis de valores, una crisis política y un cambio de hegemonía mundial. Esto es algo histórico, estamos viviendo una transición mundial.

¿Una transición hacia dónde?

Hacia un debilitamiento de los países tradicionalmente capitalistas, frente a los que están surgiendo potencias emergentes como China, India, Brasil, Rusia o Sudáfrica. No quiero decir que estos países sean el paradigma, porque están muy dualizados, existen grandes diferencias sociales o una pobreza difusa muy grande, pero en ellos se está conformando una nueva clase dominante que responde a sus intereses de capitalismo nacional. Estos países crecen, mientras que Europa y EE UU están en crisis. También mejoran sus condiciones de vida. Durante los ochos años de mandato Lula ha sacado a bastantes millones de brasileños de la pobreza extrema, ha realizado una política de reparto. Los chinos están empezando a darse cuenta de que tienen que invertir en ellos mismos y en su bienestar, y empieza a haber huelgas para mejorar las condiciones de vida. Esto se ha producido porque en Europa occidental hace tiempo se impusieron unas políticas nefastas de deslocalización y desmantelamiento de la industria. Y barcos siguen haciendo falta, lo mismo que lavadoras o televisores. Si no se fabrican en Europa, pues los harán los chinos. Las propias oligarquías occidentales han ayudado a que este fenómeno se produzca. Tenemos que estar atentos a todos estos cambios y ver si nos interesa seguir siendo aliados de los decadentes o trabajar con otra perspectiva internacional.

Al comienzo de la crisis se apuntaba como salida la refundación del capitalismo. Incluso Díaz Ferrán llegó a pedir la suspensión de las reglas del sistema. Dos años después, de eso no queda ni la intención.

Efectivamente, en aquel momento se aceptaban propuestas nuestras como la de la tasa Tobin para gravar los movimientos internacionales de capitales. Se perdieron dos años en los que las fuerzas de la izquierda no supieron reaccionar y esto ha provocado la reorganización de los mercados. Los grandes detentadores de la riqueza pegaron el puñetazo en la mesa y, en estos momentos, estamos en una fase clásica y vieja que consiste en la acumulación de capital. Las políticas de empeorar las condiciones de trabajo, precarizar el empleo, jugar con el miedo de la gente para quitarle derechos son algo muy antiguo. Si Díaz Ferrán pedía menos libre mercado era porque intentaba endosar al Estado sus pérdidas, que es lo que se ha hecho en este tiempo. Ahora volvemos a lo de siempre, a decir que el Estado no sirve y que hay que recortar, lo que también abre nuevos nichos de negocios vinculados a lo que ahora son servicios públicos. Estamos en un momento de marcha atrás y están surgiendo resistencias sociales y sindicales. Hay soluciones que no son complicadas pero que requieren de voluntad política.

Después de renunciar a buscar culpables de la situación ahora se apela a una especie de culpa colectiva que consiste en afirmar que todo esto sobreviene porque vivíamos por encima de nuestras posibilidades.

Echar la culpa de esto a todo el mundo me parece obsceno e insultante para mucha gente. Vivía por encima de sus posibilidades quien podía. La “burbuja inmobiliaria”, propiciada por los bancos, que ahora son los mayores propietarios de vivienda en España, provocó el endeudamiento de las familias, pero la gente no se endeudaba para irse de vacaciones a las Bahamas, se endeudaban para comprarse casa y coche. Los que aquí más se endeudaron fueron las grandes empresas y, sobremanera, las constructoras. Los auténticos culpables de la crisis son los bancos, con toda la ingeniería financiera que han hecho, con las hipotecas basura, presionando a los gobiernos para que se privaticen los servicios. El origen de esta crisis, que no es sólo financiera, sino también social por la pérdida de derechos, tiene treinta años de historia. Predomina una determinada forma de entender la banca, por eso nosotros defendemos la banca pública y nos oponemos a la privatización de las cajas de ahorros.

“Impuestos a los ricos, impuestos a la banca y gravar los movimientos especulativos”

Y su receta…, ¿en qué consiste?

Estamos por la subida de impuestos a los ricos. Los paraísos fiscales se han legalizado a través de las sociedades de inversión colectiva de capital variable (SICAV). Si un profesional urbano paga entre un 25 y un 30 por ciento a Hacienda, Amancio Ortega, el dueño de Zara, paga el 1 o el 2 por ciento. La banca tiene que pagar impuestos. Si aquí se cobrara la tasa que está previsto cobrar a la banca estaríamos hablando de 7.500 millones de euros, que suma un poquito más que el resultado de congelar las pensiones y recortar el sueldo a los funcionarios. Hay que gravar los movimientos especulativos de capital que se producen en todo el mundo, que con una tasa muy baja, con un recargo del 0,01 por ciento, generaría un volumen de dólares para luchar contra la pobreza y sustentar el Estado de bienestar.

Nada rompedor.

Estoy haciendo propuestas socialdemócratas, para que se me entienda, propuestas dentro del sistema, pero como se ha retrocedido tanto en el baile de las ideas, cualquier propuesta de racionalidad democrática parece revolucionaria, y ATTAC no es una organización revolucionaria. Pretendemos que todo lo que decimos sea desde un punto de vista científico comprobable, con las limitaciones que esto tiene en economía.

Entrevista realizada por Andrés Montes