Tratando de entender la economía.

Labor ímproba, realmente. A ver si lo entiendo. Los países debemos contentar a los llamados “mercados” –léase especuladores en su mayoría- y tranquilizarles cuando se ponen nerviosos. La dinamización de la economía de todos –nos dicen- exige reformas, ajustes… es decir, mermas para asalariados, parados y pensionistas, el grueso de la población en general. ¿Voy bien?

Pero resulta que las empresas reciben subvenciones públicas para funcionar. Cuantiosas. De las que apenas se habla. Del dinero público que se da a los sindicatos en cambio, nos llegan referencias cada poco. Hasta de los “ominosos” subsidios a jornaleros del campo.

Las SICAV, ese invento tan estupendo para los denominados “inversores”, siguen cotizando un 1% de impuestos. La vicepresidenta socialista asegura que esto no se puede cambiar porque, si lo hiciera, esas empresas se irían de España. ¿De acuerdo hasta aquí?

Sigamos. Un informe del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, anuncia que el 80% de las empresas del Ibex 35 tiene presencia de manera directa en paraísos fiscales a través de sociedades participadas y no informan de cuáles son sus actividades en estos territorios. O sea que no pagan impuestos en España. Que no pagan impuestos de esas cantidades evadidas, vaya. Porque en esos limbos lo que sucede es que no se paga. Éstas son las privilegiadas empresas del IBEX, dadles un repasito. La flor y nata.

El Observatorio estima que las grandes empresas pagan, entre exenciones y subvenciones, como mucho un 10% de impuestos. Aquí. De lo que sí declaran.

Nos cuenta más el Observatorio: “las empresas del Ibex 35 en paraísos fiscales han experimentado un crecimiento vertiginoso (entre enero y septiembre de 2010 la inversión ha sido el doble a la de todo 2009), en España la recaudación por impuesto de sociedades se ha desplomado un 55% entre 2007 y 2009, pese a que los beneficios empresariales de las grandes empresas en el mismo periodo solo han descendido un 14%”. Anoto aquí que no es que hayan perdido un 14%, sino que el incremento de ganancias se ha reducido un 14%. Solían andar por el 30% más que cada ejercicio anterior, ahora parece que es menos. Oficialmente, los beneficios que escamotean cada vez más, vemos, probablemente compensan la balanza.

Yo comprendo que es muy pesado andar todos los días tratando de entender este galimatías. Pero si no se les pueden tocar sus privilegios no vaya a ser que ubiquen su razón social en otro país y dejen de ser “españolas”  –más, que ya sabemos que buena parte del personal de las que al menos se molestan en fabricar algo es del tercer mundo-, y resulta que no pagan en España, y que la huida de su dinero ha experimentado “un crecimiento vertiginoso”, y que los paraísos fiscales es una cosa muy fea que iba a resolver algún G7, G8, G20, la UE, OCDE y demás, pero gozan hoy todavia de una salud envidiable  ¿dónde está el truco?

Debe ser la inexistente (según los regidores municipales) contaminación de Madrid, pero mis neuronas se atoran y no entiendo nada. Así que voy a hacer la maleta para ir a respirar al campo. Os dejo con un relajante césped verde (debe estar en Madrid porque no es ni verde) que me descubrió Paula Moro.

Rosa Mª Artal – Comité de Apoyo de ATTAC

Anuncios

Especuladors, heu de pagar!

Campanya per un impost a les transaccions financeres i l’abolició dels paradisos fiscals.

[blip.tv http://blip.tv/play/goRfgqToAgI%5D

Susan George “Hay que poner a los bancos bajo tutela”.

Zineb Dryef y Pascal Riché – Rue89

La activista alter-globalización es partidaria de defender el legado de la Ilustración y de la toma de control del sistema financiero y bancario por parte del Estado.

Los Sabios rebeldes de nuestra República son esas voces que nos despiertan porque mezclan el agua y el fuego, la experiencia y la pasión. Entre ellos Stephane Hessel, de 93 años, Albert Jacquard, de 85, y Edgar Morin, de 89 años. Pero también Susan George, de 75: presidenta de honor de Attac y autora de numerosos libros, la franco-estadounidense lleva años luchando por un mundo menos injusto en relación con el Sur y contra el sistema económico neoliberal.

La conversación ha comenzado justamente con el éxito del pequeño folleto “¡Indignaos!” de Hessel, un hombre al que describe como “impecable desde el punto de vista moral, que practica lo que predica.”

Rue89: Llamar a la indignación, un término que se queda en el terreno moral, ¿es el mejor enfoque para cambiar las cosas? ¿No sería más eficaz un “¡razone!” o un “¡rebélese!” ?

Susan George: Hessel se mueve en el plano de los valores, no en el del análisis de las cuestiones económicas o geopolíticas. Él llama a la indignación como un preludio a la acción. Dice: únete a algo. Y se dirige especialmente a los jóvenes. Orgulloso de su pasado, es cierto, no quiere resignarse. Pero lo que yo siento muy especialmente es el ataque que se está realizando contra la Ilustración. Y me entristece: tanto filosóficamente como en términos de acción, creo que es un logro muy grande de la humanidad. El liberalismo político -como se entendía en el siglo XVIII, ese movimiento europeo que se inicia con Locke y continúa con los enciclopedistas franceses- es el fundamento de la Constitución de EE.UU., es el fundamento de las libertades -políticas, religiosas, de prensa, de opinión… Muchas personas dieron la vida por eso y la democracia viene de esa época. Bueno, creo que esta Ilustración está siendo objeto de un grandísimo ataque ideológico. Yo intento seguir esa tradición, que vale la pena defender.

Las generaciones más jóvenes ¿no se resignan de antemano ante este ataque?

Europa está un poco KO. Todo esto ha sucedido muy rápidamente. En 2009, cuando estaba en Londres para las acciones contra el G-20, había una reacción. Éramos 35.000 en Hyde Park. Los medios de comunicación al día siguiente estaban con nosotros, incluso Gordon Brown, por entonces primer ministro británico, se apresuró a decir que estaba de nuestro lado. El mundo estaba a un paso de la catástrofe. El G-20 habló de los paraísos fiscales, de la presión de los mercados financieros, del empleo, del medio ambiente, etc. Y después, una vez que los bancos se salvaron, todo esto ha desaparecido por completo. El G20 y el G8 remiendan soluciones para salvar a los bancos por segunda vez. Y luego nada. ¿Por qué esta renuncia? La gente puede pensar que sus dirigentes están tratando de salvar a Grecia o a España. Esto es completamente falso, lo que están salvando es a los bancos que compraron deuda griega o deuda española… No intentan hacer lo que sea por los pueblos. Y no sólo se rescata a los bancos por segunda vez, sino que ¿quién lo hace?: los pueblos, por la amputación de sus pensiones de jubilación, la reducción de sus salarios, el despido de funcionarios. ¿Por qué hoy día la gente no consigue agruparse [frente a todo esto]? En Francia, tenemos puesto el foco en las elecciones de 2012, que en realidad son secundarias.

La crisis que acabamos de vivir ¿no ha desbloqueado algo en el pensamiento económico?

La gente ha visto que esto no funciona, que el neoliberalismo no funciona. Sin embargo, siguen como si funcionara… La mayonesa de la contestación no liga, se corta. Sería preciso que la gente hiciera alianzas, como tratamos de hacer en Attac: por ejemplo, sobre los impuestos financieros nos hemos asociado con los sindicatos y otras organizaciones – Sécours Catholique [Cáritas Francia], Comité Catholique contre la Faim et pour le Développement [CCFD Terre Solidaire – Manos Unidas Francia], Oxfam, Amigos de la Tierra… Tratamos de federar el mundo sindical, el asistencial, el asociativo, el ecológico. Es la pista correcta, nadie puede ganar solo.

En un escenario optimista, el cambio que usted desea ¿por dónde empezaría?

Por aprender. Tenemos que comenzar por aprender. Hoy en día, la política se ha vuelto mucho más complicada. Es bueno estar indignados, pero primero tenemos que entender por qué esto ya no funciona. Cuando empecé a militar, decíamos: “¡Estados Unidos fuera de Vietnam!” La gente estaba de acuerdo o no, pero entendían lo que significaba. Cuando decíamos: “Basta ya de apartheid”, no era necesario un largo discurso. Hoy en día esto no pasa. He hecho una larga campaña contra el AGCS [Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios, N. de la R.] y nadie sabía lo que era: una OPA sobre los servicios públicos y los servicios locales de proximidad. Si no sabemos cómo se produce esto, que es lo que se ha votado y en qué momento, no podemos actuar. No tiene sentido estar “contra” si no podemos ni explicárselo a los demás ni llamar a la puerta adecuada. Lo que hacemos es darnos de cabezazos contra las paredes. Así que debemos aprender, ayudar a aprender a otros, organizar, hacer alianzas. Y comunicar: cada vez más, necesitamos cosas visibles que interesen a los medios de comunicación. Y esto se hace muy mal. Hay que salir de los rituales. Hacer una manifestación es como si te pidieran que te interesaras por la misa de doce. Hace años que vengo diciendo que con 30 personas se puede hacer algo visible, divertido y que toque allí donde más duela. Vengo proponiendo igualmente desde hace mucho tiempo que no se hagan “sentadas” sino “risotadas” : ir a reírse delante de tal ministerio o delante del MEDEF … Porque esto es lo que más se teme en Francia, especialmente entre los políticos: el ridículo.

Ha habido iniciativas tales como “Salvemos a los ricos”. O la “Operación Cantona”, para retirar todos el dinero del banco un mismo día. ¿Qué piensa usted de esto?

Fue divertido, pero también una falsa buena idea. [Cantona] no entiende el funcionamiento de los circuitos financieros. Estamos trabajando en otro enfoque: “Para cambiar la banca, cambie de banco.” Pero no pedimos que la gente lo haga de inmediato, porque el único banco al que hoy en día aconsejamos ir es el Nef, que sólo tiene 60 empleados, y ninguna sucursal. No sería serio. Pero esto puede cambiar: el Nef se está aproximando a la Banca Ética [otro banco pero más grande en Italia, N. de la R.] y a otros bancos europeos.

Entre las iniciativas a emprender, usted no habla del voto. Y considera 2012 como una preocupación “secundaria”; ¿por qué?

Para mí, estas primarias del Partido Socialista son una energía política que se pierde. No entiendo el concepto de primarias para este partido. Es una idea importada de Estados Unidos, lo cual es comprensible allí, pero que no tiene mucho sentido aquí.

Pero ¿no se puede también presionar a los principales partidos en vísperas de una elección importante? Esto es lo que hizo Nicolas Hulot en 2007, por ejemplo…

Desconfío de las ambiciones personales que puedan surgir. En el seno de organizaciones como Attac, ya lo hemos visto. Pero influir en los programas, eso sí, es nuestra vocación. Es más fácil con celebridades como Hulot… Organizamos reuniones, principalmente en provincias, en las cuales están presentes los partidos de izquierda.

Para el poder político, ¿cuál sería la primera decisión a tomar?

Tomar el control de los mercados financieros, los bancos. Es muy obvio. Ellos hacen que llueva y que haga buen tiempo: hay que ponerlos bajo tutela.

¿Es realista empezar en un solo país?

[Pausa] Difícil cuestión. No he profundizado en ello, para mi vergüenza. Yo dejaría que los bancos intercambiaran divisas, pero impondría un impuesto a las transacciones. Prohibiría el acceso a la mayoría de los derivados, esa ciénaga. Algunos derivados sirven de seguro, muy bien. Pero soy muy hostil a los derivados “desnudos”, que permiten asegurar algo que no se tiene. Es un poco como si yo tomara una póliza de seguro de incendios por una casa suya. Entonces tendría interés en quemarla…

Algo así es lo que hizo Goldman Sachs…

¡Y más! Este mercado es enorme. 600 billones de dólares al año. La inversión se va en productos financieros sin pasar por la economía real. Necesitamos una Ley Glass-Steagall de los bancos [aprobada en los Estados Unidos después de la crisis de 1929, N. de la R.] para separar las actividades de crédito de las de inversión. En un país también se puede decir a los bancos: “ustedes deben prestar prioritariamente a las PYMEs, especialmente a las que tengan proyectos ambientales o sociales.” Se trata de un control del crédito en el sentido de que habría unos beneficiarios prioritarios; pero no vamos a nacionalizar toda la economía.

¿Por qué regular el crédito de forma rígida? Se pueden también imaginar subsidios de crédito para las PYMEs.

Por qué no, debemos estudiar las mejores sugerencias, no soy economista.

¿Hay soluciones internacionales?

Para los paraísos fiscales, sí. Si podemos prohibir a la Société Générale que tenga sus recursos en un solo país, ¿podríamos por ley obligarles a cerrar su sucursal en Jersey? Yo no estoy segura. Me he preguntado si sería posible prohibir a las agencias de calificación que emitan calificaciones sobre los Estados. Sin embargo, en Estados Unidos, la Corte Suprema sostuvo que la Primera Enmienda las protegía en nombre de la libertad de expresión.

¿El G-20 es un espacio que podría utilizarse para algo?

El G-20 es ilegítimo. Representa solo a los principales actores en el sistema. ¿Dónde está el G172?

¿Y Europa?

Imponer a Grecia una solución neoliberal de tal magnitud es una bancarrota política y moral de Europa. Se castiga a las personas. Esto es un motivo de indignación.

Algunos proponen hoy abandonar el euro.

Debemos mantener el euro pero cambiándolo. Nunca asumiría la responsabilidad de decir “salgamos del euro”, eso sería un desastre. Creo que necesitamos más solidaridad. Es una lucha de clases sociales, no de países contra países.

Emmanuel Todd defiende la solución proteccionista…

Por supuesto que se necesita, pero proteccionismo en el ámbito europeo, no en el francés. La doctrina del libre cambio o libre comercio se puso en marcha en un momento en el que el mercado, el territorio, el derecho y el capital tenían los mismos límites. Pero coloque este sistema en un mundo donde el capital va a su propia velocidad y donde el derecho es inexistente, y los trabajadores acaban compitiendo entre sí. Estoy a favor de un proteccionismo razonado.

Se declara hostil a los multimillonarios filántropos…

Lo que Bill Gates hace contra el SIDA está muy bien, sin duda, pero la revolución verde [un controvertido programa de ayuda a los agricultores africanos, N. de la R.] puede ser un desastre para África. Un millonario no tiene que decidir qué es lo mejor para los pueblos. Si un multimillonario quiere donar su fortuna, debe hacerlo de acuerdo con los expertos locales.

Estos multimillonarios – Bill Gates, George Soros o Warren Buffet – ¿pueden tener un papel útil en la sociedad?

Le pregunté a un amigo americano que tiene entrada en esos círculos si él o alguna otra persona podría decirle por fin a Bill Gates que la revolución verde será un desastre. Me respondió: “Nobody can say anything to Bill Gates [“Nadie puede decirle nada a Bill Gates, N. de la R.]. Warren Buffett es un caso aparte, representa la vieja tradición: en mi ciudad, recuerdo que a partir de 10-12 años debíamos hacer cosas para la comunidad cuando se era un privilegiado. Hoy en día se exacerba el interés individual. He hablado de la Ilustración precisamente porque ese espíritu se está perdiendo. Sobre la importancia de la cohesión social, el libro de Richard Wilkinson y Kate Pickett muestra hasta qué punto la desigualdad es mala para la sociedad, en qué momento cuesta cara. Los barrios marginales en los suburbios, los sin-techo, los niños sin hogar que no saben contar ni escribir, esto le cuesta caro a la sociedad. Debemos abordar las causas.

Usted propone una curiosa Orden de los “Caballeros del Medio Ambiente.”

Es una fantasía. Hace mucho tiempo que me pregunto cómo movilizar a los ricos para que hagan algo útil. Por ejemplo, se les podría animar a ser más verdes que sus vecinos, en lugar de competir a ver quién tiene la fortuna más grande. Una orden muy cerrada y muy prestigiosa recompensaría al más verde. Una especie de Nobel. Le pregunté a alguien en Inglaterra que conoce al príncipe Carlos si podríamos poner de acuerdo a los miembros de la realeza, o a sus hijos, para que se reunieran y concedieran un premio de este tipo en el ámbito del medio ambiente. Fue completamente desalentador cuando mi contacto me respondió que estas personas tienen unas agendas infernales. Pero fue una idea que surgió así. Fitzgerald dijo: “Los ricos no son como tú y como yo”; si no se les puede involucrar por el lado del honor y del reconocimiento ¿qué otra cosa les podemos ofrecer?

¿Tiene la impresión de que su pensamiento va cambiando?

Puedo cambiar de tema, pero sigo trabajando en lo mismo, el poder. Lo que me interesó inicialmente fue la expresión del poder en el Norte y sus relaciones con el Sur. He cambiado de sector, después de diez años centrada en la agricultura, para volverme hacia la deuda. Ya con el hilo en la aguja, después de los efectos del neoliberalismo amplié mi enfoque hasta trabajar sobre las causas de esta doctrina completamente loca. Es una religión, o más bien una secta: es cienciología. No tengo la impresión de estar desvariando. A veces, como otros, me desespero. Pero tenemos que actuar en contra de este sentimiento.

En su libro, usted escribe que no cree en la revolución: ¿creyó alguna vez en ella?

[Pausa] No sé si creí en ella. A mi alrededor sí que se creía en ella. De todos modos, siempre he sido no-violenta. En Génova y en otros lugares, llegué a la conclusión de que para los movimientos alter-globalización era estratégicamente estúpido enfrentarse al Estado allí donde éste es más fuerte [en la cumbre de 2001, Carlo Giuliani, un manifestante, resultó muerto, N. de la R.]. Tal vez la revolución todavía tenga sentido en países donde la democracia no existe. En Túnez diré ¡bravo! si se las arreglan para hacer algo más que una revuelta.

Traducido del francés por Mariano Nieto Navarro (ATTAC Madrid)

Para salir de la crisis hay que acabar antes con el crimen financiero.

Un informe del Foro económico Mundial advierte que el mundo no podrá aguantar otra crisis financiera. El Banco Mundial señala que la crisis de la deuda europea amenaza al crecimiento mundial. El Fondo Monetario Internacional es pesimista sobre sus previsiones y teme que vuelvan a darse episodios de recesión, y los economistas más críticos o premios nobel como Stiglitz o Krugman advierten que todo puede volver a ponerse peor en el año que acaba de comenzar.

Es lógico que predominen esas opiniones. Hasta el momento, a la economía no se le ha dado un verdadero tratamiento sintomático orientado a atacar las causas de los males que padece. A lo sumo, se le han suministrado algunos placebos o sucedáneos: muchas buenas palabras, algunas normas de regulación más estricta que no se han puesto en marcha y que, como ha ocurrido con la europea que dice estar orientada a poner en orden los mercados de CDS más peligrosos, lo único que hacen es facilitar que los bancos, las grandes fortunas y los especuladores vuelvan a ganar cada vez más dinero.

Esta última norma europea aparentemente dedicada a reglamentar la inversión en los llamados hedge funds y, por tanto, según dicen, destinada a limitar el riesgo sistémico que representan para la economía, muestra quizá mejor que ninguna otra el cinismo de quienes tienen el mundo en sus manos. Dicen que van a reforzar la capacidad de supervisión de las diferentes autoridades financieras nacionales europeas y que, para eso, será cada una de ellas la que se encargue de vigilar la entrada de esos fondos en sus respectivos territorios y de establecer si cumplen los estándares necesarios para que puedan operar en Europa (de darle, digámoslo a lo claro, como el “pasaporte” para poder operar en Europa).

¡Qué buenas palabras! Solo que detrás de ella se esconde un objetivo engañoso: de esa manera será más fácil que haya alguna autoridad que sea más generosa a la hora de aplicar los criterios de entrada o autorización de actividad y, como al mismo tiempo se ha establecido que si cualquiera de esas autoridades aprueba la presencia de un fondo éste tendrá ya “pasaporte” para operar en toda la Unión, resulta que de esta forma lo que se facilita es que los fondos de inversión más peligrosos y más generadores de turbulencias podrán operar con más facilidad en toda Europa, y no bajo un control más severo, como se dice.

Y ahora viene lo bueno: casi el 80% de los hedge funds está radicado en la City de Londres que es, además, la plaza más tolerante a la hora de permitirles actuar, de modo que lo que ocurrirá no será que disminuya el riesgo sistémico sino todo lo contrario.

Y eso, además, se verá agravado porque en la norma apenas se avanza hacia lo que es fundamental, es decir, el modo en que esos fondos trasladan el riesgo al sistema financiero: por medio del apalancamiento, es decir, de los préstamos que solicitan a las entidades financieras. Ni se limita la cantidad en que pueden apalancarse (que es mucha porque precisamente actúan con muy poco capital propio), ni se obliga a la autoridades a intervenir si hay problemas por esa causa.

También se ha dicho que esta norma europea sirve para luchar contra los paraísos fiscales porque con ella se prohibirá que puedan operar en Europa los fondos que estén situados en ellos, es decir, en países que no garanticen un intercambio activo de información fiscal. Pero también eso es mentira. La norma impide que ese fondo opere en Europa ¡pero no que cualquier entidad europea compre inversiones del fondo! Y, como en este caso, quienes invirtieran en esos hedge funds no tendrían entonces que informar a las autoridades europeas (aunque sean entidades europeas). Resulta entonces que la información sobre el riesgo que haya asumido no saldrá a la luz.

En fin, la norma es una buena prueba de que lo que, ya de por sí escaso, se está presentando como reformas del sistema son en realidad más de lo mismo y que, por tanto, la verdad es que hay una completa falta de voluntad a la hora de imponer medidas de auténtico control de los movimientos especulativos, de las operaciones de alto riesgo que son las que están constituyendo auténticos actos de extorsión a los gobiernos.

Y cuando están dejando que todo siga prácticamente igual hay que decir las cosas muy claras para que nadie se llame a engaño. Lo que ha provocado esta crisis y otras anteriores es la generalización de actividades especulativas y el mantenimiento de un sistema financiero cada vez más vinculado a la realización de actividades claramente criminales. El presidente del gobierno andaluz lo dijo en hace unos días muy claramente: se está produciendo terrorismo financiero (El País 05/05/2010).

Hace unos días, los fondos de inversión especulativos difundían la idea de que Portugal no podría pagar su deuda. Bancos españoles como el BBVA quedarían afectados por eso, puesto que son acreedores de Portugal y de bancos portugueses, y por tanto bajaron sus acciones en los mercados. Los especuladores aprovecharon para comprarlas más baratas. Días más tarde, Portugal tenía que subir el tipo de interés de sus bonos y los propios especuladores compraban los bonos con más rentabilidad. Las acciones del BBVA subían y así los especuladores las vendían con márgenes suculentos. Un gran convite para ellos a costa en este caso del pueblo portugués, pero en otros casos el irlandés, del griego, del mejicano, del argentino… Y eso es simplemente un robo consentido.

Los bancos han acumulado cientos de miles de millones de pérdidas por su conducta irresponsable y después de enriquecer sin límite a sus propietarios y directivos. Han recibido billones de euros para tapar sus agujeros patrimoniales y ayudas legales y financieras para ocultar sus quiebras, todo lo cual lo pagan los pueblos. Eso es un robo muy bien orquestado.

Los super ricos que ven aumentar constantemente sus ingresos y riquezas apenas pagan impuestos y solo los trabajadores y los pequeños y medianos empresarios han de proporcionar los ingresos de los estados. Eso es un robo perfectamente premeditado.

Los bancos y los super ricos operan en paraísos fiscales escondiendo sus beneficios y ocultando sus operaciones sucias de todo tipo. Eso es un robo institucionalizado.

Los ricos obligan a que los recortes de gastos que llevan a cabo los gobiernos se centren en derechos sociales y no en los que les benefician a ellos, como las ayudas a la gran empresa, los militares o las subvenciones para competir con facilidad en los mercados. Eso es un robo a mano armada.

Los bancos cobran comisiones altísimas, obligan a suscribir cláusulas leoninas y a los clientes no les queda más remedio que aceptar lo que le imponen sin que los bancos centrales hagan nada para evitarlo. Eso es un robo en cuadrilla.

Los especuladores manipulan los mercados y alteran el precio de la deuda para exigir después a los gobiernos que apliquen nuevas políticas neoliberales. Eso es un robo con alevosía.

Las grandes empresas, de telefonía, de gas, de electricidad, petroleras… juegan con las empresas como mejor les conviene y cobran precios por encima de los de competencia. Eso es un robo a manos llenas.

Los ricos afirman que no hay dinero para financiar las pensiones públicas pero no dicen nada del dinero que se gasta el gobierno en apoyar a los planes de pensiones privados para que así se nutran los fondos financieros especulativos. Eso es un robo cargado de mentira y de cinismo.

Los especuladores manipulan los precios de las materias primas alimentarias y su precio sube por las nubes provocando hambrunas y millones de muertes. Eso es, como dice Jean Ziegler, un crimen organizado contra la Humanidad.

Estos son simplemente una brevísima e incompleta relación de los crímenes financieros consentidos en nuestra época. Son los que producen que haya crisis financieras, económicas, alimentarias, ambientales… y los que hacen que el mundo sea un verdadero infierno para miles de millones de personas.

Son crímenes que se pueden evitar con decisión y voluntad política. O mejor dicho: son lo primero que habría que evitar, lo que hay que evitar urgentemente, si es que de verdad quisiéramos acabar con la crisis.

Y se puede evitar si la ciudadanía se empeña y se enfrenta de una vez a semejante vergüenza.

Juan Torres López / Alberto Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC

Publicado en Altereconomia.org
Ganas de Escribir
Pijus Economicus

¿Son los mercados los culpables? ¿O son… ?

Una contempla estupefacta cómo nos acosan los mercados, examinan, mandan hacer deberes, subastan países enteros con personas dentro, se deprimen (“son bipolares” escuché a un experto economista, pobrecitos), mandan en definitiva, y se pregunta ¿son los mercados los culpables de nuestros males? No. Una gran parte de responsabilidad recae en los políticos. Los elegimos de entre nosotros porque no cabemos todos en los Parlamentos y gobiernos pero fue y es para que obraran a favor de los intereses de la mayoría y no de minorías de poder. Y hay formas de controlarlas.

Si seguimos mirando, vemos cómo nos asolan corrupciones, injusticias, despilfarros públicos, errores en gestión, y todo ello parece quedar impune. ¿Toda la culpa es de la política ineficaz? Hoy el Foro Económico Mundial dice que en buena medida: considera un “riesgo global”… los malos gobiernos. Pero los políticos proceden de una sociedad que tampoco atraviesa uno de sus mejores momentos de madurez.

Se extiende la pueril explicación de que “el hombre es malo por naturaleza”, una argumentación moral que no dejaría de ser más que una más de las corrientes filosóficas en las que podemos encontrar incluso la contraria. Ahí tenemos a Russeau, asegurando que “el hombre es bueno”… también “por naturaleza”, pero, por si acaso, sentando las bases del Contrato Social. Porque, aunque fuese “malo”, para sus “desviaciones” delictivas está la justicia. El Banco Mundial ha dicho esta madrugada que la inestabilidad del Euro vuelve a poner en peligro la economía mundial. Pues señor, si hace un año ahora que un grupito de Hedge Funds, decidieron hundir la moneda europea porque daba “grandes oportunidades de negocio”. Ellos, y sus secuaces de “Bruselas” han hecho el resto. Y no hay síntoma alguno de que vayan a cambiar, todo lo contrario. ¿Cómo no lo recuerdan los medios a diario?

¿Es la sociedad la que falla? Sin duda, porque es la que elige a esos políticos que no atajan los abusos, no implementan medidas para que funcione la justicia, no se atan los cabos a ellos mismos. Pero para que una sociedad funcione precisa dos pilares básicos que son los que forman y mantienen el pensamiento crítico: la educación y la información. Ambos se disuaden hoy con ahínco. Aquí mismo, gobierno y comunidades autónomas (que son quienes la gestionan en un 80%) van a ahorrar 1.800 millones de euros en educación, en lugar de quitarse ellos mismos canapés, viajes, móviles (California acaba de actuar en ese sentido) y demás prebendas. En un país con gravísimas carencias en esa materia.

Y llegamos a los medios de comunicación. Diseñados para informar, formar y entretener, se dedican con pasión a esto último, desfigurando además groseramente sus dos primeros cometidos. Las revelaciones de wikileaks –un tanto ya adormecidas por la trivialización, el acoso a sus divulgadores, y las escasas consecuencias que se han derivado aún para los culpables de atropellos- revelaron que el periodismo hoy no realiza su misión. Ya no es tiempo de “watergates”, suelo decir. Los más graves hechos, como que una ex candidata a la presidencia de los EEUU señale con dianas los objetivos a abatir, en un país cargado de armas y de fácil acceso a descerebrados, se diluyen en “opiniones“. Esta energúmena es capaz incluso de salir atacando a quienes la acusan. O aquí mismo, un Camps que se burla de los periodistas sin responder a sus preguntas, por sus reales huevos de codorniz, enmarcados por ciudadanos a juego. Todo hoy es opinable, todo se diluye en la maraña, sin desencadenar consecuencias. No es tiempo de “watergates”.

El periodismo culpable forma parte del problema en los grandes medios, “mercados” en sí mismos, que sólo parecen buscar cuantiosos beneficios como fin primordial. Y lo es en la legión de periodistillas mediocres y sin alma a los que mueven como peones, sin que siquiera den la impresión de enterarse. Mal pagados, sí, como tantos otros, con temor a perder el empleo, como la mayoría de los asalariados hoy, pero sin un átomo de sangre periodística en sus venas. Buscando siempre “modelos de negocio” y la trascendental y sublime ecuación entre “web y papel“.

Pero, si el periodismo es parte del problema, también lo es de su solución. La crítica a los poderes está en sus genes. Enfréntense a sus redactores jefes, atruenen a la sociedad con las denuncias de lo que está ocurriendo, vibren –eso es lo más importante-, y vuelvan a derribar presidentes y… mercados. Formen e informen a la sociedad para que despierte y vuelva a tener o adquiera criterio.

Algunos medios son irrecuperables, pura bazofia. Una sociedad formada les haría caer por inanición. Pero para otros hay esperanza. La televisión pública debería poner el reportaje sobre la obsolescencia programada –la deliberadamente limitada vida de objetos de consumo para que sigamos, comprando, tirando, y comprando, si no lo habéis visto, no os lo perdáis-, en la primera cadena y en “prime time”, y sus telediarios más vistos deberían ser realmente informativos y no poco más que programas de entretenimiento. Los del fin de semana se acercan más al criterio correcto. Y déjense todos de enseñarnos casas de millonarios como una meta, o la vida de los españoles en el mundo, sin ahondar en nada, o amarillos comandos vergonzantes. ¿Dónde están los periodistas en activo que lo reclamen y lo fuercen? Nunca fue fácil.

Y hay esperanza en firmas individuales que cada día sirven de azogue, siquiera desde rincones con escasa audiencia. Dénsela los ciudadanos no anestesiados. Yo encuentro información a diario, y nueva, no repetitiva, y elaborada. Y cada día me regocijo con la crítica inteligente repasorepaso o descubro a alguien, incluso muy joven, con sabia periodística en sus conductos. Hay esperanza. Pero solo en un periodismo que, desde la vocación, la veracidad y el compromiso, sirva a los ciudadanos. Es su responsabilidad.

Un comentario de Trancos, hace casi un año nos daba cuenta de qué piensa el Departamento de Estado EEUU (ojalá dejara practicarlo) sobre lo que es el periodismo:

La primera obligación del periodismo es decir la verdad.

  • Su primera lealtad es para con los ciudadanos.
  • Su esencia es una disciplina de verificación.
  • Quienes lo practican deben mantener su independencia con respecto a las personas sobre las cuales escriben.
  • El periodista debe ser independiente como observador del poder.
  • El periodismo debe ofrecer un foro para la crítica y la participación del público.
  • Se debe esforzar por hacer que lo significativo resulte interesante y relevante.
  • Debe tratar de que las noticias sean completas y no desproporcionadas.
  • Se debe permitir que quienes lo practican apliquen su conciencia personal.

Rosa Maria Artal – Comité de Apoyo de ATTAC

La UE tranquiliza a los mercados.

La UE anda perdiendo el trasero esta mañana -inquieta, desasosegada, sin haber dormido en toda la noche- para “tranquilizar a los mercados”, según nos cuentan los titulares.

Irlanda tiene problemas -y bien que se los cobran “los mercados” en intereses, a Irlanda y a todos los que nos han metido en el saco de sus objetivos especuladores- y los pobrecitos mercados se asustan. Son tan volubles, además. Irlanda era su ojito derecho pero algo hizo mal, no sabemos qué, y ahora hay que castigarla. En las pasiones, la entrega es mala consejera: desmotiva. Aunque igual no es eso lo que ha ocurrido.

Sensible, ojerosa, reteniendo las lágrimas con pudor, preocupada ante el amo y el amor -que tantas veces se confunden en las relaciones enfermizas-, la UE le dice a su mimado objeto de deseo que el fondo de rescate de Irlanda “no contempla que los inversores privados de los bonos irlandeses asuman pérdidas” en el caso de que este rescate llegue a producirse. Ya lo harán los asalariados, pensionistas o parados.

Los inversores privados solo están para ganar dinero. Nada más. Sin producir nada que contribuya al bienestar de la sociedad. Lo único que importa es su propio disfrute, a costa de lo que sea. Los ciudadanos de los países únicamente justifican su existencia en que los mercados ganen dinero. En magnitudes obscenas en numerosos casos.

Pero, aún así, los mercados dudan. ¡Cómo son! ¿Les ha dado algún motivo la UE y todos los gobiernos que la componen para dudar?

Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España

Una “dictablanda” en Europa.

Portugal, entre 1926 y 1974, España, entre 1939 y 1975, y Grecia, entre 1967 y 1974, vivieron bajo regímenes dictatoriales. Los procesos de democratización casi simultáneos de estos países fueron considerados como la primera manifestación de una ola democratizadora que en los años siguientes habría de recorrer los países del subcontinente latinoamericano. Si no hacemos nada para corregir el curso de las cosas, dentro de algunos años se dirá que Portugal, España y Grecia vivieron, entre fines del siglo XX y principios del siglo XXI, un brillante pero breve interregno democrático. Habrá durado menos de cuarenta años, entre 1974/1975 y 2010.

La dictadura portuguesa fue la más larga de todas y en ella me concentro en este análisis, aunque mucho de lo dicho se aplique a España y Grecia. En los 48 años que precedieron a la revolución del 25 de abril de 1974 (la Revolución de los Claveles), Portugal vivió bajo una dictadura civil nacionalista, personalizada en la figura de Oliveira Salazar. A partir de 2010 entró en otro período de dictadura civil, esta vez internacionalista y despersonalizada, conducida por una entidad abstracta llamada “los mercados”. Las dos dictaduras comenzaron por razones financieras y después crearon sus propias razones para quedarse. Ambas llevaron la pobreza al pueblo portugués, al que dejaron a la zaga de los pueblos europeos. Pero mientras la primera eliminó el juego democrático, destruyó las libertades e instauró un régimen de fascismo político, la segunda mantiene el juego democrático, pero redujo al mínimo las opciones ideológicas, mantiene las libertades, pero destruyó las posibilidades de que sean efectivamente ejercidas e instauró un régimen de democracia política combinado con fascismo social. Por esta razón, la segunda dictadura puede ser designada como “dictablanda”.

Las señales más preocupantes de la actual coyuntura son las siguientes. Primero, está aumentando la desigualdad social en una sociedad que ya es la más desigual de Europa. Entre 2006 y 2009 aumentó en un 38,5 por ciento el número de trabajadores que perciben el salario mínimo (450 euros): ahora son 804 mil, es decir, cerca del 15 por ciento de la población activa; en 2008 un pequeño grupo de ciudadanos ricos (4051 unidades fiscales) tenían ingresos similares al de un gran número de ciudadanos pobres (634.836 unidades fiscales). Si es verdad que las democracias europeas valen lo que valen sus clases medias, la democracia portuguesa puede estar a punto de suicidarse.

Segundo, el estado de bie-nestar, que permite corregir en parte los efectos de la desigualdad, es muy débil en Portugal y aun así está bajo un ataque cerrado. La opinión pública portuguesa está siendo intoxicada por comentaristas políticos y económicos conservadores –dominan los medios de comunicación como en ningún otro país europeo—, para quienes el estado de bienestar se reduce a los impuestos: sus hijos son educados en colegios privados, tienen buenos seguros de salud y sentirían que sus vidas corren peligro si tuvieran que recurrir “a la porquería de los hospitales públicos”, no utilizan el transporte público, reciben cuantiosos salarios y acumulan cuantiosas pensiones. El estado de bienestar debe ser abatido. Con un sadismo indignante y un monolitismo ensordecedor, van insultando a los portugueses empobrecidos con la letanía liberal de que viven por encima de sus posibilidades y que la fiesta se terminó. Como si aspirar a una vida digna y decente, y comer tres comidas diarias fueran lujos reprobables.

Tercero, Portugal se transformó en una pequeña isla de lujo para los especuladores internacionales. ¿Tienen otro sentido los actuales intereses de la deuda soberana de un país del euro y miembro de la Unión Europea? ¿Dónde está el principio de cohesión del proyecto europeo? Para regocijo de los profetas de la desgracia nacional, el FMI ya está dentro del gobierno portugués y, en breve, anunciará lo que los gobernantes no quieren anunciar: que este proyecto europeo terminó.

Revertir este proceso en Portugal es tan difícil como revertirlo en Grecia o España, pero es posible. Mucho deberá hacerse a nivel europeo y a mediano plazo. En el corto plazo, los ciudadanos tendrán que decir basta al fascismo difuso instalado en sus vidas y reaprender a defender la democracia y la solidaridad, tanto en la calle como en el Parlamento. La huelga general será más efectiva cuanta más gente salga a las calles para manifestar sus protestas, como ha sucedido en Francia. El crecimiento ambientalmente sostenible, la promoción del empleo, la inversión pública, la justicia fiscal, la defensa del estado de bienestar, la democracia participativa, la solidaridad activa con los inmigrantes y el repudio de las políticas xenófobas (que a veces alcanzan a los propios ciudadanos europeos, como pasa con la población gitana en Francia) tendrán que regresar al vocabulario político a través de acuerdos eficaces entre los movimientos sociales y los partidos de izquierda que resistieron la devastación neoliberal de las últimas dos décadas.

Boaventura de Sousa Santos – Página 12