Tratando de entender la economía.

Labor ímproba, realmente. A ver si lo entiendo. Los países debemos contentar a los llamados “mercados” –léase especuladores en su mayoría- y tranquilizarles cuando se ponen nerviosos. La dinamización de la economía de todos –nos dicen- exige reformas, ajustes… es decir, mermas para asalariados, parados y pensionistas, el grueso de la población en general. ¿Voy bien?

Pero resulta que las empresas reciben subvenciones públicas para funcionar. Cuantiosas. De las que apenas se habla. Del dinero público que se da a los sindicatos en cambio, nos llegan referencias cada poco. Hasta de los “ominosos” subsidios a jornaleros del campo.

Las SICAV, ese invento tan estupendo para los denominados “inversores”, siguen cotizando un 1% de impuestos. La vicepresidenta socialista asegura que esto no se puede cambiar porque, si lo hiciera, esas empresas se irían de España. ¿De acuerdo hasta aquí?

Sigamos. Un informe del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, anuncia que el 80% de las empresas del Ibex 35 tiene presencia de manera directa en paraísos fiscales a través de sociedades participadas y no informan de cuáles son sus actividades en estos territorios. O sea que no pagan impuestos en España. Que no pagan impuestos de esas cantidades evadidas, vaya. Porque en esos limbos lo que sucede es que no se paga. Éstas son las privilegiadas empresas del IBEX, dadles un repasito. La flor y nata.

El Observatorio estima que las grandes empresas pagan, entre exenciones y subvenciones, como mucho un 10% de impuestos. Aquí. De lo que sí declaran.

Nos cuenta más el Observatorio: “las empresas del Ibex 35 en paraísos fiscales han experimentado un crecimiento vertiginoso (entre enero y septiembre de 2010 la inversión ha sido el doble a la de todo 2009), en España la recaudación por impuesto de sociedades se ha desplomado un 55% entre 2007 y 2009, pese a que los beneficios empresariales de las grandes empresas en el mismo periodo solo han descendido un 14%”. Anoto aquí que no es que hayan perdido un 14%, sino que el incremento de ganancias se ha reducido un 14%. Solían andar por el 30% más que cada ejercicio anterior, ahora parece que es menos. Oficialmente, los beneficios que escamotean cada vez más, vemos, probablemente compensan la balanza.

Yo comprendo que es muy pesado andar todos los días tratando de entender este galimatías. Pero si no se les pueden tocar sus privilegios no vaya a ser que ubiquen su razón social en otro país y dejen de ser “españolas”  –más, que ya sabemos que buena parte del personal de las que al menos se molestan en fabricar algo es del tercer mundo-, y resulta que no pagan en España, y que la huida de su dinero ha experimentado “un crecimiento vertiginoso”, y que los paraísos fiscales es una cosa muy fea que iba a resolver algún G7, G8, G20, la UE, OCDE y demás, pero gozan hoy todavia de una salud envidiable  ¿dónde está el truco?

Debe ser la inexistente (según los regidores municipales) contaminación de Madrid, pero mis neuronas se atoran y no entiendo nada. Así que voy a hacer la maleta para ir a respirar al campo. Os dejo con un relajante césped verde (debe estar en Madrid porque no es ni verde) que me descubrió Paula Moro.

Rosa Mª Artal – Comité de Apoyo de ATTAC

Especuladors, heu de pagar!

Campanya per un impost a les transaccions financeres i l’abolició dels paradisos fiscals.

Susan George “Hay que poner a los bancos bajo tutela”.

Zineb Dryef y Pascal Riché – Rue89

La activista alter-globalización es partidaria de defender el legado de la Ilustración y de la toma de control del sistema financiero y bancario por parte del Estado.

Los Sabios rebeldes de nuestra República son esas voces que nos despiertan porque mezclan el agua y el fuego, la experiencia y la pasión. Entre ellos Stephane Hessel, de 93 años, Albert Jacquard, de 85, y Edgar Morin, de 89 años. Pero también Susan George, de 75: presidenta de honor de Attac y autora de numerosos libros, la franco-estadounidense lleva años luchando por un mundo menos injusto en relación con el Sur y contra el sistema económico neoliberal.

La conversación ha comenzado justamente con el éxito del pequeño folleto “¡Indignaos!” de Hessel, un hombre al que describe como “impecable desde el punto de vista moral, que practica lo que predica.”

Rue89: Llamar a la indignación, un término que se queda en el terreno moral, ¿es el mejor enfoque para cambiar las cosas? ¿No sería más eficaz un “¡razone!” o un “¡rebélese!” ?

Susan George: Hessel se mueve en el plano de los valores, no en el del análisis de las cuestiones económicas o geopolíticas. Él llama a la indignación como un preludio a la acción. Dice: únete a algo. Y se dirige especialmente a los jóvenes. Orgulloso de su pasado, es cierto, no quiere resignarse. Pero lo que yo siento muy especialmente es el ataque que se está realizando contra la Ilustración. Y me entristece: tanto filosóficamente como en términos de acción, creo que es un logro muy grande de la humanidad. El liberalismo político -como se entendía en el siglo XVIII, ese movimiento europeo que se inicia con Locke y continúa con los enciclopedistas franceses- es el fundamento de la Constitución de EE.UU., es el fundamento de las libertades -políticas, religiosas, de prensa, de opinión… Muchas personas dieron la vida por eso y la democracia viene de esa época. Bueno, creo que esta Ilustración está siendo objeto de un grandísimo ataque ideológico. Yo intento seguir esa tradición, que vale la pena defender.

Las generaciones más jóvenes ¿no se resignan de antemano ante este ataque?

Europa está un poco KO. Todo esto ha sucedido muy rápidamente. En 2009, cuando estaba en Londres para las acciones contra el G-20, había una reacción. Éramos 35.000 en Hyde Park. Los medios de comunicación al día siguiente estaban con nosotros, incluso Gordon Brown, por entonces primer ministro británico, se apresuró a decir que estaba de nuestro lado. El mundo estaba a un paso de la catástrofe. El G-20 habló de los paraísos fiscales, de la presión de los mercados financieros, del empleo, del medio ambiente, etc. Y después, una vez que los bancos se salvaron, todo esto ha desaparecido por completo. El G20 y el G8 remiendan soluciones para salvar a los bancos por segunda vez. Y luego nada. ¿Por qué esta renuncia? La gente puede pensar que sus dirigentes están tratando de salvar a Grecia o a España. Esto es completamente falso, lo que están salvando es a los bancos que compraron deuda griega o deuda española… No intentan hacer lo que sea por los pueblos. Y no sólo se rescata a los bancos por segunda vez, sino que ¿quién lo hace?: los pueblos, por la amputación de sus pensiones de jubilación, la reducción de sus salarios, el despido de funcionarios. ¿Por qué hoy día la gente no consigue agruparse [frente a todo esto]? En Francia, tenemos puesto el foco en las elecciones de 2012, que en realidad son secundarias.

La crisis que acabamos de vivir ¿no ha desbloqueado algo en el pensamiento económico?

La gente ha visto que esto no funciona, que el neoliberalismo no funciona. Sin embargo, siguen como si funcionara… La mayonesa de la contestación no liga, se corta. Sería preciso que la gente hiciera alianzas, como tratamos de hacer en Attac: por ejemplo, sobre los impuestos financieros nos hemos asociado con los sindicatos y otras organizaciones – Sécours Catholique [Cáritas Francia], Comité Catholique contre la Faim et pour le Développement [CCFD Terre Solidaire – Manos Unidas Francia], Oxfam, Amigos de la Tierra… Tratamos de federar el mundo sindical, el asistencial, el asociativo, el ecológico. Es la pista correcta, nadie puede ganar solo.

En un escenario optimista, el cambio que usted desea ¿por dónde empezaría?

Por aprender. Tenemos que comenzar por aprender. Hoy en día, la política se ha vuelto mucho más complicada. Es bueno estar indignados, pero primero tenemos que entender por qué esto ya no funciona. Cuando empecé a militar, decíamos: “¡Estados Unidos fuera de Vietnam!” La gente estaba de acuerdo o no, pero entendían lo que significaba. Cuando decíamos: “Basta ya de apartheid”, no era necesario un largo discurso. Hoy en día esto no pasa. He hecho una larga campaña contra el AGCS [Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios, N. de la R.] y nadie sabía lo que era: una OPA sobre los servicios públicos y los servicios locales de proximidad. Si no sabemos cómo se produce esto, que es lo que se ha votado y en qué momento, no podemos actuar. No tiene sentido estar “contra” si no podemos ni explicárselo a los demás ni llamar a la puerta adecuada. Lo que hacemos es darnos de cabezazos contra las paredes. Así que debemos aprender, ayudar a aprender a otros, organizar, hacer alianzas. Y comunicar: cada vez más, necesitamos cosas visibles que interesen a los medios de comunicación. Y esto se hace muy mal. Hay que salir de los rituales. Hacer una manifestación es como si te pidieran que te interesaras por la misa de doce. Hace años que vengo diciendo que con 30 personas se puede hacer algo visible, divertido y que toque allí donde más duela. Vengo proponiendo igualmente desde hace mucho tiempo que no se hagan “sentadas” sino “risotadas” : ir a reírse delante de tal ministerio o delante del MEDEF … Porque esto es lo que más se teme en Francia, especialmente entre los políticos: el ridículo.

Ha habido iniciativas tales como “Salvemos a los ricos”. O la “Operación Cantona”, para retirar todos el dinero del banco un mismo día. ¿Qué piensa usted de esto?

Fue divertido, pero también una falsa buena idea. [Cantona] no entiende el funcionamiento de los circuitos financieros. Estamos trabajando en otro enfoque: “Para cambiar la banca, cambie de banco.” Pero no pedimos que la gente lo haga de inmediato, porque el único banco al que hoy en día aconsejamos ir es el Nef, que sólo tiene 60 empleados, y ninguna sucursal. No sería serio. Pero esto puede cambiar: el Nef se está aproximando a la Banca Ética [otro banco pero más grande en Italia, N. de la R.] y a otros bancos europeos.

Entre las iniciativas a emprender, usted no habla del voto. Y considera 2012 como una preocupación “secundaria”; ¿por qué?

Para mí, estas primarias del Partido Socialista son una energía política que se pierde. No entiendo el concepto de primarias para este partido. Es una idea importada de Estados Unidos, lo cual es comprensible allí, pero que no tiene mucho sentido aquí.

Pero ¿no se puede también presionar a los principales partidos en vísperas de una elección importante? Esto es lo que hizo Nicolas Hulot en 2007, por ejemplo…

Desconfío de las ambiciones personales que puedan surgir. En el seno de organizaciones como Attac, ya lo hemos visto. Pero influir en los programas, eso sí, es nuestra vocación. Es más fácil con celebridades como Hulot… Organizamos reuniones, principalmente en provincias, en las cuales están presentes los partidos de izquierda.

Para el poder político, ¿cuál sería la primera decisión a tomar?

Tomar el control de los mercados financieros, los bancos. Es muy obvio. Ellos hacen que llueva y que haga buen tiempo: hay que ponerlos bajo tutela.

¿Es realista empezar en un solo país?

[Pausa] Difícil cuestión. No he profundizado en ello, para mi vergüenza. Yo dejaría que los bancos intercambiaran divisas, pero impondría un impuesto a las transacciones. Prohibiría el acceso a la mayoría de los derivados, esa ciénaga. Algunos derivados sirven de seguro, muy bien. Pero soy muy hostil a los derivados “desnudos”, que permiten asegurar algo que no se tiene. Es un poco como si yo tomara una póliza de seguro de incendios por una casa suya. Entonces tendría interés en quemarla…

Algo así es lo que hizo Goldman Sachs…

¡Y más! Este mercado es enorme. 600 billones de dólares al año. La inversión se va en productos financieros sin pasar por la economía real. Necesitamos una Ley Glass-Steagall de los bancos [aprobada en los Estados Unidos después de la crisis de 1929, N. de la R.] para separar las actividades de crédito de las de inversión. En un país también se puede decir a los bancos: “ustedes deben prestar prioritariamente a las PYMEs, especialmente a las que tengan proyectos ambientales o sociales.” Se trata de un control del crédito en el sentido de que habría unos beneficiarios prioritarios; pero no vamos a nacionalizar toda la economía.

¿Por qué regular el crédito de forma rígida? Se pueden también imaginar subsidios de crédito para las PYMEs.

Por qué no, debemos estudiar las mejores sugerencias, no soy economista.

¿Hay soluciones internacionales?

Para los paraísos fiscales, sí. Si podemos prohibir a la Société Générale que tenga sus recursos en un solo país, ¿podríamos por ley obligarles a cerrar su sucursal en Jersey? Yo no estoy segura. Me he preguntado si sería posible prohibir a las agencias de calificación que emitan calificaciones sobre los Estados. Sin embargo, en Estados Unidos, la Corte Suprema sostuvo que la Primera Enmienda las protegía en nombre de la libertad de expresión.

¿El G-20 es un espacio que podría utilizarse para algo?

El G-20 es ilegítimo. Representa solo a los principales actores en el sistema. ¿Dónde está el G172?

¿Y Europa?

Imponer a Grecia una solución neoliberal de tal magnitud es una bancarrota política y moral de Europa. Se castiga a las personas. Esto es un motivo de indignación.

Algunos proponen hoy abandonar el euro.

Debemos mantener el euro pero cambiándolo. Nunca asumiría la responsabilidad de decir “salgamos del euro”, eso sería un desastre. Creo que necesitamos más solidaridad. Es una lucha de clases sociales, no de países contra países.

Emmanuel Todd defiende la solución proteccionista…

Por supuesto que se necesita, pero proteccionismo en el ámbito europeo, no en el francés. La doctrina del libre cambio o libre comercio se puso en marcha en un momento en el que el mercado, el territorio, el derecho y el capital tenían los mismos límites. Pero coloque este sistema en un mundo donde el capital va a su propia velocidad y donde el derecho es inexistente, y los trabajadores acaban compitiendo entre sí. Estoy a favor de un proteccionismo razonado.

Se declara hostil a los multimillonarios filántropos…

Lo que Bill Gates hace contra el SIDA está muy bien, sin duda, pero la revolución verde [un controvertido programa de ayuda a los agricultores africanos, N. de la R.] puede ser un desastre para África. Un millonario no tiene que decidir qué es lo mejor para los pueblos. Si un multimillonario quiere donar su fortuna, debe hacerlo de acuerdo con los expertos locales.

Estos multimillonarios – Bill Gates, George Soros o Warren Buffet – ¿pueden tener un papel útil en la sociedad?

Le pregunté a un amigo americano que tiene entrada en esos círculos si él o alguna otra persona podría decirle por fin a Bill Gates que la revolución verde será un desastre. Me respondió: “Nobody can say anything to Bill Gates [“Nadie puede decirle nada a Bill Gates, N. de la R.]. Warren Buffett es un caso aparte, representa la vieja tradición: en mi ciudad, recuerdo que a partir de 10-12 años debíamos hacer cosas para la comunidad cuando se era un privilegiado. Hoy en día se exacerba el interés individual. He hablado de la Ilustración precisamente porque ese espíritu se está perdiendo. Sobre la importancia de la cohesión social, el libro de Richard Wilkinson y Kate Pickett muestra hasta qué punto la desigualdad es mala para la sociedad, en qué momento cuesta cara. Los barrios marginales en los suburbios, los sin-techo, los niños sin hogar que no saben contar ni escribir, esto le cuesta caro a la sociedad. Debemos abordar las causas.

Usted propone una curiosa Orden de los “Caballeros del Medio Ambiente.”

Es una fantasía. Hace mucho tiempo que me pregunto cómo movilizar a los ricos para que hagan algo útil. Por ejemplo, se les podría animar a ser más verdes que sus vecinos, en lugar de competir a ver quién tiene la fortuna más grande. Una orden muy cerrada y muy prestigiosa recompensaría al más verde. Una especie de Nobel. Le pregunté a alguien en Inglaterra que conoce al príncipe Carlos si podríamos poner de acuerdo a los miembros de la realeza, o a sus hijos, para que se reunieran y concedieran un premio de este tipo en el ámbito del medio ambiente. Fue completamente desalentador cuando mi contacto me respondió que estas personas tienen unas agendas infernales. Pero fue una idea que surgió así. Fitzgerald dijo: “Los ricos no son como tú y como yo”; si no se les puede involucrar por el lado del honor y del reconocimiento ¿qué otra cosa les podemos ofrecer?

¿Tiene la impresión de que su pensamiento va cambiando?

Puedo cambiar de tema, pero sigo trabajando en lo mismo, el poder. Lo que me interesó inicialmente fue la expresión del poder en el Norte y sus relaciones con el Sur. He cambiado de sector, después de diez años centrada en la agricultura, para volverme hacia la deuda. Ya con el hilo en la aguja, después de los efectos del neoliberalismo amplié mi enfoque hasta trabajar sobre las causas de esta doctrina completamente loca. Es una religión, o más bien una secta: es cienciología. No tengo la impresión de estar desvariando. A veces, como otros, me desespero. Pero tenemos que actuar en contra de este sentimiento.

En su libro, usted escribe que no cree en la revolución: ¿creyó alguna vez en ella?

[Pausa] No sé si creí en ella. A mi alrededor sí que se creía en ella. De todos modos, siempre he sido no-violenta. En Génova y en otros lugares, llegué a la conclusión de que para los movimientos alter-globalización era estratégicamente estúpido enfrentarse al Estado allí donde éste es más fuerte [en la cumbre de 2001, Carlo Giuliani, un manifestante, resultó muerto, N. de la R.]. Tal vez la revolución todavía tenga sentido en países donde la democracia no existe. En Túnez diré ¡bravo! si se las arreglan para hacer algo más que una revuelta.

Traducido del francés por Mariano Nieto Navarro (ATTAC Madrid)

Para salir de la crisis hay que acabar antes con el crimen financiero.

Un informe del Foro económico Mundial advierte que el mundo no podrá aguantar otra crisis financiera. El Banco Mundial señala que la crisis de la deuda europea amenaza al crecimiento mundial. El Fondo Monetario Internacional es pesimista sobre sus previsiones y teme que vuelvan a darse episodios de recesión, y los economistas más críticos o premios nobel como Stiglitz o Krugman advierten que todo puede volver a ponerse peor en el año que acaba de comenzar.

Es lógico que predominen esas opiniones. Hasta el momento, a la economía no se le ha dado un verdadero tratamiento sintomático orientado a atacar las causas de los males que padece. A lo sumo, se le han suministrado algunos placebos o sucedáneos: muchas buenas palabras, algunas normas de regulación más estricta que no se han puesto en marcha y que, como ha ocurrido con la europea que dice estar orientada a poner en orden los mercados de CDS más peligrosos, lo único que hacen es facilitar que los bancos, las grandes fortunas y los especuladores vuelvan a ganar cada vez más dinero.

Esta última norma europea aparentemente dedicada a reglamentar la inversión en los llamados hedge funds y, por tanto, según dicen, destinada a limitar el riesgo sistémico que representan para la economía, muestra quizá mejor que ninguna otra el cinismo de quienes tienen el mundo en sus manos. Dicen que van a reforzar la capacidad de supervisión de las diferentes autoridades financieras nacionales europeas y que, para eso, será cada una de ellas la que se encargue de vigilar la entrada de esos fondos en sus respectivos territorios y de establecer si cumplen los estándares necesarios para que puedan operar en Europa (de darle, digámoslo a lo claro, como el “pasaporte” para poder operar en Europa).

¡Qué buenas palabras! Solo que detrás de ella se esconde un objetivo engañoso: de esa manera será más fácil que haya alguna autoridad que sea más generosa a la hora de aplicar los criterios de entrada o autorización de actividad y, como al mismo tiempo se ha establecido que si cualquiera de esas autoridades aprueba la presencia de un fondo éste tendrá ya “pasaporte” para operar en toda la Unión, resulta que de esta forma lo que se facilita es que los fondos de inversión más peligrosos y más generadores de turbulencias podrán operar con más facilidad en toda Europa, y no bajo un control más severo, como se dice.

Y ahora viene lo bueno: casi el 80% de los hedge funds está radicado en la City de Londres que es, además, la plaza más tolerante a la hora de permitirles actuar, de modo que lo que ocurrirá no será que disminuya el riesgo sistémico sino todo lo contrario.

Y eso, además, se verá agravado porque en la norma apenas se avanza hacia lo que es fundamental, es decir, el modo en que esos fondos trasladan el riesgo al sistema financiero: por medio del apalancamiento, es decir, de los préstamos que solicitan a las entidades financieras. Ni se limita la cantidad en que pueden apalancarse (que es mucha porque precisamente actúan con muy poco capital propio), ni se obliga a la autoridades a intervenir si hay problemas por esa causa.

También se ha dicho que esta norma europea sirve para luchar contra los paraísos fiscales porque con ella se prohibirá que puedan operar en Europa los fondos que estén situados en ellos, es decir, en países que no garanticen un intercambio activo de información fiscal. Pero también eso es mentira. La norma impide que ese fondo opere en Europa ¡pero no que cualquier entidad europea compre inversiones del fondo! Y, como en este caso, quienes invirtieran en esos hedge funds no tendrían entonces que informar a las autoridades europeas (aunque sean entidades europeas). Resulta entonces que la información sobre el riesgo que haya asumido no saldrá a la luz.

En fin, la norma es una buena prueba de que lo que, ya de por sí escaso, se está presentando como reformas del sistema son en realidad más de lo mismo y que, por tanto, la verdad es que hay una completa falta de voluntad a la hora de imponer medidas de auténtico control de los movimientos especulativos, de las operaciones de alto riesgo que son las que están constituyendo auténticos actos de extorsión a los gobiernos.

Y cuando están dejando que todo siga prácticamente igual hay que decir las cosas muy claras para que nadie se llame a engaño. Lo que ha provocado esta crisis y otras anteriores es la generalización de actividades especulativas y el mantenimiento de un sistema financiero cada vez más vinculado a la realización de actividades claramente criminales. El presidente del gobierno andaluz lo dijo en hace unos días muy claramente: se está produciendo terrorismo financiero (El País 05/05/2010).

Hace unos días, los fondos de inversión especulativos difundían la idea de que Portugal no podría pagar su deuda. Bancos españoles como el BBVA quedarían afectados por eso, puesto que son acreedores de Portugal y de bancos portugueses, y por tanto bajaron sus acciones en los mercados. Los especuladores aprovecharon para comprarlas más baratas. Días más tarde, Portugal tenía que subir el tipo de interés de sus bonos y los propios especuladores compraban los bonos con más rentabilidad. Las acciones del BBVA subían y así los especuladores las vendían con márgenes suculentos. Un gran convite para ellos a costa en este caso del pueblo portugués, pero en otros casos el irlandés, del griego, del mejicano, del argentino… Y eso es simplemente un robo consentido.

Los bancos han acumulado cientos de miles de millones de pérdidas por su conducta irresponsable y después de enriquecer sin límite a sus propietarios y directivos. Han recibido billones de euros para tapar sus agujeros patrimoniales y ayudas legales y financieras para ocultar sus quiebras, todo lo cual lo pagan los pueblos. Eso es un robo muy bien orquestado.

Los super ricos que ven aumentar constantemente sus ingresos y riquezas apenas pagan impuestos y solo los trabajadores y los pequeños y medianos empresarios han de proporcionar los ingresos de los estados. Eso es un robo perfectamente premeditado.

Los bancos y los super ricos operan en paraísos fiscales escondiendo sus beneficios y ocultando sus operaciones sucias de todo tipo. Eso es un robo institucionalizado.

Los ricos obligan a que los recortes de gastos que llevan a cabo los gobiernos se centren en derechos sociales y no en los que les benefician a ellos, como las ayudas a la gran empresa, los militares o las subvenciones para competir con facilidad en los mercados. Eso es un robo a mano armada.

Los bancos cobran comisiones altísimas, obligan a suscribir cláusulas leoninas y a los clientes no les queda más remedio que aceptar lo que le imponen sin que los bancos centrales hagan nada para evitarlo. Eso es un robo en cuadrilla.

Los especuladores manipulan los mercados y alteran el precio de la deuda para exigir después a los gobiernos que apliquen nuevas políticas neoliberales. Eso es un robo con alevosía.

Las grandes empresas, de telefonía, de gas, de electricidad, petroleras… juegan con las empresas como mejor les conviene y cobran precios por encima de los de competencia. Eso es un robo a manos llenas.

Los ricos afirman que no hay dinero para financiar las pensiones públicas pero no dicen nada del dinero que se gasta el gobierno en apoyar a los planes de pensiones privados para que así se nutran los fondos financieros especulativos. Eso es un robo cargado de mentira y de cinismo.

Los especuladores manipulan los precios de las materias primas alimentarias y su precio sube por las nubes provocando hambrunas y millones de muertes. Eso es, como dice Jean Ziegler, un crimen organizado contra la Humanidad.

Estos son simplemente una brevísima e incompleta relación de los crímenes financieros consentidos en nuestra época. Son los que producen que haya crisis financieras, económicas, alimentarias, ambientales… y los que hacen que el mundo sea un verdadero infierno para miles de millones de personas.

Son crímenes que se pueden evitar con decisión y voluntad política. O mejor dicho: son lo primero que habría que evitar, lo que hay que evitar urgentemente, si es que de verdad quisiéramos acabar con la crisis.

Y se puede evitar si la ciudadanía se empeña y se enfrenta de una vez a semejante vergüenza.

Juan Torres López / Alberto Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC

Publicado en Altereconomia.org
Ganas de Escribir
Pijus Economicus

¿Son los mercados los culpables? ¿O son… ?

Una contempla estupefacta cómo nos acosan los mercados, examinan, mandan hacer deberes, subastan países enteros con personas dentro, se deprimen (“son bipolares” escuché a un experto economista, pobrecitos), mandan en definitiva, y se pregunta ¿son los mercados los culpables de nuestros males? No. Una gran parte de responsabilidad recae en los políticos. Los elegimos de entre nosotros porque no cabemos todos en los Parlamentos y gobiernos pero fue y es para que obraran a favor de los intereses de la mayoría y no de minorías de poder. Y hay formas de controlarlas.

Si seguimos mirando, vemos cómo nos asolan corrupciones, injusticias, despilfarros públicos, errores en gestión, y todo ello parece quedar impune. ¿Toda la culpa es de la política ineficaz? Hoy el Foro Económico Mundial dice que en buena medida: considera un “riesgo global”… los malos gobiernos. Pero los políticos proceden de una sociedad que tampoco atraviesa uno de sus mejores momentos de madurez.

Se extiende la pueril explicación de que “el hombre es malo por naturaleza”, una argumentación moral que no dejaría de ser más que una más de las corrientes filosóficas en las que podemos encontrar incluso la contraria. Ahí tenemos a Russeau, asegurando que “el hombre es bueno”… también “por naturaleza”, pero, por si acaso, sentando las bases del Contrato Social. Porque, aunque fuese “malo”, para sus “desviaciones” delictivas está la justicia. El Banco Mundial ha dicho esta madrugada que la inestabilidad del Euro vuelve a poner en peligro la economía mundial. Pues señor, si hace un año ahora que un grupito de Hedge Funds, decidieron hundir la moneda europea porque daba “grandes oportunidades de negocio”. Ellos, y sus secuaces de “Bruselas” han hecho el resto. Y no hay síntoma alguno de que vayan a cambiar, todo lo contrario. ¿Cómo no lo recuerdan los medios a diario?

¿Es la sociedad la que falla? Sin duda, porque es la que elige a esos políticos que no atajan los abusos, no implementan medidas para que funcione la justicia, no se atan los cabos a ellos mismos. Pero para que una sociedad funcione precisa dos pilares básicos que son los que forman y mantienen el pensamiento crítico: la educación y la información. Ambos se disuaden hoy con ahínco. Aquí mismo, gobierno y comunidades autónomas (que son quienes la gestionan en un 80%) van a ahorrar 1.800 millones de euros en educación, en lugar de quitarse ellos mismos canapés, viajes, móviles (California acaba de actuar en ese sentido) y demás prebendas. En un país con gravísimas carencias en esa materia.

Y llegamos a los medios de comunicación. Diseñados para informar, formar y entretener, se dedican con pasión a esto último, desfigurando además groseramente sus dos primeros cometidos. Las revelaciones de wikileaks –un tanto ya adormecidas por la trivialización, el acoso a sus divulgadores, y las escasas consecuencias que se han derivado aún para los culpables de atropellos- revelaron que el periodismo hoy no realiza su misión. Ya no es tiempo de “watergates”, suelo decir. Los más graves hechos, como que una ex candidata a la presidencia de los EEUU señale con dianas los objetivos a abatir, en un país cargado de armas y de fácil acceso a descerebrados, se diluyen en “opiniones“. Esta energúmena es capaz incluso de salir atacando a quienes la acusan. O aquí mismo, un Camps que se burla de los periodistas sin responder a sus preguntas, por sus reales huevos de codorniz, enmarcados por ciudadanos a juego. Todo hoy es opinable, todo se diluye en la maraña, sin desencadenar consecuencias. No es tiempo de “watergates”.

El periodismo culpable forma parte del problema en los grandes medios, “mercados” en sí mismos, que sólo parecen buscar cuantiosos beneficios como fin primordial. Y lo es en la legión de periodistillas mediocres y sin alma a los que mueven como peones, sin que siquiera den la impresión de enterarse. Mal pagados, sí, como tantos otros, con temor a perder el empleo, como la mayoría de los asalariados hoy, pero sin un átomo de sangre periodística en sus venas. Buscando siempre “modelos de negocio” y la trascendental y sublime ecuación entre “web y papel“.

Pero, si el periodismo es parte del problema, también lo es de su solución. La crítica a los poderes está en sus genes. Enfréntense a sus redactores jefes, atruenen a la sociedad con las denuncias de lo que está ocurriendo, vibren –eso es lo más importante-, y vuelvan a derribar presidentes y… mercados. Formen e informen a la sociedad para que despierte y vuelva a tener o adquiera criterio.

Algunos medios son irrecuperables, pura bazofia. Una sociedad formada les haría caer por inanición. Pero para otros hay esperanza. La televisión pública debería poner el reportaje sobre la obsolescencia programada –la deliberadamente limitada vida de objetos de consumo para que sigamos, comprando, tirando, y comprando, si no lo habéis visto, no os lo perdáis-, en la primera cadena y en “prime time”, y sus telediarios más vistos deberían ser realmente informativos y no poco más que programas de entretenimiento. Los del fin de semana se acercan más al criterio correcto. Y déjense todos de enseñarnos casas de millonarios como una meta, o la vida de los españoles en el mundo, sin ahondar en nada, o amarillos comandos vergonzantes. ¿Dónde están los periodistas en activo que lo reclamen y lo fuercen? Nunca fue fácil.

Y hay esperanza en firmas individuales que cada día sirven de azogue, siquiera desde rincones con escasa audiencia. Dénsela los ciudadanos no anestesiados. Yo encuentro información a diario, y nueva, no repetitiva, y elaborada. Y cada día me regocijo con la crítica inteligente repasorepaso o descubro a alguien, incluso muy joven, con sabia periodística en sus conductos. Hay esperanza. Pero solo en un periodismo que, desde la vocación, la veracidad y el compromiso, sirva a los ciudadanos. Es su responsabilidad.

Un comentario de Trancos, hace casi un año nos daba cuenta de qué piensa el Departamento de Estado EEUU (ojalá dejara practicarlo) sobre lo que es el periodismo:

La primera obligación del periodismo es decir la verdad.

  • Su primera lealtad es para con los ciudadanos.
  • Su esencia es una disciplina de verificación.
  • Quienes lo practican deben mantener su independencia con respecto a las personas sobre las cuales escriben.
  • El periodista debe ser independiente como observador del poder.
  • El periodismo debe ofrecer un foro para la crítica y la participación del público.
  • Se debe esforzar por hacer que lo significativo resulte interesante y relevante.
  • Debe tratar de que las noticias sean completas y no desproporcionadas.
  • Se debe permitir que quienes lo practican apliquen su conciencia personal.

Rosa Maria Artal – Comité de Apoyo de ATTAC

La UE tranquiliza a los mercados.

La UE anda perdiendo el trasero esta mañana -inquieta, desasosegada, sin haber dormido en toda la noche- para “tranquilizar a los mercados”, según nos cuentan los titulares.

Irlanda tiene problemas -y bien que se los cobran “los mercados” en intereses, a Irlanda y a todos los que nos han metido en el saco de sus objetivos especuladores- y los pobrecitos mercados se asustan. Son tan volubles, además. Irlanda era su ojito derecho pero algo hizo mal, no sabemos qué, y ahora hay que castigarla. En las pasiones, la entrega es mala consejera: desmotiva. Aunque igual no es eso lo que ha ocurrido.

Sensible, ojerosa, reteniendo las lágrimas con pudor, preocupada ante el amo y el amor -que tantas veces se confunden en las relaciones enfermizas-, la UE le dice a su mimado objeto de deseo que el fondo de rescate de Irlanda “no contempla que los inversores privados de los bonos irlandeses asuman pérdidas” en el caso de que este rescate llegue a producirse. Ya lo harán los asalariados, pensionistas o parados.

Los inversores privados solo están para ganar dinero. Nada más. Sin producir nada que contribuya al bienestar de la sociedad. Lo único que importa es su propio disfrute, a costa de lo que sea. Los ciudadanos de los países únicamente justifican su existencia en que los mercados ganen dinero. En magnitudes obscenas en numerosos casos.

Pero, aún así, los mercados dudan. ¡Cómo son! ¿Les ha dado algún motivo la UE y todos los gobiernos que la componen para dudar?

Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España

Una “dictablanda” en Europa.

Portugal, entre 1926 y 1974, España, entre 1939 y 1975, y Grecia, entre 1967 y 1974, vivieron bajo regímenes dictatoriales. Los procesos de democratización casi simultáneos de estos países fueron considerados como la primera manifestación de una ola democratizadora que en los años siguientes habría de recorrer los países del subcontinente latinoamericano. Si no hacemos nada para corregir el curso de las cosas, dentro de algunos años se dirá que Portugal, España y Grecia vivieron, entre fines del siglo XX y principios del siglo XXI, un brillante pero breve interregno democrático. Habrá durado menos de cuarenta años, entre 1974/1975 y 2010.

La dictadura portuguesa fue la más larga de todas y en ella me concentro en este análisis, aunque mucho de lo dicho se aplique a España y Grecia. En los 48 años que precedieron a la revolución del 25 de abril de 1974 (la Revolución de los Claveles), Portugal vivió bajo una dictadura civil nacionalista, personalizada en la figura de Oliveira Salazar. A partir de 2010 entró en otro período de dictadura civil, esta vez internacionalista y despersonalizada, conducida por una entidad abstracta llamada “los mercados”. Las dos dictaduras comenzaron por razones financieras y después crearon sus propias razones para quedarse. Ambas llevaron la pobreza al pueblo portugués, al que dejaron a la zaga de los pueblos europeos. Pero mientras la primera eliminó el juego democrático, destruyó las libertades e instauró un régimen de fascismo político, la segunda mantiene el juego democrático, pero redujo al mínimo las opciones ideológicas, mantiene las libertades, pero destruyó las posibilidades de que sean efectivamente ejercidas e instauró un régimen de democracia política combinado con fascismo social. Por esta razón, la segunda dictadura puede ser designada como “dictablanda”.

Las señales más preocupantes de la actual coyuntura son las siguientes. Primero, está aumentando la desigualdad social en una sociedad que ya es la más desigual de Europa. Entre 2006 y 2009 aumentó en un 38,5 por ciento el número de trabajadores que perciben el salario mínimo (450 euros): ahora son 804 mil, es decir, cerca del 15 por ciento de la población activa; en 2008 un pequeño grupo de ciudadanos ricos (4051 unidades fiscales) tenían ingresos similares al de un gran número de ciudadanos pobres (634.836 unidades fiscales). Si es verdad que las democracias europeas valen lo que valen sus clases medias, la democracia portuguesa puede estar a punto de suicidarse.

Segundo, el estado de bie-nestar, que permite corregir en parte los efectos de la desigualdad, es muy débil en Portugal y aun así está bajo un ataque cerrado. La opinión pública portuguesa está siendo intoxicada por comentaristas políticos y económicos conservadores –dominan los medios de comunicación como en ningún otro país europeo—, para quienes el estado de bienestar se reduce a los impuestos: sus hijos son educados en colegios privados, tienen buenos seguros de salud y sentirían que sus vidas corren peligro si tuvieran que recurrir “a la porquería de los hospitales públicos”, no utilizan el transporte público, reciben cuantiosos salarios y acumulan cuantiosas pensiones. El estado de bienestar debe ser abatido. Con un sadismo indignante y un monolitismo ensordecedor, van insultando a los portugueses empobrecidos con la letanía liberal de que viven por encima de sus posibilidades y que la fiesta se terminó. Como si aspirar a una vida digna y decente, y comer tres comidas diarias fueran lujos reprobables.

Tercero, Portugal se transformó en una pequeña isla de lujo para los especuladores internacionales. ¿Tienen otro sentido los actuales intereses de la deuda soberana de un país del euro y miembro de la Unión Europea? ¿Dónde está el principio de cohesión del proyecto europeo? Para regocijo de los profetas de la desgracia nacional, el FMI ya está dentro del gobierno portugués y, en breve, anunciará lo que los gobernantes no quieren anunciar: que este proyecto europeo terminó.

Revertir este proceso en Portugal es tan difícil como revertirlo en Grecia o España, pero es posible. Mucho deberá hacerse a nivel europeo y a mediano plazo. En el corto plazo, los ciudadanos tendrán que decir basta al fascismo difuso instalado en sus vidas y reaprender a defender la democracia y la solidaridad, tanto en la calle como en el Parlamento. La huelga general será más efectiva cuanta más gente salga a las calles para manifestar sus protestas, como ha sucedido en Francia. El crecimiento ambientalmente sostenible, la promoción del empleo, la inversión pública, la justicia fiscal, la defensa del estado de bienestar, la democracia participativa, la solidaridad activa con los inmigrantes y el repudio de las políticas xenófobas (que a veces alcanzan a los propios ciudadanos europeos, como pasa con la población gitana en Francia) tendrán que regresar al vocabulario político a través de acuerdos eficaces entre los movimientos sociales y los partidos de izquierda que resistieron la devastación neoliberal de las últimas dos décadas.

Boaventura de Sousa Santos – Página 12


Yo invito, tú pagas.

A comienzos del año 2009 la economía mundial pendía de un hilo: los mercados de valores se desinflaban, el crédito era un sueño de los buenos tiempos y los bancos caían como fichas de dominó desde Estados Unidos hasta Europa. La deuda privada se convirtió en pública y los gobiernos, auspiciados por las grandes instituciones bancarias y financieras, empezaron con los recortes. Esta semana las grandes firmas financieras de Wall Street anuncian nuevo récord en el pago de bonus y las grandes fortunas siguen evadiendo impuestos con sus artificios de ingeniería fiscal. Recuerda a esa broma que suelen hacerse los amigos en el bar, yo invito y tú pagas.

Por segundo año consecutivo, los banqueros de Wall Street se van a repartir 140.000 millones de dólares, un 4% más que el año pasado, en un país donde la tasa de desempleo no desciende y la protección social está bajo mínimos. Lo más grave es que entre los afortunados hay entidades que fueron rescatados con dinero público, como AIG.

Al otro lado del Atlántico, España sufre los recortes que Europa ha impuesto con el beneplácito del Gobierno. Las clases medias son las más afectadas, con la bajada y la congelación de sueldos a funcionarios y pensionistas, así como un incremento en los impuestos indirectos que afectan a toda la población. En un intento de contentar a la izquierda, el Gobierno ha elevado el fisco a los que “más tienen”, pero a pesar del guiño, los que de verdad “más tienen” son las grandes fortunas, aquellas que evaden impuestos de forma sistemática a través de las SICAV (Sociedad de Inversión de Capital Variable).

Estas sociedades invierten en valores mobiliarios y financieros. Tributan un 1%, cuando tendrían que hacerlo al 30% como las demás sociedades. Para poder crear una SICAV hay que comenzar con un capital mínimo de 2.400.000 euros y las plusvalías quedan libres de tributación. A pesar de que la sociedad debe estar constituida por un mínimo de 100 accionistas, suelen usar lo que se denomina “el mariachi”, alguien que sólo pone el nombre para que los verdaderos accionistas trabajen a su antojo y disfruten de pingües beneficios gracias a los chanchullos que cometen, ya que cuando sacan dinero dicen que no se trata de ganancias sino de reducción de capital. Mientras, los mileuristas siguen aportando religiosamente su granito de arena para salir de la crisis.

El Gobierno de España parece que ha metido mano en el asunto. A partir del 1 de enero del 2011, las SICAV van a tener que tributar entre un 19 y un 21%. Pero desde el primer día del anuncio del cambio de la normativa fiscal ya se están augurando grandes fugas de capitales. ¿Acaso estos evasores de impuestos consentidos no quieren ayudar a su país? ¿Acaso estos evasores que se han estado beneficiando de un régimen favorable ahora que toca “arrimar el hombro” en tiempos difíciles va a dejar sus compatriotas a solas con la crisis?

Las grandes fortunas y los bancos tienen responsabilidades y cuentas que rendir con la sociedad, pero parece que para algunos su máxima sigue siendo la irresponsabilidad. Una prueba de ello es el informe publicado por SETEM (federación de ONGs de solidaridad internacional), que demuestra que 49 grandes bancos europeos, entre ellos los españoles BBVA y Santander, fomentan que “los países pobres pierdan cada año 160.000 millones de dólares a causa de la evasión fiscal”. Otro ejemplo de esta irresponsabilidad son las irregularidades que bancos estadounidenses como JPMorgan Chase o Bank of America han cometido con el embargo de viviendas a sus prestatarios.

Esos que cometen estas irregularidades e inventan nuevas formas para encubrir sus ganancias a través de innovaciones financieras, son los mismos que provocaron la crisis de las hipotecas subprime a través de maquillaje y fórmulas engañosas. Son los mismos que nutren de capital a los paraísos fiscales y fomentan masivamente los flujos de economía sumergida. Son como el amigo con el que vas al bar y dice: yo invito y tú pagas.

David García Martín – El Mercurio

Hacia la reforma del sistema financiero internacional.

Desde los acuerdos de Bretton Woods en 1944 Estados Unidos ha tenido el privilegio y la responsabilidad de emitir la moneda internacional por excelencia: el dólar. El privilegio consiste en que EE UU puede importar productos y emitir deuda en su propia moneda, mientras que la responsabilidad se centra en implementar políticas macroeconómicas estables para el buen funcionamiento de la economía global.

Lamentablemente, el cumplimiento de la responsabilidad refuerza el privilegio, llevando el sistema constantemente a desequilibrios insostenibles. Una de las responsabilidades del emisor de la moneda internacional es proporcionar suficiente liquidez (y por tanto demanda) al sistema para que la actividad económica global no decaiga. Para lograr esto, el emisor debe aumentar su déficit por cuenta corriente. Ésta es una de las razones por las cuales Estados Unidos ha aumentado su deuda externa en los últimos 30 años. Lógicamente, a medida que esa deuda aumenta, la credibilidad del dólar como moneda internacional se debilita y el sistema empieza a ponerse en duda. Esto se conoce como el Dilema de Triffin.

A finales de los años sesenta y a mediados de los ochenta los desequilibrios entre Estados Unidos y Europa Occidental y Japón eran tan grandes que amenazaban también la estabilidad del sistema. En ambas ocasiones, primero con la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods y después con el Acuerdo Plaza de 1985, Estados Unidos logró reducir estos desequilibrios con una devaluación del dólar. En ambas ocasiones los perdedores fueron Europa, que acto seguido empezó a valorar la posibilidad de crear una moneda única, y Japón, que con la subida del yen experimentó una burbuja financiera con graves consecuencias hasta el día de hoy. Hay que recordar aquí que Europa y Japón aceptaron la drástica depreciación del dólar frente a sus monedas, en parte, a cambio de la protección militar que Estados Unidos les ofrecía en plena Guerra Fría.

Hoy, sin embargo, la situación es diferente. Frente a la crisis actual, consecuencia de los propios desequilibrios, Estados Unidos vuelve a necesitar una devaluación del dólar. Pero en esta ocasión el país con el mayor superávit es China, que no depende de la protección de Washington. El Gobierno americano ha intentado convencer a las autoridades chinas para que aprecien su moneda, pero por ahora la presión no ha resultado efectiva. Como los chinos no ceden, el dólar se deprecia frente a otras monedas convertibles, lo que hace que diferentes países tengan que intervenir en los mercados para evitar la apreciación de sus monedas. Esta carrera hacia la devaluación ha sido descrita justamente por el ministro de Finanzas brasileño, Mantega, como una guerra de divisas.

Con una moneda internacional más estable, con más poder de absorción de demanda que las monedas nacionales anteriores al euro, los europeos no están tan expuestos a las depreciaciones del dólar. En este sentido, por ahora, no se han visto en la obligación de intervenir en el mercado. ¿Pero qué pasaría si el euro llegase de nuevo a 1,50 dólares? Especialmente ahora que la recuperación económica en la zona euro depende en sobremanera de las exportaciones. Las consecuencias serían desastrosas, y los franceses son los primeros en darse cuenta de ello. Cada vez que el euro pasa de 1,40 sus exportadores sufren. Es por eso que el Gobierno de Sarkozy lleva trabajando un tiempo con el Gobierno chino en la reforma del sistema monetario internacional.

El afán de los franceses en abrir este debate es un paso en la dirección correcta. La Unión Europea puede convertirse en un mediador entre los denominados Brics, que han declarado abiertamente su malestar con el actual sistema, y Estados Unidos. El presidente de la Comisión, Barroso, ha reiterado que la UE está a favor de un sistema basado en la cooperación y la coordinación entre las distintas divisas. Sin embargo, hasta ahora esa coordinación consiste en aliarse con Estados Unidos y poner más presión sobre los chinos para que aprecien su moneda y en última instancia la dejen flotar en el sistema. Esto desde Pekín se ve más como una imposición que como una proposición.

Es aquí donde chocan dos visiones distintas de lo que sería un sistema monetario ideal. El mundo occidental, dominado por la cultura anglosajona, propone un sistema de flotación libre, donde no haya intervención estatal. En la cultura China, en cambio, el Estado siempre ha tenido una mano en el funcionamiento de la economía. Para los chinos, coordinación sería establecer por ejemplo una banda de flotamiento entre las divisas más importantes (dólar, euro, yen y libra esterlina) y coordinar intervenciones multilaterales cada vez que esas monedas se salgan de la banda. Al principio, el yuan chino estaría anclado al dólar, pero gradualmente se haría tan flexible dentro de la banda como las otras divisas. Así se conseguiría una mayor estabilidad en el sistema y se disciplinaría a todos los emisores de las divisas internacionales.

La propuesta parece razonable. Incluso puede ser bien vista en Francia donde el Estado siempre ha tomado un papel activo en la economía. ¿Pero resultaría atractiva en países tradicionalmente opuestos al dirigismo de estado como Reino Unido, Estados Unidos e incluso Alemania? Eso ya es más difícil. Aunque esta última reunión del G-20 en Seúl puede significar un cambio de rumbo. Si Estados Unidos propone ahora, sorprendentemente, techos para los desequilibrios, quizás algún día acepte también techos en la fluctuación de las divisas.

Miguel Otero Iglesias – ATTAC Galicia

Las peripecias de la Deuda Pública española.

2010 está resultando un ejercicio complicado para el gobierno de España y también para las restantes administraciones públicas. Desde el gobierno se trató de hacer frente en 2008-2009 a las consecuencias de la crisis practicando políticas anticiclicas de inspiración keynesianas. Dichas políticas se apoyaron en los denominados “estabilizadores automáticos” y en un mayor empuje del gasto público. Los planes de estimulo de la construcción no residencial, desarrollados a través de los ayuntamientos, financiados por el gobierno de España, pretendieron corregir en parte el hundimiento del sector de la construcción, verdadero responsable del intenso descenso del empleo en la economía española.

Pero en 2010 ha crecido la “burbuja” de la deuda pública a nivel mundial. En este ejercicio se han colocado volúmenes masivos de emisiones de deuda pública, derivados de la financiación de las actuaciones anticíclicas anteriores y del saneamiento de entidades financieras afectadas por la crisis. Tras dos ejercicios de aparición de un déficit publico elevado, la deuda pública española (administración central, autonomías y ayuntamientos) se situaba a fines de 2009 en un nivel (53,2% del PIB) inferior al de la media de la Eurozona (79%)

Los problemas crecieron al conocerse el alcance del déficit público de España, el -11,2% del PIB en 2009, lo que creó alarmas de nuevos aumentos importantes de la deuda pública. A lo anterior se añadió el fuerte endeudamiento alcanzado por hogares y empresas en España. El auge inmobiliario de 1997-2007 se financió complementando los depósitos bancarios con apelaciones a los mercados mayoristas de dinero. Los intensos déficits externos de la fase de auge (que alcanzaron el -10% del PIB en 2007) se financiaron acudiéndo masivamente al ahorro exterior. Las exigencias de nuevas emisiones en 2010 derivadas de dicho endeudamiento se plantearon en un momento de fuerte presión de demanda sobre los mercados de capitales.

El endeudamiento exterior privado pesó, pues, sobre la situación de la deuda pública española. La grave crisis griega de la primera mitad de 2010 afectó a los países con mayores déficits públicos y puso en dificultades a la Eurozona. El escenario de retorno a un déficit público del 3% del PIB en 2013 previsto por el gobierno español pareció insuficiente a los organismos económicos internacionales. El Ecofin de la primera semana de mayo de 2010 forzó a adoptar medidas reductoras del déficit de impacto más inmediato que las previstas inicialmente. En este contexto, el diferencial de la deuda española a diez años con la deuda alemana creció desde el 0,84% en abril de 2010 hasta aproximarse al 2% en mayo. El coste de las emisiones de deuda española a 10 años aumentó así en un 17% entre abril y junio de 2010 (Ver gráfico).

En 2009 no solo habían registrado fuertes descensos las recaudaciones de los principales tributos en España, sino que se anticiparon recursos desde el gobierno a autonomías y ayuntamientos sobre la base de unos ingresos fiscales que no tuvieron lugar. La administración general del estado absorbió en principio los déficits de las restantes administraciones públicas.

En los meses de mayo y junio de 2010, en lo peor de la crisis de Grecia, no solo hubo problemas de colocación de deuda pública en los mercados de capitales, sino que también tuvieron dificultades las emisiones procedentes del sector empresarial de la economía española. Los mercados no se tranquilizaron para España hasta que se publicaron los resultados de las pruebas de “stress” realizadas a bancos y cajas de ahorros a fines de julio. Dichas pruebas evidenciaron una situación de solvencia suficiente de dichas entidades ante eventuales coyunturas problemáticas. El diferencial citado bajó hasta una media de 1,66 puntos porcentuales en agosto de 2010.

El aumento del déficit público irlandés complicó de nuevo en septiembre y octubre de 2010 la situación de los mercados. La deuda española mantuvo el tipo en principio, pero el anuncio a 30 de septiembre de que la Agencia Moody había rebajado la calificación de dicha deuda, desde el nivel Aaa al de Aa1, elevó el diferencial mencionado hasta un 1,80% y endureció la captación de recursos para España en los mercados de capitales.

Tres fueron las razones de Moody para la rebaja: las débiles expectativas de crecimiento de la economía española para los próximos años, el deterioro de la fortaleza financiera del gobierno de España, afectado por el empeoramiento de la situación de la deuda de las autonomías, y las posibles dificultades para atender las obligaciones derivadas de los mayores niveles de deuda que se avecinan. Moody ha estimado en 160.000 millones de euros las emisiones brutas de deuda española en 2011.

El ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, dijo en una ocasión que de mayor le gustaría ser mercado de bonos, por su enorme poder. La reacción del gobierno español implica un cambio radical de política económica. Ello ha supuesto, entre otros aspectos, un abrupto recorte del gasto publico, corriente y de inversión, unas elevaciones moderadas de los impuestos indirectos, la reducción o estabilización de algunas prestaciones sociales (véase pensiones) y unas reformas “duras” en el mercado de trabajo y en el sistema financiero. Ello implica un giro de 180 grados en el perfil de la politica económica seguida por el gobierno socialista hasta el primer trimestre de 2010.

No es esta la primera vez que un gobierno socialdemócrata debe de efectuar un fuerte ajuste ante una situación complicada frente al resto del mundo. La cuestión descansa en la necesidad de mantener el rigor de la política económica, a la vez que se intenta lograr que los costes del ajuste se repartan de forma equilibrada entre los diferentes estratos sociales, mientras se impulsa la salida de la crisis y el avance hacia un modelo productivo mas diversificado. Se trata de una tarea difícil, pero no imposible.

Julio Rodríguez López – Consejo Científico de ATTAC España.

Vuelta de tuerca a la gran banca.

Los centinelas del sistema financiero, los mismos que no advirtieron que el mayor descalabro económico en décadas crecía ante sus ojos, enviaron esta semana al G-20 el documento que sintetiza su propósito de enmienda. Como ya anunció hace algo más de un mes el Comité de Basilea, el organismo que los reúne, los supervisores exigirán a las entidades financieras que acumulen mucho más capital de calidad (acciones y reservas) para limitar así las inversiones arriesgadas y tener con qué afrontar las pérdidas en futuras crisis. Pero en el cuadro que resume las nuevas exigencias a la banca falta algo: los requisitos adicionales que se impondrán a las entidades más influyentes en el sistema, aquellas capaces de arrastrar en su caída a las finanzas mundiales.

Es una ausencia llamativa, más aún cuando la crisis financiera se precipitó en septiembre de 2008 tras la quiebra de Lehman Brothers, una entidad que, por su tamaño y por su penetración en los mercados financieros, se ganó a pulso el adjetivo de “sistémica”. La inmensa mayoría de los analistas coincidieron en señalar como un error mayúsculo aquella decisión del Gobierno de EE UU, que dejó caer al banco de inversión. Y, desde entonces, las autoridades nacionales intervinieron con presteza, y con miles de millones de dinero público, ante cualquier situación similar. Y, en paralelo, creció el consenso de que había que forzar a las “entidades sistémicas” a ser más prudentes que el resto.

La dificultad de llevar a cabo este propósito, que los gigantes del sector miran con lupa, ha llevado al Comité de Basilea a desgajar este delicado debate del documento con las nuevas reglas de solvencia. Mientras los ministros de Economía de países avanzados y emergentes ya han podido analizar este fin de semana en Corea del Sur las propuestas generales para elevar los requisitos de capital y liquidez, bautizadas como Acuerdo de Basilea III, el comité de supervisores se ha dado todavía un puñado de semanas más para fijar los criterios “cuantitativos y cualitativos” que permitirán esclarecer cuáles son “entidades sistémicas” y cuáles no. Y hasta mediados de 2011 para definir qué requisitos adicionales deberán cumplir.

La primera parada del debate se antoja ya problemática. Los grandes bancos, que tienen todas las papeletas para ser incluidos en la lista de “entidades sistémicas” (en España, Banco Santander y BBVA están en todas las quinielas), ya han desplegado una batería de argumentos para desarmar la idea de que a mayor tamaño, mayor riesgo. Como botón de muestra, la tribuna que el vicepresidente del Santander, Alfredo Sáenz, publicó en el diario económico Financial Times, 24 horas después del anuncio del Comité de Basilea.

“El foco se ha puesto en un recargo en forma de mayores requisitos de capital a las entidades que se definan como sistémicamente significativas. Pero es un punto de vista demasiado limitado”, afirma en la tribuna el ejecutivo del banco español. Sáenz pone el acento en dos ejemplos (el británico Nothern Rock o la crisis generada por pequeñas entidades estadounidenses a finales de los ochenta) para destacar que la dimensión no siempre es un factor decisivo. Y plantea que, en vez de un recargo de capital a las grandes entidades por su influencia sistémica, se establezca un recargo para todas las entidades, y que sean los supervisores los que gradúen su cuantía según sea la gestión de riesgos (nivel de endeudamiento, política de bonus a los directivos, solvencia, diversidad del negocio, etcétera).

Vicente Cuñat, profesor en la London School of Economics, aprecia buena parte de la argumentación del consejero delegado del Santander, y, por extensión, de la gran banca. “El tamaño, la estructural legal de una entidad o el tipo de negocio no bastan para definir qué es una entidad sistémica, es algo que cambia en el tiempo”. Para ilustrarlo, Cuñat se fija en la experiencia española, que Sáenz optó por no citar en su tribuna. “En España, por el momento en que ocurrió, con la crisis financiera ya muy desarrollada y la preocupación de los mercados, Caja Castilla-La Mancha fue tratada como una entidad sistémica y se intervino, pese a ser una caja pequeña”, recuerda.

Para el profesor de la London School of Economics, “dar una vuelta de tuerca adicional a los grandes bancos” por su influencia en el sistema financiero, además de obviar otros posibles focos de riesgo, podría tener “un efecto negativo sobre la concesión de créditos”. Es este un argumento que emplea a menudo el sector y que el Comité de Basilea rebate, pero que, tras la acumulación de nuevos requisitos generales a la banca, plasmados en el Acuerdo de Basilea III y en las distintas normativas nacionales, vuelve a ganar fuerza.

El Acuerdo de Basilea III, que debe ser refrendado por los líderes del G-20, triplica la ratio de capital de mayor calidad (del 2% al 7% de los activos ponderados por el riesgo de cada operación) que se exigirá a las entidades financieras. Y obligará a los bancos a conservar suficiente liquidez tanto para afrontar un colapso súbito de los mercados, como para cubrir los desfases que puedan surgir por financiarse a corto plazo de forma recurrente para sostener inversiones a largo plazo. Pero también dio un generoso periodo de tiempo al sector para acomodarse a la nueva situación: los nuevos mínimos de capital se aplicarán de forma gradual desde 2013 y no se exigirán de forma completa hasta 2019.

Está por ver si el Comité de Basilea es capaz de salir con buen pie del propósito de definir qué es una entidad sistémica. Fuentes del sector recalcan que podría incluso tener un efecto contraproducente: dar el apellido de sistémica a una entidad es sinónimo, en el mercado, de dar una garantía de que esa entidad será rescatada por las autoridades nacionales en caso de zozobra. Es decir, que su incentivo a tomar decisiones más prudentes sería entonces mucho menor, ya que esa garantía implícita (una triple A en toda regla) les facilitaría tomar dinero en el mercado.

Sobre la vuelta de tuerca adicional que el Comité de Basilea dará a mediados de 2011 hay pocas pistas aún. Los supervisores se inclinan por aplicar a las entidades que finalmente entren en el saco de “sistémicas”, recargos sobre los nuevos y más estrictos requisitos de capital -medios financieros especulan con un 2% adicional-. Además, el Comité de Basilea medita obligar a transformar la deuda emitida por los gigantes del sector en acciones, en caso de crisis, ya sea mediante cláusulas en los contratos (capital contingente) o mediante intervención de los supervisores (deuda bail-in). El objetivo es que las grandes entidades tengan más capacidad de absorber pérdidas y que no sean necesarias (o no tan masivas) las inyecciones de capital público para evitar un colapso del sistema.

Alejandro Bolaños – El País


Ignacio Ramonet: «Las cosas solo cambian si la sociedad dice basta».

Elianne Ros – El Periódico

En un pequeño y luminoso despacho de la calle Stephen-Pichon, en el distrito 13 de París, cerca de la Plaza d’Italie, Ignacio Ramonet dirige la edición española de Le Monde Diplomatique. Las estanterías repletas de libros están salpicadas de fotografías. Testimonios de los viajes y las inquietudes del periodista de origen gallego. Ramonet aparece en ellas acompañado del líder cubano Fidel Castro, del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, o de tres guerrilleros de Chiapas. A los 67 años mantiene intacta su curiosidad por el mundo y su voluntad de convertirlo en un lugar mejor.

El Premio Antonio Asensio de Periodismo le ha sido concedido por su labor como intelectual, pero también por su voluntad de cambiar el mundo, por su compromiso social. ¿Qué representa este reconocimiento para usted?

-Recibir el Premio Antonio Asensio de Periodismo es un gran honor, no solo por su seriedad, sino también porque reconoce toda mi labor, y no camufla la faceta de activista.

¿Qué es para usted el periodismo?

-Creo que llega un momento en que el periodista no debe limitarse a reflejar una situación, debe hacer propuestas. Como actor intelectual puede sugerir pistas para buscar soluciones. Eso es lo que he pretendido con la creación de Attac o del Foro Social Mundial.

Se muestra muy crítico con los medios de comunicación. ¿Cuál cree que debe ser su papel en la era de internet?

-No es casualidad que Superman, Spiderman o Tintín fueran periodistas. Pero hoy el periodista ya no es un héroe. Para la gran mayoría la situación laboral se degrada, e internet ha provocado una crisis de identidad. Los medios dominantes son las redes sociales. Hoy hay un discurso que consiste en decir que todo el mundo es periodista.

¿Cuáles son los efectos de esta transformación en la sociedad?

-Internet está produciendo un fenómeno que yo llamo la inseguridad informativa. Está lleno de informaciones falsas y de rumores, que a partir del momento en que un medio creíble las reproduce se convierten en verdades, como ocurrió con el famoso rumor de la crisis del matrimonio Sarkozy. Luego estamos inmersos en una carrera por la inmediatez, que no siempre es sinónimo de calidad. Hay problemas nuevos, pero no creo que haya habido nunca una edad de oro del periodismo, siempre ha sido difícil ejercerlo.

¿Somos víctimas de una sobredosis de información?

-Se produce hoy lo que llamo la censura democrática. En realidad todos estamos tan asfixiados de información, tenemos tanta, que no sabemos cuál es la que falta. Es decir, no tenemos ni tiempo de preguntarnos cuál es la que no nos dieron. Antes, entre la información y la opinión pública había la barrera del poder. Hoy se ha construido una nueva barrera, que paradójicamente es la de la información. Hay un muro en el que la información no deja pasar la información.

En su último libro, La catástrofe perfecta, dice que la crisis financiera nos brinda una oportunidad para cambiar el sistema, siempre que no se caiga en las actitudes del pasado. ¿No es justamente eso lo que está pasando?

-Cuando se produjo el crac financiero, muchos analistas pensaron que después de un desastre de tales dimensiones no podía volver a reproducirse un capitalismo en el que los mercados actuaran sin ley. Y, sin embargo, para gran sorpresa de los propios dirigentes que dijeron que había que refundar el sistema, hoy estamos ante el mismo tipo de capitalismo.

¿Los estados no pueden hacer nada para remediarlo?

-Claro que sí, curiosamente Europa apuesta por una política de austeridad para defender ante todo la fortaleza del euro. En cambio, Estados Unidos opta por una política más neokeynesiana, primando la inversión pública para crear empleo. Es paradójico que el comportamiento de Europa sea más neoliberal que el de Norteamérica.

En Europa parece que la única solución a la crisis económica pasa por los recortes sociales.

-Habrá que ver qué pasa en Francia. No sería la primera vez que la sociedad se subleva, tiene esa especialidad histórica. Si los franceses consiguen detener la reforma de las pensiones, ¿qué pasará en los demás países? Eso puede estimular la resistencia social. La crisis tiene varias fases, la bancaria, la industrial y la social. Ahora estamos de lleno en este periodo, que será largo y penoso.

¿Y cómo ve usted la situación en España?

-Es diferente que en Francia. Tiene el doble de parados -un 20% es muchísimo-, pero también hay más solidaridad familiar y más economía sumergida. El desastre social es enorme, y una gran parte de los ciudadanos está bajo el choque del cambio de orientación del Gobierno. De la noche a la mañana ha cambiado la política de ayuda pública para acatar la del eje franco-alemán, que en realidad es la que marca Alemania. Muchas personas están desconcertadas, y temo que esto se traduzca en una abstención aún mayor en las elecciones y un aumento de la xenofobia, como está sucediendo en muchos países de Europa.

De hecho, en su libro, usted alerta del riesgo de que surjan nuevos Hitler o Stalin.

-En general, las grandes crisis llevan al poder a personajes autoritarios, antidemocráticos, salvadores de la patria que no necesitamos. Las crisis hacen ansiar soluciones sencillas para un mundo complicado, y no hay soluciones sencillas.

¿Cual cree que puede ser la salida del capitalismo ante la actual situación de la economía mundial?

-El capitalismo siempre ha funcionado en base a la articulación del mercado con el Estado. En 1980 triunfó la idea de que el mercado no necesitaba al Estado. Al final de cada ciclo se buscaba una solución razonable, keynesiana, pero siempre se volvía a caer en la tentación del mercado salvaje, y la explosión de cada burbuja era peor que la precedente. No hay ninguna razón para creer que un mercado desbocado no nos lleve a un desastre peor.

¿No aprenderemos nunca?

-El sistema no puede ir de burbuja en burbuja. De cada 10 euros, nueve los crea el sistema financiero y solo uno el sistema de producción. Somos un coche de carreras que circula sin control y a toda velocidad. La esperanza es que la gente diga basta. Hasta ahora ha reaccionado de forma extremadamente serena y sumisa. Lo que está pasando en Francia puede ser un detonante para el resto del mundo, puede generar una revolución. Solo cambiaremos las cosas si la sociedad se subleva y dice basta.

¿Cómo explica la explosión de cólera de los franceses? ¿Se debe solo a la reforma de las pensiones?

-Esta reforma ha sido la gota que ha colmado el vaso de un malestar general por el endurecimiento de la vida cotidiana. Detrás de la prolongación de la edad legal de la jubilación la gente ve una nueva vuelta de tuerca en la precarización del trabajo. Además de las consecuencias de la crisis, ha cristalizado una irritación creciente contra la política de Nicolas Sarkozy.

¿A qué se debe esta desafección de los franceses hacia Sarkozy?

-No es tanto por su política de derechas, sino por una actitud que se percibe como soberbia y prepotente, el llamado espíritu de Fouquets [el restaurante de lujo de los Campos Elíseos donde el presidente celebró su victoria electoral rodeado de un puñado de amigos ricos y famosos], que tiene su máxima ilustración en el caso Bettencourt [la heredera de L’Oréal, la mujer más rica de Francia, acusada de evasión de impuestos, habría financiado de forma ilegal la campaña de Sarkozy].

A diferencia de otros presidentes franceses, Sarkozy se muestra inflexible ante la presión de la calle. ¿Qué consecuencias puede tener su posición?

-Su actitud es irresponsable. Se ha producido una bifurcación, y los dos caminos son malos. Una vía es que Sarkozy consiga hacer lo mismo que hizo Margaret Thatcher en Gran Bretaña: romper el espinazo a los sindicatos. La otra lleva a un endurecimiento del movimiento social que puede desembocar en una parálisis del sistema. La situación se les puede escapar de las manos a los agentes sociales y conducir a una situación de gran violencia.

En su libro augura el fin de la hegemonía de Estados Unidos y el desplazamiento del eje geopolítico a la zona asiática. ¿Qué consecuencias puede tener esa transformación desde el punto de vista de los derechos humanos?

-En China el sistema económico actual es el capitalismo más salvaje. No es deseable que, tal como funciona, pase a ser la matriz del mundo. Pasaríamos de un mundo malo a uno peor. China no puede seguir así, no puede mantener dos dinámicas contradictorias. No se puede mantener fija la estructura política y dinámico el desarrollo de la sociedad. Inevitablemente se romperá un eslabón de la cadena, y esto pasará más pronto que tarde.

¿Se puede abrir un nuevo foco revolucionario?

-No necesariamente debe ser una revolución desordenada. Al mundo no le interesa que se abra un nuevo espacio de caos. China puede evolucionar transformando sus instituciones.

Para reducir las diferencias entre los países ricos y los pobres usted propuso la tasa Tobin. ¿Continúa siendo una solución válida?

-Estoy convencido. En el mundo, lo que se compra y se vende más no es el petróleo o el trigo, es el dinero. Una gran parte de las actividades financieras las genera el mercado de divisas. Tobin propuso que cada Estado creara una tasa de 0,1% sobre cada transacción para frenar el movimiento especulativo. Sobre este principio, yo propongo una tasa que vaya a un fondo gestionado por la ONU destinado al desarrollo de los países del sur. Se calcula que si solo hablamos del mercado de divisas este fondo tendría cada año unos 30.000 millones de euros. Las Naciones Unidas calculan que 12.000 millones al año serían suficientes.

¿Pero en un contexto de crisis una medida así no es mucho más difícil de aplicar?

-Cuando se creó el IRPF todos decían que era una catástrofe, y lo mismo pasó con el IVA. Si hoy la principal riqueza la crean las finanzas es indispensable que exista algo, un impuesto al valor añadido. Si es sobre el mercado de divisas, la suma sería tan importante que los estados podrían dedicar una parte a políticas sociales. Por ejemplo, a financiar las pensiones.

Después de las grandes movidas de principios de la década da la impresión de que el movimiento altermundialista está estancado.

-Hemos entrado en otra fase. La palabra altermundialismo surgió del lema del Foro Social Mundial, Otro mundo es posible. Algunas de las propuestas, que parecían muy revolucionarias, como la tasa Tobin, han acabado cuajando. Aún no se aplican pero hoy hasta Sarkozy defiende la medida.

Los mercados dan más miedo que Al Qaeda.

“Los mercados van a castigar seriamente a los países que no cumplan, con el consiguiente perjuicio para familias y empresas y el aumento del paro.” – José Viñals, Director de Asuntos Monetarios del FMI –

Decíamos hace un par de días que los ciudadanos europeos no nos hemos asustado mucho con las alertas terroristas de la semana pasada, y que podía deberse a que estamos más asustados por otras amenazas hoy más dañinas y visibles: las económicas, los planes de recortes sociales, ajustes presupuestarios y desmantelamiento del Estado de Bienestar que ya estamos sufriendo, y sobre todo que se adivinan en el horizonte.

Es así: los mercados dan hoy más miedo que Al Qaeda. Mientras ésta lanza atentados puntuales, que causan muerte y destrucción, pero que aunque terribles son esporádicos; los fantasmales mercados atacan repetidamente a las economías nacionales, sacudiendo bolsas, encareciendo la deuda pública, imponiendo reformas drásticas. Incluso cuando no golpean y sólo amagan, extienden el terror con mayor éxito que cualquier comunicado terrorista.

Su efecto se ve sobre muchos ciudadanos a los que el miedo económico desmoviliza, disuadiéndolos de protestar, quedándose en casa como no lo conseguiría un aviso de bomba. Y no sólo los ciudadanos: también los gobiernos temen más a los mercados, pues se doblegan ante ellos, negocian, hacen concesiones, aceptan su chantaje; es decir, todo aquello que rechazan hacer con los terroristas.

Como Al Qaeda, también los mercados forman una red sin centro, estructura o jerarquía, compuesta por células que actúan con independencia pero con un propósito común. Comparten esa condición nebulosa, sin rostro, en la sombra. En el caso de los mercados, la crisis no ha conseguido ponerles nombre y apellido, y mantienen su carácter fantasmagórico mientras aumentan su poder y capacidad de causar estragos. Eso sí, no tienen rostro pero tienen portavoces y medios afines, que transmiten sus mensajes con una impunidad y una difusión que ya querrían los videos de Bin Laden.

Ahí está Grecia, asolada por los mercados. O España, sometida a “estrecha vigilancia” de los mismos. O Irlanda, atrapada en un círculo fatal: una recesión que impone una austeridad, que a su vez provoca más recesión, lo que exige más austeridad… Una bomba (económica) perfecta.

Fuente: Isaac Rosa / Público


ESTA ES LA PUÑETERA REALIDAD DE LA CRISIS QUE ESTAMOS VIVIENDO Y DE LA QUE SEGURO NO SALDREMOS SI LOS CIUDADANOS SEGUIMOS SIN HACER NADA.

Una Estafa Detrás De Otra.

Se Puede Decir Más Alto, y Hasta Más Claro.

La Real Academia Española de la Lengua define de dos modos el verbo estafar. Como pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños y con ánimo de no pagar, y, en sentido jurídico, como cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio. Por eso yo creo que el término de estafa es lo que mejor describe lo que han hecho continuadamente los bancos, los grandes especuladores y la inmensa mayoría de los líderes y las autoridades mundiales antes y durante la crisis que padecemos.

Los Estados le dieron a los bancos privados el privilegio de crear dinero emitiendo deuda con la excusa de que eso era necesario para financiar la actividad de las empresas y los consumidores. Pero en los últimos treinta años, la banca internacional multiplicó la deuda para financiar los mercados especulativos y para ganar dinero simplemente comprando y vendiendo más dinero, y no para financiar a la economía productiva. Esta es la primera estafa.

Para disponer de recursos adicionales a los que le depositaban sus clientes, la banca ideó formas de vender los contratos de deuda y los difundió por todo el sistema financiero internacional. Pero al hacerlo, ocultaba que millones de esos contratos no tenían las garantías mínimas y que al menor problema perderían todo su valor, como efectivamente ocurrió. Actuando de esa forma y tratando de elevar cada vez más la rentabilidad de sus operaciones, la banca fue asumiendo un riesgo cada vez mayor que ocultaba a sus clientes y a las autoridades y que transmitiía al conjunto de la economía. Esta es la segunda estafa.

Para llevar a cabo esas estafas, la banca recurrió a las agencias de calificación que actuaron como sus cómplices corruptos engañando sistemáticamente a clientes y autoridades indicando que la calidad de esos productos financieros era buena cuando en realidad sabían que no era así y que, por el contrario, se estaba difundiendo un riesgo elevadísimo porque eran, como se demostró más adelante, pura basura financiera. Esta es la tercera estafa.

Los grandes financieros consiguieron que los bancos centrales fueran declarados autoridades independientes de los gobiernos con la excusa de que éstos podían utilizarlos a su antojo y de que así era mejor para lograr que no subieran sus precios. Sin embargo, lo que ocurrió fue que con ese estatuto de “independientes” los bancos centrales se pusieron al servicio de los bancos privados y de los especuladores, mirando a otro lado ante sus desmanes. Y asi, en lugar de combatir la inflación permitieron que se diera la subida de precios de la vivienda quizá más alta de toda la historia y constantes burbujas especulativas en numerosos mercados. Y lejos de conseguir la estabilidad financiera lo cierto fue que durante su mandato “independiente” también hubo el mayor número de crisis financieras de toda la historia. Esta es la cuarta estafa.

Para generar fondos suficientes para invertir en los mercados especulativos cada vez más rentables, los bancos y grandes financieros lograron, con la excusa de que eso era lo conveniente para luchar contra la inflación, que los gobiernos llevaran a cabo políticas que redujeran los salarios y aumentaran así los beneficios (que en su mayor parte van a ahorro en lugar de al consumo como le pasa a los salarios), y la progresiva privatización de las pensiones y de los servicios públicos. Esta es la quinta estafa.

Cuando el riesgo acumulado de esa forma estalló y se desencadenó la crisis, los bancos y los poderosos lograron que los gobiernos, en lugar de dejar caer a los bancos irresponsables, de encarcelar a sus directivos y a los de las agencias de calificación que provocaron la crisis, les dieran o prestaran a bajísimo interés varios billones de dólares y euros de ayudas con la excusa de que así volverían enseguida a financiar a la economía. Pero en lugar de hacer esto último los bancos y grandes financieros usaron esos recursos públicos para sanear sus cuentas, para volver a tener enseguida beneficios o para especular en mercados como el del petróleo o el alimentario, provocando nuevos problemas o que en 2009 hubiera 100 millones de personas hambrientas más que en 2008. Esta es la sexta estafa.

Los gobiernos tuvieron que gastar cientos de miles de millones de dólares o euros para evitar que la economía se colapsara y para ayudar a la banca. Como consecuencia de ello tuvieron que endeudarse. Como los bancos centrales están dominados por ideas liberales profundamente equivocadas y al servicio de la banca privada, no financiaron adecuadamente a los gobiernos, como sí habían hecho con los bancos privados, y eso hizo que tuvieran que ser los bancos privados quienes financiaran su deuda. Así, éstos últimos recibían dinero al 1% de los bancos centrales y lo colocan en la deuda pública al 3, al 4 o incluso al 8 o 10%. Esta es la séptima estafa.

Como los bancos y grandes financieros no se quedaron contentos con ese negocio impresionante, se dedicaron a propagar rumores sobre la situación de los países que se habían tenido que endeudar por su culpa. Eso fue lo que hizo que los gobiernos tuvieran que emitir la deuda más cara, aumentando así el beneficio de los especuladores y poniendo en grandes dificultades a las economías nacionales. Esta es la octava estafa.

Los gobiernos quedaron así atados de pies y manos ante los bancos y los grandes fondos de inversión y, gracias a su poder en los organismos internacionales, en los medios de comunicación y en las propias instituciones políticas como la Unión Europea, han aprovechado la ocasión para imponer medidas que a medio y largo plazo les permitan obtener beneficios todavía mayores y más fácilmente: reducción del gasto público para fomentar los negocios privados, reformas laborales para disminuir el poder de negociación de los trabajadores y sus salarios, privatización de las pensiones, etc… Afirman que así se combate la crisis pero en realidad lo que van a producir es todo lo contrario porque es inevitable que con esas medidas caiga aún más la actividad económica y el empleo porque lo que hacen es disminuir el gasto productivo y “el combustible” que los sostiene. Esta es la novena estafa.

Desde que la crisis se mostró con todo su peligro y extensión, las autoridades e incluso los líderes conservadores anunciaron que estaban completamente decididos a poner fin a las irresponsabilidades de la banca y al descontrol que la había provocado, que acabarían con el secreto bancario, con los paraísos fiscales y con la desregulación que viene permitiendo que los financieros hagan cualquier cosa y que acumulen riesgo sin límite con tal de ganar dinero… Pero lo cierto es que no han tomado ni una sola medida, ni una sola, en esa dirección. Esta es la décima estafa.

Mientras está pasando todo esto, los gobiernos, esclavos o cómplices de los poderes financieros, no han parado de exigirle esfuerzos y sacrificios a la ciudadanía mientras que a los ricos y a los bancos y financieros que provocaron la crisis no les han dado sino ayudas constantes y todo tipo de facilidades para que sigan haciendo exactamente lo mismo que la provocó. Gracias a ello, éstos últimos están obteniendo de nuevo cientos de miles de millones de euros de beneficios mientras que cae la renta de los trabajadores, de los jubilados o de los pequeños y medianos empresarios. Esta es la undécima estafa.

Mientras que constantemente vemos que los presidentes de gobiernos reciben instrucciones del Fondo Monetario Internacional, de las agencias de calificación, de los banqueros o de la gran patronal, la ciudadanía no puede expresarse y se le dice que todo lo que está ocurriendo es inexorable y que lo que ellos hacen es lo único que se puede hacer para salir del atolladero. Esta es la duodécima estafa.

Finalmente, se quiere hacer creer a la gente que la situación de crisis en la que estamos es el resultado de un simple o momentáneo mal funcionamiento de las estructuras financieras o incluso económicas y que se podrá salir de ella haciendo unas cuantas reformas laborales o financieras. Nos engañan porque en realidad vivimos desde hace decenios en medio de una convulsión social permanente que afecta a todo el sistema social. La verdad es que cada vez hay un mayor número de seres humanos hambrientos y más diferencias entre los auténticamente ricos y los pobres, que se acelera la destrucción del planeta, que los medios de comunicación están cada vez en propiedad de menos personas, que la democracia existente apenas deja que la ciudadanía se pronuncie o influya sobre los asuntos más decisivos que le afectan y que los poderosos se empeñan en imponer los valores del individualismo y la violencia a toda la humanidad. Esta es la decimotercera estafa.

Lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo a lo largo es la crisis es esto, una sucesión de estafas y por eso no se podrá salir de ella hasta que la ciudadanía no se imponga a los estafadores impidiendo que sigan engañándola, hasta que no les obligue a dar cuentas de sus fechorías financieras y hasta que no evite definitivamente que sigan comportándose como hasta ahora.

Fuente: JUAN TORRES LÓPEZ.

  • Doctor en CC. Económicas y Empresariales.
  • Catedrático de Economía Aplicada en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales – Universidad de Sevilla – Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

Mercados Insaciables.

Insaciables. Así califica Lina Gálvez a los mercados, con razón, en este artículo en El Correo de Andalucía en el que explica que no se defiende uno de los chantajistas cumpliendo sus exigencias, como dice el gobierno que hace.

Desde hace meses, los mercados vienen utilizando el poder que les da su presión especulativa sobre la deuda de los estados para imponer a los gobiernos las medidas que mejor convienen a las grandes empresas y a la banca.

Se trata de una extorsión bastante evidente a la que algunos gobiernos como el español le están haciendo frente con tanta torpeza como candidez. En lugar de utilizar los resortes de su poder representativo y soberano y en lugar de hablarle claro a la ciudadanía para que ésta le hable a su vez claro a los especuladores, los gobiernos se empeñan en hacer frente al chantaje cediendo a sus demandas, creyendo que saldrán del apuro aceptando sus condiciones. Un comportamiento ingenuo porque los mercados, como todos los chantajistas, son insaciables y acabamos de tener buenas pruebas de ello. El Gobierno español ha hecho los deberes impuestos, ha tomado las medidas más duras contra los derechos laborales de nuestra democracia, ha realizado un recorte de gasto público tremendo y acaba de aprobar un proyecto de presupuestos que ni la derecha más neoliberal se hubiera atrevido a poner en marcha. El propio presidente del Gobierno desayunó hace poco en Nueva York con las versiones en carne y hueso de esos mercados. Zapatero compartió mesa y mantel con las grandes finanzas representadas por Citigroup, Morgan Stanley o Goldman Sachs y almorzó también con uno de sus altavoces, los editorialistas de The Wall Street Journal para ratificarles, imagino, que su gobierno estaba tomando una a una las medidas que se le vienen exigiendo.

Pues bien, solo unos días después del desayuno del presidente y de sus últimas y flamantes medidas neoliberales, la agencia Moodys rebajaba el valor de la deuda española y el Wall Street Journal, que pertenece al grupo News Corporation del que es consejero Aznar, editaba un video de unos 15 minutos sobre la crisis económica en España donde se plantea la incógnita de si España es un país demasiado pequeño como para dejarlo caer, tipo Grecia, o demasiado grande para no dejarlo caer. Un video, que puede verse en internet, en el que aproximadamente la mitad de su tiempo está dedicada a mostrar imágenes de los Sanfermines, de bailarines de flamenco en la calle y de fiestas de todo tipo para venir a decir que los españoles somos unos vagos que no queremos trabajar y cuya única aspiración es vivir de la teta del Estado. Como si estar en paro fueran unas auténticas vacaciones con todos los gastos pagados. Cuando la ministra de Economía presentó el proyecto de Presupuesto afirmó que éste “nos defiende de los mercados” mostrando que la ingenuidad de este Gobierno no tiene cura. Ni el desayuno de Zapatero, ni sus medidas de austeridad y liberalización sirven de mucho frente a los mercados y sus representantes de carne y hueso porque son insaciables. Lo mismo que no se vence a un chantajista aceptando sus exigencias, porque siempre irá a más, no se puede vencer la inmoral presión de los mercados especulativos consintiendo que impongan sus condiciones a los gobiernos.

Zapatero y quienes hoy dirigen la Unión Europea se equivocan porque los están dejando hacer a su antojo, en contra de lo que afirmaban hace ahora justo dos años doce ex dirigentes socialdemócratas europeos en el título de una carta conjunta al entonces presidente de la Comisión Europea y que debería convertirse en el grito de guerra democrática de nuestros pueblos: “Los mercados financieros no nos pueden gobernar”.

Fuente: JUAN TORRES LÓPEZ.

  • Doctor en CC. Económicas y Empresariales.
  • Catedrático de Economía Aplicada en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales – Universidad de Sevilla – Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

Cuerpo a tierra, que tienen plan B.

“Lo pueden llamar plan B o de otra manera; lo importante es cumplir, porque los mercados tienen hoy una tolerancia cero a los incumplimientos”.

– José Viñals, Director de Asuntos Monetarios del FMI –

Nunca me jugaría una cena con el gobernador del Banco de España, porque acabaría desplumándome en un restaurante de postín. Y es que Miguel Ángel Fernández Ordóñez nunca falla, y cuando dice algo, sabe de qué habla. Nos equivocamos al tomarlo por un consejero que lanza propuestas o un vigilante que da tirones de oreja para guardar la ortodoxia. Nada de eso. Lo suyo no es proponer, sino anticipar: cuando nos parece que está sugiriendo o exigiendo medidas al gobierno, en realidad está avisando de cuáles serán los próximos pasos en política económica.

Y si no, acuérdense de cuando meses atrás hablaba de la necesidad de una reforma laboral por decreto, cambios en el sistema de pensiones o ajustes presupuestarios. Todos le criticábamos por ofrecer recetas intragables, pero en realidad no estaba recomendando nada, sino anunciando lo que venía, para que se nos hiciera el cuerpo. Así que ahora, cuando habla de la necesidad de tener un “plan B” con más recortes y reformas, no está aconsejándolo, sino saludando su próxima llegada.

El gobernador soltó lo del plan B como quien no quiere la cosa, y la expresión ya ha hecho fortuna, recogida por el FMI, por lo que es previsible que en los próximos días oigamos hablar mucho de ese plan B. Si no nos gustaba el plan A –reforma laboral, reducción salarial a funcionarios, ajuste presupuestario, reforma de pensiones-, ahora ya sabemos que detrás viene el plan B, otra vuelta de tuerca, como para que supliquemos “virgencita, que me quede con el plan A”.

La reducción del déficit, dijo Fernández Ordóñez, es un “objetivo sagrado”, y añadió que los mercados e instituciones financieras van a tenernos “bajo vigilancia” para que no nos desviemos, y van a exigir las “medidas correctoras” que hagan falta. Es decir, que puede haber plan B, y luego plan C, D y ya ven si queda abecedario.

Que ellos tienen planes para nosotros, no es ninguna sorpresa. La pregunta es otra: ¿tenemos nosotros plan B para hacer frente a su plan B? Apenas hemos sido capaces de esbozar un plan A frente a su plan A, y ya se nos ve cansados y sin ideas.

Fuente: Isaac Rosa / Público

Pensiones e imposiciones.

Los mercados son insaciables e impacientes. No había terminado la tramitación parlamentaria de la reforma laboral y sus voceros ya pedían acometer la de las pensiones. Nada de demoras en cuanto a esa otra pieza del ajuste. Ahí están las declaraciones del gobernador del Banco de España, con las que además hace patente su estado de gracia después de la reforma a su medida de la Ley de Cajas.

El economista M. A. Fernández Ordóñez, de quien no hace tanto se decía en las alturas del PSOE que podía dedicarse a controlar mejor el sistema financiero español en vez de a impartir doctrina, campa por un escenario donde la economía manda. Tras animar a los empresarios a hacer contratos con despido más barato –para eso la reforma laboral- y tras recomendar -¡qué casualidad!- que no haya tasas sobre beneficios bancarios, porque lastrarán la concesión de créditos, urge a cambiar el sistema de pensiones. Las propuestas son: aumentar de 15 a 20 años el tiempo de cotización para calcular la pensión de cada trabajador –¿mera sugerencia de un ministro en trance de despedida, como dijo la vicepresidenta económica?- e incrementar de 65 a 67 años la edad obligatoria de jubilación –¿también mera sugerencia, esta vez de la citada vicepresidenta, en trance de permanecer?-. Abaratado el despido, se va a una mengua de las pensiones aduciendo, según previsiones demográficas, la sostenibilidad del sistema.

Cierto es que hay que abordar responsablemente el envejecimiento de la población y tomar medidas para garantizar la solvencia futura del sistema público de pensiones. ¿Pero hay que hacer ambas cosas como se anda diciendo, con prisas avivadas por diagnósticos de improviso alarmistas, cuando se confiesa, como ha hecho el presidente Zapatero, que ello no es cuestión que incida directamente en la salida de esta crisis, salvo por lo que supone de gesto ante mercados desconfiados?

Mucho hay que debatir, con sosiego y buen criterio. Éste empieza por refutar a los que Paul Krugman, en un artículo reciente, considera fraudulentos artífices de una “contabilidad de mala fe” para justificar menos prestaciones y más edad para jubilarse. Se refiere a los EEUU, pero su análisis es trasladable a acá, con rigor y atención a los datos de nuestra realidad. El caso es que el Nobel norteamericano critica a los “asaltantes de la seguridad social”, especialistas en atacar a los trabajadores. Desde luego pasan por alto las desiguales repercusiones, según clases sociales, de la jubilación a los 67 años. Presentan como ideas científicas lo que es pura ideología –neoliberal, por si alguien no lo tiene claro-. A la vista está que hay planteamientos sobre pensiones que son imposiciones –de los mercados, por si alguien no se ha enterado-.

José A. Pérez Tapias – Granada Hoy


“Los bancos son los auténticos culpables de la crisis”.

Entrevista a Carlos Martínez en El Faro de Vigo

Carlos Martínez habla de asuntos económicos con claridad y contundencia, algo de agradecer en estos tiempos de confusión. Martínez atribuye sin paliativos la responsabilidad de la crisis a los bancos, a sus inventos financieros al amparo de la desregulación, y advierte de que la salida va para largo. Preside ATTAC España, integrada por un movimiento ciudadano internacional que comenzó a gestarse en 1998 en torno a una idea del periodista español asentado en París Ignacio Ramonet. ATTAC lleva casi una década anticipando lo que ahora ha estallado, resultado, a su juicio, de la victoria de los mercados sobre la política. Esta semana participó en Gijón en la escuela de verano de UGT.

¿Dejamos atrás a la crisis, nos quedamos en ella, el fin de esto está cerca?

Nosotros advertimos desde hace más de diez años de que si se mantenían las políticas neoliberales, la desregulación de los mercados financieros, podría ocurrir lo que está pasando ahora. Desde esa misma perspectiva, y a la vista de las medidas que se están tomando, hay que decir que la crisis va para largo. No lo decimos solo nosotros, también es la opinión de Krugman, Stiglitz y otros prestigiosos economistas, como Juan Torres o Vicenç Navarro. No es una cuestión de que nos guste ser catastrofistas. Lo peor de la crisis es que produce sufrimiento a mucha gente y, sobre todo, a quienes tienen una posición económica más débil; pero la política de seguir favoreciendo a las oligarquías financieras, a la banca, para entendernos, va a propiciar que la crisis persista más tiempo. No hay medidas de apoyo a la economía productiva, a la economía real.

Sin embargo, no parece que desde la política haya un remedio fiable. Aquí se restringe la inversión en infraestructuras, mientras que Obama lanza un plan de carreteras de una dimensión inusitada.

Europa y Obama llevan la crisis de forma diferente. Yo me inclino por cómo lo está resolviendo Obama, sin estar de acuerdo con lo que está haciendo en su conjunto. En EE UU los sindicatos han sido escuchados y sí se les hace caso, en cuanto que se está expandiendo el gasto y se intenta insuflar aire a la economía productiva. En Europa se hace lo contrario, reducir gasto y provocar ahorro, con un único objetivo: garantizar la solvencia de los bancos. Obama busca una salida al estilo de la que Roosevelt puso en marcha a raíz de la crisis del 29, mientras que en Europa persisten las mismas políticas neoliberales que nos llevaron a esto.

En esta crisis se constata el total fracaso de la política frente al poder económico.

Desde hace años nosotros advertimos de la crisis que se estaba gestando por efecto de la dictadura de los mercados, y reivindico para ATTAC el “copyright” de la frase. Cuando hablábamos de esto hace más de una década la gente nos miraba raro, pero ahora los gobiernos justifican su política por la necesidad de contentar a los mercados y valoran la eficacia de sus medidas a tenor de una supuesta reactivación de la economía que solo son respuestas de la ingeniería financiera. Que los políticos esperen a ver si los mercados sonríen o no ante sus medidas es una constatación de la dictadura de esos mercados. La oligarquía financiera, por usar el lenguaje clásico, que domina en los países centrales del mundo occidental es la que está marcando por dónde tienen que ir las políticas. Y los mercados tienen nombres y apellidos: son los grandes bancos internacionales, los ricos que salen en la lista “Forbes”.

Para ellos las crisis nunca resultan mal.

Lo que ocurre es que el mundo está cambiando mucho, no es lo que era. Hay ciertas zonas del mundo que antes eran muy pujantes y ahora están en decadencia, y otras antiguas tierras de misión que ahora son las que empiezan a mandar. Junto a la crisis económica y social se está produciendo una crisis de valores, una crisis política y un cambio de hegemonía mundial. Esto es algo histórico, estamos viviendo una transición mundial.

¿Una transición hacia dónde?

Hacia un debilitamiento de los países tradicionalmente capitalistas, frente a los que están surgiendo potencias emergentes como China, India, Brasil, Rusia o Sudáfrica. No quiero decir que estos países sean el paradigma, porque están muy dualizados, existen grandes diferencias sociales o una pobreza difusa muy grande, pero en ellos se está conformando una nueva clase dominante que responde a sus intereses de capitalismo nacional. Estos países crecen, mientras que Europa y EE UU están en crisis. También mejoran sus condiciones de vida. Durante los ochos años de mandato Lula ha sacado a bastantes millones de brasileños de la pobreza extrema, ha realizado una política de reparto. Los chinos están empezando a darse cuenta de que tienen que invertir en ellos mismos y en su bienestar, y empieza a haber huelgas para mejorar las condiciones de vida. Esto se ha producido porque en Europa occidental hace tiempo se impusieron unas políticas nefastas de deslocalización y desmantelamiento de la industria. Y barcos siguen haciendo falta, lo mismo que lavadoras o televisores. Si no se fabrican en Europa, pues los harán los chinos. Las propias oligarquías occidentales han ayudado a que este fenómeno se produzca. Tenemos que estar atentos a todos estos cambios y ver si nos interesa seguir siendo aliados de los decadentes o trabajar con otra perspectiva internacional.

Al comienzo de la crisis se apuntaba como salida la refundación del capitalismo. Incluso Díaz Ferrán llegó a pedir la suspensión de las reglas del sistema. Dos años después, de eso no queda ni la intención.

Efectivamente, en aquel momento se aceptaban propuestas nuestras como la de la tasa Tobin para gravar los movimientos internacionales de capitales. Se perdieron dos años en los que las fuerzas de la izquierda no supieron reaccionar y esto ha provocado la reorganización de los mercados. Los grandes detentadores de la riqueza pegaron el puñetazo en la mesa y, en estos momentos, estamos en una fase clásica y vieja que consiste en la acumulación de capital. Las políticas de empeorar las condiciones de trabajo, precarizar el empleo, jugar con el miedo de la gente para quitarle derechos son algo muy antiguo. Si Díaz Ferrán pedía menos libre mercado era porque intentaba endosar al Estado sus pérdidas, que es lo que se ha hecho en este tiempo. Ahora volvemos a lo de siempre, a decir que el Estado no sirve y que hay que recortar, lo que también abre nuevos nichos de negocios vinculados a lo que ahora son servicios públicos. Estamos en un momento de marcha atrás y están surgiendo resistencias sociales y sindicales. Hay soluciones que no son complicadas pero que requieren de voluntad política.

Después de renunciar a buscar culpables de la situación ahora se apela a una especie de culpa colectiva que consiste en afirmar que todo esto sobreviene porque vivíamos por encima de nuestras posibilidades.

Echar la culpa de esto a todo el mundo me parece obsceno e insultante para mucha gente. Vivía por encima de sus posibilidades quien podía. La “burbuja inmobiliaria”, propiciada por los bancos, que ahora son los mayores propietarios de vivienda en España, provocó el endeudamiento de las familias, pero la gente no se endeudaba para irse de vacaciones a las Bahamas, se endeudaban para comprarse casa y coche. Los que aquí más se endeudaron fueron las grandes empresas y, sobremanera, las constructoras. Los auténticos culpables de la crisis son los bancos, con toda la ingeniería financiera que han hecho, con las hipotecas basura, presionando a los gobiernos para que se privaticen los servicios. El origen de esta crisis, que no es sólo financiera, sino también social por la pérdida de derechos, tiene treinta años de historia. Predomina una determinada forma de entender la banca, por eso nosotros defendemos la banca pública y nos oponemos a la privatización de las cajas de ahorros.

“Impuestos a los ricos, impuestos a la banca y gravar los movimientos especulativos”

Y su receta…, ¿en qué consiste?

Estamos por la subida de impuestos a los ricos. Los paraísos fiscales se han legalizado a través de las sociedades de inversión colectiva de capital variable (SICAV). Si un profesional urbano paga entre un 25 y un 30 por ciento a Hacienda, Amancio Ortega, el dueño de Zara, paga el 1 o el 2 por ciento. La banca tiene que pagar impuestos. Si aquí se cobrara la tasa que está previsto cobrar a la banca estaríamos hablando de 7.500 millones de euros, que suma un poquito más que el resultado de congelar las pensiones y recortar el sueldo a los funcionarios. Hay que gravar los movimientos especulativos de capital que se producen en todo el mundo, que con una tasa muy baja, con un recargo del 0,01 por ciento, generaría un volumen de dólares para luchar contra la pobreza y sustentar el Estado de bienestar.

Nada rompedor.

Estoy haciendo propuestas socialdemócratas, para que se me entienda, propuestas dentro del sistema, pero como se ha retrocedido tanto en el baile de las ideas, cualquier propuesta de racionalidad democrática parece revolucionaria, y ATTAC no es una organización revolucionaria. Pretendemos que todo lo que decimos sea desde un punto de vista científico comprobable, con las limitaciones que esto tiene en economía.

Entrevista realizada por Andrés Montes

Lo que debería hacerse para salir de la crisis y que no se hace.

Suponga que usted estuviera a cargo de la política económica de un país que está en una profunda recesión, es decir, que la economía estuviese de capa caída, no creciese (o si lo hiciese, fuese muy, muy lentamente). ¿Qué es lo que usted debería hacer? Y la respuesta, basada en la experiencia de todas las recesiones anteriores (las habidas en el siglo XX) es fácil de conocer. Usted aumentaría lo más rápidamente posible el gasto público, invirtiéndolo para que produjese empleo y con ello hubiera más personas trabajando, recibiendo salarios, consumiendo productos y servicios y estimulando la economía. También, en caso de que tuviera un Banco Central a su disposición, imprimiría mucho dinero para que los empresarios y los ciudadanos del país pudiesen tener fácil acceso a tal dinero, por lo que debería abaratar su coste, y bajar los intereses de este dinero. Este dinero se traduciría en inversiones y consumo, que es lo que usted desea para estimular la economía. (Para una exposición detallada de las medidas que debieran tomarse ver mis artículos: El error de la austeridad. PÚBLICO, 12.05.10; Otras políticas públicas son posibles y necesarias. SISTEMA DIGITAL, 29.07.10; Alternativas a la austeridad fiscal en España. Center for economic and policy research de Washington, Julio 2010).

Estas son las medidas que se enseñan en los libros de texto de Políticas Públicas, primer curso. Pues bien, la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) están imponiendo a los países de la UE, políticas opuestas y contrarias a las que he indicado. En realidad están haciendo todo lo contrario. Como resultado de las presiones procedentes de tales instituciones, estos países están desarrollando políticas de austeridad en el gasto público. España e Italia están reduciendo su gasto público en 15.000 millones y 25.000 millones de euros respectivamente. Portugal está recortando su presupuesto de una manera drástica para reducir el déficit del Estado y alcanzar el famoso 3% del PIB en 2013, reduciéndolo 6 puntos del PIB en tres años (España lo está reduciendo incluso más, 7 puntos en 3 años). En Alemania, la canciller Merkel se ha comprometido a alcanzar el equilibrio presupuestario (es decir, déficit cero) en el año 2016, reduciendo el gasto público 10.000 millones por año, cada año hasta entonces. En Francia, el Presidente Sarkozy piensa reducir el gasto público siguiendo el ejemplo alemán para alcanzar un déficit cero, reduciendo el déficit del estado ocho puntos en el mismo periodo, y así país tras país en la UE. Y por si ello no fuera suficiente, el FMI ha recomendado al Banco Central Europeo (que es el único banco en al UE que puede imprimir dinero) que reduzca la producción de moneda y que aumente los intereses bancarios a finales de 2010. Y todo ello está ocurriendo en un periodo en que las economías de la Eurozona están en la mayor recesión que han tenido en los últimos cincuenta años (y la inflación es la más baja desde el año 1953).

Estas políticas son profundamente erróneas y suponen una nota de suicidio económico. Están dañando enormemente a las clases populares de aquellos países. Y se están justificando con una serie de argumentos que no tienen ninguna validez científica. Se está diciendo, por ejemplo, que todas estas políticas son necesarias para no dejar una enorme deuda a nuestros hijos y nietos, ignorando que el efecto de esta austeridad tendrá un efecto muy negativo sobre el nivel de vida de nuestros hijos y nietos, pues, consecuencia de tales políticas, el PIB que recibirán será mucho menor que el que hubieran recibido si no se hubiera ralentizado el crecimiento económico como resultado del descenso del estímulo económico, consecuencia del recorte del gasto público. Las políticas de austeridad están causando una reducción de la tasa de crecimiento económico, con lo cual, el tamaño de la tarta, es decir, del PIB, que hereden nuestros hijos y nietos será mucho menor.

Otro argumento que se utiliza en la ideología neoliberal que domina los establishments políticos y mediáticos de la UE (incluyendo España) es que hay que “recuperar la confianza de los mercados”, eslogan que se utiliza para subrayar la importancia y necesidad de anteponer los intereses y beneficios bancarios (“de los inversores” se dice) por encima de todo. La situación paradójica es que las propias agencias de valoración de los bonos del estado (muy próximas a los bancos) están indicando que el mayor problema que perciben en los países como España, es “la fragilidad de sus economías”, que es la manera amable de indicar que tales economías no crecen. Así, en el informe de la Agencia Moody donde se habla de revisar la calificación sobre la deuda soberana de España, para bajarla de categoría se lee que la causa de esta decisión es “la débil perspectiva de crecimiento de su frágil economía”. Los economistas neoliberales (que siempre cuentan con enormes cajas de resonancia en los medios de información y persuasión españoles) también utilizan, para justificar tal austeridad, el argumento de que los elevados déficits y la elevada deuda absorben dinero que debiera estar disponible para el mundo empresarial para que invirtiera. Tal argumento ignora que la falta de inversiones se debe precisamente a la escasa demanda creada, resultado de la reducción de los salarios y del gasto público, medidas que ellos están proponiendo. Y así un largo etcétera.

La pregunta que el lector se hará es ¿por qué si estas políticas son tan dañinas, se están llevando a cabo, incluso por gobiernos (como el español) que en periodos de pre-crisis han mostrado tener sensibilidad social y receptividad a los deseos de las clases populares? Y una parte de la respuesta es que la mayoría de gobiernos en la UE son de derechas. Y están aprovechando la crisis para conseguir lo que han deseado durante muchos años, es decir, reducir y/o eliminar el estado del bienestar y bajar los salarios. Y otra parte de la respuesta es el enorme poder del capital financiero -la banca-, que es el mayor beneficiario de estas políticas y tiene un enorme poder político y mediático. No son “los mercados financieros”, sino la banca la que está detrás de todas estas políticas de austeridad, y que son los que promueven el dogma –el dogma neoliberal- que se impone.

En España, la influencia de la banca en los equipos económicos de los gobiernos (sean conservadores o socialistas) ha sido enorme, siendo el Banco de España (cuyo gobernador ultraliberal fue nombrado por el gobierno socialista) el mayor portavoz de tal poder fáctico -la banca-. Véanse las similitudes entre las propuestas del BBVA y las del Banco de España. Sus recetas son: mayor facilidad de despido, menores salarios, menor protección social, menor gasto público social, mayor bajada de impuestos y no subida para las rentas superiores (manteniendo la regresividad fiscal que caracteriza el sistema impositivo español, responsable, en gran parte, de que seamos el país de la UE-15 con mayores desigualdades sociales). Es predecible que las derechas apoyen tales políticas. Y el PP y CIU estén ahí esperando poder llevarlas a cabo lo más pronto posible. Pero, ha sido un gran error de los partidos gobernantes de centro izquierda el seguir tales políticas, que han desmoralizado y desmovilizado a sus bases electorales. País tras país, en la UE, se ha visto un enorme crecimiento de la abstención de aquellas bases en los procesos electorales que han determinado el enorme descenso del apoyo electoral a aquellas opciones de centroizquierda, que me temo ocurrirá también en las próximas elecciones legislativas en España, a no ser que se reviertan tales políticas.

Una última nota. Terminé de escribir este artículo el viernes, muy de mañana. Horas más tarde la noticia del día apareció con grandes titulares. La economía alemana había crecido de una manera muy notable en el último trimestre, presentándose este crecimiento como resultado de las políticas de austeridad seguidas por el gobierno Merkel. Y como era de esperar, el economista ultraliberal más promocionado por la televisión pública catalana, con la típica hipérbola que le caracteriza (instrumentalizada por los nacionalistas neoliberales, definió al gobierno tripartito catalán como el gobierno más parecido al gobierno de Corea del Norte) apareció en el programa de la mañana para señalar tal crecimiento económico, como resultado de las políticas neoliberales de la coalición de derechas gobernantes en Alemania, contrastándolo con el “desastroso” camino seguido por el Presidente Obama que estaba arruinando EE.UU.

En realidad, el crecimiento económico alemán poco tiene que ver con las medidas de austeridad. La economía alemana está basada en las exportaciones favorecidas por el enorme declive del valor del euro, y por el estímulo de la economía estadounidense, asiática y de América Latina. En realidad, tales medidas de enorme austeridad acabaron imponiéndose y retrasaron enormemente tal crecimiento y la euforia que se ha creado (ver artículo próximo en PÚBLICO, sobre este tema).

Artículo publicado en El Plural.

Vicenç Navarro

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

¡Austeridad! ¡Contención! ¡Apretaos el cinturón!

Vivimos una época caracterizada por una profunda crisis del sistema que está sirviendo para que la ínfima minoría de los “amos del dinero” salden sus últimas cuentas pendientes con su otrora poderoso adversario: el movimiento obrero occidental. Así, en los países desarrollados —el llamado primer mundo— las medidas anticrisis de los gobiernos que sirven a los oligarcas que detentan el poder real están suponiendo el desmantelamiento definitivo de los últimos restos del Estado del bienestar y una agresión sin precedentes a los derechos sociales y laborales de la mayoría.

El capitalismo financiero absoluto, defendido a capa y espada por unos medios de comunicación vasallos del pensamiento únicoy por unos gobiernos que representan el papel de intermediarios entre el capital y la sociedad en la ficción democrática, está inmerso en un proceso de acumulación en manos privadas sin precedentes en décadas, gracias a las políticas neoliberales y a las rigurosas “recetas” de derecha extrema que están aplicando con denodado empeño —y de forma unánime— los partidos del sistema en sus países centrales (liberal-conservadores en Gran Bretaña o Francia, neofascistas en Italia, democristianos en Alemania, demócratas en EEUU, socialistas en España, Grecia y Portugal…). Estas medidas, que se presentan como “las únicas posibles y viables”, están causando ya el empobrecimiento masivo de la propia base social y política de este sistema (y de sus partidos): los sectores sociales que se consideraban “clases medias”, que también vuelven a la cruda realidad inmersos en un proceso de proletarización creciente.

Por su parte, el núcleo de la clase trabajadora, viejo enemigo del capitalismo hasta su abducción ideológica, asiste a la liquidación de derechos conquistados en décadas de lucha obrera a causa de la desregulación y precarización del llamado “mercado laboral”, de la negociación colectiva y de los sistemas públicos y servicios sociales (pensiones, sanidad, etc.). Así, sólo en España, el número de pobres de solemnidad ya se sitúa en torno a la redonda cifra de 10 millones de ciudadanos. La precarización de las condiciones laborales (horarios, jornada, salarios), en algunos casos propias del siglo XIX, ha provocado que —en un país con más de cuatro millones de parados— tener empleo ya no implique necesariamente poder vivir con relativa dignidad e incluso, en ocasiones, poder disponer de una ración diaria de proteínas suficiente.

Las movilizaciones anticapitalistas por una salida social a la crisis que iniciaron los trabajadores griegos y que se han extendido después a otros países europeos están aún en una fase embrionaria. La respuesta de la izquierda sindical y política (desorientada ésta última aún en tribulaciones ajenas como los nacionalismos en el caso de España, o desmantelada y postrada en Italia desde la voladura controlada del poderoso PCI) no se corresponde, ni mucho menos, con la magnitud de la ofensiva adversaria. Si no se desarrollan de forma sostenida y masiva hasta las últimas consecuencias y hasta cumplir sus objetivos, las movilizaciones serán tan útiles como un paraguas en pleno huracán…

Fuente: Paco Arnau / Ciudad futura

¡Contra los ricos no se protesta…! Brutal represión policial en Toronto por las protestas contra la cumbre del G20

Más de 10 mil personas salieron a la calle  durante la Cumbre del G-20, celebrada este fin de semana en Toronto, Canadá, para pedir cambios profundos en las políticas económicas impulsadas y respeto a los derechos humanos. Desde la alcaldía de Toronto se indicó que hay algunos detenidos que afrontan cargos como obstrucción a la justicia y destrucción de propiedad. Autoridades locales reabrieron algunas vías de comunicación y estaciones del subterráneo que habían sido cerrados como medida preventiva.

Los resultados de la protesta reportaron 900 arrestos , haciendo de este el mayor arresto masivo en la historia del país. Muchos activistas han sido detenidos sin cargos, en movilizaciones civiles y pacíficas de protesta y mantenidos en pequeñas jaulas atestadas de manifestantes durante horas o incluso días. El Centro de Medios Alternativos (AMC) y periodistas independientes también han sido objeto de allanamientos ilegales, detenciones, 8 detenciones sin cargos y un arresto por romper la paz. Estos días se está dando cuenta de la represión policial ejercida en las detenciones masivas así como recabando testimonios de las personas que la han sufrido.

El 28 de junio los activistas de medios libres realizaron en Toronto una rueda de prensa para poner en evidencia los arrestos masivos, la violencia policial y la intimidación a la que se sometió a la población. En la misma, explicaron los motivos políticos por los que se actuó contra los periodistas y movimientos sociales de la comunidad; así como también contaron cómo fueron elaborados perfiles de las personas sobre la base del tipo de ropa, por llevar números de teléfono para asistencia legal o por residir en determinados barrios. También informaron sobre las condiciones crueles y brutales en que se encuentran los detenidos, arrestados y encarcelados.

Testimonio de la periodista independiente Amy Miller, sobre el trato policial y la violencia ejercida contra las mujeres:

Mi nombre es Amy Miller, fui detenida ayer, estaba con Adam y otro compañero, íbamos para cubrir la acción de solidaridad con los presos. Mientras íbamos en camino vimos cómo un grupo de jóvenes estaban siendo detenidos y nos acercamos para ver que pasaba . Sin darnos cuenta ya estaban pateando a mi compañero y lo mismo me pasó a mí. Me tomaron del cuello y me agacharon a la fuerza, después fui detenida durante 13 horas aproximadamente. Me pusieron en una celda con unas 25 mujeres jóvenes. Durante esas 13 horas de mi detención me dijeron cosas que son repulsivas y totalmente inapropiadas; me dijeron que me iban a violar, me dijeron que me iban a disparar con sus pistolas, me dijeron que se asegurarían de que yo no quisiera ejercer el periodismo en mi vida y que me violarían cuantas veces fuera necesario. Cuando estuve en el centro de detención vi muchas mujeres que fueron desvestidas por los policías para revisarlas, policías hombres. Una mujer que salió de ahí totalmente traumatizada dijo que le habían violentado sexualmente con los dedos.

Presa por tirar pompas de jabón a un policía.

Una joven activista lanza pompas de jabón a un policía canadiense durante la pasada cumbre del G-20. Se entabla un diálogo con el policía, que amenaza con detener a la joven “por agresión”. El video termina con el arresto de la muchacha. No hubo insultos de la joven, ni talante agresivo, solo pompas de jabón lanzadas con un juguete. Otros policías miran la escena, que termina con la muchacha metida en una jaula policíaca. Increíble pero cierto.

Alive in Honduras

Hablando claro y sin desperdicio.