Ataque a la Europa Social.

Hoy en día estamos viviendo un ataque frontal a la Europa Social. La supervivencia de los estados del bienestar de los países de la Unión Europea (y, muy en especial, de los países de la Eurozona) están siendo amenazados debido al desarrollo de políticas de austeridad del gasto público social, como parte de una estrategia de reducción de los déficits públicos y las deudas públicas de tales países. La lista de países y recortes es larga. España e Italia están recortando 15.000 millones de euros y 25.000 millones de euros respectivamente de sus presupuestos. Portugal está bajando su déficit para reducirlo a 3% del PIB en 2013, con unos recortes equivalentes al 6% del PIB en tres años. En Grecia el recorte es incluso más acentuado, 10% en tres años. En Alemania, la canciller Merkel decidió, ya en 2009, eliminar el déficit completamente para el año 2016, recortando 10.000 millones de euros por año. Un tanto semejante está ocurriendo en Francia, bajo la dirección del gobierno Sarkozy. País por país, los recortes son muy acentuados y generalizados.

Estas reducciones, sin precedentes en la Unión Europea, se están haciendo bajo el supuesto de que la disminución del déficit es condición indispensable para que se dé la recuperación económica y se inicie, de nuevo, el crecimiento económico. Se asume que el bajísimo crecimiento que hemos visto hasta ahora (el promedio en los países de la Eurozona ha sido sólo de un 1% por año desde 2001) se debe a que existe escasez de dinero en el sector privado, consecuencia del excesivo gasto público. Es más, se nos dice que esta escasez hace subir el precio del dinero (es decir, aumentar los intereses bancarios) y aumentar la inflación. De ahí la necesidad de reducir el déficit y el gasto público.

El problema con esta creencia (basada en fe, más que en evidencia) es que cada uno de estos supuestos es erróneo. Y además es fácil demostrarlo. Uno de los países que ha recortado más su déficit en la UE ha sido Irlanda. Tales recortes han contribuido a que su PIB colapsara, descendiendo nada menos que un 9% por año. Nunca un país había visto, desde el colapso de EE.UU. a principios del siglo XX -durante la Gran Depresión-, un colapso de su PIB tan acentuado. Ello determinó, por cierto, el consiguiente aumento del déficit público, mostrando, una vez más, que la mejor manera de reducir el déficit no es reduciendo el gasto público, sino aumentando el crecimiento económico. Un tanto semejante ha ocurrido en Grecia, donde la reducción del déficit impuesto por el FMI ha llevado a un colapso del PIB (que se calcula llegará a ser del 20%).

Que ello ocurra no debiera sorprender, pues la enorme recesión, que puede convertirse en depresión, se debe a un problema de demanda, consecuencia de la enorme polarización de la rentas, con descenso de las rentas del trabajo (y consiguiente bajada de la masa salarial como porcentaje de la renta nacional). Tal descenso de las rentas del trabajo ha forzado un enorme endeudamiento de las familias, que al colapsarse el crédito, resultado de la crisis financiera, crea un enorme problema de la demanda, que debe sustituirse rápidamente por la demanda creada con el gasto público. Reducir, en lugar de aumentarse el gasto público es un suicidio, no sólo para Europa, por cierto, sino para la economía mundial. De ahí que dirigentes de la política económica estadounidense como el director de la oficina económica de la Administración Obama, el Sr. Larry Summers, y el homólogo del Ministro de Economía y Hacienda en España, el Sr. Timothy Geithner, hayan criticado duramente las políticas de austeridad seguidas en la Unión Europea.

Pero, empeorando todavía más la situación, los poderes financieros, dirigidos por el Banco Central Europeo, están favoreciendo el incremento de los intereses bancarios para finales del 2010, y se resisten también a crear más liquidez (es decir, imprimir dinero) con el argumento de que puede aumentar la inflación, ignorando que el mayor problema que tiene la UE es la deflación, lo contrario a la inflación. Cada una de estas intervenciones mantendrá a la UE y la Eurozona en la Gran Recesión. Y en el peor de los casos pueden llevar a la Gran Depresión.

La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué estas políticas, tan claramente erróneas, se están realizando? Y la respuesta tiene que ver con el enorme poder del capital financiero por un parte y el gran poder de clase por otra. Éste es responsable de una enorme polarización de la rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, polarización alcanzada a base del desarrollo de las políticas neoliberales llevadas a cabo en ambos lados del Atlántico, desde los años ochenta. En realidad, fue esta misma polarización de las rentas la que explica el enorme crecimiento del capital financiero, que se ha beneficiado del elevado endeudamiento, creado por el descenso de las rentas del trabajo. El neoliberalismo es la ideología del capital financiero y de las clases dominantes a ambos lados del Atlántico. Y es el dogma de los establishments financieros, mediáticos y políticos de la UE (hoy controlados por las derechas).

¿Qué es lo que debiera hacerse?

La respuesta es bastante fácil. A nivel teórico, la experiencia del siglo XX es aleccionadora. Una, es la corrección de la obscena concentración de las rentas y de la propiedad. Nunca antes (desde los años veinte en el siglo XX) se había alcanzado tal concentración. Se requiere eliminar las reformas profundamente regresivas que tomaron lugar durante estos últimos cincuenta años. Tales cambios generarían enormes recursos al estado, que debieran invertirse en áreas sociales y físicas, creadoras de empleo, así como en nuevas áreas productivas (como, por ejemplo, nuevas formas de energía y transporte), todas ellas actividades que estimularían el crecimiento económico que disminuiría el déficit público y la deuda pública.

Estas medidas debieran complementarse con cambios muy sustanciales del sistema financiero, con redefinición de los objetivos de tal sistema, priorizando aquellos que sirven a la economía y no sólo a los banqueros y accionistas. Debiera recuperarse el concepto de servicios financieros, con creación de bancas públicas, redefiniendo las funciones del BCE para convertirlo en un Banco Central (que hoy no lo es), en lugar de ser un lobby de la Banca. Como tal, el BCE debiera responderle al gobierno europeo y al parlamento europeo (tal como ocurre con otras bancas centrales, como el Federal Reserve Board en EE.UU. y el Banco Central de Japón), con la responsabilidad de ayudar a los estados y a la UE a desarrollar sus políticas económicas (incluyendo la compra de deuda pública, revirtiendo los intereses a los países deudores). Una medida inmediata sería la impresión de euros en dosis mucho más acentuadas de lo que hace ahora. El BCE no ha tenido ninguna duda en imprimir millones y millones de euros para salvar a los bancos europeos. Pues bien, el BCE debiera hacer lo mismo para salvar a los estados de la Eurozona. El peligro de inflación no es inmediato. De ahí la urgencia de este tipo de intervención, pues el mayor riesgo es el de la deflación, no el de inflación. Por cierto, existe el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (EBRD) que parece adormecido y que debiera reavivarse para facilitar las inversiones en nuevos sectores productivos y de servicios.

Pero además de estas medidas, es importante y urgente hacer cambios importantes en la regulación del capital financiero y de sus mercados. Convendría que se desincentivaran las actividades financieras especulativas, gravando las transacciones a corto plazo (la Tasa Tobin). George Irvin ha calculado que un impuesto de un euro por cada mil de transacción generaría 220.000 millones de euros al año, más del doble del presupuesto actual de la UE.

¿Se tomarán estas medidas?

La respuesta depende del cambio de mentalidad de las izquierdas gobernantes en la UE, hasta ahora estancadas en el territorio neoliberal. Su falta de visión, su actitud acomodaticia y su carencia de coraje político les ha convertido en parte del problema, en lugar de en parte de la solución. De ahí que sin una transformación muy importante de estas izquierdas o su substicición por otras, estas alternativas no tendrán lugar. Ni que decir tiene que el poder económico y político y mediático de las derechas es enorme. Pero, por muy fuerte que sea (y lo es) puede vencerse si hay voluntad política, aunque España no es un ejemplo de ello. No ha habido voluntad política del gobierno PSOE de aliarse con las izquierdas, ni en 1993, ni en 2008. Y ello se debe a que el marco conceptual que dirigió sus políticas económicas era neoliberal. Y ahí está la raíz del problema.

Vicenç Navarro – Artículo publicado en El Viejo Topo

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

El agujero de las subvenciones públicas.

Público da cuenta de cómo la CEOE mantiene una red de asociaciones para captar ayudas públicas. Miles de abogados, técnicos, secretarias y profesores viven del entramado de más de 5.000 agrupaciones que dependen de la patronal, dice. Las ayudas van desde 20.000 euros a 20 millones según el tamaño. Por cada autonomía existe otra patronal que reúne a tantas subpatronales como provincias. No hay duplicidades, aseguran todas las consultadas. Está plenamente justificado que Confemetal, por ejemplo, una de las agrupaciones más fuertes de la CEOE, esté formada a su vez por 15 asociaciones nacionales y 68 regionales. Y que dentro de estas, la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia (Asime), por ejemplo, esté formada por otras nueve agrupaciones más.

Hace más de un año que dediqué a esa hemorragia de nuestro dinero un post. Desde entonces he ido recopilando más datos. Además de todas estas instituciones de las que habla Público, de Fundaciones al amparo en buena parte de poderosas empresas, calculo que en España puede haber como mínimo medio millón de asociaciones “sin ánimo de lucro“. Solo entre Andalucía, Cataluña y Madrid se contabilizan cerca de 150.000. Todas son susceptibles de obtener una buena provisión de fondos para sus actividades.

Hace poco reseñé el millón de euros que se lleva FAES por difundir su ideología, en tiempos en los que la “crisis” obliga a duros ajustes a los trabajadores y pensionistas. La fundación Ideas para el progreso del PSOE, saca también más de 900.000 euros. Y cantidades menores otros partidos. Digo yo que, con la que está cayendo, podían esperar un año al menos a “estudiar” lo que sea, o pagárselo ellos. Y no hablemos ya de las mil y una asociaciones pro-vida por ejemplo que, a manera de racimo como el entremado de la patronal, se diseminan por España. Ni sabemos si esas emisoras de TDT que tanto pontifican de la mañana a la noche reciben alguna ayudita, y así hasta el infinito.

Mi propia experiencia me remite a que propongo a un grupo de compañeros que salieron conmigo de RTVE por el ERE crear una asociación europea que piense en los ciudadanos lejos de los cauces oficiales. Que plantee los problemas que nos atañen y no los que manda “Bruselas”. Tras un brillante acto de presentación con Felipe González, me echaron de forma aparentemente ortodoxa. La principal discrepancia con un grupo de compañeros era la obtención de ayudas públicas que yo rechazaba. Y el lucro personal en nombre de la asociación. El resto apoyó a los disidentes. Ya tienen esas ayudas del Estado. Para reunirse una docena de personas, una vez al mes, en una sala que nos les cobra nada. Por allí han caído los verdes de Equo, escasos de brújulas. Para mantener una página web en la que siempre escriben dos o tres incluso con pseudónimos para que no se note. Para hacer, con alguna excepción, seguidismo de la UE oficial.

Al calor de esta experiencia, descubrí el entramado de los que viven de la idea europea, recibiendo subvenciones públicas que les dan para despacho y secretaria,  y cobrando personalmente por sus conferencias. Hay un profesor universitario que está en al menos cinco asociaciones en diferentes cargos. Dios me libre de afirmar que no es legal, pero algo raro sí suena. Y si esto existe para Europa, multiplicad por intereses varios de los españoles.

Lo peor en este caso es que, al mismo tiempo, grupos que realizan una labor encomiable no reciben ayudas, o no las suficientes. Eso es lo terrible.

En el post de hace un año, hubo un primer comentario extraordinariamente interesante porque provenía de alguien con profundo conocimiento de causa. Extraigo algunas ideas.

“Bajo el epígrafe de asociaciones o Fundaciones, lo que llamamos ONG se compone de forma masiva por instituciones que toman a su cargo responsabilidades que el Estado no quiere atender, y que se convierten al hacerlo en formas amables de privatización. A veces inconscientemente… hasta que llegan otras “fundaciones” (algunas enlazadas en este post) a ofrecerles servicios “profesionales”. Y hablan de “profesionalización”, de responsabilidad… pero nunca hablarán de comités de empresa, y cuando lo hacen es -caso de la Cruz Roja en 2003- cuando la situación de sus trabajadores es insostenible.

En algunos casos, empresas privadas, farmacéuticas, bancos, cadenas de comida rápida y ETT patrocinan o promueven auténticas OPAs sobre asociaciones o Fundaciones con el propósito de desgravar, cuando no de blanquear dinero. O imagen.

En otros, Universidades envían a sus estudiantes a trabajar gratis como becarios en estas instituciones: ya ocurre en el ámbito privado, pero se da el caso de que organizaciones que hacen campañas para respetar los derechos de los cafetaleros de Nicaragua, por ejemplo, tienen becarios haciendo el trabajo de profesionales, o contratan via ETT a recaudadores o captadores de socios en plena calle.

Y todo esto, de forma legal.”

Toda esta falta de clarificación y control crea un profundo descrédito en asociaciones y movimientos que sí pretenden y que sí logran hacer algo por los demás. Como en tantas otras cosas el “todos son iguales” es una peligrosa arma.  Y, con ser muchas las irresponsabilidades generalizadas, ésta es una de sus consecuencias más perversas. Se carga labores efectivas y generosas que nadie más realiza. Vean las administraciones también qué hacen dando dinero a patronales destinadas a lograr beneficios privados. Ponga orden el Estado en esta maraña. Orden y rigor en el uso de nuestro dinero.

Rosa María Artal – Comité de Apoyo de ATTAC España

Confesiones de un gángster económico.

“Los gángsteres económicos (Economic Hit Men, EHM) son profesionales generosamente pagados que estafan billones de dólares a países de todo el mundo. Canalizan el dinero del Banco Mundial, de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) y de otras organizaciones internacionales de ‘ayuda’ hacia las arcas de las grandes corporaciones y los bolsillos del puñado de familias ricas que controlan los recursos naturales del planeta. Entre sus instrumentos figuran los dictámenes financieros fraudulentos, las elecciones amañadas, los sobornos, las extorsiones, las trampas sexuales y el asesinato. Ese juego es tan antiguo como los imperios, pero adquiere nuevas y terroríficas dimensiones en nuestra era de la globalización. Yo lo sé bien, porque yo he sido un gángster económico”.

Así  se resume el trabajo de John Perkins, cuya trayectoria como mafioso al servicio de gobiernos y multinacionales, lo que él llama la corporatoracia, narra en el libro Manipuladospublicado en castellano por Ediciones Urano (editorial que dicho sea de paso me consta que está haciendo un esfuerzo por publicar sobre temas de gran trascendencia bien explicados). Lo que sigue es una reseña, no una cualquiera, ni siquiera escrita por mí sino por mi amigo y profesor de Documentación en la Universidad Autónoma de Madrid, Pedro López, que me la envió hace unos días justo cuando yo estaba acabando el libro y me ha parecido un resumen muy acertado:

Estas palabras del prefacio son una invitación difícil de rechazar a la lectura completa del libro. La figura del arrepentido es demoledora para cualquier sistema por la potencia del testimonio en primera persona y por la autoinculpación del arrepentido. Es relativamente fácil para el sistema rechazar las críticas que vienen de quien no comparte sus valores y principios (“el enemigo”), pero es muy difícil librarse del incómodo testimonio de alguien que ha participado, que tiene información de primera mano, que ha abusado de los privilegios que el sistema le ha otorgado y que después toma conciencia y se arrepiente de su participación. Hay otros casos interesantes de arrepentimiento, como el de Joseph Stiglitz, ex vicepresidente del Banco Mundial y premio Nobel de Economía (aunque su “arrepentimiento” no llega a los extremos de Perkins) o saliendo del ámbito económico, el comandante Claude R. Eatherly, que arrojó la bomba sobre Hiroshima y que, arrepentido, rechazó ser considerado un héroe por su país y se pasó a las filas “enemigas” queriendo denunciar los intereses de la guerra y dedicarse a propagar la causa pacifista. Esto no podía ser tolerado porEstados Unidos, ya que constituía un serio revés a la legitimidad de sus acciones bélicas. Por tanto, Eatherly fue declarado loco por las instituciones psiquiátricas, que también pueden estar para echar una mano en estos casos.

Este tipo de testimonios socavan seriamente la legitimidad del sistema. Y el capitalismo contemporáneo va teniendo cada vez más problemas de legitimidad, porque la arrogante expresión “no hay alternativa” (pensamiento TINA) cada vez es más difícil de sostener a la vista de las tropelías y del nivel de depredación que observamos. Por otro lado, vemos fácilmente que el capitalismo neoliberal ha vencido -de momento-, pero no ha convencido. El neoliberalismo se impone no por la fuerza de sus argumentos, sino por otro tipo de fuerzas, como la extorsión y el chantaje económicos o, en última instancia, la intervención militar pura y dura.

No hace muchos años Thomas Friedmann, consejero de la ex Secretaria de Estado Madeleine Albright decía:

“La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invisible. McDonald’s no puede extenderse sin McDonnell Douglas, el fabricante del F-15, la fuerza naval y el cuerpo de marines de Estados Unidos”.

Efectivamente, así es, y lo estamos viendo día a día. Pero un sistema que no convence es inestable, y vemos el nerviosismo de sus defensores cuando intentan criminalizar a los movimientos sociales que cuestionan el capitalismo. Cada vez más la protesta se vincula, interesadamente, al terrorismo. Como los argumentos para defender un sistema depredador no convencen, el camino es la intimidación hacia quienes lo critican.

Perkins denuncia, con su propia inculpación, cómo opera Estados Unidos con los países débiles con el objetivo de construir un imperio global. El funcionamiento es parecido al de la mafia: el mafioso ayuda a la víctima con un préstamo que le saca de momento de apuros, pero a continuación ésta se ve en deuda con el mafioso de por vida, una deuda que no podrá pagar nunca.

Perkins trabajó durante años como “experto” para “aconsejar” a los gobernantes de países débiles que aceptaran créditos de Estados Unidos que servirían para financiar infraestructuras costosísimas. Este mecanismo de prestar dinero que al final revertía en el propio Estados Unidos no sólo vía intereses, sino obligando a que las empresas ejecutoras de los proyectos fueran estadounidenses, ha arrastrado a estos países a una situación de vulnerabilidad que es aprovechada por Estados Unidos para conseguir sus intereses económicos, políticos y geoestratégicos (por ejemplo, presiones a la hora de votar en la ONU, presiones para aceptar políticas económicas favorables al imperio, pero desfavorables para las poblaciones autóctonas, etc.).

Cuando los sicarios económicos no hacen su labor, entonces intervienen los auténticos sicarios, ya sin metáforas; y si todavía éstos no obtienen resultados, en la última fase intervienen los militares. Algunos ejemplos: los presidentes de Ecuador (Jaime Roldós) y de Panamá (Omar Torrijos) fueron asesinados con sólo dos meses de diferencia (mayo y julio de 1981) en sendos “accidentes” aéreos. Parece que la mano de la CIA no quedó del todo invisible. La causa de estos asesinatos fue resistir las presiones de los gángsteres económicos (intereses petroleros en el caso de Ecuador, control del Canal de Panamá en el caso de Torrijos).

Según Perkins, el modelo que se siguió en Irán a principios de los cincuenta con Mosaddeq, ha sido seguido en Venezuela con Chávez, intentando desestabilizar alentando y financiando protestas (también esto nos recuerda al Chile de Allende). En el Irán de los años cincuenta Estados Unidos temió que su intervención militar provocase la respuesta de la Unión Soviética, de manera que Kermit Roosevelt, nieto del presidente Theodore Roosevelt y agente de la CIA, fue el encargado de conquistar voluntades mediante amenazas y sobornos y organizar algaradas callejeras y manifestaciones violentas.

Al final, Mosaddeq perdió apoyos y cayó en un golpe de Estado, siendo encarcelado a continuación. En Venezuela se está actuando de manera muy parecida. Perkins refiere una conversación con un viejo amigo (no da su nombre, se entiende que por no ponerle en situación de riesgo) que le contó que un contratista privado se puso en contacto con él para pedirle que fomentase huelgas en Caracas y sobornase a oficiales del ejército venezolano para que se sublevaran contra su presidente electo. El amigo no aceptó, pero el encargo pasó a algún otro, y ahí quedó el golpe fallido de 2002 (el libro está escrito en 2004).

También el libro toca los casos de Indonesia y Colombia. Quien leyera en todos estos casos excepciones cometería una grave equivocación. Equivocación fomentada muchas veces por la manera en que se presentan las cosas. Es frecuente en el cine estadounidense la denuncia de casos individuales de corrupción en la policía, en los militares o en otros ámbitos. Pero el mensaje que se pretende trasladar muchas veces es que al final el sistema funciona, ya que estos casos se detectan y denuncian. Es en esta trampa en la que no debemos caer al analizar el sistema económico, político, social…

El mensaje que recibimos a veces desde dentro del sistema es que el sistema tiene fallos, pero funciona; somos nosotros los que tenemos que desvelar que el sistema mismo es el fallo. La denuncia de casos individuales es utilizada por la democracia liberal a modo de dosis homeopáticas que preservan de revueltas contra el sistema. Si de vez en cuando cae un policía o un militar torturador, un banquero o un político corrupto, se da la impresión de que el sistema funciona porque ha detectado estos casos (“la democracia –liberal- funciona”), pero se pierde de vista que quizás el sistema en su totalidad está podrido y una manera de salvarlo es ofrecer de vez en cuando al pueblo un caso que sirva como “ejemplo” del buen funcionamiento del sistema.

La política exterior estadounidense es mafiosa y los casos que relata Perkins, como Chomsky en sus libros, o como otros muchos autores, revelan un patrón de conducta. Si observamos con atención descubriremos no fallos o excepciones en el sistema, sino un sistema fallido en su conjunto, además de corrupto y mafioso. Precisamente de esto se encarga Perkins, de mostrarnos el modelo de actuación que hay tras los casos que nos cuenta.

Fuente: Miguel Jara