Tratando de entender la economía.

Labor ímproba, realmente. A ver si lo entiendo. Los países debemos contentar a los llamados “mercados” –léase especuladores en su mayoría- y tranquilizarles cuando se ponen nerviosos. La dinamización de la economía de todos –nos dicen- exige reformas, ajustes… es decir, mermas para asalariados, parados y pensionistas, el grueso de la población en general. ¿Voy bien?

Pero resulta que las empresas reciben subvenciones públicas para funcionar. Cuantiosas. De las que apenas se habla. Del dinero público que se da a los sindicatos en cambio, nos llegan referencias cada poco. Hasta de los “ominosos” subsidios a jornaleros del campo.

Las SICAV, ese invento tan estupendo para los denominados “inversores”, siguen cotizando un 1% de impuestos. La vicepresidenta socialista asegura que esto no se puede cambiar porque, si lo hiciera, esas empresas se irían de España. ¿De acuerdo hasta aquí?

Sigamos. Un informe del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, anuncia que el 80% de las empresas del Ibex 35 tiene presencia de manera directa en paraísos fiscales a través de sociedades participadas y no informan de cuáles son sus actividades en estos territorios. O sea que no pagan impuestos en España. Que no pagan impuestos de esas cantidades evadidas, vaya. Porque en esos limbos lo que sucede es que no se paga. Éstas son las privilegiadas empresas del IBEX, dadles un repasito. La flor y nata.

El Observatorio estima que las grandes empresas pagan, entre exenciones y subvenciones, como mucho un 10% de impuestos. Aquí. De lo que sí declaran.

Nos cuenta más el Observatorio: “las empresas del Ibex 35 en paraísos fiscales han experimentado un crecimiento vertiginoso (entre enero y septiembre de 2010 la inversión ha sido el doble a la de todo 2009), en España la recaudación por impuesto de sociedades se ha desplomado un 55% entre 2007 y 2009, pese a que los beneficios empresariales de las grandes empresas en el mismo periodo solo han descendido un 14%”. Anoto aquí que no es que hayan perdido un 14%, sino que el incremento de ganancias se ha reducido un 14%. Solían andar por el 30% más que cada ejercicio anterior, ahora parece que es menos. Oficialmente, los beneficios que escamotean cada vez más, vemos, probablemente compensan la balanza.

Yo comprendo que es muy pesado andar todos los días tratando de entender este galimatías. Pero si no se les pueden tocar sus privilegios no vaya a ser que ubiquen su razón social en otro país y dejen de ser “españolas”  –más, que ya sabemos que buena parte del personal de las que al menos se molestan en fabricar algo es del tercer mundo-, y resulta que no pagan en España, y que la huida de su dinero ha experimentado “un crecimiento vertiginoso”, y que los paraísos fiscales es una cosa muy fea que iba a resolver algún G7, G8, G20, la UE, OCDE y demás, pero gozan hoy todavia de una salud envidiable  ¿dónde está el truco?

Debe ser la inexistente (según los regidores municipales) contaminación de Madrid, pero mis neuronas se atoran y no entiendo nada. Así que voy a hacer la maleta para ir a respirar al campo. Os dejo con un relajante césped verde (debe estar en Madrid porque no es ni verde) que me descubrió Paula Moro.

Rosa Mª Artal – Comité de Apoyo de ATTAC

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Santander y BBVA se refugian en paraísos fiscales.

Los dos mayores bancos españoles, el Santander y el BBVA, se sitúan junto a Repsol como las mayores compañías del Ibex 35, el índice que agrupa a las empresas cotizadas más grandes, en cuanto a número de sociedades abiertas en lugares famosos por sus bajos impuestos y conocidos como paraísos fiscales.

La entidad que preside Emilio Botín dispone de 34 sociedades operativas en países como Bahamas, Suiza, Panamá o Luxemburgo, mientras que en el caso del BBVA, el número de filiales abiertas en este tipo de enclaves se cifra en 23. Estas sociedades tienen como objeto social tanto los servicios financieros como las centrales de compra y gestoras de derechos de marca y franquicias.

De las 35 empresas que integran el principal selectivo de la Bolsa española, 28 contaron en el ejercicio de 2009 con 272 participadas domiciliadas en paraísos fiscales, que abarcan a lugares como Islas Caimán, Jersey, Países Bajos, o Delaware (en Estados Unidos).

De acuerdo con el informe elaborado anualmente por el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), la presencia de tales sociedades en estos territorios no implica un delito fiscal, pese a que sobre ellas existe una falta de transparencia en la información analizada, ya que sus matrices no aportan datos sobre sus operaciones en esos lugares.

Los autores del estudio recuerdan que aunque el tipo nominal del impuesto de sociedades es del 30 por ciento para grandes empresas, gracias a las exenciones y deducciones de las que este tipo de compañías se benefician, en la práctica el tipo efectivo no supera el 10 por ciento de media sobre los beneficios.

Marc Horrach – Diario de Mallorca


Manifiesto de Activos Contra La Crisis.

A todas las ciudadanas y ciudadanos.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS plataforma de organizaciones que denuncian la crisis generada por las políticas neoliberales y conservadoras que los gobiernos aplican hace la siguiente declaración pública.

La Huelga General del 29 de septiembre fue una medida imprescindible contra las injustas medidas del Gobierno español que hace recaer sobre las clases populares y trabajadoras los efectos más negativos de una crisis desencadenada por la especulación financiera y el estrangulamiento de la economía real y productiva.

La llamada reforma laboral por sí misma ya exigía una huelga contundente. Pero es que además la congelación de las pensiones, el plan de ajuste, el anunciado retraso de la edad de jubilación y el injusto sistema fiscal, hacen necesaria e imprescindible nuestra movilización. En este país las personas trabajadoras y autónomas y las empresas familiares, pagamos muchos más impuestos que los ricos, las grandes empresas y los bancos.

También hicimos movilizaciones contra el paro, la precariedad laboral o la sobrexplotación que padecen muchas personas jóvenes, inmigrantes o mujeres o sectores como los servicios o el campo, así como para defender los derechos laborales y sociales de las personas jóvenes, paradas y pensionistas.

La Huelga, a pesar de las mentiras y medias verdades lanzadas por los medios de “información”, los ataques de la derecha y el ninguneo del gobierno, fue un éxito, sobre todo sabiendo que la desinformación masiva, el miedo generado por la gran cantidad de eventuales y contratos temporales, así como el gran paro reinante, jugaban en su contra.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS no hemos bajado la guardia. El Gobierno no puede seguir ignorando la gran protesta de las clases trabajadoras y de la ciudadanía. Exigimos la retirada inmediata de la reforma laboral y de las congelaciones y reducciones de sueldos y pensiones. Exigimos igualmente un subsidio digno y universal para las personas paradas.

Nos oponemos a la decisión del gobierno de excluir del subsidio de 426 euros al colectivo de personas paradas entre 30 y 45 años sin cargas familiares que han dejado de cobrar la prestación de desempleo y exigimos que dicho subsidio se prorrogue indefinidamente para todas las personas en paro y sin prestación. Una medida que afectará a cientos de miles de parados y paradas. Un motivo más para las movilizaciones y protestas. Basta ya de subvencionar a bancos y grandes empresas, permitir el fraude fiscal y no cobrar impuestos justos a ricos y grandes fortunas y en cambio recortar prestaciones a las personas paradas.

El Gobierno español está muy preocupado por la reacción de “los mercados”, es decir los grandes grupos de especuladores financieros, pero ¿Y las personas? ¿Importa nuestra opinión? ¿Se escuchan nuestras protestas y propuestas?

Una nueva amenaza, se cierne sobre nuestras cabezas, se nos está tratando de amedrentar sobre el tema de las pensiones. Las pensiones son una obligación solidaria intergeneracional y la caja del sistema público de pensiones es sólida. Lo que ocurre es que se quiere ir hacía una privatización paulatina en beneficio de ciertos intereses bancarios y de los fondos privados de pensiones que sí están en crisis.

Hacemos un llamamiento al conjunto de la ciudadanía, y en especial a las personas jóvenes a que defiendan su derecho a una jubilación digna y pública o perderán su futuro. Las personas jóvenes son las grandes víctimas de la reforma laboral, el paro y la posible privatización de las pensiones o su drástica reducción.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS no se olvida de los embargos de viviendas y la aplicación de una injusta ley que favorece a los bancos, pero castiga a las personas que sufren paro, precariedad o riesgo de exclusión social. Por eso, exigimos la modificación legal oportuna, para que la responsabilidad exigida alcance tan sólo al valor real y actual de la vivienda embargada y que quede en suspenso mientras el deudor se vea incapacitado para afrontarla por culpa de la crisis económica, y, sobre todo, que se establezca y articule legalmente, el acceso a una vivienda digna con un alquiler asequible.

Es preciso acabar con el monopolio de la creación de crédito que los gobiernos de la UE han otorgado a la banca privada y que está llevando a la quiebra a muchas empresas e incluso a estados en Europa. La Carta del Banco Central Europeo, al prohibir expresamente la financiación de la deuda pública, fuerza a gobiernos y empresas no financieras a tomar prestado de la banca privada, generando una carga financiera que podrían perfectamente evitarse gracias a una banca pública que haría lo mismo pero a coste cero. En el estado español es urgente la nacionalización de las Cajas de Ahorros.

Exigimos al gobierno que modifique su política social y económica y a la derecha, en sus diferentes corrientes, que deje de manipular y atacar a los sindicatos y a las libertades democráticas para favorecer aún más a los poderosos. Es lamentable que la política económica esté orientada por economistas neoliberales como el influyente grupo de “los cien”, los “expertos” de los bancos, especialmente el supuestamente independiente Banco de España, las agencias de calificación y la influencia de los poderosos, ninguno de ellos con legitimidad democrática y que en realidad solo buscan el beneficio propio y de los grupos financieros, pero no el interés general y mucho menos el de las clases populares.

Ante todas estas agresiones ACTIVOS CONTRA LA CRISIS apuesta por dar continuidad a las movilizaciones. Por ese motivo, apoyamos todas aquellas que se han convocado en las próximas semanas y consideramos que, de persistir con las actuales políticas de recortes de los derechos, será necesaria la convocatoria de una nueva Huelga General.

CALENDARIO DE MOVILIZACIONES:

* 13 DE NOVIEMBRE. MOVILIZACIONES DESCENTRALIZADAS CON MOTIVO REUNIÓN G- 20

* 13 NOVIEMBRE. MANIFESTACIÓN CONTRA REFORMA LABORAL Y DE PENSIONES EN BARCELONA

* 24 NOVIEMBRE. ACCIONES DE APOYO A HUELGA GENERAL EN PORTUGAL

* 20 A 27 NOVIEMBRE. MOVILIZACIONES DESCENTRALIZADAS EN LOS DIVERSOS TERRITORIOS.

* 15 DICIEMBRE. MOVILIZACIÓN A NIVEL EUROPEO, INCLUYENDO PAROS Y DIVERSAS ACCIONES.

* 18 DICIEMBRE. MANIFESTACIONES MASIVAS DESCENTRALIZADAS EN TODO EL ESTADO.

DEROGACIÓN DE LA REFORMA LABORAL YA!.

TRABAJO O, EN SU DEFECTO, PRESTACIONES DIGNAS.

PENSIONES PÚBLICAS, NO AL RETRASO DE LA EDAD DE JUBILACIÓN.

IMPUESTOS JUSTOS Y REDISTRIBUTIVOS. JUSTICIA FISCAL YA!

SUPRESIÓN DE LOS PARAISOS FISCALES Y DE LAS SICAV.

POR UNA BANCA PÚBLICA. NO A LA PRIVATIZACION DE LAS CAJAS DE AHORROS.

DERECHO A LA VIVENDA DIGNA. PARALIZACIÓN DE LOS DESHAUCIOS.

NO A LA REPRESIÓN SINDICAL, NI A LOS DESPIDOS POR CAUSAS LABORALES, SINDICALES O POR EJERCER EL DERECHO DE HUELGA.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS

Firmantes:

ATTAC – CONFEDERACIÓN INTERSINDICAL – ECOLOGISTAS EN ACCIÓN – FORO SOCIAL DE MURCIA – IAC INTERSINDICAL ALTERNATIVA DE CATALUNYA – INTERSINDICAL Valenciana – IZQUIERDA ANTICAPITALISTA – IZQUIERDA UNIDA –  ODG, OBSERVATORIO DE LA DEUDA DE LA GLOBALIZACIÓN – PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA PCE – SOCIALISMO21 – UJCE UNIÓN DE JUVENTUDES COMUNISTAS DE ESPAÑA – UNIÓN PROLETARIA.


Después de la utopía. Entrevista Antoni Domènech / Daniel Raventós.

La revista cuatrimestral del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Minerva, entrevistó en mayo a Antoni Domènech y Daniel Raventós. Reproducimos esta entrevista, realizada por Esther Ramón y cuya redacción final hizo Carolina del Olmo, que se publicó en el número 15 de Minerva correspondiente al último cuatrimestre de 2010.

Antoni Domènech y Daniel Raventós, colaboradores habituales en distintos proyectos académicos, editoriales y políticos, son dos voces clave en la crítica de las ciencias sociales contemporáneas. Raventós –profesor titular en la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona, presidente de la Red Renta Básica y miembro del Consejo Asesor de ATTAC– es conocido particularmente por sus trabajos en torno a la renta ciudadana universal. Domènech, catedrático de Filosofía de las Ciencias Sociales en la Universidad de Barcelona, es uno de los más importantes filósofos políticos de nuestro país. Ambos son fundadores de la revista Sin Permiso.

Utopía y catástrofe

Domènech: La historia de las utopías modernas muestra que estas suelen aparecer en momentos catastróficos, de derrota. Sin ir más lejos, la Utopía de Tomás Moro es en buena medida una reacción al desastre de la conquista de América: Rafael Hytlodeo es un portugués que le cuenta a Moro lo felices que vivían los indios hasta la llegada de los invasores. Además, el primer libro de la Utopía de Moro analiza con mucho detalle la catástrofe que supuso la destrucción de los bienes comunes en la Inglaterra de comienzos del siglo XVI. Del mismo modo, el llamado “socialismo utópico” es una reacción a la contrarrevolución, a la catástrofe política que supuso para los movimientos populares la derrota de Robespierre. Precisamente, la eclosión del socialismo no utópico, el marxismo y el anarquismo, se produce cuando el movimiento obrero retoma la iniciativa. En ocasiones, las utopías pueden proponer reflexiones interesantes, críticas y lúcidas, como es el caso de William Morris o Diderot, pero a menudo resultan muy reaccionarias. Por supuesto, no hay nada más despótico que la República de Platón. Pero también, a pesar de lo que a menudo se dice, Tomás Moro era profundamente conservador. En Utopía había esclavos públicos, muchos de ellos emigrantes pobres que se esclavizan voluntariamente, un patrioterismo feroz… En general, la utopía se asocia a una derrota mal aceptada, a una huida de la realidad que tiene un componente autoritario. Las utopías suelen estar más preocupadas por la armonía y la felicidad que por la libertad, al contrario que los movimientos revolucionarios reales.

Neoliberalismo y utopía

Raventós: Si pervive una utopía particularmente poderosa, esa es la liberal. De todo el programa neoliberal que se puso en marcha hace unos treinta años no se ha cumplido prácticamente nada; por eso es, en sentido estricto, una utopía reaccionaria, que logró convencer en un momento determinado a buena parte de la sociedad gracias a un aparato de propaganda muy eficaz. ¿Cuánta izquierda no se ha dejado seducir por las grandes proclamas neoliberales? Por ejemplo, nunca se llevó a cabo ninguna reconversión industrial tan brutal como la que pusieron en marcha los gobiernos de Felipe González.

Es importante no subestimar la impresionante elocuencia y capacidad de militancia de algunos neoliberales para resucitar una teoría que después de la Segunda Guerra Mundial había quedado arrinconada por el keynesianismo. John Kenneth Galbraith en su Historia de la economía, que escribe en el momento en que Reagan gana sus primeras elecciones, se muestra perplejo del retorno de lo que él llama la “economía neoclásica”. Pero también es cierto que este proceso implicó una estrategia deliberada de manipulación en la que desempeñaron un papel protagonista los medios de comunicación. La destrucción de los sindicatos y el tejido social en beneficio de la mercantilización generalizada requiere una intervención administrativa a enorme escala que, cuando la resistencia es muy fuerte, se convierte en una liberalizaciónmanu militari, como sucedió en Chile y en Argentina. Precisamente hace poco acaban de detener en Argentina por genocida a Martínez de la Hoz, el gran ministro neoliberal de economía de Videla, un auténtico “chico de Chicago”. También existen procesos de influencia directa, por decirlo así. La cantidad de dinero que se mueve en el mercadeo político de Washington o Bruselas es impresionante. El Tribunal Constitucional norteamericano ha permitido recientemente que las empresas de ese país den todo el dinero que les de la gana a los candidatos electorales, una decisión que muchos, desde el presidente Obama a Noam Chomsky, han considerado un golpe mortal a la democracia.

Domènech: El neoliberalismo puede considerarse una utopía en el sentido de que constituye una auténtica huida de la realidad. La idea de que la expansión de los mercados financieros ha supuesto un retroceso del Estado es sencillamente imaginaria. A estas alturas debería ser obvio que la crisis económica actual es en buena medida el resultado de una política activa de inflación de activos financieros e inmobiliarios por parte de la reserva federal estadounidense y los bancos centrales de muchos países. Y, tras el estallido de la burbuja, la intervención ha sido de nuevo masiva: la inyección de dinero del gobierno de Estados Unidos en la economía real ronda los cuatro billones de dólares, casi cuatro veces el producto interior bruto de España y, en dólares constantes, el mismo coste de la intervención estadounidense en la Segunda Guerra Mundial.

La desregulación de los mercados es un mal chiste. Lo que tenemos son unos mercados profundamente intervenidos en favor de los intereses de rentistas financieros e inmobiliarios en guerra pugnaz con el movimiento obrero organizado y, de un modo más descuidado, con el capital productivo real. La globalización es la venganza de los rentistas, que habían sido contenidos por las políticas reformistas keynesianas de la coalición antifascista de la Segunda Guerra Mundial. El problema es que las élites que nos gobiernan se han creído sus propias mentiras hasta tal punto que han dejado de entender cómo funciona el capitalismo real. Las cuatro semanas agónicas que vivió Grecia hasta que intervino el Banco Central Europeo fueron descabelladas. Cualquier persona que tuviera unas mínimas nociones de macroeconomía sabía que la quiebra de Grecia era inadmisible y que la manera de rescatar su economía pasaba por comprar deuda pública griega. Se tardó tanto en tomar esta decisión no sólo por intereses electorales regionales de la señora Merkel, sino porque la Comisión Europea y los ministros de finanzas europeos no acaban de entender cómo funciona el mundo. Es para acordarse del rey Lear: «Sino de nuestros tiempos es que los ciegos guíen a los locos».

La utopización sobrevenida

Domènech: En las últimas décadas hemos asistido a un desplazamiento hacia la derecha del centro de gravedad del sentido común político. A finales de los años sesenta, cuando estaba estudiando en Alemania, presencié un debate en la televisión pública entre Kurt Kiesinger y Willy Brandt. En determinado momento, Brandt acusó a Kiesinger de querer autorizar las televisiones privadas. Este último puso el grito en el cielo: la democracia cristiana jamás permitiría la existencia de televisiones privadas, dijo, eso sería la muerte de la democracia de la República Federal… Imaginaos lo que pasaría si alguien dijera hoy que las televisiones privadas son problemáticas, como poco se le acusaría de autoritarismo terminal. En aquello años existía un consenso en torno a unos puntos mínimos que hoy se ha roto. En la televisión pública de Cataluña, donde hay un gobierno de coalición de izquierdas, los tertulianos invitados oscilan entre la extrema derecha y el centro, el centro izquierda está sencillamente excluido. Las reformas más elementales y factibles, realizadas mil veces entre 1937 y 1975, ahora parecerían utópicas, irrealizables o peligrosamente totalitarias. Esto ha destruido ideológicamente a la izquierda. La tasa de sindicalización en todo el mundo ha bajado a menos de la mitad en treinta años. El movimiento popular ha sido desvertebrado, desorganizado y eso explica que tengamos una izquierda que, por un lado, parece utópica (porque cualquier cosa parece utópica) y, por otro, reacciona enquistándose sectariamente. Como explicó Rosa Luxemburgo, sin reforma no hay revolución. Y viceversa: para hacer buena reforma necesitas amenazar con algo. Necesitamos recuperar ese tipo de dialéctica.

Raventós: No se trata sólo de cuestiones ideológicas. Las políticas públicas relacionadas con la redistribución de las rentas consideradas normales hace apenas tres décadas son hoy impensables. Durante los Treinta Gloriosos [1945-1973], los tipos impositivos para los más ricos llegaron a estar en el 91% en Estados Unidos. Las rentas superiores a los doscientos mil dólares tributaban –bajo un presidente de derechas como Eisenhower– al 93 %. Y eso ocurría en una época en la que no existían los instrumentos de evasión fiscal actuales. Estamos hablando de la época anterior a la ruptura de Nixon con Breton Woods en 1971, que desancló el dólar, levantó el control de los movimientos de capitales y permitió el retorno al capitalismo anterior a la Segunda Guerra Mundial. Hoy, a efectos prácticos, con los correspondientes y abundantes descuentos, la tributación de las grandes fortunas viene a rondar el 20% y, si son beneficios del capital, el 15%. Actualmente, en el Reino de España, las SICAV, cómodo y legalísimo refugio de las grandes fortunas, tributan al 1%. La normativa que permite semejante barbaridad se aprobó en España con todos los votos parlamentarios menos los de Izquierda Unida. Así que no es sólo que si hoy alguien propusiera recuperar las propuestas de la derecha norteamericana de los años sesenta sería tachado de demente bolchevique, sino que se oculta sistemáticamente esta realidad. Es impresionante el velo de silencio que ha cubierto este asunto.

Domènech: Hay que insistir en que la globalización no es un fenómeno nuevo relacionado con el multiculturalismo e Internet, sino el sistema social dominante hasta la Segunda Guerra Mundial. La reforma del capitalismo de Roosevelt y la izquierda burguesa consistió en una desmundialización de la economía que introdujo controles en los movimientos de capital, ese es el núcleo del keynesianismo. Sólo así fue posible la política socialdemócrata de la década de los cincuenta y sesenta, con unos sindicatos fuertes –capaces de obligar a la patronal a sentarse a negociar porque no podía mover los capitales a su antojo– y constituciones como la alemana o la italiana, que brindaron a los trabajadores derechos que hubieran parecido increíbles en los años veinte. Cuando desapareció la posibilidad de controlar los movimientos del capital se creó lo que Keynes llamaba un “parlamento virtual” donde los mercados financieros votan y su voto cuenta más que el de los parlamentos políticos. En ese contexto, que es el nuestro, el populismo de derechas puede arrasar, como está ocurriendo en Estados Unidos con el movimiento de los Tea Parties. El auge de esta nueva extrema derecha populista se explica por la impotencia de Obama frente a los mercados financieros. Y no hay que olvidar que los asesores económicos de Obama son el equipo de halcones que llevó a la destrucción la Rusia de Yeltsin.

No obstante, hay fenómenos que nos permiten no ser completamente pesimistas. Por ejemplo, tras la quiebra de la economía islandesa, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea pusieron unas condiciones de rescate muy duras que el Parlamento de Islandia aceptó. Pero entonces hubo una gran manifestación de protesta exigiendo un referéndum. Se convocó el referéndum y las medidas fueron rechazadas por un 94% de los votantes. La sumisión al FMI no es la única opción. Por ejemplo, como ha propuesto Randall Wray, un país podría decir a sus deudores que les devolverá el dinero que les debe con títulos fiscales: no te puedo pagar lo que te debo, pero si inviertes en mi país, todos tus beneficios estarán exentos de impuestos. Lo impresionante es que estas medidas de sentido común quedan circunscritas a la discusión de pequeños círculos académicos. La vulgata es “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “hay que apretarse el cinturón”… Auténticas idioteces. Yo suspendo a los estudiantes que dicen estas cosas y, sin embargo, es lo que los grandes “expertos” cuentan en todos los periódicos.

Alternativas

Domènech: Hay fenómenos poco visibles pero importantes que permiten imaginar transformaciones profundas perfectamente factibles. Por ejemplo, un parte significativa de la economía mundial funciona cooperativamente. Hay 800 millones de trabajadores que trabajan directamente o indirectamente en cooperativa, más del 10% de la población mundial. El trabajo asalariado es la minoría mayoritaria en el mundo, pero hay 1.600 millones de trabajadores no asalariados –entre cooperativistas, personas que trabajan en bienes comunales o en propiedades fundadas en el trabajo personal y esclavos–, y 1.000 millones de personas que simplemente están fuera de la economía mundial. El capitalismo no es, como creen los estructuralistas, una gran unidad funcional, sino una realidad histórica muy compleja.

En España tenemos un ejemplo paradigmático, como es la cooperativa Mondragón, la mayor del mundo, con más de 90.000 empleados. Los propietarios de esta empresa son los trabajadores. Hay empleados que no son propietarios, pero todos tienen la posibilidad de llegar a serlo, para ello tienen un banco propio que concede los créditos necesarios para convertirse en copropietario. De este modo, reciben dividendos, tienen voto en las asambleas, que funcionan democráticamente… El abanico salarial es de 5 o 6 a 1, pero son ratios que se pueden revisar en las asambleas. Es una realidad social económica que abundaría mucho más en Europa si no estuviera durísimamente castigada por las políticas económicas de los gobiernos. En el programa de un gobierno de izquierdas podría figurar el fomento de las cooperativas de trabajadores. No todo tiene por qué ser ayudas a las multinacionales…

Raventós: Otra alternativa factible es la renta básica. La renta básica es posible dentro del marco capitalista, como lo fue en su momento la asistencia sanitaria universal. Los que creen que la renta básica es una medida que, de suyo, puede acabar con el capitalismo o bien no entienden cómo funciona el capitalismo o, en todo caso, dan una importancia a la renta básica que no tiene. Pero eso sí, con una renta básica el capitalismo sería muy diferente del que conocemos. No sólo porque cubriría las necesidades básicas y aseguraría el traspaso del umbral de la pobreza. Tan importante como la posible mejora en las condiciones materiales es el aumento del poder de negociación de los trabajadores que supondría. La renta básica, al menos en mi forma de entenderla, es una opción social y económica que supone la intervención del mercado. El mercado, contra lo que se acostumbra a suponer muy precipitadamente, siempre ha estado intervenido. La diferencia entre partidarios de los ricos y de los pobres, para decirlo de forma simplificada, no es que los primeros defiendan el mercado libre y los segundos quieran intervenirlo. La diferencia exacta es la siguiente: los primeros quieren intervenir el mercado para favorecer sus intereses y los segundos quieren intervenir el mercado para favorecer los suyos. Así que la renta básica, como decía, es una opción de política económica en defensa de la mayor parte de la población. No de la parte más rica. Exactamente lo contrario de lo que se ha venido haciendo a lo largo de los últimos treinta y cinco años, si atendemos a ingredientes centrales como la distribución de la renta que se ha producido en este tiempo. Un mero ejemplo, si en 1976 el 1% más rico de EE UU acaparaba el 9% de la renta nacional, en 2006 ya acumulaba el 20%. 2006 es justamente el año anterior a la crisis. Actualmente la desigualdad y la polarización son mayores. La crisis económica, provocada y ahora perfectamente aprovechada por los especuladores y banqueros, está haciendo estragos entre las clases populares.

Domenech: Soy bastante escéptico respecto a las políticas “alterglobalizadoras” que hoy ocupan a buena parte de la izquierda. Creo que, por lo pronto, hay que desandar buena parte de lo andado, enderezar la economía y recuperar la soberanía popular controlando los movimientos de capitales. Hay que hacer una amplia coalición que destruya la élite rentista que se ha apoderado de la dinámica económica del mundo y que nos ha llevado a la catástrofe. Porque, es importante que lo tengamos presente, lo que vemos es la punta de un iceberg que se ha consolidado a lo largo de los últimos treinta años y que incluye también un enorme aumento de la pobreza en todo el mundo o la destrucción masiva de los ecosistemas. La situación actual ya la conocemos, este es el capitalismo desbridado de la Belle Époque. Tenemos conocimientos muy elaborados para saber cómo se pueden hacer reformas, lo que falta es voluntad política para emprenderlas y, sobre todo, un gran movimiento social como el que sí existía en los años treinta.

Yo invito, tú pagas.

A comienzos del año 2009 la economía mundial pendía de un hilo: los mercados de valores se desinflaban, el crédito era un sueño de los buenos tiempos y los bancos caían como fichas de dominó desde Estados Unidos hasta Europa. La deuda privada se convirtió en pública y los gobiernos, auspiciados por las grandes instituciones bancarias y financieras, empezaron con los recortes. Esta semana las grandes firmas financieras de Wall Street anuncian nuevo récord en el pago de bonus y las grandes fortunas siguen evadiendo impuestos con sus artificios de ingeniería fiscal. Recuerda a esa broma que suelen hacerse los amigos en el bar, yo invito y tú pagas.

Por segundo año consecutivo, los banqueros de Wall Street se van a repartir 140.000 millones de dólares, un 4% más que el año pasado, en un país donde la tasa de desempleo no desciende y la protección social está bajo mínimos. Lo más grave es que entre los afortunados hay entidades que fueron rescatados con dinero público, como AIG.

Al otro lado del Atlántico, España sufre los recortes que Europa ha impuesto con el beneplácito del Gobierno. Las clases medias son las más afectadas, con la bajada y la congelación de sueldos a funcionarios y pensionistas, así como un incremento en los impuestos indirectos que afectan a toda la población. En un intento de contentar a la izquierda, el Gobierno ha elevado el fisco a los que “más tienen”, pero a pesar del guiño, los que de verdad “más tienen” son las grandes fortunas, aquellas que evaden impuestos de forma sistemática a través de las SICAV (Sociedad de Inversión de Capital Variable).

Estas sociedades invierten en valores mobiliarios y financieros. Tributan un 1%, cuando tendrían que hacerlo al 30% como las demás sociedades. Para poder crear una SICAV hay que comenzar con un capital mínimo de 2.400.000 euros y las plusvalías quedan libres de tributación. A pesar de que la sociedad debe estar constituida por un mínimo de 100 accionistas, suelen usar lo que se denomina “el mariachi”, alguien que sólo pone el nombre para que los verdaderos accionistas trabajen a su antojo y disfruten de pingües beneficios gracias a los chanchullos que cometen, ya que cuando sacan dinero dicen que no se trata de ganancias sino de reducción de capital. Mientras, los mileuristas siguen aportando religiosamente su granito de arena para salir de la crisis.

El Gobierno de España parece que ha metido mano en el asunto. A partir del 1 de enero del 2011, las SICAV van a tener que tributar entre un 19 y un 21%. Pero desde el primer día del anuncio del cambio de la normativa fiscal ya se están augurando grandes fugas de capitales. ¿Acaso estos evasores de impuestos consentidos no quieren ayudar a su país? ¿Acaso estos evasores que se han estado beneficiando de un régimen favorable ahora que toca “arrimar el hombro” en tiempos difíciles va a dejar sus compatriotas a solas con la crisis?

Las grandes fortunas y los bancos tienen responsabilidades y cuentas que rendir con la sociedad, pero parece que para algunos su máxima sigue siendo la irresponsabilidad. Una prueba de ello es el informe publicado por SETEM (federación de ONGs de solidaridad internacional), que demuestra que 49 grandes bancos europeos, entre ellos los españoles BBVA y Santander, fomentan que “los países pobres pierdan cada año 160.000 millones de dólares a causa de la evasión fiscal”. Otro ejemplo de esta irresponsabilidad son las irregularidades que bancos estadounidenses como JPMorgan Chase o Bank of America han cometido con el embargo de viviendas a sus prestatarios.

Esos que cometen estas irregularidades e inventan nuevas formas para encubrir sus ganancias a través de innovaciones financieras, son los mismos que provocaron la crisis de las hipotecas subprime a través de maquillaje y fórmulas engañosas. Son los mismos que nutren de capital a los paraísos fiscales y fomentan masivamente los flujos de economía sumergida. Son como el amigo con el que vas al bar y dice: yo invito y tú pagas.

David García Martín – El Mercurio

Guerra mundial financiera, G 20 y el “ITF YA”

Fernando Moreno Bernal. Presidente de ATTAC Andalucia

Hoy día 22 de octubre de 2010 se ha abierto la reunión de Ministros de Finanzas, Gobernadores de Bancos Centrales y jefes de las principales instituciones internacionales en Gyeongju (Corea del Sur) preparatoria de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del G20 que se celebrará los días 11 y 12 de noviembre en Seúl. El objetivo buscado, según manifiestan, es poner freno a la guerra de divisas desatada en el verano, e intentar acercar las posturas de las economías emergentes y las ricas para no poner en riesgo la recuperación económica. No asisten ni el Ministro de finanzas ni el Gobernador del Banco Central de Brasil, para qué si EE UU no cede, según manifiestan. El pasado 4 de octubre subió su impuesto a los especuladores con su moneda, el real, del 2% al 4%, y anuncian su nueva subida al 6% para el lunes 25 de octubre. China, Rusia, Brasil y Turquía ya han firmado acuerdos para utilizar sus propias monedas al margen del Dólar y el Euro.

Vivimos el colapso del sistema de relaciones monetarias y comerciales multilaterales vigentes y de las probabilidades de una coordinación multilateral para salir de la crisis del capitalismo financiero. Los diferentes Estados-nación tratan de superar su crisis aumentando sus exportaciones dada la caída de la demanda interna, pero los mercados extranjeros están estancados, todos menos los emergentes BRIC que crecen entre el 5 y el 9,6% de China. El sistema financiero internacional esta basado en la supremacía económica y la posición privilegiada del dólar estadounidense como la moneda mundial de comercio y reserva. Y este se ha roto.

El año 2010 el sistema capitalista en crisis agudiza sus contradicciones sin ninguna alternativa estratégica al mismo aún en el horizonte. Los procesos lógicos y previsibles lo han llevado al callejón sin salida en el que se mueve la economía-mundo de este sistema capitalista que agoniza. Los rescates de la banca privada especuladora y los estímulos nos han abocado al endeudamiento fiscal y de deuda sin respaldo real y la quiebra de los estados, que tan sólo EE UU puede mantener abusando del dólar como moneda internacional de intercambio, pero agudizando con ello las tensiones en el sistema financiero internacional. Al suspender los estímulos la rápida recaída en el consumo y la producción profundiza la crisis social y política por el desempleo y la crisis de las prestaciones y servicios públicos que conlleva. Es una lucha de todos contra todos, combinada con un ataque general en cada país contra la ciudadanía que es forzada a pagar con reducción de salarios directos, atrasos en la edad de jubilación y pérdida de derechos en el Estado de bienestar, que denominan “medidas de austeridad”, por el colapso del orden económico capitalista global. Las huelgas y conflictos sociales generalizados en todo el mundo no han hecho sino comenzar. 2010 esta siendo el año de la soledad y la angustia para los Estados-nación al romperse todas las alianzas. La desconfianza y la inseguridad se generalizan. Nadie confía en nadie. Todos se enfrentan a todos. La propia Unión Europea se ha visto abocada a grandes enfrentamientos en su seno que pusieron en peligro la supervivencia de la zona euro, y que todavía hoy pueden llegar a fracturarla. Los principales ataques a los países periféricos de la zona euro provienen de Alemania y Francia con la intención de debilitar al euro y mejorar sus posiciones exportadoras en esta batalla mundial comercial y de divisas.

Los que contraponen las medidas adoptadas por EE UU con las de la UE olvidan la posición distinta en la que se mueven sus oligarquías. Todas ellas van dirigidas a favorecer a sus propios especuladores, pero desde posiciones hegemónicas o subalternas en el vigente aún sistema financiero internacional.

Los planes de rescate de la banca privada tras el estallido de la burbuja de 2008 inundaron de liquidez al sistema. Necesario, decían, para que siguiera fluyendo el crédito a las empresas y familias. Al no utilizar estas aportaciones de fondos para nacionalizar consecuentemente a la banca y dejarla hacer sin ningún control, este exceso de liquidez ha fluido no hacia la economía real y productiva que crea empleo y satisface necesidades sociales, sino a la especulación internacional con las divisas, aumentando las tasas de cambio de estas y perjudicando sus exportaciones al encarecerla, y a los bonos soberanos de los Estados creando crisis artificiales para obtener jugosas ganancias con su especulación. Lejos de ayudar a la recuperación global la “marea de liquidez” procedente de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo está causando el caos en los mercados de divisas y en el sistema financiero internacional.

La Reserva Federal de EE UU ha anunciado la puesta en circulación de otro plan de estímulos por cuantía cercana al billón de dólares. Desde comienzo de Septiembre el precio del oro se ha disparado, los inversores institucionales venden dólares, bajando su cotización y mejorando su posición exportadora, y las demás naciones y divisas a adoptar medidas tendentes a proteger sus propias economías. Sobre todo los BRIC que al crecer y disponer de tipos de interés más altos atraen los fondos de inversión como refugio.

De esta forma el actual sistema financiero internacional empuja la especulación y obliga a los Bancos Centrales de los demás países a realizar empréstitos a EE UU. Los especuladores obtienen beneficio doble: por un lado el margen entre prestamos al 0,25% ó 1% tomados en EE UU o la UE y los rendimientos de los bonos soberanos de los países a los que se lo prestan, y por otro lado, la ganancia en el mercado resultante de la revalorización de la tasa de cambio de la divisa en la que presta.

El crecimiento de dólares en las reservas de los Bancos Centrales trasfieren la financiación del déficit presupuestario de EE UU al resto del mundo, mayoritariamente provocado por las guerras de Irak y Afganistán, el despliegue militar en Bases militares repartidas por todo el mundo, y los planes públicos para salvar a los especuladores internacionales que los sacan de USA y la UE. Enfrentados a la entrada masiva de dólares todos los países se ven obligados a manipular la cotización de sus divisas en su autodefensa.

El sistema financiero global esta roto. Las posibilidades de actuar son tres: 1) Reciclar los dólares entrados comprando bonos de EE UU, que se viene haciendo, 2) Controlar los movimientos de capital, como hizo Malasia en 1998 y Lula en Brasil vía impositiva, 3) evitar el uso de dólares y euros como está haciendo China, Rusia, Brasil, Turquía, India, y cada vez más países.

Tanto la posibilidad 2 como la 3 significan caminar en dirección contraria a la seguida hasta ahora y el fin del FMI, del Banco Mundial y de la OMC.

En este contexto se abre la reunión de Ministros y Gobernadores del G 20. El Secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, la ha abierto con un escrito en la línea del borrador preparado por la organización que es un ataque a los BRIC y que ya ha sido rechazado por estos, Japón y Australia. El pasado Lunes 18 en Shangai la reunión preparatoria entre el FMI y China se cerró sin rueda de prensa entre sus primeros espadas, que trasmitió la permanencia de los desacuerdos y enfrentamientos dados en las reuniones anuales del FMI y Banco Mundial celebradas el 9 y 10 de octubre en New York.

La alternativa es clara: o se apoya con sentido común y coherencia a la economía productiva normalizando el comercio internacional y regulando las finanzas internacionales en un sistema financiero internacional que responda al interés compartido de todos, o por el contrario, se crean y mantienen las oportunidades para los especuladores institucionales, de lo que se benefician no más de 200.000 personas en todo el mundo, y en beneficio exclusivo del complejo industrial-militar de EE UU y Gran Bretaña manteniendo el actual sistema financiero con retoques que no cambien en esencia nada.

Y es en este contexto donde ATTAC España lanza su Campaña por un Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) YA. Por que existe una salida en la correcta dirección del “buen vivir”, que pasa por hacer pagar la crisis a sus causantes mediante la imposición de un impuesto a los especuladores, tanto en las transacciones financieras en divisas como internamente en los estados-nación, y haciendo aflorar el dinero negro de los paraísos fiscales.

La lucha por establecer un ITF es mucho más que conseguir unos ingresos para financiar los Objetivos del Milenio (ODM). Dentro de este orden de las cosas los ODM son inalcanzables y cada vez estarán más lejanos, como hoy lo están más que en el año 2000. Los escasos logros se han conseguido en los países del BRIC que rompieron con las directrices neoliberales.

Establecer un ITF es luchar contra la especulación que destruye el empleo y el bienestar de la ciudadanía, por lo que tiene que ser lo suficientemente alto como para imposibilitar esta especulación. Establecer un ITF es defender el sistema democrático, que supone salir de la crisis situándonos en la perspectiva de solucionar las necesidades de las personas primero, lo que necesariamente implica regular y controlar al sistema financiero especulador. Establecer un ITF es apostar por la salida de la crisis, porque el escenario posible sin él es un 2011 recesivo, de ruptura y contracción hasta el agotamiento y cansancio final.

Fernando Moreno Bernal

Cádiz, a 22 de octubre de 2010

España puede entrar en un callejón sin salida como ocurrió en Argentina hace 10 años.

Un balance de 2010: la crisis se enquista,

la supervivencia del euro está gravemente amenazada

y la política de austeridad fiscal podría llevar a España a un callejón sin salida

como el experimentado por Argentina hace 10 años.

Joseph Stiglitz – premio Nóbel de economía en 2001. (Sunday Telegraph, 4 octubre 2010)

El pasado 4 de octubre, el diario británico Sunday Telegraph publicó un extracto del prólogo a la segunda edición del libro de Stiglitz Caída libre (Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy, segunda edición, Londres, octubre 2010, £9.99, editorial Penguin), cuya primera edición fue a comienzos de este año. El epílogo es un balance de lo ocurrido en los primeros 9 meses de 2010, y queda bien resumido en el título con que lo reproducimos en castellano: la crisis se enquista, la supervivencia del euro está gravemente amenazada y la política de austeridad fiscal podría llevar a España a un callejón sin salida como el experimentado por la Argentina hace 10 años.

Desdichadamente, en los ocho meses transcurridos desde que apareció la edición en tapa dura de Caída libre, la sucesión de acontecimientos ha superado ampliamente las expectativas: el crecimiento se mantiene débil, lo suficientemente anémico como para que el desempleo se mantenga estupefacientemente alto; las ejecuciones hipotecarias siguen en curso, y aunque los bonos y los beneficios bancarios se han recuperado, la oferta de crédito no lo ha hecho, a pesar de que la revitalización del mismo fue la razón alegada para proceder a los rescatesbancarios.

Unas cuantas cosas –la crisis en Europa y el alcance de las prácticas fraudulentas e inmorales— de los bancos han ido peor de lo esperado, y otras –la dimensión de las pérdidas en los rescates bancarios— han ido un poco menos mal. Las reformas en la regulación del sector financiero son más fuertes de lo que yo esperaba.

Sin embargo, los bancos se mostraron capaces de mitigar lo bastante esas regulaciones como para que no resulte despreciable la perspectiva de una nueva crisis atravesada en nuestro camino: hemos comprado un poco de tiempo extra antes de la próxima crisis y, tal vez, reducido el probable costo de la presente para nuestra economía.

Las verdaderas novedades de los últimos ocho meses han sido la paulatina aceptación por parte de economistas y gobernantes de la triste imagen del futuro contra la que yo previne: una “nueva normalidad” con elevadas tasas de desempleo, menor crecimiento y menos servicios públicos en los países industriales avanzados.

La prosperidad ha sido substituida por un malestar à la japonesa sin final divisable. Pero al menos en la “década perdida japonesa”, a despecho del bajo crecimiento, el desempleo se mantuvo bajo y la cohesión social, alta.

En Europa y en Norteamérica, en cambio, algunos economistas hablan ya de una tasa de desempleo del 7,5%, harto por encima de la del 4,2% de que disfrutamos en los 90. La crisis financiera, en efecto, ha generado daños duraderos a nuestra economía, de los que tardaremos en recuperarnos.

No fue sólo el sector privado el que vivió en un mundo de fantasía sostenido por las burbujas en los bienes raíces y en los mercados de valores. Los gobiernos han participado indirectamente en esa ensoñación, pues recibieron parte del “ingreso fantasma” en forma de recaudación fiscal.

Para países fiscalmente atolondrados como los EEUU o Grecia, las cosas fueron todavía más dolorosas. En 2009, el déficit estadounidense se disparó hasta el 9% del PIB; en Gracia, hasta el 13,6%.

Reducir esos déficits a cero no es cosa simplemente de esperar a la recuperación, pues esos países incurrieron en déficits incluso cuando sus economías disfrutaban de empleo casi pleno y su recaudación fiscal se veía robustecida por impuestos a los beneficios dimanantes de las burbujas. Se precisará, pues, de substanciales incrementos recaudatorios o de substanciales recortes de gastos.

Pero aquí está el problema: a falta de recuperación global, cualesquiera recortes en el gasto o incrementos en la recaudación llevarán con toda seguridad a un crecimiento aún más lento, lo que tal vez empujará a las economías a una segunda zambullida en la recesión.

A pesar de estas duras perspectivas para la economía mundial, no tardaron Wall Street y los mercados financieros en lanzar vociferantes exigencias de reducción de los déficits.

Su miopía dio origen a esta crisis, y ahora son igualmente miopes al exigir políticas que no pueden sino traer consigo la persistencia de la misma.

Exigen recortes presupuestarios. Sin esos recortes, advierten –de consuno con las agencias de calificación—, subirían los tipos de interés, se cortaría el acceso al crédito y a los países no les quedaría otra solución que volver a recortar.

Pero, no bien anunció España recortes presupuestarios en mayo pasado, las agencias de calificación y los mercados respondieron: dijeron, yo creo fundadamente, que los recortes dañarían las posibilidades de crecimiento.

Con menor crecimiento, los ingresos fiscales bajarían, los gastos sociales (como la ayuda al desempleo) subirían y los déficits aumentarían. Fitch, una de las tres agencias principales, degradó la calificación de la deuda española, y siguieron subiendo los intereses que España tiene que pagar por su deuda pública. Evidentemente, los países salen perjudicados tanto si recortan el gasto como si no lo hacen.

Todo eso resulta tanto más perturbador, si se recuerda que, en el punto culminante de la crisis, hubo un momento de unidad nacional e internacional, cuando los países se enfrentaron de consuno a la calamidad económica. Por vez primera, el G20 juntó a los países desarrollados con los países de mercados emergentes para buscar soluciones al problema global del mundo. Hubo un momento en que todo el mundo era keynesiano y quedó desacreditada la malhadada idea de que los mercados desembridados eran estables y eficientes.

Brotó la esperanza de que pudiera emerger un capitalismo nuevo y más temperado y un orden económico global más equilibrado: un orden que pudiera al menos lograr una mayor estabilidad a corto plazo y comenzar a enfrentarse a cuestiones inveteradas, como la gran y creciente desigualdad entre ricos y pobres o la necesaria adaptación de nuestra economía a la amenaza del cambio climático, liberándola de su dependencia de los combustibles fósiles y reestructurándola para que pudiera competir eficazmente con los países emergentes de Asia.

Esas esperanzas alimentadas en los primeros meses de la crisis pronto quedaron sofocadas.

Lo que ahora domina es un humor desesperanzado: el camino a la recuperación puede llegar a ser todavía más lento de lo que yo sugería hace ocho meses, y las tensiones sociales, harto más graves.

Los altos ejecutivos bancarios han vuelto a los bonos de siete dígitos, mientras que los ciudadanos de a pié no sólo se enfrentan a un desempleo desapoderado, sino a unas tasas de cobertura del mismo que distan por mucho de estar a la altura de los desafíos de la Gran Recesión.

Hay críticos que sostienen que el keynesianismo sólo logró aplazar el día del juicio final. Yo digo, en cambio, que

A menos que volvamos a los principios básicos de la teoría económica keynesiana, el mundo está condenado a un prolongado declive.

La crisis ha empujado al mundo hacia una terra incognita preñada de incertidumbres.

Pero hay una cosa de la que podemos estar absolutamente seguros:

Si los países industriales avanzados siguen por el camino que parecen haber emprendido hoy, la probabilidad de que volvamos a tener algún día no lejano una economía robusta es nula.

Las posiciones económicas y políticas relativas de Europa y Norteamérica quedarán muy disminuidas, así como nuestra capacidad para enfrentarnos a cuestiones de largo plazo de las que depende crucialmente nuestro futuro bienestar.

Cerca de tres años después del comienzo de la recesión, resulta claro que, aun si la economía pudiera hallarse en vías de recuperación, esas vías están atravesadas de obstáculos imprevistos.

Entre las cosas más impredecibles que nos aguardan, están el cambio de la política y de las actitudes públicas.

Aun antes de que llegara a restaurarse el crecimiento económico, y cuando los EEUU siguen empantanados en una alta tasa de desempleo, la atención –cuando menos en algunos centros de decisión— se ha desplazado hacia la inflación y la deuda pública. Ahora mismo, la inflación no constituye una amenaza, y es improbable que sea de otro modo mientras el desempleo siga alto. Los bajos tipos de interés de los bonos públicos a largo plazo sugieren que el “mercado” mismo no está preocupado por la inflación, ni siquiera a largo plazo.

Para mí, el problema real –no ahora, pero posiblemente sí en unos pocos años— no es tanto la inflación o la deuda, cuanto las preocupaciones por la inflación y la deuda manifestables en los mercados financieros. Si el mercado empieza a anticipar inflación, exigirá tipos de interés más altos como compensación por el disminuido valor de los dólares que recibirá en pago. Unos tipos de interés más altos llevarán a un aumento de los déficits y de la deuda públicos, lo que, combinado con las expectativas de inflación, ejercerá una presión a favor del recorte del gasto público antes de que la economía comience a pisar suelo firme.

El problema real hoy sigue siendo el desempleo y una insuficiente demanda agregada, precisamente el problema al que se enfrentó John Maynard Keynes hace 75 años, durante la Gran Depresión. La política monetaria, entonces como ahora, había llegado a sus límites: ulteriores rebajas de los tipos de interés, cuando no eran imposibles, carecían de efecto estimulante sobre la economía.

No nos queda sino usar políticas fiscales para restaurar la salud de la economía. Las pruebas de que eso funciona son abrumadoras. China puso por obra uno de los mayores paquetes de estímulos del mundo y ha tenido una de las recuperaciones más robustas, a pesar de que su economía se enfrenta a choques nada despreciables. En Europa y en Norteamérica, los paquetes de estímulos fueron demasiado pequeños como para desactivar la onda de choque procedente del sector financiero; pero de no haber andado esos estímulos de por medio, las tasas de desempleo serían ahora mucho más altas.

Los ataques de los mercados financieros contra Grecia muestran que los déficits no pueden ser ignorados. Grandes déficits pueden llevar a incrementos en las tasas de interés pagaderas por la deuda pública, lo que empeora los problemas fiscales del país en cuestión.

Pero la respuesta ingenua a esa situación –recortemos el gasto y/o aumentemos los impuestos— todavía hace peores las cosas, como ha tenido ocasión de verse harto dramáticamente con la respuesta de los mercados a las nuevas políticas de austeridad del gobierno de España.

La metáfora que compara a los Estados con los hogares y las familias no sólo anda muy equivocada, sino que es peligrosa. A los hogares que viven por encima de sus posibilidades – esto es, que gastan más de lo que ingresan— y no hallan banco que les financie el derroche, no tienen más opción que la de recortar sus gastos. Un recorte suficientemente grande logrará poner orden en su cuentas. Pero cuando los Estados recortan el gasto público, el crecimiento se desacelera, crece el desempleo y caen los ingresos (y por lo mismo, la recaudación fiscal).

Hay una vía para salir de este aparente brete. Las preocupaciones por la dimensión de la deuda deberían llevar a un cambio en las pautas del gasto público: a un gasto público que trajera consigo elevados rendimientos económicos.

También debe cambiar la estructura fiscal, que debe orientarse hacia un mayor crecimiento y a menores déficits. Por ejemplo: hay que aumentar los impuestos a los ingresos empresariales de aquellas empresas que no reinviertan en su negocio, y disminuir los impuestos a aquellas empresas que sí invierten (a través, pongamos por caso, de créditos fiscales de inversión). Mayor inversión lleva a mayor crecimiento, y mayor crecimiento lleva a mayores ingresos fiscales. Otro ejemplo: aumentar los impuestos a las personas con elevados ingresos y bajarlos a las personas de bajos ingresos.

El Estado puede hacer más todavía para ayudar al crecimiento del sector privado: si los viejos bancos no prestan, puede crear nuevos bancos que presten. Con una fracción de lo que se gastó en resolver el problema de los malos préstamos de los viejos bancos, el gobierno podría haber creado un conjunto de nuevas instituciones financieras no contaminadas por las malas decisiones del pasado.

Cuando se creó el euro como moneda común en Europa, no fuimos pocos los que manifestamos reparos. Los países que comparten moneda tienen una tasa de cambios fija entre sí, lo que les priva de una herramienta importante de ajuste.

Si Grecia y España hubieran tenido la posibilidad de depreciar su moneda, sus economías se habrían robustecido aumentando las exportaciones. Además, al uncir su moneda al euro, lo que hicieron esos dos países fue renunciar a otro importante instrumento útil para reaccionar al desplome: la política monetaria. De no ser por eso, habrían podido responder a sus respectivas crisis reduciendo los tipos de interés para estimular la inversión

Nada de eso: los países de la eurozona tienen las manos atadas. Mientras no se produjeran choques, el euro tenía que funcionar. La prueba vendría cuando alguno de los países se enfrentara a una caída económica- La recesión de 2008 fue la prueba, y se diría que Europa no la pasó.

Para hacer frente a la pérdida de esos instrumentos vitales de ajuste, la eurozona debería haber creado un fondo de ayudas para los países con problemas. Los EEUIU constituyen un área de “moneda única”, pero cuando California tiene un problema y se dispara su tasa de desempleo, una buena parte de los gastos son sufragados por el gobierno federal.

Europa no tiene manera de ayudar a los países que se enfrentan a problemas graves.

España tiene una tasa de desempleo del 20%, y entre un 40% y un 50% de jóvenes en el paro.

Tenía excedente fiscal antes de la crisis; a partir de la crisis, su déficit fiscal rebasa el 11% de su PIB.

Pero esas son las reglas del juego: España tiene ahora que recortar el gasto, lo que casi con toda seguridad elevará todavía más su tasa de desempleo. A medida que se encoja su economía, la mejora de su posición fiscal sólo puede ser mínima.

España podría estar entrando en el tipo de espiral mortal que afligió a Argentina hace ahora una década.

Sólo cuando Argentina rompió su vínculo con el dólar logró empezar a crecer y a reducir su déficit. Hasta ahora, España no ha sido objeto de ataques especulativos, pero eso podría ser sólo cuestión de tiempo.

Tal vez no fue una sorpresa el que Grecia fuera el primer país atacado por la especulación. A los especuladores les gustan los países pequeños, porque se los puede atacar con menos dinero. Y los problemas de Grecia eran, por distintas vías, los más graves (a pesar de que su tasa de desempleo del 10% estaba en línea con la media de la eurozona, su déficit público –un 13,6% del PIB en 2009— era el segundo mayor de Europa, tras el de Irlanda). Su deuda significaba el 115% del PIB. Como los EEUU, tenía déficit ya antes de la crisis (5,1% del PIB en 2007, peor aún que el de los EEUU, que era del 2,5% del PIB).

Como muchos Estados y muchas empresas del sector financiero, Grecia se deslizó por la pendiente de la contabilidad fraudulenta, asistida en ello, y aun empujada, por empresas financieras privadas. Varias empresas financieras norteamericanas que habían descubierto la forma de servirse de esas prácticas contables y de productos financieros como derivados y repos para engañar a sus accionistas y a sus gobiernos, vendieron esas técnicas y esos productos a gobiernos deseosos de ocultar sus déficits.

Resulta preocupante que haya una ola de austeridad abatida sobre toda Europa (la cual, según observé antes, toca ya las costas norteamericanas).

En la medida en que muchos países recortan simultánea y prematuramente el gasto público, la demanda agregada global disminuirá y se desacelerará el crecimiento, lo que tal vez traiga consigo una segunda zambullida en la recesión.

Es posible que la recesión traiga su origen en los EEUU, pero Europa está poniendo ahora de su parte, y con creces.

La eurozona necesita una mejor coordinación económica, no sólo una coordinación reducida a reglas presupuestarias; es preciso que los países europeos cooperen entre si para que Europa vuelva al pleno empleo y para ayudar a los que sufran choques económicos importantes.

Europa creo un fondo de solidaridad para ayudar a los países de nuevo ingreso en la UE, en su mayoría más pobres. Pero no creo un fondo de solidaridad para ayudar a las partes de la eurozona en apuros. Sin un fondo de ese tipo, las perspectivas de futuro de la eurozona son nulas.

Hay una solución: la salida de Alemania de la eurozona, o en su defecto, la división de la eurozona en dos subregiones.

El euro ha sido un experimento interesante pero, al igual que el casi olvidado sistema del MTC (Mecanismo de Tasa Cambiaria) que le precedió –y que se hundió cuando los especuladores atacaron la libra esterlina en 1992—, carece del apoyo institucional necesario para que funcione.

Si Europa no logra encontrar la vía para hacer esas reformas institucionales perentorias, entonces mejor sería admitir el fracaso y sacar las oportunas consecuencias de pagar un alto precio en desempleo y sufrimiento humano en nombre de una configuración institucional fracasada, incapaz de estar a la altura de sus ideales fundacionales.

La primera década del siglo XXI ha quedado ya registrada como una década perdida. La mayoría de los norteamericanos tienen ahora menores ingresos que al romper el siglo. Europa empezó la década con un osado experimento, el euro, que podría estar revelándose ahora como un fracaso.

En ambos lados del Atlántico, el optimismo de comienzos de década ha quedado cubierto por una tiniebla de nuevo cuño. A medida que las semanas del desplome –el Nuevo Malestar— trocan en meses y los meses, en años, una nueva y grisácea palidez proyecta su sombra.

Yo escribí a comienzos del presente año que limitarse a salir del paso a trompicones no bastaría, y que no era demasiado tarde para sentar las bases de un curso alternativo. Lo cierto es que hemos seguido dando tumbos para salir del paso: en algunas cosas, como la reforma regulatoria, mejor de lo que yo me temía, pero peor de lo que esperaba; en otras, como la creación de una nueva visión, mis temores se han revelado plenamente fundados. Todavía no es demasiado tarde. Pero la ventana de las oportunidades podría estar a punto de cerrarse.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero