PRESUPUESTOS GENERALES DEL ESTADO 2012

MAS AVANCES HACIA LA DESTRUCCION DEL ESTADO DE
BIENESTAR
MAS SUMISION AL GRAN CAPITAL ESPECULATIVO

 

        Los  recortes  en  los  presupuestos  públicos  para  el  año  2012  traerán
un  claro  empeoramiento  de  las  condiciones  de  vida  y  de  los  servicios
públicos  y  prestaciones  sociales.  No  se  reactivará  la  economía,  sino  que
se  contraerá  al  menos  en  un  1%  y  se  admite  por  el  propio  Gobierno  del
Partido 630.000
 
        Los  recortes  afectan  al  gasto  público  en  casi  todas  las  esferas,  pero
de  un  modo  desigual.  Pretenden  justificarlos  en  la  necesidad  de  alcanzar
que  el  déficit  público  (desfase  entre  ingresos  y  gastos  públicos  en  los
presupuestos  generales  del  Estado  que  se  expresa  en  porcentaje  del
P.I.B.), sea el 5.3% del Producto Interior Bruto acordado con la UE.
 
        En  promedio,  los  recortes  del  gasto   de  los  diferentes  ministerios
asciende  a  un  17%,  lo  que  supone  en  total  una  reducción  de 27.300
sectores porcentaje.  Así  Educación  verá  recortado  el  gasto  en  un  21,9%  (pasará
de  3.918  millones  de  euros  a  3.088  millones),  Agricultura,  Alimentación
y  Medio  Ambiente  en  un  31,2%.  Por  su  parte,  Sanidad  verá  reducido  el
gastoEmpleo  y  Seguridad  Social  en  un  7,4%  (de  22.593  millones  de  euros
a 20.924 de Justicia del 6,3%, los de Presidencia 3,8% y los de Interior del 4,3%.
 
       La Casa Real reduce sus gastos en un 2% y la aportación a la Iglesia
Católica, a cuenta del IRPF, no sufrirá reducción alguna.
 
        Los  recortes  en  Educación,  recaen  sobre  todo  en  universidad,
tecnología  y  formación.  Cae  a  la  mitad  la  cuantía  para  universidades  y
tecnología  y  la  formación  permanente  del  profesorado  pierde  todos  los
fondos. Habrá un 11,6% menos para becas.
 
       Las políticas sociales sufren un recorte del 15,7%, siendo las que más
se  reducen  inmigración  (54,8%),  ,  familia  en  infancia  (42,6%),  mayores
(38,6%),  emigración  (23,1%),  violencia  de  genero  (21,3%),  dependencia
(13,7%).  Políticas  de  salud  caen  un  6,8%.  Investigación  y  Desarrollo  se
lleva  uno  de  los  peores  recortes,  el  25%.  Las  políticas  activas  de  empleo
se  reducen  en  un  21,2%  (pasan  de  7.322  millones  de  euros  a  5.765
millones): Vergonzoso, para los más de cinco millones de parad@s.
 

        Como  decíamos  todos  estos  recortes  se  imponen  bajo  el  pretexto  de
reducir  el  déficit  público.  Pero  el  déficit  público  no  es  el  problema,  pues
siempre es necesario un cierto nivel de endeudamiento, entre otras cosas, 
porque  hay  inversiones  a  largo  plazo  que  no  se  pueden  costear  con  los
presupuestos anuales. El promedio europeo del déficit público en 2010 era
del  6%  y el  del  Reino  Unido  era  del  10,3%  superior  al  del  Estado
que alcanzó ese año el 9,3%.
 
        Para  cubrir  el  déficit  público  el  Estado  se  endeuda  recurriendo  al
préstamo  de  Bancos  y  particulares,  lo  que  va  configurando  la  deuda
pública.
 
        Lo  lógico  sería  que  El  Banco  Central  Europeo  prestara  dinero  a  los
Gobiernos,  sin  interés  o  con  un  interés  mínimo.  Pero  el  BCE   no  presta
dinero directamente a los Gobiernos, pero sí lo hace a los Bancos privados
a  buen  precio.  Así  el  último  paquete  prestado  por  El  BCE  a  los  bancos
privados  fue  de  500.000  millones  de  euros  al  1%.  Estos  bancos  colocan
una  buena  parte  de  ese  dinero  prestándolo  al  Estado a  un  interés  muy
superior. En  la  última  subasta  pública  de  bonos  del  Estado,  después
conocerse  los  presupuestos  generales  para  2012,  el  interés  ha  subido  y
esos es clara.
 
        Todo  ésto  está  provocando  que  los  intereses  que  el  Estado  Español
tiene  que  pagar  sigan  aumentando,  engrosando  la  deuda  pública  y  los
negocios  de  la  Banca.  Lo  que  se  pagará  de  intereses  a  la  Banca  por
la  deuda  pública  en  el  año  2012  asciende  a  28.876  millones  de  euros,
es  decir,  una  cantidad  que  supera  los  recortes  del  gasto  público  en  los
presupuestos  generales  para  este  mismo  año  (27.300  millones  de  euros).
O  dicho  de  otra  forma,  todo  lo  que  se  ahorra  en  gasto  público  se  va  para
pagar los intereses de la deuda pública.
 
        Es  cierto  que  el  endeudamiento  del  Estado  Español  se  ha  elevado
pasando  del  68,5%  al  79,9%  del  P.I.B en  el  año  2012  (por  encima
limite  establecido  en  el  llamado  Pacto  por  la  Estabilidad  y  el  Crecimiento
que  lo  sitúa  en  el  60%),  pero  también  es  cierto  que  la  media  europea  es
del 90%.
 
       La  presión  de  los  mercados,  de  las  grandes  economía  europeas,  se
ejerce  para  que  este  negocio  del  endeudamiento  siga  funcionando  y  para
que la gran banca que ha invertido en deuda pública en el Estado Español
cobre puntualmente todos los beneficios.
 
      Así, a pesar de los recortes y estos drásticos e injustos presupuestos,
inmediatamente  después,   la  llamada  "prima  de  riesgo"  (desconfianza en
el  pago  de  los  intereses  de  los  bonos  del  Estado  a  10  años  comparado
con  los  bonos alemanes  del  mismo  tipo)  ha  subido  por  encima  de  los puntos, disparando  nuevas  alarmas  que  ya  dicen  que  todo  ésto,  reforma laboral, recortes etc., es insuficiente y que nuestro camino es el deGrecia
 
       No  hay  que  olvidar  además  que  el  Estado  Español  ha  transferido
cantidades  ingentes  de  dinero  a  la  banca  privada  para "reflotarla",
cantidades  sobre  las  que,  por  otra  parte,   hay  el  más  de  los  opacos
oscurantismos.  Esta,  después  de  los  beneficios  millonarios  de  los
últimos  años,  especialmente  logrados  a  base  de  las  hipotecas,  no  puede
hacer  frente  al  pago  de  sus  deudas  porque,  con  el  crack  de  la  burbuja
inmobiliaria,  tampoco  tiene  retorno  el  dinero  que  ella  ha  prestado  a
especuladores, constructoras, promotoras, etc..
 
        Una  buena  parte  de  esos  beneficios  millonarios  permanecen
ocultos,  hay  expertos  que  los  sitúan  entre  el  19%  y  el  23,3%  del  P.I.B
(244.918  millones  de  euros)  y  probablemente  se  queden  cortos.  Ahora,
aprovechando  los  Presupuestos  Generales  del  Estado  para  2012, se
otorga  una  amnistía  fiscal  de  escándalo  pues  sólo  pagarán  el  10%  de  lo
que las rentas de más de 52.361 euros anuales debieron pagar un 43%. Todo
ello  habiendo  subido  recientemente  el  IRPF  a  los  ciudadan@s  honrad@s.
Dicen  que  esperan  recaudar  2.500  millones,  es  decir,  que  afloren  25.000
millones
 
        Con  estos  nuevos  presupuestos  se  sigue abriendo  de  par  en  par  las
puertas,  a las privatizaciones de los servicios público, porque tampoco hay que a la población de unos servicios de calidad, deja enormes campos, los que
ya y negocie con ellos.
 
        Los  sacrificios  impuestos  al  pueblo  trabajador  tienen  como  fin que  siga  y  se  amplíe  este  suculento  negocio.  La  mayoría  absoluta  del Partido Popular cumple  fielmente  con  ese  cometido.  Nos  dicen  ya que es insuficiente, que habrá más. Tendremos que responder más y mejor.
 
 
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Comisión de Política 15M Valladolid
16 de Abril 2012

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¿Es solvente la economía española?

En medio de la profunda crisis económica y política que vive la Unión Europea una de las principales incógnitas es si  el Estado español caerá como Grecia e Irlanda. Se analiza la solvencia de la economía española, examinándose las dificultade de la economia española (su déficit crónico de la balanza comercial, entre otros aspectos) así como las dificultades de los bancos ( que tienen en su poder 300.000  pisos sin vender) y las dificultades de arreglar las cuentas públicas, ante el fuerte endeudamiento existente..El endeudamiento privado  supera la cifra de 2,4 billones de euros, lo que supone un lastre para la dinamización de la economia. De cualquier forma los mercados financieros siguen especulando  y profundizando la crisis., dudando de la solvencia de la economia española.

Las dificultades de las finanzas públicas españolas dependen de varios factores: dificultades económicas; la situación de la banca; correlación entre  el riesgo de la deuda pública y riesgo bancario; dificultades para reducir el déficit público. Veamos, en detalle, los principales aspectos de los factores señalados.

1)  Dificultades de la economía española.

El déficit crónico de la balanza comercial (exportaciones-importaciones), en 2004  ya alcanzaba la cifra de 60.000 M de euros; en 2008, 120.000 M de euros y en 2009, en plena crisis, cerca de 50.000 M de euros. Si analizamos la balanza por cuenta corriente (además de la balanza comercial, incluye  la de servicios, rentas y transferencias), el déficit fue de 6% del PIB en 2004, 11% del PIB (más de 100.000 M de euros) en 2008 y 4% del PIB en 2010. En los  años 2007 y 2008 el PIB ha tenido valores de 1,05 y 1,07 billones de euros respectivamente y se espera que para 2011 sea de 1,07 billones de euros.

Además de la dura recesión   en el sector de la construcción (debido a la burbuja inmobiliaria) y sus impactos en otros sectores productivos (alcanzando la tasa de paro global el 20 %)  hay que considerar que el potencial de crecimiento económico  es débil. Tanto la evolución de la productividad por habitante cuya variación  fue de 3% en 2009 y 2% en 2010, como el nivel tecnológico  bajo y medio predominante en la industria ( el gasto español en I+D fue  de 1,35% en 2009, bastante alejado de la media europea) son factores que no favorecen  un potencial de crecimiento económico.

Por otra parte el nivel  muy elevado de deuda del sector privado que alcanza valores de 240% del PIB, correspondiendo a las empresas 140%  del PIB y 100% a las familias, junto con   la deuda pública ( 63% del PIB)  y   la bajada de los precios en el sector inmobiliario, todo ello produce una fragilidad financiera notable, tanto en las familias como en las empresas. A señalar que   el volumen de quiebras en el sector inmobiliario  ha sido del 10%   y el volumen de quiebras en el sector empresarial  ha sido del 7%  en 2010.Y, por tanto,  los efectos se manifiestan en   la debilidad de la demanda y de la inversión.

2)  Dificultades de los Bancos y Cajas de Ahorros

Sus dificultades derivan fundamentalmente del tamaño de las pérdidas  relacionadas con los préstamos  al sector de la construcción, especialmente  a la promoción inmobiliaria. A señalar que la deuda viva de dichos promotores a los bancos y cajas han alcanzado la cifra de 450.000 M de euros en 2.010.

Veamos en detalle  la situación  de los pisos en venta. Según Natixis, el volumen de viviendas en venta era de 1,13 millones en marzo de 2010. Para B. Mateo, la situación es muy distinta a como se describe oficialmente y la desarrolla de la siguiente manera:

–  3,1 millones de pisos vacíos, de los cuales 620.000  de segunda mano en venta.

–  terminados sin registrar en venta 960.000

–  en construcción paralizados 663.000 y 599.000 en construcción (es decir 1,26 millones de pisos en construcción)

–  escriturados y no registrados, 120.000

–  demanda real 220.000

–  las entidades financieras tiene un total  de, al menos, 900.000 pisos. De ellos, cerca de 300.000  a la venta y otros 600.000 en construcción.

Vemos, por tanto, que los bancos y cajas  poseen un volumen considerable de pisos  y que constan en sus activos patrimoniales  al precio  original de  adquisición. Aunque en el test de resistencia financiera de julio pasado realizado a la banca española se consideró  que la bajada de los precios  de los pisos ha   sido de un 11% (para el periodo julio 2006-julio 2010), el descenso real, según el experto independiente B.Mateo, ha sido del 30 %, como valor promedio. Y se prevé que para el periodo 2011-2014 baje el precio de los pisos  un 30-40%.

¿Por qué los bancos no sacan los pisos a la venta? Por una parte  el Banco de España  está favoreciendo a los bancos al no exigir, en los dos últimos años, transparencia en sus balances, aunque  a partir de enero 2011 habrá mayor conocimiento del volumen de viviendas en manos de los bancos, dado que el Banco de España obliga a las entidades financieras  a provisionar el 30%  del valor de los pisos    embargados  que lleven en cartera más de 24 meses. Estos dos años pasados   los bancos los han utilizado para generar provisiones, a través de  obtener beneficios  de otras actividades de modo que puedan hacer frente a las pérdidas de valor de los miles de pisos consignados con su valor de origen en los activos  patrimoniales de la banca,

Se entiende, por tanto, que los bancos no saquen al mercado un volumen creciente de pisos, dado que los precios  bajarían fuertemente, se reducirían sus activos  y provocarían fuertes pérdidas a las entidades  financieras. Es sintomático que en diciembre pasado  BANCAJA  haya señalado que el importe de los activos inmobiliarios adjudicados no rentables era de 3.516 M de euros.

No es extraño que la agencia  Moodys  desconfíe de los tests de resistencia bancarios  y afirme que la banca española debe hacer  frente  a posibles pérdidas de 176.000 M de euros. Es significativo que dicha cifra supera el   valor de los fondos propios  de las entidades financieras, 152.000 M de euros (diciembre 2009).

Las dificultades  de la banca española y de las cajas se manifiestan, asimismo,  en que el volumen  de su financiación directa a través del Banco Central Europeo(BCE) ha alcanzado el valor de 3,43 billones de euros  en el periodo enero 2005-octubre 2010. En el conjunto de movimientos de los préstamos y sus vencimientos es muy corriente  recibir dinero al 1% de interés (con el aval otorgado por poseer bonos de deuda pública a 10 años), especialmente a partir de 2009,  y posteriormente comprar deuda pública española (o de otros países) al 3-4% de interés percibido. El negocio es evidente. Solamente en 2010 (periodo enero-octubre)  el BCE ha financiado  a la banca española con 929.000 M de euros en diversas  formas.

Por otra parte  la deuda de la banca española respecto a otros bancos extranjeros es grande. Para el periodo 2011-2012, los bancos tienen que amortizar unos 200.000 M de euros, según J. Torres.

El gran negocio de la construcción-inmobiliarias-bancos se ha basado no solamente  en el volumen de hipotecas, sino también en la titulización de  parte de esas hipotecas (se estima en una tercera parte del total).A través de la titulización  una hipoteca, o bien un “paquete” de hipotecas en forma de activo bursátil,  podía ser vendida a cualquier inversor. No es de extrañar, por tanto, que los bancos alemanes   tengan invertidos  en títulos derivados de hipotecas ( cédulas hipotecarias..) que han de valorarse al precio actual del mercado  de los pisos correspondientes a las citadas hipotecas( menor que el valor escriturado en la adquisición  del piso). De ahí viene la desconfianza de los bancos alemanes y de otros inversores extranjeros, respecto al “valor real” de sus títulos y de la situación patrimonial real de los bancos españoles, y también en la posibilidad de cobrar según lo fijado en el contrato.

Los rumores sobre las posibles quiebras de entidades financieras  empujan a los mercados financieros  internacionales, y a otros acreedores,  a  cobrar cuanto antes las deudas pendientes.

3)  Dificultades para reducir el déficit público.

Después de tener un déficit público  de 11,1% del PIB en 2009, el año 2010 acaba con un déficit de  9,3% y se pretende reducir a 6% en 2011, a 4,4% en 2.012 y a 3% en 2.013.Esta “escalada” de reducción del déficit supone unos recortes presupuestarios considerables.

Asimismo  la deuda pública que era el 37% del PIB en 2007, asciende, en 2010, a 63% del PIB (cerca de 650.000 M de euros) y se prevé para 2.012 que alcance el valor de 75% del PIB.

La  dinámica del endeudamiento público  da lugar a que los vencimientos de la deuda supongan unas cantidades importantes. Así en 2011 el vencimiento (y por tanto, pago) supone 44.300M de euros, con un coste medio de 3,6%. En 2.012, la cantidad será de 46.170.M de euros: en 2.013, 44.180 M de euros ; y en 2.014 , 41.210 M de euros. Y para el periodo 2015-2020  vence  deuda pública por un valor de  95.890 M de euros. Ante estas cifras de devoluciones de deuda el gobierno español va a emitir deuda, según Natixis,  por un valor de  93.000 M de euros, en 2011, para atender a la refinanciación y obtener recursos  para llevar a cabo  los planes de saneamiento, como ha señalado A. Castro. Este volumen de deuda, junto con los intereses asociados suponen una fragilización del sector público y aumenta la incertidumbre  sobre el pago.

Hay que tener en cuenta que son bastante diferentes las tasas de interés de la deuda pública emitida según el plazo. En 2009 la tasa a 1 año  ha sido de 1,5% ; la tasa a 2 años ha  tenido el valor de 2%; y la tasa  a 10 años  ha estado al 4%. Y esto tiene cierta importancia dado que la problemática de la deuda pública y sus dificultades de pago hay que relacionarla con los débiles crecimientos económicos (menos del 2% del PIB) previstos para los tres próximos años, al menos. Asimismo el tamaño del sector público español, 46% del PIB, es pequeño ( lo que dificulta hacer recortes en el gasto público)  en comparación con el de otros Estados europeos, como en el caso francés ( 56% del PIB), o bien en los casos italiano e inglés (51%).

Los factores señalados refuerzan  el convencimiento de muchos agentes económicos de la existencia de una muy fuerte dificultad de cumplir los compromisos de reducir el déficit público en los plazos señalados. Es cierto que en el caso del endeudamiento público, siempre queda la posibilidad  de refinanciar las deudas ( que ya está previsto hacerlo en 2011), pero fragilizan aún más al sector público Y esto es inevitable aunque se diversifique la deuda, como parecer ser la  voluntad del gobierno Zapatero al aceptar China   comprar deuda pública española.

4)  Correlación entre el riesgo de la deuda pública y de la deuda bancaria.

Los bancos españoles son un agente económico  fundamental  en la financiación del déficit público español. De los cientos de miles de millones de euros obtenidos, con facilidades, del BCE( con tipo de interés, a corto plazo, al 1%), han utilizado un porcentaje alto de ese dinero  para comprar deuda pública española( 20-25% del PIB en 2008-2009) y de otros países con una rentabilidad del 2-4%. En 2010 los bancos españoles poseen 203.309 M de euros de deuda pública española . Los bancos alemanes, 34.625 M de euros y menores cantidades los bancos franceses e ingleses, entre otros.

Por tanto una crisis de la deuda pública (su no pago) conlleva una crisis bancaria y viceversa. A señalar que los bancos españoles  también poseen deuda pública de otros Estados “frágiles”.Agrupando la deuda pública española, la griega, la portuguesa y la irlandesa, los bancos españoles  poseen 280.370 M de euros.

En este contexto, el  endeudamiento español no solo es importante por las cantidades señaladas, sino por los tipos de interés a pagar a los compradores de deuda. Especialmente  en el caso de préstamos a 10 años, que puede alcanzar el 5,5%. Si el tipo de interés de la deuda  a 10 años  sobrepasa el 6-6,5%, es casi imposible   estabilizar  el volumen de la  deuda pública en el futuro (en 2.012, el volumen de deuda alcanzará el valor de 75% del PIB, más de 780.000 M de euros) lo que conlleva una subida del déficit público y hace casi imposible cumplir los compromisos de reducción de dicho déficit.

No es de extrañar que ante esta situación aumente la incertidumbre  y el pesimismo de los inversores, especialmente  extranjeros, lo que influye, a su vez, en la dinámica inversora en la economía española, etc.

¿Es solvente la economía española?

La crisis de solvencia de una economía sobreviene   cuando el  conjunto de agentes económicos no pueden  devolver sus deudas ( exteriores, públicas)  con sus excedentes ( exteriores, presupuestarios) futuros. En esa situación los préstamos a corto plazo  no mejoran la solvencia económica, aunque pueden paliar la insolvencia del Estado. Es sintomático que, ahora, Zapatero afirme que tenemos crisis económica para 5 años.

Desde esta perspectiva se puede examinar la crisis griega, e irlandesa y, parece ser, que viene la crisis portuguesa y la española. Ya hemos señalado el conjunto de factores que inciden en la crisis de solvencia española y, por tanto, se abre un abanico de escenarios, que van desde el “rescate” de la economía española hasta la salida del euro por parte española. De cualquier modo, los años 2011 -2.012 van a ser testigos de desequilibrios crecientes en la U. Europea y de configuraciones diferentes (Europa a dos velocidades, cambios institucionales…) que conllevan mayor degradación social, acentuación en los recortes de derechos sociales,   mayores tensiones sociales y menor cohesión social europea.

Antón Borja – Kaos en la Red

Perspectivas de la economía mundial en 2011

En contraste con sus previsiones cautamente optimistas, a finales de 2009, de una recuperación sostenida, el humor dominante en los círculos económicos liberales cuando termina 2010 es sombrío, si no apocalíptico. Los halcones fiscales han ganado la batalla política en EEUU y Europa, para alarma de los abogados del gasto público, como el premio Nobel Paul Krugman y el columnista del Financial Times Martin Wolf, quienes ven las restricciones presupuestarias como la receta más segura para matar la incipiente recuperación de las economías centrales.

Pero aunque los EEUU y Europa parecen abocados a una crisis más profunda a corto plazo y al estancamiento en el plazo largo, algunos analistas se precian de observar un “desacoplamiento” del este asiático y de otras áreas en desarrollo con respecto a las economías occidentales. Esa tendencia empezó a comienzos de 2009 en la estela del programa de estímulos masivos de China, que no sólo reestableció el crecimiento chino de doble dígito, sino que sacó de la recesión y llevó a la recuperación a varias economías vecinas, desde Singapur hasta Corea del Sur. En 2010, la producción industrial asiática recuperó ya su tendencia histórica, “casi como si la Gran Recesión nunca hubiera tenido lugar”, de acuerdo con The Economist.

¿Sigue Asia un camino realmente separado de Europa y EEUU? ¿Estamos realmente asistiendo a un “desacoplamiento”?

El triunfo de la austeridad

En las economías centrales, la indignación con los excesos de las instituciones financieras que precipitaron la crisis económica ha dado paso a la preocupación por los déficit públicos masivos en que han incurrido los gobiernos para poder estabilizar el sistema financiero, frenar el colapso de la economía real y afrontar el desempleo. En los EEUU el déficit se sitúa por encima del 9% del PIB. No es un déficit desbocado, pero la derecha estadounidense logró la hazaña de que el miedo al déficit y a la deuda federal pesara más en el espíritu de la opinión pública que el miedo a la profundización del estancamiento y al aumento del paro. En Gran Bretaña y en los EEUU, los conservadores fiscales lograron un mandato electoral claro en 2010, mientras que en la Europa continental una Alemania “recrecida” hizo saber al resto de la Eurozona que no seguiría subsidiando los déficit de los miembros más débiles de las economías meridionales o periféricas como Grecia, Irlanda España y Portugal.

En los EEUU, la lógica de la razón dio paso a la lógica de la ideología. El impecable argumento de los demócratas de que el gasto público en estímulos era necesario para salvar y crear puestos de trabajo no pudo resistir el asalto del tórrido mensaje republicano, según el cual un mayor estímulo público, añadido los 787.000 millones de dólares del paquete de Obama en 2009 significaría un paso más hacia el “socialismo” y la “pérdida de libertad individual”. En Europa, los keynesianos arguyeron que la relajación fiscal no sólo ayudaría a Irlanda y a las economías meridionales con problemas, sino también a la poderosa maquinaria económica alemana, pues esas economías absorben las exportaciones de Alemania. Lo mismo que en los EEUU, los argumentos racionales sucumbieron a las imágenes sensacionalistas, en este caso al retrato mediático de unos esforzados alemanes subsidiando a hedonistas mediterráneos y derrochadores irlandeses. A regañadientes aprobó Alemania paquetes de rescate para Grecia e Irlanda, pero sólo a condición de que griegos e irlandeses fueran sometidos a salvajes programas de austeridad que han sido descritos por nada menos que dos exministros alemanes en el Financial Times como medidas antisociales “sin ejemplo en la historia moderna”.

El desacoplamiento, resucitado

El triunfo de la austeridad en EEUU y Europa, la cosa no ofrece duda, eliminará a esas dos áreas como motores para la recuperación económica global. ¿Pero se halla Asia en una senda diferente? ¿Puede soportar, como Sísifo, el peso del crecimiento global?

La idea de que el futuro económico de Asia se ha desacoplado del de las economías del centro no es nueva. Estuvo de moda antes de que la crisis financiera tumbara la economía estadounidense en 2007-2008. Pero se reveló ilusoria en cuanto la recesión en los EEUU, de los que China y otras economías del este asiático dependían para absorber sus excedentes, disparó una repentina y drástica en Asia entre finales de 2008 y mediados de 2009. De ese momento proceden las imágenes televisivas de millones de trabajadores chinos migrantes abandonando las zonas económicas costeras y regresando al campo.

Para contrarrestar la contracción, China, presa del pánico, lanzó lo que Charles Dumas, autor de Globalisation Fractures, caracterizó como un “violento estímulo interior” de 4 billones de yuanes (580.000 millones de dólares). Eso significaba cerca del 13% del PIB en 2008 y constituyó “probablemente el mayor programa de la historia de este tipo, incluidos los años de guerras”. El estímulo no sólo restituyó el crecimiento de dos dígitos; también comunicó a las economías del este asiático un impulso recuperador, mientras Europa y los EEUU caían en el estancamiento. Esa notable inversión es lo que ha llevado al renacimiento de la idea del desacoplamiento.

El gobernante Partido Comunista de China ha venido a reforzar esa idea al sostener que se ha producido un cambio de política que prima el consumo interior sobre el crecimiento orientado a la exportación. Pero si se observa con mayor detenimiento, se ve que eso es más retórica que otra cosa. En efecto, el crecimiento orientado a la exportación sigue siendo el eje estratégico, algo que se ve subrayado por la continuada negativa china a revalorizar el yuan, una política destinada a mantener competitivas sus exportaciones. La fase de empuje al consumo interior parece haber terminado, hallándose ahora China, como observa Dumas, “en proceso de cambio masivo desde el estímulo benéfico de la demanda interior hacia algo muy parecido al Business as usual de 2005-2007: crecimiento orientado a la exportación con un poco de recalentamiento”.

No sólo los analistas occidentales como Dumas han llamado la atención sobre ese regreso al crecimiento orientado a la exportación. Yu Yongding, un influyente tecnócrata que sirvió como miembro del comité monetario del Banco Central Chino confirma que, en efecto, se ha vuelto a la práctica económica habitual: “En China, con una ratio comercio/PIB y exportaciones/PIB que excede ya, respectivamente, el 60% y el 30%, la economía no puede seguir dependiendo de la demanda externa para sostener el crecimiento. Desgraciadamente, con un enorme sector exportador que emplea a millones y millones de trabajadores, esa dependencia se ha hecho estructural. Eso significa que reducir la dependencia y el excedente comerciales de China pasa por harto más que por ajustar la política macroeconómica.”

El regreso al crecimiento orientado a la exportación no es simplemente un asunto de dependencia estructural. Tiene que ver con un conjunto de intereses procedentes del período de la reforma, intereses que, como dice Yu,”se han transformado en intereses banderizos que luchan duramente para proteger lo que tienen”. El lobby exportador, que junta a empresarios privados, altos ejecutivos de empresas públicas, inversores extranjeros y tecnócratas del Estado, es el lobby más poderosos ahora mismo en Pekín. Si la justificación ofrecida para el estímulo público ha sido derrotada por la ideología en los EEUU, en China la argumentación igualmente racional a favor del crecimiento centrado en el mercado interior ha sido aniquilada por intereses materiales banderizos.

Deflación global

Lo que los analistas como Dumas llaman el regreso de China al tipo de crecimiento orientado a la exportación chocará con los esfuerzos de los EEUU y Europa de empujar la recuperación mediante un crecimiento orientado a la exportación simultaneado con el levantamiento de barreras a la entrada de importaciones asiáticas. El resultado más probable de la promoción competitiva de esa volátil mezcla de empuje a la exportación y protección interior por parte de los tres sectores que encabezan la economía mundial en una época de comercio mundial relativamente menos boyante no será la expansión global, sino la deflación global. Como ha escrito Jeffrey Garten, antiguo subsecretario de comercio con Bill Clinton: “Aunque se ha prestado mucha atención a la demanda de consumo e industrial en los EEUU y en China, las políticas deflacionarias que envuelven a la UE, la unidad económica más grande del mundo, podrían hundir de mala manera el crecimiento económico global… Las dificultades llevan a Europa a redoblar su empeño en las exportaciones al tiempo que EEUU, Asia y América Latina están disponiendo sus economías para vender más en todo el mundo, lo que no podría sino exacerbar las tensiones, ya suficientemente altas, en los mercados de divisas. Podría llevar a un resurgimiento de las políticas industriales patrocinadas por los Estados, cuyo crecimiento ya se observa por doquiera. Tomados de consuno, todos esos factores podrían llegar a propagar el incendio proteccionista tan temido por todos.”

La crisis del Viejo Orden

Lo que nos aguarda en 2011 y en los próximos años, advierte Garten, son momentos de “turbulencia excepcional, a medida que el ocaso del orden económico global tal como lo hemos conocido avanza caótica y tal vez destructivamente”. Garten destila un pesimismo que está apoderándose cada vez más de buena parte de la elite global que otrora anunciaba la buena nueva de la globalización y que ahora la ve desintegrarse literalmente ante sus propios ojos. Y esta ansiedad fin de siècle no es monopolio de los occidentales; es compartida por el influyente tecnócrata chino Yu Yongding, que sostiene que el “tirón de crecimiento chino prácticamente ha agotado su potencial”. China, la economía que con mayor éxito consiguió cabalgar la ola globalizadora, “ha llegado a una disyuntiva crucial: de no poner por obra penosísimos ajustes estructurales, podría perder súbitamente el impulso de su crecimiento económico. El rápido crecimiento económico se ha logrado a un coste extremadamente alto. Sólo las generaciones venideras conocerán el verdadero precio pagado.”

La izquierda en la presente coyuntura

A diferencia de las medrosas aprensiones de figuras del establishment como Garten y Yu, muchas gentes de izquierda ven la turbulencia y el conflicto como la necesaria compañía del nacimiento de un nuevo orden. Y, en efecto, los trabajadores se han movilizado en China, y se ganaron incrementos salariales significativos con huelgas organizadas en determinadas empresas extranjeras a lo largo de 2010. La protesta ha estallado también en Irlanda, Grecia, Francia y Gran Bretaña. Pero a diferencia de China, en Europa marchan para mantener derechos perdidos. Y lo cierto es que ni en China, ni en Occidente, ni en parte alguna son los resistentes portadores de una visión alternativa al orden capitalista global. Al menos, no todavía.

Traducción para sinpermiso por Ricardo Timón

Walden Bello – Focus on the Global South


Salvar a los bancos ¡y a callar!

Estamos en las vísperas de que se vuelva a producir, ahora en Irlanda, una nueva intervención para devolver la rentabilidad a unos pocos bancos con un coste tremendo que una vez más se hará recaer sobre la ciudadanía que no lo ha causado: “La UE exigirá a Irlanda subidas de impuestos para devolver el rescate”, titula la prensa.

Y de nuevo comprobamos que solo hay una cosa tan infame como el comportamiento de la banca y los financieros que han provocado esta crisis: la cobardía y la complicidad de las autoridades que no se atreven a ponerlos firmes y a someterlos al imperio de leyes justas que impidan que la economía mundial siga siendo un enorme casino en el que la banca se ha autoconcedido el derecho a establecer las reglas que a ella le conviene y a hacer trampas cuando y como le viene en gana.

Los descalabros continuados de la economía mundial que han tenido como punto culminante la crisis actual se han producido en última instancia como consecuencia de que la banca privada disfruta del privilegio de crear dinero (es decir, de obtener beneficios y poder) cada vez que genera deuda a cuenta de los depósitos de los clientes.

En lugar de limitar el riesgo que ello conlleva, los gobiernos cedieron a las presiones de los banqueros y han ido estableciendo una regulación del negocio financiero cada vez más permisiva, que deja hacer prácticamente de todo.

En los últimos años, los gobiernos y los bancos centrales han ido desmontando las normas legales que de alguna manera restringían ese poder de las entidades financieras para permitirles que se pudieran convertir en verdaderos chiringuitos financieros dedicados a promover la inversión especulativa mediante una ingeniería que no ha podido provocar sino crisis sucesivas y la última catástrofe en la que se encuentra todavía el sistema financiero mundial. Como dice un viejo refrán chino, nadie puede permanecer eternamente de puntillas. Por eso era inevitable que le ocurriera lo que le ha ocurrido a la banca y cuya consecuencia inevitable ha sido el también continuado deterioro de la actividad y el empleo porque en la misma medida en que los bancos generan dinero para la especulación financiera lo hacen escasear para la actividad productiva empresarial y el consumo.

Cuando el paroxismo especulativo de la banca internacional hizo estallar la crisis las autoridades de casi todo el mundo, a pesar de sus continuas declaraciones prometiendo poner orden y combatir la irresponsabilidad, como se llegó a escribir en algún comunicado del G-20, se han limitado a conservar el orden financiero sin osar poner límites a los privilegios de la banca. Y al limitarse a ayudar a los banqueros sin resolver los problemas de financiación que paralizaban la actividad han generado una deuda tremenda que los propios bancos han utilizado para empoderarse aún más y extorsionar a los gobiernos y a los pueblos.

Para ayudar y salvar a los bancos causantes de la crisis se les han inyectado docenas de miles de millones en sus balances, se han cambiado las normas legales, se les ha avalado para que sigan haciendo operaciones de gran riesgo, y se les sigue permitiendo que utilicen el dinero que reciben de las autoridades públicas para volver a obtener beneficios sin que vuelvan a poner en marcha el mecanismo de financiación que necesita el mundo empresarial y los consumidores. Algunos se han nacionalizado pero dejando que los dirigieran los mismos dueños de antes. Se han cambiado las normas contables para permitir que los bancos oculten a sus clientes y a la sociedad el quebranto patrimonial (en muchas ocasiones intencionado) que han provocado con dinero de otros, para que nadie sepa que en realidad están tratando con bancos zombis a los que solo mantiene en pie la ocultación y los privilegios de los que ningún otro sujeto económico disfruta.

En España, el gobierno se ha rendido poniéndose a los pies de los banqueros, se ha hecho con verdadera nocturnidad política una ley para que la banca privada se haga con las cajas de ahorros y para que en poco tiempo desaparezca cualquier atisbo de interés social en el sistema financiero. Y hasta una institución del Estado como el Banco de España se convierte públicamente y sin ningún disimulo en el mascarón de proa de los intereses de la banca privada presionando al gobierno y acorralando hasta con modos inimaginables a dirigentes de cajas de ahorros, como muchos de ellos podrían contar si en esas instituciones públicas y en estos negocios hechos con dinero de todos los ciudadanos hubiera la mínima transparencia que cabría esperar de una democracia.

Mientras que se salva y ayuda con docenas de miles de millones de dinero público a los bancos culpables de la crisis se deja que miles de familias que se han quedado sin empleo por su culpa pierdan también sus viviendas porque no pueden pagar unos pocos cientos de euros a bancos que obtienen beneficios multimillonarios.

Y todo ello, sin fondo, como vemos de nuevo en Irlanda y como veremos quizá dentro de poco en Portugal o quién sabe si en España en donde, a pesar de lo que se dice, los bancos, igualmente responsables de la situación de nuestra economía, han recibido ayudas de todo tipo en los últimos años.

El proceso que estamos viviendo pasará a la historia como el que permitió que los manifiestamente culpables de un descalabro económico quizá sin parangón no solo no hicieran frente a sus responsabilidades sino, además, para que aprovecharan las respuestas que las autoridades dieron al daño que provocaron para enriquecerse aún más y para aumentar su poder político e imponerlo sobre el conjunto de la sociedad.

La enseñanza de todo esto es que la economía no funciona como nos quieren hacer creer, como un subsistema aislado de la ideología, del poder y la política sino que es una parte más de los mecanismos políticos y de decisión. Nada de lo que ha ocurrido podría haber sucedido si la gente tuviera noticia de lo que han hecho y de lo que hacen los bancos con su dinero, si se conocieran sus negocios de blanqueo y las operaciones en los paraísos fiscales, si se supiera a quién financian y a quién le niegan financiación, si se impidiera que los bancos influyan en los medios de comunicación o en las fuentes del conocimiento, si se permitiera que los ciudadanos hablaran y debatieran abiertamente sobre lo que conviene a unos y otros y sobre lo que se puede dejar hacer y lo que no.

En lugar de permitir que eso suceda, los bancos se han convertido, a la par que en la principal fuente de alimentación de la economía especulativa que ahoga a los empresarios que quieren crear riqueza y a los ciudadanos normales y corrientes, en el sostén de los principales instrumentos de persuasión y manipulación orientados a convencer a la gente de que las medidas que se toman para que los banqueros y las grandes empresas ganen más dinero son inexcusables porque responden a una mecánica con lógicas propias y autónomas, como las de un reloj que se lleva al técnico para que repare el mal funcionamiento de alguna de sus piezas. Y, por tanto, sobre las que la ciudadanía no tiene por qué pronunciarse. Si nos dicen que para condenar los crímenes del gobierno de Marruecos hay que ser experto, ¡qué no habrá que ser entonces para criticar la política financiera del gobierno o de los bancos centrales, por muy evidente que sea el que benefician siempre a los mismos!

Gracias a la idea de que la economía es “cosa de expertos” y técnicos se va generando el clima de conformismo social sobre las políticas económicas que permite que se lleven a cabo sin grandes dificultades las medidas vergonzosas que se están aplicando.

El principal y hasta ahora exitoso empeño de banqueros y grandes patronales es el de producir el suficiente consenso para que nadie ponga en cuestión lo que a ellos les conviene. Eso es lo que les da la seguridad y convicción de la que Carlos Menem hacía gala en Argentina cuando permitía, como lo están permitiendo ahora los gobiernos europeos, que los bancos robaran a manos llenas a los ciudadanos: “pueden hacer mil marchas, mil huelgas, nada cambiará”.

Es más o menos lo que ahora piensan y dicen en Europa, hasta que los ciudadanos se harten y hagan frente a esta infamia.

Fuente: JUAN TORRES LÓPEZ / Artículo publicado en Sistema Digital.

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Doctor en CC. Económicas y Empresariales.
  • Catedrático de Economía Aplicada en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales – Universidad de Sevilla – Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

Ignacio Ramonet: «Los periodos de crisis hacen surgir a monstruos como Hitler o Stalin».

Entrevista en La Opinión de Málaga

No acostumbra a fumar puros. Tampoco luce una barba prusiana, pero su literatura, cerebral y atrevida, le ha convertido en uno de los grandes gurús de los movimientos sociales. Profesor de La Sorbona, consultor de la ONU, ideólogo de Attac, Ramonet participó ayer en el ciclo de conferencias Europa en el mundo: nuevos retos y compromisos, organizado en el marco de la iniciativa Málaga Mundi.

¿Europa está haciendo los deberes para salir de la crisis?
Europa no ha aprendido la lección y no ha sabido plantear una alternativa al sistema, pese a que en el momento de estallido de la crisis, la mayoría de los países apostaba por regularizar el mercado. El capitalismo se basa en la armonía entre las leyes y el mercado y la deriva ultraliberal tiene sólo treinta años. La historia ha demostrado que los dos extremos son perversos, la intervención totalitaria en la economía y la ausencia de controles. Los países más poderosos han optado por salir de la crisis mediante dos vías: estimulando la economía, como está haciendo Estados Unidos, o priorizando la fortaleza de su moneda, que es el objetivo de Europa, lo que hace que muchos países deficitarios no puedan subirse a la evolución. Sin alternativas, la crisis volverá.

¿Hacia dónde se encamina la Unión Europea?
La Unión Europea es un concepto insólito en el mundo. Nunca antes se habían unido países tan diferentes con un objetivo común, lo que ocurre es que lo que antes se podía entrever como una solución puede llegar a ser un problema. Muchos países se han beneficiado de su entrada en la UE, pero en el futuro no es descabellado que se dé un movimiento centrífugo. La fortaleza del euro impide que muchos gobiernos puedan devaluar su moneda y sacar ventajas de las exportaciones, por lo que se intenta reducir costes a cuenta de los trabajadores. No hay que olvidar que el retraso de la jubilación responde a una consigna europea aprobada en 2002.

¿Se ha perdido la oportunidad de humanizar el capitalismo?
La sensación es ésa. Hace ya años que agentes como el Papa Juan Pablo II hablaban de la necesidad de humanizar el mercado, pero en eso es difícil en una fase tan neoliberal como la actual. Materialmente, sin embargo, es más que posible. Europa camina hacia el desmantelamiento del Estado del Bienestar y la gente se pregunta cómo puede ocurrir si se tiene en cuenta que la situación económica, a pesar de la crisis, es mucho más poderosa que cuando se crearon sistemas como la Seguridad Social, con un continente arruinado por la guerra.

¿El proceso de pérdida de derechos es inexorable?
Es una de las consecuencias de la globalización. Actualmente no hay nada que se mueva más rápido que el capital. La competencia de un trabajador español no es un trabajador español sino uno de países en los que los costes de producción, por la falta de garantías, son más baratos. Las empresas se deslocalizan e, incluso, en algunos casos ofrecen a los trabajadores la oportunidad de contar con ellos, pero eso sí, con el salario de este tipo de países.

¿Qué me dice de la ola de protestas ciudadanas? ¿Podrían dar otro rumbo a la historia?
Por el momento lo que se ha visto es la desesperación. Hay muchas personas que ya han agotado las prestaciones sociales. Se han dado casos de movilizaciones violentas, execrables, como las de Grecia, que miden el nivel de falta de soluciones de la población. Hasta ahora, no han servido para que los países cambien de política, pero la historia todavía no está escrita.

¿Teme un avance de la xenofobia y de la ultraderecha?
Ese avance ya se está produciendo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, nunca hubo tantos países gobernados por la ultraderecha. Se tiende a culpar a los más débiles, al extranjero y eso se está dando también en gobiernos más moderados como el de Sarkozy. En Europa cunde la islamofobia y ahí está el peligro. No hay que confiar en la crisis para una solución constructiva y democrática, estos momentos históricos hacen aparecer monstruos como Hitler o Stalin.

Usted es hijo de republicanos exiliados, ¿cómo ha vivido la polémica en torno a la recuperación de la memoria histórica?
El proceso contra Garzón ha sido escandaloso. Es un caso insólito en Europa y ha sorprendido al mundo, que empieza a pensar si la instalación de la democracia está o no concluida en España. Exhumar las sepulturas es, si me apura, de caridad cristiana y no tiene nada que ver con reavivar los odios. Una controversia así impide a España dar lecciones a los países latinoamericanos que salen de regímenes totalitarios.

El ajuste de Krugman.

Hace algún tiempo el Nobel Krugman, refiriéndose a la economía española y tras observar el gran déficit de la balanza por cuenta corriente que había acumulado, que revelaba su débil posición competitiva, sostuvo que nuestro país se enfrentaba a un dilema. O bien recurría a la devaluación para abaratar las exportaciones y encarecer las importaciones, o bien producía un ajuste interno de precios y salarios con los mismos objetivos. Pero llegaba, inicialmente, a la conclusión que la devaluación no era posible por la pertenencia a la moneda común del euro, al cual lo consideraba como algo irreversible, decantándose, en consecuencia, por el ajuste interno.

Posteriormente cambió de opinión y vino a decir que aunque la operación de abandonar el euro era costosa y compleja, al final la estimaba como la opción más lógica, pensando en los interrogantes de los efectos y en las dificultades de un ajuste interno. En todo caso, hasta ahora la salida del euro no se ha producido, no se vislumbra en lo inmediato a pesar de que la economía española y otras economías integradas en la moneda única no acaban de digerir la pertenencia al euro y en ocasiones ha habido momentos, como en mayo pasado, en que todo parecía posible.

Se puede afirmar, pues, que la opción por el ajuste interno es la que prima por el momento. Y no tanto porque haya sido la alternativa elegida ante el dilema como porque se está imponiendo hasta el momento por la vía de los hechos. No hay un pacto social como postulaba Krugman para abordar el problema -cosa que podía considerarse imposible-, pero la realidad es que los salarios, fundamentalmente, están ajustándose a la baja, ya sea por las condiciones socioeconómicas, el paro masivo, la paralización de la negociación de los convenios o el recorte por la vía legal ,como ha sucedido con los sueldos de los funcionarios.

Frente a la devaluación, es decir la salida del euro, el ajuste interno tenía dos inconvenientes. El primero es que con él no se lograba el efecto general de abaratar exportaciones y encarecer importaciones como ocurre cuando un país devalúa su moneda: todas las mercancías y todos los servicios que se intercambia con el exterior recogen de inmediato el impacto de la variación del tipo de cambio. Un ajuste interno, por el contrario, como es producto de las circunstancias particulares de los distintos sectores productivos y de la casuística que se da en las empresas, desde situación económica de ellas, la posición defensiva de los sindicatos, y reacciones empresariales para obtener beneficios, origina un cambio muy desigual en los precios de los distintos bienes y servicios, y por tanto un ajuste también muy irregular en los precios de las exportaciones, con efecto más difíciles de evaluar en los intercambios exteriores.

Por otro lado, una devaluación de la moneda no tiene efectos depresivos sino más bien lo contrario, ya que favorece las exportaciones y la demanda interna frente a las importaciones, mientras que el ajuste interno de salarios, en la medida en que no se acompaña de un ajuste inmediato y semejante de los precios (en ese caso todos los precios relativos internos no se modificarían, pero sí con respecto a los precios exteriores, lo que sería equivalente a la devaluación), tiene un impacto recesivo sobre la actividad y la demanda, lo que si bien puede resultar beneficioso para corregir el problema del déficit exterior de una economía, agrava otros problemas como pueden ser una mayor desigualdad en la distribución de la renta, el aumento del déficit público por el impacto de la depresión en la recaudación impositiva y, sobre todo, lleva aparejado un incremento del paro, que en el caso de la economía española no se puede considerar como una secuela secundaria.

El déficit por cuenta corriente de la balanza de pagos española se ha corregido de un modo acusado a lo largo de 2009 y 2010. Desde el 9,7% del PIB que se registró en 2008, quedó reducido al 5,4% en 2009, y estará en torno al 4,7% en este año. Se podría pensar, por tanto, que la opción del ajuste interno está produciendo los efectos deseados y que cuando la economía se encamine a una recuperación no lo hará ya con la rémora de un desequilibrio exterior insostenible. De hecho el Gobierno de los brotes verdes, proclive a ver en el canto de un pajarillo, en cualquier dato insignificante, un anuncio de que lo peor de la crisis ya se ha superado, no deja pasar ocasión de resaltar y apuntarse como un éxito que el déficit exterior ha disminuido considerablemente.

En mi opinión, sin embargo, no sólo hay que ser más precavidos sino que sostengo que la importante cuestión de si la economía española podrá sobrevivir en el euro no se ha resuelto y está pendiente. Es indiscutible: el déficit se ha reducido sensiblemente, pero también hay poca duda de que esa reducción es resultado ante todo del grave hundimiento que ha sufrido la economía en los dos últimos años, como consecuencia de la crisis financiera internacional y la recesión generalizada posterior, del estallido de la burbuja inmobiliaria y del estrangulamiento del crédito que ha tenido lugar. Lo ocurrido en la balanza de pagos no es una mejora atribuible en lo fundamental a un ajuste interno de precios y salarios sino a la conmoción sufrida por la economía desde que se inició la crisis internacional en la segunda mitad de 2008.

Sería un error imputar a un ajuste interno la disminución del déficit exterior puesto que, sin perjuicio de que ese ajuste se haya visto facilitado por la depresión de los últimos dos años, esa mejora no cabe proyectarla en el futuro. Estamos hablando de una mejora que ha sucedido con una destrucción de 2 millones de puestos de trabajo, con una evolución del paro cuya tasa casi se ha duplicado hasta llegar al 20% de la población activa, con una caída acumulada a lo largo de 2009 y 2010 del 8% en la demanda interna y del 25% en la formación de capital bruta. De repetirse algo parecido, podría pensarse en una reducción aún mayor del déficit de la balanza por cuenta corriente, pero al precio ya de una catástrofe económica.

Sin que suponga anunciar la recuperación de la economía -problemas acumulados como el que se comenta y riesgos agudos impiden tal pronóstico-, cabe imaginar que se adentrase en un moderado crecimiento, el mínimo siquiera para evitar un aumento del paro. Es decir, una economía avanzando en torno al 2%, mínimo crecimiento estimado para generar algún empleo. Ello supondría que se detendría la disminución del déficit exterior y que comenzaría de nuevo a aumentar, desde un nivel nada despreciable, sin parangón con los registrados en otros momentos históricos con la peseta como moneda, y en unas condiciones en que el peso de la deuda exterior de la economía española es aún insoportable, en un país bajo sospecha de quiebra y con unos mercados financieros enrarecidos.

A este respecto hay que destacar que la reducción del déficit no se ha traducido en una mejora de la posición exterior de la economía, puesto que todo déficit implica lo contrario. Los pasivos financieros brutos de nuestro país frente al exterior -lo que se debe y nos pueden reclamar- ascendían a finales de junio de este año a 2,3 billones de euros, casi el 230% del PIB. Descontando los activos frente al exterior, que alcanzan 1,4 billones de euros, la posición deudora neta de la economía española frente al resto del mundo es de 0,9 billones de euros, una cifra casi equivalente a la del PIB, que es de 1,05 billones de euros. Esa posición deudora origina un saldo neto desfavorable de pago de intereses y rentas de inversión, que fijándolo sólo en un tipo de interés del 3% (los tipos de interés son más altos y tienden a aumentar por la desconfianza en la solvencia del país), significa que cada año la economía española inicia el ejercicio con el hándicap de un déficit exterior de la balanza por cuenta corriente de casi 3% del PIB.

Como es normal, una recuperación económica por modesta que sea implica un empeoramiento de la balanza de cuenta corriente, por el incremento que se produce de las importaciones, tanto más cuanto que en esta ocasión la recuperación no vendrá del estímulo a las exportaciones, como sucedió en la crisis de 1992/93 cuando las devaluaciones sucesivas de la peseta permitieron un crecimiento considerable de ellas, a las que cabe atribuir el papel catalizador de salida de aquella crisis. El panorama se enturbia algo más por el hecho de que la crisis de la economía española ha llevado a una destrucción considerable de tejido productivo, que se traducirá en una mayor dependencia de las importaciones en el futuro. Por otro lado, nuestro país estará en el ojo del huracán de toda crisis financiera general o particular de la zona del euro, por la simple razón de que es uno de los países más endeudados del mundo.

En las condiciones descritas, cabe poner muy serias reservas a la opinión de que la crisis exterior de la economía española está resuelta, que sólo debemos preocuparnos de algunos problemas internos (las reformas estructurales pendiente en el lenguaje dominante) para que la recuperación se inicie y que una vez puesta en marcha todo el camino se encuentra despejado.

Nada más lejos de la realidad, como he tratado de exponer. La crisis económica ha venido para quedarse, atrapado el país en una posición exterior insostenible de deuda y déficit, sin solución posible por la vía del ajuste interno que alguna vez, fugazmente, pensó Krugman. La izquierda, toda, debe tomar nota para preparar su estrategia.

Pedro Montes – Miembro de la Coordinadora Federal de Socialismo 21

Ataque a la Europa Social.

Hoy en día estamos viviendo un ataque frontal a la Europa Social. La supervivencia de los estados del bienestar de los países de la Unión Europea (y, muy en especial, de los países de la Eurozona) están siendo amenazados debido al desarrollo de políticas de austeridad del gasto público social, como parte de una estrategia de reducción de los déficits públicos y las deudas públicas de tales países. La lista de países y recortes es larga. España e Italia están recortando 15.000 millones de euros y 25.000 millones de euros respectivamente de sus presupuestos. Portugal está bajando su déficit para reducirlo a 3% del PIB en 2013, con unos recortes equivalentes al 6% del PIB en tres años. En Grecia el recorte es incluso más acentuado, 10% en tres años. En Alemania, la canciller Merkel decidió, ya en 2009, eliminar el déficit completamente para el año 2016, recortando 10.000 millones de euros por año. Un tanto semejante está ocurriendo en Francia, bajo la dirección del gobierno Sarkozy. País por país, los recortes son muy acentuados y generalizados.

Estas reducciones, sin precedentes en la Unión Europea, se están haciendo bajo el supuesto de que la disminución del déficit es condición indispensable para que se dé la recuperación económica y se inicie, de nuevo, el crecimiento económico. Se asume que el bajísimo crecimiento que hemos visto hasta ahora (el promedio en los países de la Eurozona ha sido sólo de un 1% por año desde 2001) se debe a que existe escasez de dinero en el sector privado, consecuencia del excesivo gasto público. Es más, se nos dice que esta escasez hace subir el precio del dinero (es decir, aumentar los intereses bancarios) y aumentar la inflación. De ahí la necesidad de reducir el déficit y el gasto público.

El problema con esta creencia (basada en fe, más que en evidencia) es que cada uno de estos supuestos es erróneo. Y además es fácil demostrarlo. Uno de los países que ha recortado más su déficit en la UE ha sido Irlanda. Tales recortes han contribuido a que su PIB colapsara, descendiendo nada menos que un 9% por año. Nunca un país había visto, desde el colapso de EE.UU. a principios del siglo XX -durante la Gran Depresión-, un colapso de su PIB tan acentuado. Ello determinó, por cierto, el consiguiente aumento del déficit público, mostrando, una vez más, que la mejor manera de reducir el déficit no es reduciendo el gasto público, sino aumentando el crecimiento económico. Un tanto semejante ha ocurrido en Grecia, donde la reducción del déficit impuesto por el FMI ha llevado a un colapso del PIB (que se calcula llegará a ser del 20%).

Que ello ocurra no debiera sorprender, pues la enorme recesión, que puede convertirse en depresión, se debe a un problema de demanda, consecuencia de la enorme polarización de la rentas, con descenso de las rentas del trabajo (y consiguiente bajada de la masa salarial como porcentaje de la renta nacional). Tal descenso de las rentas del trabajo ha forzado un enorme endeudamiento de las familias, que al colapsarse el crédito, resultado de la crisis financiera, crea un enorme problema de la demanda, que debe sustituirse rápidamente por la demanda creada con el gasto público. Reducir, en lugar de aumentarse el gasto público es un suicidio, no sólo para Europa, por cierto, sino para la economía mundial. De ahí que dirigentes de la política económica estadounidense como el director de la oficina económica de la Administración Obama, el Sr. Larry Summers, y el homólogo del Ministro de Economía y Hacienda en España, el Sr. Timothy Geithner, hayan criticado duramente las políticas de austeridad seguidas en la Unión Europea.

Pero, empeorando todavía más la situación, los poderes financieros, dirigidos por el Banco Central Europeo, están favoreciendo el incremento de los intereses bancarios para finales del 2010, y se resisten también a crear más liquidez (es decir, imprimir dinero) con el argumento de que puede aumentar la inflación, ignorando que el mayor problema que tiene la UE es la deflación, lo contrario a la inflación. Cada una de estas intervenciones mantendrá a la UE y la Eurozona en la Gran Recesión. Y en el peor de los casos pueden llevar a la Gran Depresión.

La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué estas políticas, tan claramente erróneas, se están realizando? Y la respuesta tiene que ver con el enorme poder del capital financiero por un parte y el gran poder de clase por otra. Éste es responsable de una enorme polarización de la rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, polarización alcanzada a base del desarrollo de las políticas neoliberales llevadas a cabo en ambos lados del Atlántico, desde los años ochenta. En realidad, fue esta misma polarización de las rentas la que explica el enorme crecimiento del capital financiero, que se ha beneficiado del elevado endeudamiento, creado por el descenso de las rentas del trabajo. El neoliberalismo es la ideología del capital financiero y de las clases dominantes a ambos lados del Atlántico. Y es el dogma de los establishments financieros, mediáticos y políticos de la UE (hoy controlados por las derechas).

¿Qué es lo que debiera hacerse?

La respuesta es bastante fácil. A nivel teórico, la experiencia del siglo XX es aleccionadora. Una, es la corrección de la obscena concentración de las rentas y de la propiedad. Nunca antes (desde los años veinte en el siglo XX) se había alcanzado tal concentración. Se requiere eliminar las reformas profundamente regresivas que tomaron lugar durante estos últimos cincuenta años. Tales cambios generarían enormes recursos al estado, que debieran invertirse en áreas sociales y físicas, creadoras de empleo, así como en nuevas áreas productivas (como, por ejemplo, nuevas formas de energía y transporte), todas ellas actividades que estimularían el crecimiento económico que disminuiría el déficit público y la deuda pública.

Estas medidas debieran complementarse con cambios muy sustanciales del sistema financiero, con redefinición de los objetivos de tal sistema, priorizando aquellos que sirven a la economía y no sólo a los banqueros y accionistas. Debiera recuperarse el concepto de servicios financieros, con creación de bancas públicas, redefiniendo las funciones del BCE para convertirlo en un Banco Central (que hoy no lo es), en lugar de ser un lobby de la Banca. Como tal, el BCE debiera responderle al gobierno europeo y al parlamento europeo (tal como ocurre con otras bancas centrales, como el Federal Reserve Board en EE.UU. y el Banco Central de Japón), con la responsabilidad de ayudar a los estados y a la UE a desarrollar sus políticas económicas (incluyendo la compra de deuda pública, revirtiendo los intereses a los países deudores). Una medida inmediata sería la impresión de euros en dosis mucho más acentuadas de lo que hace ahora. El BCE no ha tenido ninguna duda en imprimir millones y millones de euros para salvar a los bancos europeos. Pues bien, el BCE debiera hacer lo mismo para salvar a los estados de la Eurozona. El peligro de inflación no es inmediato. De ahí la urgencia de este tipo de intervención, pues el mayor riesgo es el de la deflación, no el de inflación. Por cierto, existe el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (EBRD) que parece adormecido y que debiera reavivarse para facilitar las inversiones en nuevos sectores productivos y de servicios.

Pero además de estas medidas, es importante y urgente hacer cambios importantes en la regulación del capital financiero y de sus mercados. Convendría que se desincentivaran las actividades financieras especulativas, gravando las transacciones a corto plazo (la Tasa Tobin). George Irvin ha calculado que un impuesto de un euro por cada mil de transacción generaría 220.000 millones de euros al año, más del doble del presupuesto actual de la UE.

¿Se tomarán estas medidas?

La respuesta depende del cambio de mentalidad de las izquierdas gobernantes en la UE, hasta ahora estancadas en el territorio neoliberal. Su falta de visión, su actitud acomodaticia y su carencia de coraje político les ha convertido en parte del problema, en lugar de en parte de la solución. De ahí que sin una transformación muy importante de estas izquierdas o su substicición por otras, estas alternativas no tendrán lugar. Ni que decir tiene que el poder económico y político y mediático de las derechas es enorme. Pero, por muy fuerte que sea (y lo es) puede vencerse si hay voluntad política, aunque España no es un ejemplo de ello. No ha habido voluntad política del gobierno PSOE de aliarse con las izquierdas, ni en 1993, ni en 2008. Y ello se debe a que el marco conceptual que dirigió sus políticas económicas era neoliberal. Y ahí está la raíz del problema.

Vicenç Navarro – Artículo publicado en El Viejo Topo

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.