EL DÍA 29 TODAS Y TODOS PODEMOS Y DEBEMOS HACER ALGO.

 

Por Mª Ángeles Sierra.

El próximo día 29 nos sobran razones para secundar la huelga general, desacelerar el mercado o dar la espalda a las instituciones tanto públicas como privadas que nos están pisoteando.

El desempleo mantiene su constante al alza, las ayudas sociales a la baja, los recortes de derechos son cada vez más notables, el aumento impositivo de los impuestos indirectos es para muchos ciudadanos prácticamente insostenible y la disparidad entre las clases sociales altas y bajas es cada vez más bárbara.

Durante décadas, millones de ciudadanos hemos estado aportando beneficios económicos para este supuesto estado democrático de derecho en forma de tributos locales, autonómicos y estatales o en forma de un precario desarrollo social, educativo, económico y sanitario, no sin sacrificio e incluso rendición por parte de los ciudadanos afectados si nos comparamos con el gasto invertido por otros países del entorno, pero al parecer nada ha sido suficiente.

Se nos impone más sacrificio, mayor precariedad laboral, menos garantías sanitarias, educativas y sociales, aumento de la jornada laboral, reducción y/o supresión en la práctica se pensiones por las que toda una vida hemos ido aportando y reducciones de cobros a mayores horas de trabajo. En definitiva, hemos dejado de ser ciudadanos de pleno derecho para ser míseros esclavos bajo el dominio absoluto de unos (des)gobiernos cada vez más tiranos.

Mientras tanto, en el otro lado de la balanza, las grandes fortunas no pagan. Evaden sus capitales a paraísos fiscales, acumulan deudas millonarias al sistema sanitario en concepto de impagos a la Seguridad Social, que a nadie salvo a ellos se permite, perciben prestaciones públicas millonarias con las que nunca articulan mejora social alguna. El entramado empresarial recoge alborozado el despido y la precarización laboral que no admite pudores, ni acata recetas morales

La Monarquía y la Iglesia atrapan millones y privilegios imposibles de calcular dado el oscurantista entramado de que disponen y de la fuerza del poder político, prácticamente totalitario que los mantiene.

Grandes Fundaciones y ONGs, siempre vinculadas a esos dos grandes partidos que se turnan en el poder gracias a nuestra inocencia y contención, controlan económicamente sectores enteros a los que nunca van a parar ayudas directas, efectivas, reales y mucho menos dineros, convirtiendo su derroche en caridad, -que no es caridad ni de lejos-, desde su amplio escaparate de manejar sentimientos.

La Banca, no conforme con haberse quedado con miles de casas de los ciudadanos, con las que les engañaron en el momento de atraparlos tras venderles el sueño de la felicidad sempiterna les sigue teniendo asfixiados en forma de deudores eternos, después de haberles desplumado y haberles arrojado de sus propias viviendas.

Retienen los créditos extraídos de nuestro sacrificio y nuestro dinero para quienes más necesitan mantenerse en esta cuerda floja cada vez más peligrosa de recorrer y aquí no pasa nada. Pero lo que ya más ofende de la banca es que haya tenido incluso la desfachatez vergonzosa de haber transformando a espaldas de sus ahorradores clientes, las cantidades ahorradas de muchos años de sacrificio y trabajo en inversiones basura, de las que ya no pueden hacer uso por mucho que se encuentren laboral, económica y socialmente ahogados.

Ni siquiera son dueños del resultado del ahorro de tantos años de trabajo. Pero aquí no pasa nada, al parecer sigue siendo legítimo y legal que seamos expoliados.

Y después vienen los insuperables prestidigitadores de nuestras cada más alicaídas esperanzas, los insostenibles políticos, los sindicalistas de altura, los grandes ejecutivos y directores públicos, los que reparten el bacalao pescado por todos nosotros y que acaban comiéndose ellos en cuatro o cinco bocados. Parlamentarios, ministros, consejeros, alcaldes, concejales, directores generales, asesores y un sinfín de “ores” devoradores, -quizás expertos en como esquilmarnos y descalabrarnos-, para quienes no es incompatible, al contrario que al resto de los mortales, acumular varios cargos públicos y políticos siempre bien remunerados, eso sin contar su cada vez más insana experiencia en generar y beneficiarse de los millonarios gastos varios, prevaricaciones y cohechos, como no, autorizados.

Los representantes de medios de (in)comunicación y (des)información masiva, -bien alimentados, en detrimento de miles de auténticos profesionales del periodismo, cuando no explotados desempleados-, cual eficientes lacayos de cuantas manos les van dando de comer, por pasar de ser portavoces ciudadanos a roncos e incomprensibles megáfonos, aun a riesgo de resultarnos cada vez más vomitivos, sin más pudor que el de la desvergüenza, ya se encargan con sus medios de irnos manipulando, para convertir en silencio, un imparable y lamentable drama social, para muchos insospechado.

¡El día 29 todas y todos podemos y debemos hacer algo!

NADA SOBRE NOSOTROS, SIN NOSOTROS.

No podemos pedir a nuestros políticos un compromiso social si nosotros mismos, las personas que les votamos, no somos capaces de implicarnos en las movilizaciones que han de dar un giro total al rumbo del desastre que está invadiendo el planeta.

El compromiso de la ciudadanía pasa por renunciar a la pasividad y defenderse de la gran epidemia de ignorancia que reina en nuestras mentes y nuestros hogares. El virus de la ignorancia es el principal aliado de los poderes financieros y gubernamentales. Tiene su origen en nuestra educación y se extiende principalmente a través de las televisiones, utilizando también otros medios escritos para desinformar o manipular la información.

La falta de pensamiento crítico en nuestra sociedad, contribuye a la pérdida de unos valores fundamentales en el género humano, necesarios para la honestidad y libertad de las personas. Los centros docentes y universitarios, lugares donde se deberían encontrar las neuronas cerebrales de ese pensamiento crítico, por el contrario, desarrollan y suministran talentos a un sistema que utiliza su capital intelectual para fomentar la corrupción y destruir nuestro entorno natural y social.

Se ha abierto la campaña electoral, y con ella la vergonzosa manipulación que los medios informativos, principalmente las televisiones, comienzan a ejercer sobre una parte importantísima de la ciudadanía que todavía no se ha enterado del argumento que tiene esta escabrosa película llamada “crisis”, y de los perversos objetivos que persiguen sus actores.

Se ha anunciado a los cuatro vientos un debate televisivo entre los que parecen ser “únicos” candidatos a dirigir este país. Más de medio millón de euros gastados de nuestros impuestos por una televisión pública, para ofrecer un combate entre los dos púgiles que la banca ha decidido poner al frente de nuestro país. Porque dando tanta proyección a ese debate, meten en el subconsciente de esa ciudadanía ingenua e indecisa que los demás candidatos no cuentan, que el resto de partidos políticos son solo comparsa.

Ese es el único margen de maniobra que dejan a la ciudadanía para que sigan creyendo que son libres y que esto es una democracia. Elijan ustedes a su verdugo, o lo que es mejor…, ¡háganse ustedes mismos el harakiri! Pero sepan que después del 20N habrá un claro vencedor y un evidente perdedor; el vencedor y gobernante: LA BANCA, el perdedor, el de siempre: NOSOTROS.

A medida que pasan los meses, se suman por decenas los miles de personas que acuden a la llamada de las movilizaciones sociales, no convocadas por los sindicatos, sino por los propios colectivos de afectados y, otros comprometidos en la lucha que hemos de llevar a cabo para cambiar este mundo. Personas que manifiestan su rechazo a las políticas que toman nuestros gobiernos, gritándoles muy claramente que no se sienten representados. Una vez más, esos políticos se dirigen a nosotros dejando muy clara una cosa: que hace ya mucho tiempo que nos perdieron el respeto.

ES MOMENTO DE CAMPAÑA

Y lo que está claro es que en campaña electoral es importantísimo que, además de los políticos, hablemos nosotros. Llevo dos años luchando públicamente, no solo contra el Santander, contra la banca en general. He visitado 28 ciudades españolas recogiendo testimonios de víctimas de esa banca, que reflejan en su mirada el drama y la tragedia por la que están atravesando. Me he gastado todos los ahorros, que con sacrificio, había conseguido reunir para comprarme una silla de ruedas eléctrica, algo que me resulta imprescindible para tener una mayor independencia y libertad. No sé si llegaré a recuperar ese dinero, pero en mi orden de prioridades, liberar a nuestros hijos de esta esclavitud financiera, y que todos los ciudadanos despertemos de la gran mentira que vivimos, están por delante de mi precaria movilidad.

Es una absoluta falta de respeto comprobar que la gran mayoría de partidos que se presentan a estas elecciones y, que dicen querer salvarnos de la crisis, no hacen alusión alguna a los culpables que han generado esta situación, ni incluyen en sus programas las responsabilidades que piensan exigir a esos culpables. Siento una gran decepción e impotencia al comprobar que tanto esfuerzo y sacrificio empleados estos dos años, no dan todavía un mínimo resultado… ¡Pero éste que escribe dice que no se rinde!

Hoy parto con dirección a Madrid para comenzar mañana jueves, 10 de noviembre, una huelga de hambre junto a Francisco Cañas, padre de una de las víctimas que encontré en Jaén, y que durará los días que restan de campaña electoral. Nos plantamos ante el Congreso de Diputados con la pancarta que os adjunto al final.

En esta campaña electoral, las víctimas de este sistema tenemos que hablar muy alto, no permitamos que sigan hablando públicamente de nosotros sin estar presentes. Nada sobre nosotros, sin nosotros. ¿Alguien se anima a acompañarnos al Congreso de Diputados en Madrid? Será un placer veros allí.

José Luis Burgos

Hoy, 27 de mayo, siento el dolor en mis carnes.

Era cuestión de días que el mensaje cambiara, porque el pensamiento siempre ha estado ahí, inalterable. El día 22 de mayo todos eran demócratas y solidarios, nadie veía necesidad de desalojar las plazas, se trataba de la gran fiesta de la democracia, el momento más grande, en que los ciudadanos depositan su voto y tienen la oportunidad de expresar su deseo.

¡Pobres insensatos! Nunca la historia había sido tan inútil para los nuevos gobernantes de un pueblo; nunca los gobernantes de un pueblo habían sido tan inútiles para la ciudadanía catalana. ¡Necios nacionalistas!, que amparáis vuestra candidatura en la grandeza histórica del pueblo catalán, que denunciáis el sometimiento y represión que obra en la memoria histórica de esta frustrada nación, os habéis convertido en su principal verdugo.

La gran fiesta de la democracia estaba ayer en esa plaza: jóvenes estudiantes que expresaban su angustia por su futuro incierto, padres que mostraban su hijo de un año y el temor a que no tuvieran en el futuro una formación gratuita, personas desempleadas que escuchaban con esperanza las protestas de los presentes, familias desalojadas de sus hogares que encontraban calor junto a los indignados…

Mientras, un presidente al que le preocupa más su peinado y jovial imagen, que presume por las televisiones de leer poesía, recita poemas de Machado y Rosalía de Castro a su consejero de interior, “cuando el jilguero no puede cantar, golpe a golpe, verso a verso”, “en su cárcel de espinos y rosas cantan y juegan mis pobres niños, en su cárcel se duermen soñando cuán bello es el mundo, y le envidian las alas al pájaro, ¿adónde llevaros, mis pobres cautivos, que no hayan de ataros las mismas cadenas?

Hoy, 27 de mayo, he visto desde mi silla de ruedas a compañeros brutalmente apalizados por las fuerzas de seguridad. Cada golpe sentía el dolor en mis carnes, porque muchos de ellos me han apoyado incondicionalmente en mi particular lucha. ¡Qué infelices los brazos ejecutores!, si supieran que las personas a las que golpeaban estaban defendiendo sus propios derechos…

Hoy, 27 de mayo, siento el dolor en mis carnes, porque el actual gobierno catalán, bajo una apariencia democrática con que se ha vestido, es un estado policial, que traiciona y practica la tortura a los ciudadanos que les pagan sus indignos salarios, usurpando sus derechos en favor del mayor poder que gobierna sobre ellos, ese que les financia para llegar al poder, que les corrompe y les convierte en ladrones de libertades.

Ánimo compañeros, nuestra fuerza es mayor que el sufrimiento, los golpes de la tiranía y la inmoralidad nos hacen más grandes. La higiene no la necesita la plaza, la precisan sus sucios despachos y perturbadas mentes.

José Luis Burgos.

Comunicado de prensa de “Democracia real YA” (17/05/2011)

 

En más de 60 ciudades del Estado, ciudadanos de distintos sectores sociales han salido con fuerza y determinación bajo el lema de “Democracia real ¡YA! No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.

Se estima que más de 130.000 personas tomaron las calles de las localidades convocadas, así como en las concentraciones de apoyo en otros países europeos. Consideramos el resultado un éxito rotundo, pues las convocatorias han sido principalmente forjadas en las redes sociales y organizadas por ciudadanos anónimos. Un éxito no solo por ser una convocatoria apartidista y asindical, sino por la fuerza y creatividad de las movilizaciones. Las marchas desbordaron con creces las previsiones de los organizadores.

Los organizadores se desmarcan y rechazan cualquier incidente violento ocurrido después de la manifestación en Madrid. Según la información de la que disponemos, los incidentes violentos fueron mínimos, siendo la mayor parte de las acciones posteriores protestas de desobediencia civil pacífica ante las cuales las Fuerzas de Seguridad del Estado actuaron de forma desmedida. Condenamos la brutal represión policial y mostramos nuestra solidaridad con aquellos heridos, así como con los detenidos de manera injustificada por acciones de resistencia pacifica sin que mediara provocación alguna, para los que pedimos la inmediata puesta en libertad sin cargos.

Queremos mostrar nuestro malestar por ciertas afirmaciones e informaciones aparecidas en los medios de comunicación, donde se declara que Democracia real YA promueve la abstención o el voto nulo. Totalmente falso, ya que la plataforma se mantiene neutral en este aspecto. También recalcar que fue una convocatoria apartidista y asindical, y no apolítica, tal y como insisten otras fuentes.

Democracia real YA apoya las acampadas espontáneas convocadas para esta misma semana. Convocatorias también desprovistas de símbolos políticos o sindicales y promovidas por asistentes a las manifestaciones del domingo, pero no convocadas directamente por Democracia real YA ni por los organizadores de las manifestaciones del 15 de mayo. DRY no convoca las acciones y por tanto tampoco convoca como colectivo a los medios de comunicación para hablar de ese tema. Los propios acampados como ciudadanos independientes responderán a los medios a este respecto.

Por último, pedimos a los medios de comunicación, apelando al sentido de ética profesional periodística, que cubran las sucesivas manifestaciones de la forma más objetiva posible, así como que se dirijan a Democracia real YA para informarse de cualquier tipo de movilización impulsada por la misma. También pedimos que no incurran en omisión o manipulación de la información, ya que ha habido medios que no mencionan que hubo manifestaciones en 60 ciudades españolas, hecho que es una realidad y, por tanto, es también noticia.

Tras la convocatoria del 15 de mayo las acciones continuarán. Esta movilización ha sido el principio de una serie a largo plazo. La plataforma, horizontal, asamblearia y abierta a la participación de trabajadores/as, parados/as, estudiantes, jóvenes, jubilados/as, hipotecados/as…, seguirá trabajando en sus objetivos. Nos mueve la firme convicción de profundizar el camino que entre todos y todas hemos empezado. Creemos que es posible una sociedad más justa. Y vamos a demostrarlo.

Próximamente explicaremos cuáles serán los siguientes pasos y convocatorias.

Publicado en Democracia. 1 Comment »

CARTA ABIERTA DE UN AFECTADO POR LA HIPOTECA A NUESTROS DIRIGENTES POLÍTICOS Y PARLAMENTARIOS

Barcelona, 18 de diciembre de 2010

Me llamo José Luis Burgos, tengo 48 años, soy discapacitado físico y preciso para movilizarme la ayuda de una silla de ruedas. Hace ya 19 días que permanezco en huelga de hambre en Paseo de Gracia nº 5 de Barcelona, ante las puertas de una de las entidades financieras más fuertes de este país, el Banco de Santander.

Soy un estafado e ignorado por un sistema capitalista brutal y despiadado. Una de las centenares de miles de personas que con sus respectivas familias están a punto de perder su vivienda o ya la han perdido. Un durísimo castigo para ciudadanos que han cometido un solo delito: perder de forma injusta su puesto de trabajo, por culpa de un mercado laboral que ha saltado por los aires debido a las sucias maniobras de los mercados financieros, que no son otros que la banca y las transnacionales.

Sepan ustedes que denuncio públicamente y con todas mis fuerzas las tropelías que desde hace ya mucho tiempo vienen cometiendo estas instituciones ambiciosas e inhumanas. Pero sepan también ustedes que mi mayor decepción es comprobar que los representantes políticos en los que hemos confiado nuestra vida y futuro, no están haciendo absolutamente nada por evitar estos atropellos y poner fin a esta barbarie.

Y si en algún momento se ha hecho, ha sido a favor de esa banca privada, ya que entre los años 91 y 98 los dos equipos de gobierno, primero socialista y luego popular, fusionaron los bancos públicos de crédito en nuestro país a través de Argentaria, para venderla posteriormente al sector privado de forma poco transparente, y ello cuando era rentable y sus acciones tenían buen comportamiento en bolsa. Ahora es obvio que estos bancos de crédito nos habrían sacado del apuro inyectando liquidez a empresas y familias. Sin embargo nuestros representantes en el gobierno y en la oposición se ponen de nuevo de acuerdo para abrir las cajas al capital financiero y bancarizarlas, cuando una medida social sería su nacionalización y funcionamiento como entidades públicas, éticas en la inversión y con control ciudadano.

Soy un simple ciudadano, no me siento representante de nada ni nadie, pero creo ser una muestra de esa gran parte de la población que está viviendo momentos amargos y situaciones de tragedia familiar, ante la mirada pasiva de todos ustedes.

Es totalmente inadmisible que millones de personas se encuentren en la calle o estén a punto de hacerlo, por una legislación obsoleta e injustamente aplicada en este tipo de situaciones de crisis. Pero lo que es incomprensible es que se les esté esclavizando financieramente de por vida, porque aún entregando su vivienda y perdiendo todo el dinero que ya habían invertido en ella, son condenados durante el resto de sus días a pagar una deuda ficticia e inmoral, como resultado de la diferencia de valoración de esas viviendas entre el precio de compra inicial y el precio de subasta actual, al cual hay que sumar las abusivas e inexplicables costas judiciales del proceso de ejecución.

No deja de ser deleznable que los mismos culpables de originar esta crisis sean premiados con miles de millones de euros de nuestros impuestos, que el gobierno ha tenido a bien ofrecerles sin hacer a la ciudadanía consulta alguna, en lugar de exigir los castigos y penas de esta estafa y burla social. Pero todavía es más intolerable que ustedes, políticos y vendedores de promesas electorales salvadoras, permitan y hagan lícita esa esclavitud para sufragar las pérdidas de éstas entidades financieras que lejos de generar riqueza se han dedicado a manipular y especular sin control alguno y, rescatarlas de su propio pozo de suciedad con la explotación y cautividad legal de sus víctimas. Las mismas víctimas ciudadanas que se sienten traicionadas por aquellos representantes políticos que pidieron su voto y que ahora lo agradecen con su indiferencia.

Es un deber y una obligación política y moral, exigir que los errores y pérdidas de la banca, así como la crisis que han originado, la paguen ellos. Con sus millonarios beneficios acumulados durante tantos años, con las reservas que deberían haber dotado en sus balances en lugar de repartir miles y miles de millones en dividendos a sus accionistas, con el asqueroso beneficio que obtienen participando o financiando la fabricación de armamento con el que matar a miles y miles de niños y demás personas inocentes, que podrían ser nuestros propios hijos, padres, hermanos… Y también, claro está, con esas sucias e incalculables fortunas multimillonarias que duermen tranquilamente en paraísos fiscales sin haber pagado un solo céntimo de impuestos, mientras cada año aumenta el empobrecimiento de la clase obrera en los países avanzados y se registran paralelamente millones de personas que mueren de hambre en el mundo.

La entidad ante la que me encuentro protestando y que pretende quitarme lo que es mío, ha repartido hasta el mes de noviembre de este año entre sus accionistas más de 5.000 millones de euros de beneficios. La misma que se jacta de invertir 200 millones de euros en el equipo de Ferrari y Fernando Alonso, para seguir luciendo poderío en esta Cataluña nuestra, en esta España de amodorramiento, de circo y pandereta. La misma que financia con fortunas inmorales la compra de futbolistas, para que ese poderío, forjado con el dinero de sus clientes y los abusos que le permite el Gobierno ejercer sobre los mismos, traspase fronteras y muestre al mundo el despilfarro que existe en este país, por encima de necesidades sociales de primer orden, por encima de conciencias y personas desesperadas, para hacer todavía más evidente la falta de sensibilidad y compromiso con una sociedad que le ha permitido todo y se ha convertido en la Meca de ávidos banqueros y políticos corruptos.

Un país que no siendo ni de lejos una potencia económica mundial, ha metido entre las filas del capitalismo internacional a uno de los bancos más potentes, ese que con nuestro dinero se ha convertido en uno de los más ricos, pero también de los más pobres en gratitud y calidad humana. Ese que ha sabido, como todos sus homólogos nacionales, aprovecharse de la bondad de las gentes conformistas de este país, aprovecharse también de sus desgracias y, de una legislación que parece proteger únicamente los intereses de estas entidades, en detrimento de los más débiles. Una legislación que utiliza la maquinaria democrática y su Estado de Derecho, para dar forma a un inverosímil escenario de injusticia para sus ciudadanos y, albergar a un gran número de insaciables tragaperras que se han arropado bajo las sábanas celestiales de este fantástico paraíso financiero situado al sur de Europa.

Señores representantes políticos, ha llegado el momento de demostrar su talla profesional y humana, ha llegado el momento de demostrar si son dignos representantes nuestros. Nosotros, los ciudadanos, cumplimos puntualmente y con sacrificio para poderles pagar sus privilegiados salarios, para que nos defiendan de esta estafa permanente. Se encuentran ustedes ante una oportunidad histórica en la que tendrán que elegir entre defender a la ciudadanía, o traicionarla mientras siguen el juego de la tiranía totalitaria del dinero, que se está apoderando de nuestras vidas y robando nuestra felicidad.

La democracia está enferma, reclama a gritos que la rescatemos, que le quitemos este tupido velo que la envuelve de corrupción e injusticia. Ustedes, señores políticos, se llenan la boca a diario con sus discursos vacíos y cada día menos creíbles, orgullosos de ejercer sus funciones en un marco de derecho y honradez democrática en el que se escudan. Tal vez no se den ustedes cuenta, aunque me temo que sí, que están traicionando a esa democracia por la que tanto hemos luchado, convirtiéndola con su permanente ejercicio de permisividad y protección a la banca, en una total dictadura de los mercados financieros.

Su falta de valentía a la hora de decir la verdad, de poner freno a los graves atropellos que está cometiendo la banca en nuestro país, no permitirá que puedan explicar con orgullo a sus hijos y nietos el papel que están escribiendo ustedes en esta gran página histórica. Yo permanezco con mi huelga de hambre aquí en la calle, con un cansancio y unas condiciones climáticas que se tornan inhumanas, a la espera de que ustedes, los representantes políticos, decidan dar un paso al frente y alinearse con aquellos que defendemos la justicia social y los derechos humanos. Seguiré aquí, junto a otros ciudadanos, que ante el autismo de las administraciones, hemos decidido organizarnos para defender nuestros derechos a una vida y a una vivienda digna, a una justicia global económica y fiscal. Hemos perdido el miedo. Hemos decidido acompañarnos, caminar juntos por esta larga travesía. En mi caso, con los compañeros de la PLATAFORMA DE AFECTADOS POR LA HIPOTECA y ATTAC ACORDEM. Seguiré aquí, apostillado en las puertas del banco, con la esperanza de que algún día decidan unirse a la ciudadanía, con la esperanza de que algún día decidan poner fin a toda esta tiranía y dejen de alimentar a nuestro verdugo; con la esperanza de liberar a nuestros hijos de estas cadenas.

Medios de comunicación, Jueces y Políticos: la democracia os necesita, la ciudadanía os espera.

José Luis Burgos.

Carta abierta al Presidente del Gobierno de España.

Sr. D. José Luis Rodríguez Zapatero Presidente del Gobierno

Señor Presidente:

Me dirijo a usted en mi condición de Presidente de ATTAC España, una asociación que seguramente conocerá y que se preocupa por formar a la ciudadanía, por analizar la situación social y económica y por combatir pacífica y democráticamente el “terrorismo financiero”, en expresión de su compañero de Partido y presidente de la Junta de Andalucía, José Griñán, que en nuestra opinión y como creemos que usted sabe mejor que nadie viene extorsionando a los pueblos desde hace tiempo. Una asociación que pronosticó acertadamente hace ya diez años el desencadenamiento de la actual crisis y sus efectos y a la que, por cierto, pertenecen también militantes y simpatizantes del Partido Socialista Obrero Español.

En esta ocasión me dirijo a usted en nombre de ATTAC España para manifestarle la desolación e indignación que produce el hecho de que una vez más, para plantear y tratar de resolver los gravísimos problemas que tiene la economía española recurra usted solo a una parte de la sociedad española: en este caso a los grandes bancos y empresas que en tan gran medida han sido, precisamente, los que han provocado los problemas que padecemos.

Le manifiesto nuestra indignación porque creemos que usted, como Presidente del gobierno de todos los españoles, debería tener presente la opinión y los deseos no solo de los grandes poderes empresariales y financieros sino también de los que vienen sufriendo las consecuencias de su avaricia y de su irresponsabilidad.

Y le manifiesto igualmente nuestra desolación al comprobar una vez más que recurre usted a quienes menos éxito han tenido a la hora de analizar el origen de la crisis y a quienes se han equivocado constantemente en sus pronósticos y proyecciones, sin que se haya usted dignado (o al menos, sin que ello haya trascendido públicamente) tomar nunca en cuenta la opinión de las personas y estudiosos que desde posiciones de izquierda están mostrándose con mucha más capacidad de descubrir y analizar la realidad de los hechos.

Lamento tener que decirle que de esa manera es usted mismo quien alimenta las posiciones ideológicas y políticas que lo vienen combatiendo con un ímpetu denodado y la mayoría de las veces incluso injusto y quien se incapacita para disponer de claves que permitieran abordar los problemas económicos de España desde otros puntos de vista. Y, al mismo tiempo, quien desarma a las clases trabajadoras pues éstas quedan confundidas cuando alguien en quien confiaron simplemente se limita a ejecutar lo que le piden los grandes poderes financieros.

Lejos de limitarnos a denunciar esa actitud tan poco efectiva y tan escorada a favor de estos últimos, deseamos contribuir a hacer explícitos otros puntos de vista que los grandes medios y las derechas se empecinan en ocultar y por lo que le animo a conocer las propuestas de otras organizaciones de la sociedad civil (ATTAC entre ellas) y los análisis que realizamos de la crisis, que una vez que han ido sucediendo los hechos, se han mostrado como mucho más acertados que los que vienen realizando desde posiciones neoliberales y que le pueden ofrecer alternativas mucho más eficaces y menos onerosas para las clases trabajadoras y para la pequeña y mediana empresa de este país que es la que, como usted sabe crea y mantiene a más del 90% del empleo.

En la confianza de que una organización como la nuestra, que cuenta con miles de afiliados en toda España pueda tener la misma capacidad de ser oída que los grandes banqueros y empresarios, le saluda atentamente

Carlos Martínez García

Presidente de ATTAC España

Salvar a los bancos ¡y a callar!

Estamos en las vísperas de que se vuelva a producir, ahora en Irlanda, una nueva intervención para devolver la rentabilidad a unos pocos bancos con un coste tremendo que una vez más se hará recaer sobre la ciudadanía que no lo ha causado: “La UE exigirá a Irlanda subidas de impuestos para devolver el rescate”, titula la prensa.

Y de nuevo comprobamos que solo hay una cosa tan infame como el comportamiento de la banca y los financieros que han provocado esta crisis: la cobardía y la complicidad de las autoridades que no se atreven a ponerlos firmes y a someterlos al imperio de leyes justas que impidan que la economía mundial siga siendo un enorme casino en el que la banca se ha autoconcedido el derecho a establecer las reglas que a ella le conviene y a hacer trampas cuando y como le viene en gana.

Los descalabros continuados de la economía mundial que han tenido como punto culminante la crisis actual se han producido en última instancia como consecuencia de que la banca privada disfruta del privilegio de crear dinero (es decir, de obtener beneficios y poder) cada vez que genera deuda a cuenta de los depósitos de los clientes.

En lugar de limitar el riesgo que ello conlleva, los gobiernos cedieron a las presiones de los banqueros y han ido estableciendo una regulación del negocio financiero cada vez más permisiva, que deja hacer prácticamente de todo.

En los últimos años, los gobiernos y los bancos centrales han ido desmontando las normas legales que de alguna manera restringían ese poder de las entidades financieras para permitirles que se pudieran convertir en verdaderos chiringuitos financieros dedicados a promover la inversión especulativa mediante una ingeniería que no ha podido provocar sino crisis sucesivas y la última catástrofe en la que se encuentra todavía el sistema financiero mundial. Como dice un viejo refrán chino, nadie puede permanecer eternamente de puntillas. Por eso era inevitable que le ocurriera lo que le ha ocurrido a la banca y cuya consecuencia inevitable ha sido el también continuado deterioro de la actividad y el empleo porque en la misma medida en que los bancos generan dinero para la especulación financiera lo hacen escasear para la actividad productiva empresarial y el consumo.

Cuando el paroxismo especulativo de la banca internacional hizo estallar la crisis las autoridades de casi todo el mundo, a pesar de sus continuas declaraciones prometiendo poner orden y combatir la irresponsabilidad, como se llegó a escribir en algún comunicado del G-20, se han limitado a conservar el orden financiero sin osar poner límites a los privilegios de la banca. Y al limitarse a ayudar a los banqueros sin resolver los problemas de financiación que paralizaban la actividad han generado una deuda tremenda que los propios bancos han utilizado para empoderarse aún más y extorsionar a los gobiernos y a los pueblos.

Para ayudar y salvar a los bancos causantes de la crisis se les han inyectado docenas de miles de millones en sus balances, se han cambiado las normas legales, se les ha avalado para que sigan haciendo operaciones de gran riesgo, y se les sigue permitiendo que utilicen el dinero que reciben de las autoridades públicas para volver a obtener beneficios sin que vuelvan a poner en marcha el mecanismo de financiación que necesita el mundo empresarial y los consumidores. Algunos se han nacionalizado pero dejando que los dirigieran los mismos dueños de antes. Se han cambiado las normas contables para permitir que los bancos oculten a sus clientes y a la sociedad el quebranto patrimonial (en muchas ocasiones intencionado) que han provocado con dinero de otros, para que nadie sepa que en realidad están tratando con bancos zombis a los que solo mantiene en pie la ocultación y los privilegios de los que ningún otro sujeto económico disfruta.

En España, el gobierno se ha rendido poniéndose a los pies de los banqueros, se ha hecho con verdadera nocturnidad política una ley para que la banca privada se haga con las cajas de ahorros y para que en poco tiempo desaparezca cualquier atisbo de interés social en el sistema financiero. Y hasta una institución del Estado como el Banco de España se convierte públicamente y sin ningún disimulo en el mascarón de proa de los intereses de la banca privada presionando al gobierno y acorralando hasta con modos inimaginables a dirigentes de cajas de ahorros, como muchos de ellos podrían contar si en esas instituciones públicas y en estos negocios hechos con dinero de todos los ciudadanos hubiera la mínima transparencia que cabría esperar de una democracia.

Mientras que se salva y ayuda con docenas de miles de millones de dinero público a los bancos culpables de la crisis se deja que miles de familias que se han quedado sin empleo por su culpa pierdan también sus viviendas porque no pueden pagar unos pocos cientos de euros a bancos que obtienen beneficios multimillonarios.

Y todo ello, sin fondo, como vemos de nuevo en Irlanda y como veremos quizá dentro de poco en Portugal o quién sabe si en España en donde, a pesar de lo que se dice, los bancos, igualmente responsables de la situación de nuestra economía, han recibido ayudas de todo tipo en los últimos años.

El proceso que estamos viviendo pasará a la historia como el que permitió que los manifiestamente culpables de un descalabro económico quizá sin parangón no solo no hicieran frente a sus responsabilidades sino, además, para que aprovecharan las respuestas que las autoridades dieron al daño que provocaron para enriquecerse aún más y para aumentar su poder político e imponerlo sobre el conjunto de la sociedad.

La enseñanza de todo esto es que la economía no funciona como nos quieren hacer creer, como un subsistema aislado de la ideología, del poder y la política sino que es una parte más de los mecanismos políticos y de decisión. Nada de lo que ha ocurrido podría haber sucedido si la gente tuviera noticia de lo que han hecho y de lo que hacen los bancos con su dinero, si se conocieran sus negocios de blanqueo y las operaciones en los paraísos fiscales, si se supiera a quién financian y a quién le niegan financiación, si se impidiera que los bancos influyan en los medios de comunicación o en las fuentes del conocimiento, si se permitiera que los ciudadanos hablaran y debatieran abiertamente sobre lo que conviene a unos y otros y sobre lo que se puede dejar hacer y lo que no.

En lugar de permitir que eso suceda, los bancos se han convertido, a la par que en la principal fuente de alimentación de la economía especulativa que ahoga a los empresarios que quieren crear riqueza y a los ciudadanos normales y corrientes, en el sostén de los principales instrumentos de persuasión y manipulación orientados a convencer a la gente de que las medidas que se toman para que los banqueros y las grandes empresas ganen más dinero son inexcusables porque responden a una mecánica con lógicas propias y autónomas, como las de un reloj que se lleva al técnico para que repare el mal funcionamiento de alguna de sus piezas. Y, por tanto, sobre las que la ciudadanía no tiene por qué pronunciarse. Si nos dicen que para condenar los crímenes del gobierno de Marruecos hay que ser experto, ¡qué no habrá que ser entonces para criticar la política financiera del gobierno o de los bancos centrales, por muy evidente que sea el que benefician siempre a los mismos!

Gracias a la idea de que la economía es “cosa de expertos” y técnicos se va generando el clima de conformismo social sobre las políticas económicas que permite que se lleven a cabo sin grandes dificultades las medidas vergonzosas que se están aplicando.

El principal y hasta ahora exitoso empeño de banqueros y grandes patronales es el de producir el suficiente consenso para que nadie ponga en cuestión lo que a ellos les conviene. Eso es lo que les da la seguridad y convicción de la que Carlos Menem hacía gala en Argentina cuando permitía, como lo están permitiendo ahora los gobiernos europeos, que los bancos robaran a manos llenas a los ciudadanos: “pueden hacer mil marchas, mil huelgas, nada cambiará”.

Es más o menos lo que ahora piensan y dicen en Europa, hasta que los ciudadanos se harten y hagan frente a esta infamia.

Fuente: JUAN TORRES LÓPEZ / Artículo publicado en Sistema Digital.

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Doctor en CC. Económicas y Empresariales.
  • Catedrático de Economía Aplicada en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales – Universidad de Sevilla – Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

Una “dictablanda” en Europa.

Portugal, entre 1926 y 1974, España, entre 1939 y 1975, y Grecia, entre 1967 y 1974, vivieron bajo regímenes dictatoriales. Los procesos de democratización casi simultáneos de estos países fueron considerados como la primera manifestación de una ola democratizadora que en los años siguientes habría de recorrer los países del subcontinente latinoamericano. Si no hacemos nada para corregir el curso de las cosas, dentro de algunos años se dirá que Portugal, España y Grecia vivieron, entre fines del siglo XX y principios del siglo XXI, un brillante pero breve interregno democrático. Habrá durado menos de cuarenta años, entre 1974/1975 y 2010.

La dictadura portuguesa fue la más larga de todas y en ella me concentro en este análisis, aunque mucho de lo dicho se aplique a España y Grecia. En los 48 años que precedieron a la revolución del 25 de abril de 1974 (la Revolución de los Claveles), Portugal vivió bajo una dictadura civil nacionalista, personalizada en la figura de Oliveira Salazar. A partir de 2010 entró en otro período de dictadura civil, esta vez internacionalista y despersonalizada, conducida por una entidad abstracta llamada “los mercados”. Las dos dictaduras comenzaron por razones financieras y después crearon sus propias razones para quedarse. Ambas llevaron la pobreza al pueblo portugués, al que dejaron a la zaga de los pueblos europeos. Pero mientras la primera eliminó el juego democrático, destruyó las libertades e instauró un régimen de fascismo político, la segunda mantiene el juego democrático, pero redujo al mínimo las opciones ideológicas, mantiene las libertades, pero destruyó las posibilidades de que sean efectivamente ejercidas e instauró un régimen de democracia política combinado con fascismo social. Por esta razón, la segunda dictadura puede ser designada como “dictablanda”.

Las señales más preocupantes de la actual coyuntura son las siguientes. Primero, está aumentando la desigualdad social en una sociedad que ya es la más desigual de Europa. Entre 2006 y 2009 aumentó en un 38,5 por ciento el número de trabajadores que perciben el salario mínimo (450 euros): ahora son 804 mil, es decir, cerca del 15 por ciento de la población activa; en 2008 un pequeño grupo de ciudadanos ricos (4051 unidades fiscales) tenían ingresos similares al de un gran número de ciudadanos pobres (634.836 unidades fiscales). Si es verdad que las democracias europeas valen lo que valen sus clases medias, la democracia portuguesa puede estar a punto de suicidarse.

Segundo, el estado de bie-nestar, que permite corregir en parte los efectos de la desigualdad, es muy débil en Portugal y aun así está bajo un ataque cerrado. La opinión pública portuguesa está siendo intoxicada por comentaristas políticos y económicos conservadores –dominan los medios de comunicación como en ningún otro país europeo—, para quienes el estado de bienestar se reduce a los impuestos: sus hijos son educados en colegios privados, tienen buenos seguros de salud y sentirían que sus vidas corren peligro si tuvieran que recurrir “a la porquería de los hospitales públicos”, no utilizan el transporte público, reciben cuantiosos salarios y acumulan cuantiosas pensiones. El estado de bienestar debe ser abatido. Con un sadismo indignante y un monolitismo ensordecedor, van insultando a los portugueses empobrecidos con la letanía liberal de que viven por encima de sus posibilidades y que la fiesta se terminó. Como si aspirar a una vida digna y decente, y comer tres comidas diarias fueran lujos reprobables.

Tercero, Portugal se transformó en una pequeña isla de lujo para los especuladores internacionales. ¿Tienen otro sentido los actuales intereses de la deuda soberana de un país del euro y miembro de la Unión Europea? ¿Dónde está el principio de cohesión del proyecto europeo? Para regocijo de los profetas de la desgracia nacional, el FMI ya está dentro del gobierno portugués y, en breve, anunciará lo que los gobernantes no quieren anunciar: que este proyecto europeo terminó.

Revertir este proceso en Portugal es tan difícil como revertirlo en Grecia o España, pero es posible. Mucho deberá hacerse a nivel europeo y a mediano plazo. En el corto plazo, los ciudadanos tendrán que decir basta al fascismo difuso instalado en sus vidas y reaprender a defender la democracia y la solidaridad, tanto en la calle como en el Parlamento. La huelga general será más efectiva cuanta más gente salga a las calles para manifestar sus protestas, como ha sucedido en Francia. El crecimiento ambientalmente sostenible, la promoción del empleo, la inversión pública, la justicia fiscal, la defensa del estado de bienestar, la democracia participativa, la solidaridad activa con los inmigrantes y el repudio de las políticas xenófobas (que a veces alcanzan a los propios ciudadanos europeos, como pasa con la población gitana en Francia) tendrán que regresar al vocabulario político a través de acuerdos eficaces entre los movimientos sociales y los partidos de izquierda que resistieron la devastación neoliberal de las últimas dos décadas.

Boaventura de Sousa Santos – Página 12


Ignacio Ramonet: «Los periodos de crisis hacen surgir a monstruos como Hitler o Stalin».

Entrevista en La Opinión de Málaga

No acostumbra a fumar puros. Tampoco luce una barba prusiana, pero su literatura, cerebral y atrevida, le ha convertido en uno de los grandes gurús de los movimientos sociales. Profesor de La Sorbona, consultor de la ONU, ideólogo de Attac, Ramonet participó ayer en el ciclo de conferencias Europa en el mundo: nuevos retos y compromisos, organizado en el marco de la iniciativa Málaga Mundi.

¿Europa está haciendo los deberes para salir de la crisis?
Europa no ha aprendido la lección y no ha sabido plantear una alternativa al sistema, pese a que en el momento de estallido de la crisis, la mayoría de los países apostaba por regularizar el mercado. El capitalismo se basa en la armonía entre las leyes y el mercado y la deriva ultraliberal tiene sólo treinta años. La historia ha demostrado que los dos extremos son perversos, la intervención totalitaria en la economía y la ausencia de controles. Los países más poderosos han optado por salir de la crisis mediante dos vías: estimulando la economía, como está haciendo Estados Unidos, o priorizando la fortaleza de su moneda, que es el objetivo de Europa, lo que hace que muchos países deficitarios no puedan subirse a la evolución. Sin alternativas, la crisis volverá.

¿Hacia dónde se encamina la Unión Europea?
La Unión Europea es un concepto insólito en el mundo. Nunca antes se habían unido países tan diferentes con un objetivo común, lo que ocurre es que lo que antes se podía entrever como una solución puede llegar a ser un problema. Muchos países se han beneficiado de su entrada en la UE, pero en el futuro no es descabellado que se dé un movimiento centrífugo. La fortaleza del euro impide que muchos gobiernos puedan devaluar su moneda y sacar ventajas de las exportaciones, por lo que se intenta reducir costes a cuenta de los trabajadores. No hay que olvidar que el retraso de la jubilación responde a una consigna europea aprobada en 2002.

¿Se ha perdido la oportunidad de humanizar el capitalismo?
La sensación es ésa. Hace ya años que agentes como el Papa Juan Pablo II hablaban de la necesidad de humanizar el mercado, pero en eso es difícil en una fase tan neoliberal como la actual. Materialmente, sin embargo, es más que posible. Europa camina hacia el desmantelamiento del Estado del Bienestar y la gente se pregunta cómo puede ocurrir si se tiene en cuenta que la situación económica, a pesar de la crisis, es mucho más poderosa que cuando se crearon sistemas como la Seguridad Social, con un continente arruinado por la guerra.

¿El proceso de pérdida de derechos es inexorable?
Es una de las consecuencias de la globalización. Actualmente no hay nada que se mueva más rápido que el capital. La competencia de un trabajador español no es un trabajador español sino uno de países en los que los costes de producción, por la falta de garantías, son más baratos. Las empresas se deslocalizan e, incluso, en algunos casos ofrecen a los trabajadores la oportunidad de contar con ellos, pero eso sí, con el salario de este tipo de países.

¿Qué me dice de la ola de protestas ciudadanas? ¿Podrían dar otro rumbo a la historia?
Por el momento lo que se ha visto es la desesperación. Hay muchas personas que ya han agotado las prestaciones sociales. Se han dado casos de movilizaciones violentas, execrables, como las de Grecia, que miden el nivel de falta de soluciones de la población. Hasta ahora, no han servido para que los países cambien de política, pero la historia todavía no está escrita.

¿Teme un avance de la xenofobia y de la ultraderecha?
Ese avance ya se está produciendo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, nunca hubo tantos países gobernados por la ultraderecha. Se tiende a culpar a los más débiles, al extranjero y eso se está dando también en gobiernos más moderados como el de Sarkozy. En Europa cunde la islamofobia y ahí está el peligro. No hay que confiar en la crisis para una solución constructiva y democrática, estos momentos históricos hacen aparecer monstruos como Hitler o Stalin.

Usted es hijo de republicanos exiliados, ¿cómo ha vivido la polémica en torno a la recuperación de la memoria histórica?
El proceso contra Garzón ha sido escandaloso. Es un caso insólito en Europa y ha sorprendido al mundo, que empieza a pensar si la instalación de la democracia está o no concluida en España. Exhumar las sepulturas es, si me apura, de caridad cristiana y no tiene nada que ver con reavivar los odios. Una controversia así impide a España dar lecciones a los países latinoamericanos que salen de regímenes totalitarios.

Ataque a la Europa Social.

Hoy en día estamos viviendo un ataque frontal a la Europa Social. La supervivencia de los estados del bienestar de los países de la Unión Europea (y, muy en especial, de los países de la Eurozona) están siendo amenazados debido al desarrollo de políticas de austeridad del gasto público social, como parte de una estrategia de reducción de los déficits públicos y las deudas públicas de tales países. La lista de países y recortes es larga. España e Italia están recortando 15.000 millones de euros y 25.000 millones de euros respectivamente de sus presupuestos. Portugal está bajando su déficit para reducirlo a 3% del PIB en 2013, con unos recortes equivalentes al 6% del PIB en tres años. En Grecia el recorte es incluso más acentuado, 10% en tres años. En Alemania, la canciller Merkel decidió, ya en 2009, eliminar el déficit completamente para el año 2016, recortando 10.000 millones de euros por año. Un tanto semejante está ocurriendo en Francia, bajo la dirección del gobierno Sarkozy. País por país, los recortes son muy acentuados y generalizados.

Estas reducciones, sin precedentes en la Unión Europea, se están haciendo bajo el supuesto de que la disminución del déficit es condición indispensable para que se dé la recuperación económica y se inicie, de nuevo, el crecimiento económico. Se asume que el bajísimo crecimiento que hemos visto hasta ahora (el promedio en los países de la Eurozona ha sido sólo de un 1% por año desde 2001) se debe a que existe escasez de dinero en el sector privado, consecuencia del excesivo gasto público. Es más, se nos dice que esta escasez hace subir el precio del dinero (es decir, aumentar los intereses bancarios) y aumentar la inflación. De ahí la necesidad de reducir el déficit y el gasto público.

El problema con esta creencia (basada en fe, más que en evidencia) es que cada uno de estos supuestos es erróneo. Y además es fácil demostrarlo. Uno de los países que ha recortado más su déficit en la UE ha sido Irlanda. Tales recortes han contribuido a que su PIB colapsara, descendiendo nada menos que un 9% por año. Nunca un país había visto, desde el colapso de EE.UU. a principios del siglo XX -durante la Gran Depresión-, un colapso de su PIB tan acentuado. Ello determinó, por cierto, el consiguiente aumento del déficit público, mostrando, una vez más, que la mejor manera de reducir el déficit no es reduciendo el gasto público, sino aumentando el crecimiento económico. Un tanto semejante ha ocurrido en Grecia, donde la reducción del déficit impuesto por el FMI ha llevado a un colapso del PIB (que se calcula llegará a ser del 20%).

Que ello ocurra no debiera sorprender, pues la enorme recesión, que puede convertirse en depresión, se debe a un problema de demanda, consecuencia de la enorme polarización de la rentas, con descenso de las rentas del trabajo (y consiguiente bajada de la masa salarial como porcentaje de la renta nacional). Tal descenso de las rentas del trabajo ha forzado un enorme endeudamiento de las familias, que al colapsarse el crédito, resultado de la crisis financiera, crea un enorme problema de la demanda, que debe sustituirse rápidamente por la demanda creada con el gasto público. Reducir, en lugar de aumentarse el gasto público es un suicidio, no sólo para Europa, por cierto, sino para la economía mundial. De ahí que dirigentes de la política económica estadounidense como el director de la oficina económica de la Administración Obama, el Sr. Larry Summers, y el homólogo del Ministro de Economía y Hacienda en España, el Sr. Timothy Geithner, hayan criticado duramente las políticas de austeridad seguidas en la Unión Europea.

Pero, empeorando todavía más la situación, los poderes financieros, dirigidos por el Banco Central Europeo, están favoreciendo el incremento de los intereses bancarios para finales del 2010, y se resisten también a crear más liquidez (es decir, imprimir dinero) con el argumento de que puede aumentar la inflación, ignorando que el mayor problema que tiene la UE es la deflación, lo contrario a la inflación. Cada una de estas intervenciones mantendrá a la UE y la Eurozona en la Gran Recesión. Y en el peor de los casos pueden llevar a la Gran Depresión.

La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué estas políticas, tan claramente erróneas, se están realizando? Y la respuesta tiene que ver con el enorme poder del capital financiero por un parte y el gran poder de clase por otra. Éste es responsable de una enorme polarización de la rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, polarización alcanzada a base del desarrollo de las políticas neoliberales llevadas a cabo en ambos lados del Atlántico, desde los años ochenta. En realidad, fue esta misma polarización de las rentas la que explica el enorme crecimiento del capital financiero, que se ha beneficiado del elevado endeudamiento, creado por el descenso de las rentas del trabajo. El neoliberalismo es la ideología del capital financiero y de las clases dominantes a ambos lados del Atlántico. Y es el dogma de los establishments financieros, mediáticos y políticos de la UE (hoy controlados por las derechas).

¿Qué es lo que debiera hacerse?

La respuesta es bastante fácil. A nivel teórico, la experiencia del siglo XX es aleccionadora. Una, es la corrección de la obscena concentración de las rentas y de la propiedad. Nunca antes (desde los años veinte en el siglo XX) se había alcanzado tal concentración. Se requiere eliminar las reformas profundamente regresivas que tomaron lugar durante estos últimos cincuenta años. Tales cambios generarían enormes recursos al estado, que debieran invertirse en áreas sociales y físicas, creadoras de empleo, así como en nuevas áreas productivas (como, por ejemplo, nuevas formas de energía y transporte), todas ellas actividades que estimularían el crecimiento económico que disminuiría el déficit público y la deuda pública.

Estas medidas debieran complementarse con cambios muy sustanciales del sistema financiero, con redefinición de los objetivos de tal sistema, priorizando aquellos que sirven a la economía y no sólo a los banqueros y accionistas. Debiera recuperarse el concepto de servicios financieros, con creación de bancas públicas, redefiniendo las funciones del BCE para convertirlo en un Banco Central (que hoy no lo es), en lugar de ser un lobby de la Banca. Como tal, el BCE debiera responderle al gobierno europeo y al parlamento europeo (tal como ocurre con otras bancas centrales, como el Federal Reserve Board en EE.UU. y el Banco Central de Japón), con la responsabilidad de ayudar a los estados y a la UE a desarrollar sus políticas económicas (incluyendo la compra de deuda pública, revirtiendo los intereses a los países deudores). Una medida inmediata sería la impresión de euros en dosis mucho más acentuadas de lo que hace ahora. El BCE no ha tenido ninguna duda en imprimir millones y millones de euros para salvar a los bancos europeos. Pues bien, el BCE debiera hacer lo mismo para salvar a los estados de la Eurozona. El peligro de inflación no es inmediato. De ahí la urgencia de este tipo de intervención, pues el mayor riesgo es el de la deflación, no el de inflación. Por cierto, existe el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (EBRD) que parece adormecido y que debiera reavivarse para facilitar las inversiones en nuevos sectores productivos y de servicios.

Pero además de estas medidas, es importante y urgente hacer cambios importantes en la regulación del capital financiero y de sus mercados. Convendría que se desincentivaran las actividades financieras especulativas, gravando las transacciones a corto plazo (la Tasa Tobin). George Irvin ha calculado que un impuesto de un euro por cada mil de transacción generaría 220.000 millones de euros al año, más del doble del presupuesto actual de la UE.

¿Se tomarán estas medidas?

La respuesta depende del cambio de mentalidad de las izquierdas gobernantes en la UE, hasta ahora estancadas en el territorio neoliberal. Su falta de visión, su actitud acomodaticia y su carencia de coraje político les ha convertido en parte del problema, en lugar de en parte de la solución. De ahí que sin una transformación muy importante de estas izquierdas o su substicición por otras, estas alternativas no tendrán lugar. Ni que decir tiene que el poder económico y político y mediático de las derechas es enorme. Pero, por muy fuerte que sea (y lo es) puede vencerse si hay voluntad política, aunque España no es un ejemplo de ello. No ha habido voluntad política del gobierno PSOE de aliarse con las izquierdas, ni en 1993, ni en 2008. Y ello se debe a que el marco conceptual que dirigió sus políticas económicas era neoliberal. Y ahí está la raíz del problema.

Vicenç Navarro – Artículo publicado en El Viejo Topo

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

Economistas neoliberales.

Voy a dejar de lado aquí la crítica que creo que se le puede hacer a sus contenidos principales y propuestas concretas porque me ocupo de ello en un texto más largo que publicaré en los próximos días junto a Vicenç Navarro.

Ahora solo quiero comentar brevemente algunos rasgos que aparecen claramente en la incipiente polémica que ha habido y que en mi opinión definen con bastante nitidez el “estilo” de este tipo de economistas que hoy día constituye la ortodoxia o corriente principal de nuestra profesión.

Los economistas de este perfil neoliberal suelen manifestar un cierto desprecio, a veces explícito, hacia la voluntad social y, por tanto, incluso a la propia democracia, al menos, en lo que ésta tiene que ver con las cuestiones económicas.

Hayek fue muy claro en este sentido cuando visitó el Chile de Pinochet, en donde bajo la dictadura comenzaron a aplicarse muchas de las políticas que defienden los economistas neoliberales: “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente” (El Mercurio, 12-4-1981). En la misma línea se han pronunciado numerosos economistas en los últimos años, como es bien sabido, y eso han vuelto a hacer los que hacen la propuesta de reforma de las pensiones.

Uno de ellos, el profesor del IESE de la Universidad de Navarra Javier Díaz Jiménez afirmó en el acto de presentación de la propuesta que el Pacto de Toledo es “la mayor estafa para el contribuyente español por dejar en manos de los políticos la reforma de las pensiones” (Europa Press, en Los “100″ economistas proponen calcular la pensión en función de toda la vida laboral). Un auténtico dislate que hace pensar que estos economistas olvidan que un principio esencial de la democracia es que las decisiones sobre los recursos públicos deben ser adoptadas por los representantes de la ciudadanía y no por los tecnócratas, como parece que proponen.

Esta posición tan poco respetuosa hacia las preferencias sociales deriva posiblemente de su convencimiento de que la ciudadanía no sabe en realidad qué le conviene o qué es lo mejor que debe hacerse para asignar los recursos. Y eso les lleva a confundir las decisiones sobre la distribución de la renta y la riqueza, que son evidentemente políticas y fruto de las preferencias sociales o de las concepciones éticas dominantes, con asuntos técnicos que solo los entendidos pueden resolver correctamente. Otro economista de ese grupo, el profesor Fernández-Villaverde, manifiesta claramente este prejuicio en su blog al defender la reforma: “Los economistas tienen que recordar a la sociedad constantemente cual es el óptimo. Si el público ni sabe cual es la manera optima de redistribuir, es muy poco probable que surjan instituciones, incluso condicionales en su sostenibilidad, que sean relativamente eficientes” (Críticas a las Reforma de Las Pensiones: Algunas Falacias Comunes I). Otro disparate porque no hay una forma óptima de redistribuir que dependa de criterios objetivos que solo los economistas puedan establecer o interpretar sino que se establece una u otra en función del poder que tengan los individuos y grupos sociales.

Otro rasgo que suele caracterizar al estilo de este tipo de economistas neoliberales es que desprecian de un modo bastante evidente y explícito la opinión de quienes no piensan o analizan los fenómenos económicos como ellos. Sus publicaciones suelen ser formalmente muy consistentes y documentadas pero se puede comprobar fácilmente que en ellas nunca o casi nunca está la opinión que disiente de sus postulados. Pueden avanzar mucho en el conocimiento pero siempre en el que transcurre en una misma vía, la construida sobre sus propios principios y postulados. Les ocurre igual que dice Stiglitz en su último libro que le pasó a los gobernadores de los bancos centrales frente a la crisis: como solo leen lo que les confirma sus ideas no podían descubrir los problemas que otros estaban planteando en sus escritos. Y quienes vivimos junto a ellos en el mundo académico hemos comprobado hasta la saciedad que este tipo de economistas desprecian y rechazan incluso a cualquier otra rama y forma del saber que no sea la suya, la historia, la filosofía, la sociología, la politología, el derecho… habiendo hecho todo lo posible para sus contenidos lleguen a desaparecer de las enseñanzas de economía en aras de convertir a ésta última en una simple variante de la matemática.

Todo ello les lleva a recurrir constantemente a un criterio “de autoridad” bastante discutible: si otra idea no está publicada en las revistas en las que las suyas han tomado plaza son despreciables y no tienen por qué ser tenidas en cuenta. Un criterio circular afectado por una enfermedad muy extendida en la comunidad académica de nuestro tiempo: la “impactolatría” (aunque referido básicamente a ciencias de la salud es muy interesante leer el trabajo de J. Cami Impactolatría: diagnóstico y tratamiento. En: Medicina Clínica. v. 109. n. 13. (1997).

Este tipo de economistas suele también actuar como si considerase que está completamente inmunizado frente al error propio. Esto se observa claramente a la hora de proponer y defender esta reforma de las pensiones cuando hablan como si estuvieran en posesión de la verdad sin mencionar los continuados errores de cálculo que han tenido en los análisis previos que han venido realizando para ofrecer escenarios que justificaran las medidas que proponen. En ninguno de ellos acertaron en sus predicciones, a pesar de lo cual quieren convencer a la ciudadanía de que están en lo cierto cuando hacen sus previsiones alarmistas para el futuro.

Por otro lado, suele ser habitual que estos economistas cuenten, como ocurre en el caso de la Fundación FEDEA que financian los bancos y grandes empresas españolas, con el patrocinio y la ayuda habitual y generosa de los grandes poderes económicos y financieros. Quienes somos críticos con sus postulados recordamos esta vinculación porque nos parece que es siempre indicativa. Sería normal que esos bancos y grandes empresas no financiaran a un economista como yo porque mi curriculum es demasiado modesto, o incluso quizá mediocre desde su punto de vista. Pero tampoco lo harían porque es lógico que esas entidades no están interesadas en promover ideas y propuestas que van claramente en contra de sus intereses. Y, justo en sentido contrario, es normal que financien a economistas como estos del grupo de los 100, no solo porque tienen curricula brillantísimos (que los tienen), sino también porque lo que proponen, como reducir el gasto en pensiones públicas para fomentar el ahorro privado que es lo que beneficia a la Banca, o reformas laborales que aumentan el poder del gran empresariado, es lo que conviene a sus intereses.

Por eso resulta sorprendente que se tomen como un insulto el reconocimiento de esta vinculación. Es el resultado de una opción ideológica y personal legítima y no censurable. Pero también es legítimo que los demás lo sepan y que pongan en duda la independencia y la objetividad de su obra porque resulta muy difícil creer que pudieran contar con ese patronazgo si sus tesis no fueran siempre las que convienen a quienes los financian.

Se podría añadir también que este tipo de economistas suele razonar sosteniendo que los grandes parámetros de los que depende la vida económica son inmutables. Es igualmente fácil comprobar en sus escritos, y concretamente en los que usan para defender la reforma de las pensiones, que dan por sentado que hay cosas (justamente las que constituyen el orden socioeconómico que beneficia a la banca o a las grandes empresas) que no se pueden cambiar: la pauta distributiva, los impuestos sobre el capital, las políticas generales de las que depende en realidad el volumen de empleo o su naturaleza… Por eso este tipo de economistas son una de las principales fuentes que alimenta esa idea tan extendida de que vivimos el fin de la historia o de que no hay ninguna otra alternativa al modo de producir y distribuir en el que estamos o frente a las políticas económicas neoliberales que se llevan a cabo.

Finalmente, estos economistas, pero no solo los españoles, suelen ser bastante altivos y muy dados a la descalificación personal de quien disiente de ellos. Por ceñirme al caso del debate sobre esta propuesta de reforma de las pensiones, basta comprobar que ni siquiera llaman por su nombre a quien los ha criticado, o las expresiones que solo muestran mala educación y falta de respeto.

Pudiera parecer que es injusto generalizar de esta manera, pero creo que basta una rápida ojeada a los escritos de estos economistas, a sus pronunciamientos públicos y a la forma en que actúan en comisiones de evaluación o juzgan a sus colegas para comprobar que ya se ha generado un prototipo que va mucho más allá del caso aislado.

Fuente: JUAN TORRES LÓPEZ

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Doctor en CC. Económicas y Empresariales.
  • Catedrático de Economía Aplicada en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales – Universidad de Sevilla – Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

Los problemas de Obama (y de Zapatero).

Las elecciones estadounidenses han sido una derrota predecible para el Presidente Obama, consecuencia de los errores que ha cometido durante su mandato y que se han traducido en una enorme abstención entre sus bases electorales, y muy en particular, entre su principal eje de apoyo, es decir, sindicatos y movimientos sociales progresistas, tales como el movimiento feminista (Now), el movimiento ecologista y el movimiento de derechos civiles. Para entender esta derrota, hay que comprender que en EEUU los candidatos del Partido Demócrata no pueden ganar elecciones con sólo el voto de este eje de su base electoral (que son las izquierdas del Partido Demócrata). De ahí la necesidad que tienen tales candidatos de aliarse también con otras sensibilidades menos a la izquierda que estos agentes sociales. Pero de la misma manera que no pueden ganar con sólo el apoyo de las izquierdas, “tampoco pueden ganar sin tal apoyo, pues éste es esencial para la movilización de sus bases electorales”. Esto ocurre también, por cierto, en España, como comentaré más adelante.

Pues bien, desde el principio, las decisiones tomadas por el Presidente Obama establecieron las bases de su derrota. Me apena mucho decir que así lo predije a los pocos meses de su nombramiento como Presidente. Y aún me sabe peor haber tenido razón. Me hubiera encantado estar equivocado, y por desgracia, no lo estaba.

Tres decisiones claves antagonizaron a las izquierdas del Partido Demócrata. Una fueron los nombramientos de su equipo. Un candidato como Obama, que había movilizado a las bases del partido con el mensaje de cambio, se rodeó de personajes conservadores y neoliberales heredados del gobierno Clinton, muchos de ellos responsables de decisiones (como Lawrence Summers) que habían contribuido a generar la enorme crisis financiera. De manera predecible, tales personajes continuaron llevando a cabo políticas públicas continuistas de las que había llevado a cabo el Presidente Bush. De ellas, la más notoria fue el rescate de Wall Street con fondos públicos (700.000 millones de dólares) en términos tan favorables a la banca, que indignaron, no sólo a las izquierdas, sino a la gran mayoría de la población. Ni por un momento Obama consideró propuestas alternativas, como el desarrollo de una banca pública (como sugirió Joseph Stiglitz), o condicionar la ayuda a la cesión de créditos, con clara penalización de los comportamientos especulativos (como propuso Paul Krugman). El equipo que nombró Obama era profundamente anti-izquierda. En realidad, su jefe de gabinete, Rahm Emanuel, era la bestia negra de las izquierdas. Había sido el congresista demócrata más próximo a Wall Street, que había purgado (durante la administración Clinton) las listas de candidatos del Partido Demócrata a fin de excluir a las izquierdas.
El segundo error del Presidente Obama fue abandonar completamente el compromiso, que había adquirido durante su campaña, de pasar una ley por el Congreso que facilitara la sindicalización de las personas que desearan hacerlo. El 62% de la población laboral en EEUU indica que preferiría sindicalizarse, pero no lo hacen porque, o bien la empresa es demasiado pequeña, o el empresario dificulta tal sindicalización. La ley que Obama se comprometió a proponer al Congreso durante la campaña electoral hubiera facilitado tal sindicalización, prohibiendo al mundo empresarial que pusiera obstáculos a tal proceso. Lo único que Obama hizo a favor de los sindicatos fue nombrar a una sindicalista como Ministra de Trabajo. Pero por lo demás, los temas de protección de los derechos laborales y sindicales tuvieron poca prioridad en su administración. Ello decepcionó en gran manera a los sindicatos.

Y el tercer gran error fue la manera como se hizo la Reforma Sanitaria. Durante su campaña había indicado que todas las propuestas de reforma del sistema sanitario que se habían hecho durante la campaña electoral (incluidas las realizadas por el Partido Republicano) serían consideradas seriamente por su Administración. Pero cuando convocó a representantes de las reformas sanitarias, excluyó deliberadamente la propuesta de las izquierdas, es decir, de los sindicatos y de los movimientos sociales progresistas. Tal propuesta –llamada “single payer”- reducía considerablemente el protagonismo que las compañías de seguro sanitario tienen en la gestión de los servicios sanitarios, dando mayor capacidad de dirección y gestión a los gobiernos estatales y al gobierno federal. Los proponentes de tal reforma ni siquiera fueron convocados a la reunión, y ello, a pesar de que, como indiqué antes, contaba con el apoyo de los sindicatos, del movimiento feminista (Now), de los movimientos ecologistas y del movimiento de los derechos civiles. Las propuestas republicanas, sin embargo, sí que fueron consideradas. El producto final aprobado por Obama mantenía el protagonismo de las compañías de seguro (que financiaron parte de su campaña y de los miembros del Senado y del Congreso que decidieron sobre la reforma). Es más, la financiación de la cobertura sanitaria de los que hasta entonces carecían de ella (45 millones de estadounidenses) sería a costa de aumentar los impuestos de aquellos que ya tenían cobertura y reduciendo la financiación del programa de cobertura pública a los ancianos (Medicare), sin apenas tocar los beneficios exuberantes de las compañías de seguro. Con ello antagonizó, además de a los ancianos, a los sindicalistas que, por regla general, suelen tener mayor cobertura sanitaria (que aportaban un porcentaje elevado en la financiación de la reforma sanitaria).

Las izquierdas estaban enojadas e irritadas con el Presidente Obama. Habían jugado un papel clave en la victoria de Obama y luego fueron marginadas. Ni que decir tiene que el Presidente Obama también aprobó legislación que fue bien recibida por las izquierdas. Entre ellas estaba la Ley de Estímulo Económico, en la que la oficina del Vicepresidente (próximo a los sindicatos) jugó un papel importante. Invirtió 800.000 millones de dólares en estimular la economía, lo cual evitó que ésta cayera en una Gran Depresión. Pero cedió innecesariamente a las peticiones del Partido Republicano, bajando los impuestos como medida de estímulo, en lugar de aumentar los fondos públicos para crear empleo. Un tercio del estímulo consistió en reducir impuestos, otro tercio en inversión pública para crear empleo (los sindicatos querían dos tercios), y otro tercio en ayuda a los estados. Pero por grande que parezca el estímulo, el hecho es que la cantidad debiera haber sido mucho mayor, pues el vacío económico creado por la explosión de la burbuja inmobiliaria era diez veces mayor que el estímulo.

Otra medida fue la nacionalización de GM y Chrysler (pagando 60.000 millones), lo cual fue aplaudido por los sindicatos. Pero en lugar de convertirlos en cooperativas, como la española Mondragón (que es lo que deseaban los sindicatos) las sanearon y las quieren ahora vender, con la oposición, de nuevo, de los sindicatos. Y en sanidad, la ley prohíbe que las compañías de seguro excluyan a personas con enfermedades crónicas, limitando la capacidad de selección de pacientes que caracteriza el sistema de aseguramiento privado. Pero la reforma dejó intacto el enorme poder de tales compañías, creando gran frustración entre las izquierdas. Y así un largo etcétera. De ahí su abstención, que le ha costado la Cámara baja.

¿Es la situación relevante para el gobierno Zapatero?

La situación política de España es muy distinta a la de EEUU. Y el gobierno federal estadounidense es muy diferente al gobierno español. Y, sin embargo, hay algunos puntos en común. En ambos países, los partidos gobernantes, definidos como progresistas, están en profunda crisis como consecuencia de las políticas llevadas a cabo por sus gobiernos, el gobierno Obama en EEUU y el gobierno Zapatero en España. En ambos países, sus bases electorales les están abandonando, en respuesta a sus comportamientos y políticas públicas. Tanto el gobierno Zapatero como el gobierno Obama, tras prometer un cambio, hicieron nombramientos en sus equipos económicos que señalaban una orientación económica de carácter liberal, que sembraron las bases para el distanciamiento político de las bases electorales. Solbes había sido el Comisario de la UE, encargado de imponer la ortodoxia liberal a los países de la UE; David Taguas (procedente de la Banca) había llegado a proponer la privatización total de la Seguridad Social, tal como había hecho el General Pinochet en Chile; Jordi Sevilla había rechazado el aumento de gasto público y de impuestos en España (el país de la UE que tiene menor carga fiscal y menor gasto público); Miguel Angel Fernández Ordóñez, es bien conocido como un ultraliberal; Miguel de Sebastián (también procedente de la Banca), había indicado que el estado protector debiera debilitarse a costa del estado facilitador; y así un largo etcétera. La orientación del equipo económico ha sido claramente liberal (ver mi artículo “El mayor problema del gobierno socialista español y que los cambios de esta semana no resuelven”. Sistema 22.10.10). Los keynesianos de izquierda no existieron en el gobierno Zapatero, ni se les esperaba. Las políticas redistributivas brillaron por su ausencia, hecho que ha culminado con las políticas actuales de una excesiva e innecesaria dureza, desarrolladas para impresionar a los mercados, implementadas por un equipo económico, también liberal, escogido por su capacidad de dureza.

Ni que decir tiene que ha habido elementos positivos en el gobierno Zapatero, como también los ha habido en el gobierno Obama. Entre ellos, el crecimiento del gasto público social y el desarrollo de la Ley de la Dependencia. Pero esta última estuvo siempre subfinanciada, y el crecimiento del gasto público se hizo a base del elevado crecimiento económico, no como consecuencia de políticas impositivas redistributivas. Sus políticas fiscales fueron continuistas con las seguidas por el gobierno Aznar anterior, acentuando su regresividad. Estas intervenciones iban configurando el marco dentro del cual se desarrolló la respuesta del gobierno Zapatero a la crisis, respuesta que es de una ortodoxia liberal que conducirá a un desastre político, resultado, como en el caso Obama, de la enorme alienación de su electorado. Así pasó con Schröder en Alemania, y así pasó con el New Labor (muy admirado por los tecnócratas del socialismo español), y así está pasando en EEUU y en España. No es la crisis, sino la manera como los partidos progresistas socialdemócratas están respondiendo a la crisis (convirtiéndose en partidos socioliberales) lo que está llevando a tales partidos a sus derrotas.

Vicenç Navarro

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

Manifiesto de Activos Contra La Crisis.

A todas las ciudadanas y ciudadanos.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS plataforma de organizaciones que denuncian la crisis generada por las políticas neoliberales y conservadoras que los gobiernos aplican hace la siguiente declaración pública.

La Huelga General del 29 de septiembre fue una medida imprescindible contra las injustas medidas del Gobierno español que hace recaer sobre las clases populares y trabajadoras los efectos más negativos de una crisis desencadenada por la especulación financiera y el estrangulamiento de la economía real y productiva.

La llamada reforma laboral por sí misma ya exigía una huelga contundente. Pero es que además la congelación de las pensiones, el plan de ajuste, el anunciado retraso de la edad de jubilación y el injusto sistema fiscal, hacen necesaria e imprescindible nuestra movilización. En este país las personas trabajadoras y autónomas y las empresas familiares, pagamos muchos más impuestos que los ricos, las grandes empresas y los bancos.

También hicimos movilizaciones contra el paro, la precariedad laboral o la sobrexplotación que padecen muchas personas jóvenes, inmigrantes o mujeres o sectores como los servicios o el campo, así como para defender los derechos laborales y sociales de las personas jóvenes, paradas y pensionistas.

La Huelga, a pesar de las mentiras y medias verdades lanzadas por los medios de “información”, los ataques de la derecha y el ninguneo del gobierno, fue un éxito, sobre todo sabiendo que la desinformación masiva, el miedo generado por la gran cantidad de eventuales y contratos temporales, así como el gran paro reinante, jugaban en su contra.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS no hemos bajado la guardia. El Gobierno no puede seguir ignorando la gran protesta de las clases trabajadoras y de la ciudadanía. Exigimos la retirada inmediata de la reforma laboral y de las congelaciones y reducciones de sueldos y pensiones. Exigimos igualmente un subsidio digno y universal para las personas paradas.

Nos oponemos a la decisión del gobierno de excluir del subsidio de 426 euros al colectivo de personas paradas entre 30 y 45 años sin cargas familiares que han dejado de cobrar la prestación de desempleo y exigimos que dicho subsidio se prorrogue indefinidamente para todas las personas en paro y sin prestación. Una medida que afectará a cientos de miles de parados y paradas. Un motivo más para las movilizaciones y protestas. Basta ya de subvencionar a bancos y grandes empresas, permitir el fraude fiscal y no cobrar impuestos justos a ricos y grandes fortunas y en cambio recortar prestaciones a las personas paradas.

El Gobierno español está muy preocupado por la reacción de “los mercados”, es decir los grandes grupos de especuladores financieros, pero ¿Y las personas? ¿Importa nuestra opinión? ¿Se escuchan nuestras protestas y propuestas?

Una nueva amenaza, se cierne sobre nuestras cabezas, se nos está tratando de amedrentar sobre el tema de las pensiones. Las pensiones son una obligación solidaria intergeneracional y la caja del sistema público de pensiones es sólida. Lo que ocurre es que se quiere ir hacía una privatización paulatina en beneficio de ciertos intereses bancarios y de los fondos privados de pensiones que sí están en crisis.

Hacemos un llamamiento al conjunto de la ciudadanía, y en especial a las personas jóvenes a que defiendan su derecho a una jubilación digna y pública o perderán su futuro. Las personas jóvenes son las grandes víctimas de la reforma laboral, el paro y la posible privatización de las pensiones o su drástica reducción.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS no se olvida de los embargos de viviendas y la aplicación de una injusta ley que favorece a los bancos, pero castiga a las personas que sufren paro, precariedad o riesgo de exclusión social. Por eso, exigimos la modificación legal oportuna, para que la responsabilidad exigida alcance tan sólo al valor real y actual de la vivienda embargada y que quede en suspenso mientras el deudor se vea incapacitado para afrontarla por culpa de la crisis económica, y, sobre todo, que se establezca y articule legalmente, el acceso a una vivienda digna con un alquiler asequible.

Es preciso acabar con el monopolio de la creación de crédito que los gobiernos de la UE han otorgado a la banca privada y que está llevando a la quiebra a muchas empresas e incluso a estados en Europa. La Carta del Banco Central Europeo, al prohibir expresamente la financiación de la deuda pública, fuerza a gobiernos y empresas no financieras a tomar prestado de la banca privada, generando una carga financiera que podrían perfectamente evitarse gracias a una banca pública que haría lo mismo pero a coste cero. En el estado español es urgente la nacionalización de las Cajas de Ahorros.

Exigimos al gobierno que modifique su política social y económica y a la derecha, en sus diferentes corrientes, que deje de manipular y atacar a los sindicatos y a las libertades democráticas para favorecer aún más a los poderosos. Es lamentable que la política económica esté orientada por economistas neoliberales como el influyente grupo de “los cien”, los “expertos” de los bancos, especialmente el supuestamente independiente Banco de España, las agencias de calificación y la influencia de los poderosos, ninguno de ellos con legitimidad democrática y que en realidad solo buscan el beneficio propio y de los grupos financieros, pero no el interés general y mucho menos el de las clases populares.

Ante todas estas agresiones ACTIVOS CONTRA LA CRISIS apuesta por dar continuidad a las movilizaciones. Por ese motivo, apoyamos todas aquellas que se han convocado en las próximas semanas y consideramos que, de persistir con las actuales políticas de recortes de los derechos, será necesaria la convocatoria de una nueva Huelga General.

CALENDARIO DE MOVILIZACIONES:

* 13 DE NOVIEMBRE. MOVILIZACIONES DESCENTRALIZADAS CON MOTIVO REUNIÓN G- 20

* 13 NOVIEMBRE. MANIFESTACIÓN CONTRA REFORMA LABORAL Y DE PENSIONES EN BARCELONA

* 24 NOVIEMBRE. ACCIONES DE APOYO A HUELGA GENERAL EN PORTUGAL

* 20 A 27 NOVIEMBRE. MOVILIZACIONES DESCENTRALIZADAS EN LOS DIVERSOS TERRITORIOS.

* 15 DICIEMBRE. MOVILIZACIÓN A NIVEL EUROPEO, INCLUYENDO PAROS Y DIVERSAS ACCIONES.

* 18 DICIEMBRE. MANIFESTACIONES MASIVAS DESCENTRALIZADAS EN TODO EL ESTADO.

DEROGACIÓN DE LA REFORMA LABORAL YA!.

TRABAJO O, EN SU DEFECTO, PRESTACIONES DIGNAS.

PENSIONES PÚBLICAS, NO AL RETRASO DE LA EDAD DE JUBILACIÓN.

IMPUESTOS JUSTOS Y REDISTRIBUTIVOS. JUSTICIA FISCAL YA!

SUPRESIÓN DE LOS PARAISOS FISCALES Y DE LAS SICAV.

POR UNA BANCA PÚBLICA. NO A LA PRIVATIZACION DE LAS CAJAS DE AHORROS.

DERECHO A LA VIVENDA DIGNA. PARALIZACIÓN DE LOS DESHAUCIOS.

NO A LA REPRESIÓN SINDICAL, NI A LOS DESPIDOS POR CAUSAS LABORALES, SINDICALES O POR EJERCER EL DERECHO DE HUELGA.

ACTIVOS CONTRA LA CRISIS

Firmantes:

ATTAC – CONFEDERACIÓN INTERSINDICAL – ECOLOGISTAS EN ACCIÓN – FORO SOCIAL DE MURCIA – IAC INTERSINDICAL ALTERNATIVA DE CATALUNYA – INTERSINDICAL Valenciana – IZQUIERDA ANTICAPITALISTA – IZQUIERDA UNIDA –  ODG, OBSERVATORIO DE LA DEUDA DE LA GLOBALIZACIÓN – PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA PCE – SOCIALISMO21 – UJCE UNIÓN DE JUVENTUDES COMUNISTAS DE ESPAÑA – UNIÓN PROLETARIA.


Arrebato social en Francia.

Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC España.

No es una sorpresa. Desde hace más de dos siglos, la protesta está en el código genético político de la sociedad francesa. Además de ser derechos constitucionales, la manifestación callejera y la huelga constituyen modos naturales de ejercer la plena ciudadanía. Cada nueva generación considera que participar en los cíclicos arrebatos de cólera social es un rito de paso para acceder a la mayoría de edad democrática.

Esta vez, el detonante de la crisis ha sido el presidente francés. Desacreditado y enfangado en varios hediondos escándalos, obcecado por el FMI y las agencias de calificación, Nicolas Sarkozy se muestra sordo a las quejas del pueblo y pretende demoler una de las joyas principales del Estado de bienestar: el derecho a jubilarse a los 60 años.

Conquistado tras decenios de enfrentamientos, este avance social es percibido, en el imaginario colectivo, como un totem intocable. Sarkozy -que, en 2008, prometió respetarlo- ha subestimado el apego de los ciudadanos a ese derecho. Y aprovechando el choque causado por la crisis, desea imponer una reforma que retrasa la edad legal de jubilación de los 60 a los 62 años, amplía el periodo de pago de cotizaciones a 41,5 años y retrasa la edad para cobrar una pensión completa de los 65 a los 67 años.

Algunos creen que, en realidad, Sarkozy quiere romper el régimen público de jubilación por repartición, basado en la solidaridad entre las generaciones, y sustituirlo por un régimen privado que representaría un mercado de entre 40.000 y 100.000 millones de euros. Denuncian que la compañía de seguros que más se beneficiaría de ello es el grupo Malakoff Médéric cuyo consejero delegado es… Guillaume Sarkozy, el hermano del Presidente.

La reacción de los principales sindicatos es unánime. Sin rechazarla en totalidad, reclaman modificaciones argumentando que el coste de la reforma recaerá esencialmente sobre los asalariados, vapuleados ya por la crisis, y que ello agravará las desigualdades. Organizaron varias jornadas de movilización antes del verano. Pero el Gobierno, en una actitud prepotente, mantuvo su rechazo de negociar.

Grave error. Con la vuelta al trabajo, en septiembre, se reunieron asambleas generales en centenares de empresas y administraciones. Los asalariados confirmaron su decisión de no dar “ni un paso atrás”. Convencidos que si se cedía en algo tan sagrado como la jubilación a los 60 años, se les vendría encima una avalancha de nuevos recortes en la Seguridad Social, la sanidad, la educación y los servicios públicos.

Estas asambleas demostraron que las direcciones sindicales eran mucho menos radicales que sus bases exasperadas por los constantes retrocesos sociales. Inmediatamente, regueros de acciones colectivas se extendieron por todo el país; millones de personas se echaron a la calle; la huelga popular prolongada entorpeció el funcionamiento de los transportes; algunas ciudades, como Marsella, quedaron paralizadas… A medida que se repiten las jornadas de acción, nuevas categorías sociales se van sumando a una protesta que adopta expresiones inéditas.

Lo más original es el bloqueo de las refinerías y los depósitos de carburante. Lo más notable es la masiva incorporación de los estudiantes de secundaria. Algunos imaginaban a esta “generación Facebook” ensimismada y autista, pero su energía contestataria reveló su angustia frente al derrumbe del futuro… Y su temor a que, por vez primera desde 1945, si nada cambia, le toque vivir en peores condiciones que sus padres. El nuevo modelo neoliberal destroza el ascensor social…

La protesta cristaliza un malestar social profundo y una suma de descontentos acumulados: desempleo, precariedad, pobreza (hay ocho millones de pobres), dureza de la vida diaria… Ya no es sólo un asunto de pensiones sino una batalla por otro modelo social.

Lo más significativo es el apoyo popular, entre el 60% y el 70% de los franceses aprueba la protesta. Nadie acaba de entender cómo la Francia arruinada de 1945 pudo costear el Estado de bienestar, y la Francia de hoy, quinta potencia económica mundial, es incapaz de hacerlo. Nunca ha habido tanta riqueza. Los cinco principales bancos franceses obtuvieron, en 2009, unas ganancias de 11.000 millones de euros. Y las cuarenta principales empresas obtuvieron, ese mismo año, beneficios de 47.000 millones de euros…. ¿Por qué no gravar, en provecho de los pensionistas, tan cuantiosos capitales? La Comisión Europea estima que una pequeña tasa sobre las transacciones financieras aportaría al conjunto de los Estados de la Unión Europea, cada año, entre 145.000 y 372.000 millones de euros… Más que suficiente para pagar el aumento de los sistemas de pensiones.

Pero el dogma neoliberal exige que se exonere el capital y se ajusten más los salarios. De ahí el pulso actual en Francia. La sensación general es que ninguno de los dos antagonistas puede transigir. Las organizaciones sindicales, empujadas por una corriente de radicalización, siguen unidas después de varios meses de ofensiva. Ceder constituiría un fracaso semejante al de los mineros británicos en 1985 frente a Margaret Thatcher. Lo que significó el fin de la resistencia obrera en el Reino Unido y abrió la puerta a las “terapias de choque” ultraliberales.

Nicolas Sarkozy cuenta con el apoyo de la Unión Europea (1), del FMI, de la banca y del empresariado europeo(2) temeroso de que la “chispa francesa” incendie la pradera social del continente. El abandono de su reforma le condenaría a la derrota electoral en 2012.

La historia social francesa enseña que cuando una protesta ha ido tan lejos como la actual, jamás se ha desinflado. Siempre ha vencido.

Notas:

(1) El Consejo Europeo, en Barcelona, en marzo de 2002, recomendó: “Para 2010 deberá intentarse elevar progresivamente en torno a cinco años la edad media en que se produzca el cese efectivo de actividad de las personas en la Unión Europea”.

(2) En España, el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, defiende como “imprescindible y aconsejable”, la subida de “la edad de jubilación a los 70 años”. Añade que “los asalariados deben trabajar más y, desgraciadamente, ganar menos”. Pide ampliar el periodo de cálculo de la pensión a “toda la vida laboral”, y que los ciudadanos se hagan “pensiones privadas”. Europa Press, 26 de julio de 2010 y ABC, Madrid, 15 de octubre de 2010.

Artículo publicado en Le Monde Diplomatique

Unión Europea, ¿qué futuro social?

Francisco Morote Costa – ATTAC Canarias

La crisis se ha instalado en el corazón del sistema. Las contradicciones más agudas parecen hallarse ahora en la Unión Europea. Por un lado, entre los países deudores – Grecia, Portugal, España, Irlanda, Italia -, y los acreedores – Alemania, Francia, Reino Unido; por el otro, entre las clases dominantes acomodadas y las populares asalariadas de cada país. Por doquier se aplican planes de ajuste estructural o de austeridad fondomonetaristas. Planes de fuerte contenido antipopular y antisocial.

Apoyándose en gobiernos conservadores-liberales o socialistas o socialdemócratas débiles se implementan políticas regresivas de contención del gasto público y, especialmente, del gasto social. Las clases acomodadas anticipándose al espectro de la justicia fiscal paneuropea, se curan en salud tratando de persuadir a las clases medias y populares trabajadoras de que no hay otra salida posible que la austeridad del gasto, aunque eso implique sino el final el grave deterioro del modelo social europeo y su proclamado Estado de bienestar.

Que tal propuesta prospere depende de la respuesta que los pueblos de Europa den a la renovada ofensiva neoliberal, que históricamente podemos valorar como una contrarreforma social del capitalismo. Si el miedo – ” el miedo es la disciplina de una sociedad capitalista”, ha dicho Susan George -, el individualismo, el fatalismo y la resignación se instalan en la conciencia colectiva, la derrota está asegurada pero sí, como es natural y lógico a pesar de todo, los pueblos se sobreponen a esos sentimientos y reaccionan enfrentándose a las políticas regresivas reclamando no sólo la pervivencia del modelo social europeo sino su plena vigencia y el esfuerzo de su viabilidad, habrán de imponerse políticas basadas en la justicia fiscal, el respeto medioambiental y la sobriedad en el consumo.

Las viejas fuerzas políticas progresistas regeneradas y las nuevas fuerzas políticas que están surgiendo, en el marco de una democracia incluso meramente representativa, hallarán que las clases medias y populares trabajadoras les ofrecerán la oportunidad de impulsar un nuevo reformismo de marcado signo social, ecológico y ético.

Es el futuro social de la inmensa mayoría de los europeos lo que está en juego.

La Unión Europea, gravemente “deslocalizada” y “secuestrada” por el mercado.

Federico Mayor ZaragozaComité de Apoyo de ATTAC España

La producción progresivamente deslocalizada hacia el Este, hasta llegar a China, la “fábrica del mundo”, ha desembocado en la formidable paradoja del mayor país comunista del mundo, el gran país capitalista.

Por otra parte, el talento se ha estado deslocalizando hacia el Oeste, durante décadas. Europa ha realizado considerables esfuerzos en fomentar becas y ayudas (pre-doctorales, post-doctorales…) pero, luego, debido en buena medida a procedimientos menos flexibles que los norteamericanos, son muchos miles los científicos, especialistas en las más diversas materias, que han aceptado ofertas de los EEUU, sobre todo.

También en defensa estamos “parcialmente deslocalizados” al otro lado del Atlántico (Norte). Y en Europa nos hemos quedado con los servicios y con las “burbujas”, padeciendo de forma particular los “efectos colaterales” de la globalización plutocrática.

Los financieros nos dominan y los representantes del gran capital, bien aposentados y guarecidos de la tormenta, se limitan a repetir, con desesperante monotonía, que tienen soluciones (que nunca muestran)… mientras miran hacia otra parte.

Ya lo advirtió el Presidente Bush en noviembre de 2008: “la solución a la crisis es economía de mercado, libre mercado, libre comercio”. ¡Qué error -lo he subrayado en diversas ocasiones- cometió la Europa sometida y timorata cuando acudió presurosa en la fecha mencionada a Camp David, ya elegido Obama, para que fuera el Presidente norteamericano en funciones quien “liderara” la recuperación de la quiebra financiera (y democrática, y política, y medioambiental, y ética…).
Y así, el G-20, en lugar de las Naciones Unidas, ordenó el “rescate” con fondos públicos de las instituciones financieras, la mayoría privadas, que se hallaban en zozobra. Y, ahora, lógicamente, el sector público tiene un déficit enorme, que debe pagar… ¡el sector público!. Y recortar sus presupuestos, incluídos los relativos a políticas sociales. El mercado acorrala a la política, uniformizando las distintas opciones ideológicas.

Europa, como el mundo entero, se halla secuestrada por el mercado. Se les ayudó anunciando serias medidas de regulación e inmediata eliminación de los paraísos fiscales. Pues bien: sigue la desregulación; siguen los paraísos fiscales; siguen las “evaluaciones” o “clasificaciones” sesgadas, interesadas, parciales, oportunistas (la última de Moody’s, ¡el día antes de que Cataluña pusiera bonos a la venta!).

Europa, a los pies de los caballos. En lugar de dominar, como buenos jinetes, el poder desbocado del mercado, estamos a sus pies.

Occidente ha aceptado la progresiva marginación de las Naciones Unidas. Ha olvidado los principios democráticos, los Derechos Humanos y la grandeza de su mestizaje. Ha abrazado el mercado y se está dejando influir en exceso por el colosal poder mediático. Y -ver el caso de Suecia- son los ultras los que, contra todo pronóstico, se estan beneficiando de la crisis. Brotes de xenofobia, de intemperancia, están erosionando los pilares socialdemocráticos que durante tantos años fueron referencia.

Pero están germinado -el ciberespacio es especialmente relevante a este fin- semillas de movilización plantadas desde hace años, en tiempos de resistencia y prospectiva.

Y cada vez se sembrará más y más hasta completar los surcos, que pondrán al alcance del poder ciudadano los medios para la acción. El cambio vendrá de la ciudadanía, cansada de sometimiento y postergación. No pasarán muchos años que pretenden prolongar quienes, azorados, intentan con añagazas mil, eliminar la educación ciudadana de todos de grados docentes.

Sí, llegará el momento de “los pueblos”, tan lúcidamente previsto en La Carta de las Naciones Unidas. Y, valientemente, se exigirá la regulación de los mercados; que se procuren fuentes alternativas de ingresos (tasas sobre las transacciones electrónicas, por ejemplo; el cierre, de una vez, de los perniciosos paraísos fiscales; medidas urgentes sobre el medio ambiente, para protegerlo especialmente de procesos potencialmente irreversibles; reducir el gasto militar y en armamento, elaborando nuevas estrategias y máquinas apropiadas para la nueva naturaleza de los conflictos…

De este modo, sólo de este modo, terminará el secuestro y emergerá la Europa como referencia de la gobernación democrática a escala mundial.

En lugar de desprestigiarlo, procuremos fortalecer el liderazgo político en la Unión Europea. Para que resista y supere el acoso intolerable de los mercados, en manos de muy pocas manos, del “gran dominio”. Para que “relocalice” los tipos de producción que estime más adecuados. Y -como ya inició en 2007 con el Consejo Europeo de Investigación- promueva con brío la I+D+i en la UE “relocalizando”, también los “cerebros” en sus territorios.

Diseñe y ponga en práctica su propio sistema defensivo. Alianzas, sí. Dependencias, no.

El bipartidismo: Una útil herramienta para la dictadura capitalista.

El bipartidismo se ha revelado, desde hace tiempo, para los sistemas de dictadura capitalista, como una herramienta mucho más útil que el partido único, pues además de servir para proporcionar un falso aire de frescura al sistema, al ofrecer la posibilidad de renovar gobiernos excesivamente desgastados por las diferentes crisis políticas que van surgiendo, sin necesidad de tener que alterar la estructura interna del sistema, tiene además la gran utilidad de controlar la rabia y la frustración de la ciudadanía ante los abusos del poder, pues a través del partido que en un determinado momento se encuentra en la oposición, se puede manipular más fácilmente al pueblo, canalizando sus reivindicaciones hacia una vía muerta, es decir, hacia un punto que no sea peligroso para el sistema (control de la oposición).

Si además de esto, se ejerce un férreo control sobre los sindicatos (por no hablar del control dictatorial que la gran banca ejerce sobre los medios de comunicación de masas), como sucede en el caso de España, el yugo que se cierne sobre el pueblo es, sin duda alguna, el más perfecto y eficaz que la oligarquía reinante habría podido soñar jamás, para la defensa de sus intereses.

Antimperialista.

El Tea Party ¿es el fascismo posible en EEUU?

Para responder a esta pregunta tenemos primero que definir qué queremos decir con el término fascismo, cogiendo como referencia las tres experiencias que han tenido lugar en Europa, el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia y el fascismo en España. En los tres tipos de fascismo encontramos características comunes: un nacionalismo extremo, de bases étnicas y racistas, con una visión imperialista que conlleva un canto a la violencia y a la fuerza física, con un componente anti-intelectual muy distintivo, carente de sensibilidad democrática, que requiere el control de los medios de comunicación necesarios para eliminar a los adversarios, teniendo como misión la propaganda del ideario fascista, que tiene como objetivo crear un nuevo orden jerárquico, profundamente conservador, que sustituya al sistema actual. En tal ideario, las clases con intereses distintos e incluso antagónicos desaparecen para ser homogeneizadas bajo la categoría de pueblo, un pueblo que se considera asignado por una fuerza sobrehumana (ya sea Dios, el destino, o la historia) a regir el mundo.

Estos movimientos fascistas en Europa fueron en realidad financiados por los mundos empresariales alemán, italiano y español para parar las reformas democráticas que estaban afectando a sus intereses. De ahí que el movimiento fascista considerase a tales reformistas como los traidores del país, los anti-patria, y toda una serie de nombres y adjetivos que justificaran su marginación e incluso eliminación. En todos aquellos fascismos, la alianza del movimiento del partido fascista con el mundo empresarial, así como con la Iglesia y el Ejército, fueron claves para la promoción de su ideario político, liderado por una persona (el Führer, el Duce, o el Caudillo) al que se le atribuyen características sobrenaturales (en España a Franco se le definió como “el dedo de Dios”) y que encarna el nuevo orden.

Creo haber resumido las características del fascismo (detallado con mayor extensión en el capitulo “Qué es el fascismo” en mi libro El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias. Anagrama. 2006). Pues bien, muchas de estas características (excepto el caudillismo) están presentes en el Tea Party de EEUU. Existe un superpatriotismo extremo, de carácter racista e imperialista (el 98% de los miembros del Tea Party son blancos), que considera al pueblo blanco estadounidense como el escogido por Dios para llevar a cabo la civilización del mundo, que ha sido traicionado por la Administración Obama y sus programas  reformistas, considerándose víctimas de tal traición, por lo que abogan por su eliminación y su destrucción. Profundamente dogmático y anti-intelectual, este movimiento es fundamentalista en su religiosidad y valora la fuerza física y la promoción de valores militares y religiosos.

Y tal como ocurrió con el fascismo europeo, el Tea Party está ampliamente financiado por grandes grupos empresariales, tales como los hermanos Koch, dos de las personas más ricas de EEUU; Dick Armey, el jefe de uno de los mayores lobbies empresariales, conectado con el partido Republicano; Robert Rowling y Trevor Ree-Jones, magnates de la industria petrolífera; Rupert Murdoch, el magnate mediático (propietario de la cadena Fox y del Wall Street Journal, ambos de ultraderecha), entre muchos otros. Tales medios de información y persuasión son meramente propagandísticos, sin ningún intento de incluso aparecer equilibrados en su reportaje. Muy semejante, por cierto, a Intereconomía o al “periodismo” de Losantos en España. Son enormemente agresivos, encaminados a destruir al adversario, considerado como el enemigo.

El Tea Party tiene el apoyo de las iglesias fundamentalistas y la simpatía de los cuadros medios de las Fuerzas Armadas. Odian al Presidente Obama, que reúne todas las características que ellos aborrecen: es negro, intelectual y liberal (que en EEUU quiere decir socialdemócrata). Sus dirigentes (como también ocurrió en Alemania, Italia y España) proceden en su mayoría de la burguesía y pequeña burguesía (que en EEUU se llama Corporate Class), aún cuando la proyección que el Tea Party intenta dar es la de ser un movimiento arraigado en la clase trabajadora, de características anti-establbishment. Tal proyección, sin embargo, contrasta con el análisis de la composición de su liderazgo, así como con su ideario económico.

En cuanto a lo primero, basta ver la lista de sus mayores candidatos, Rick Scott, el candidato del Tea Party en Florida, es director de una empresa sanitaria con afán de lucro (que quedaría afectada por las reformas sanitarias del Presidente Obama), y que fue llevado a los Tribunales por evasión tributaria; Rand Paul, otra voz muy visible en Tea Party, es un médico oftalmólogo, director de otra empresa sanitaria, también afectado por la reforma sanitaria de Obama; Carl Paladino, el hombre del Tea Party en Nueva York, es uno de los especuladores inmobiliarios más conocidos en aquel estado. Hay excepciones a esta norma a  las que el Tea Party da la máxima visibilidad para dar esta imagen de populismo. Así, el esposo de una de las cabezas más visibles, Sarah Palin (que fue empresaria antes de ser Gobernadora del Estado de Alaska), es un sindicalista (que, por cierto, militó durante muchos años en un partido que pedía la independencia de Alaska), y de clase trabajadora. Es uno de los sindicalistas que aparece más en sus medios. Ni que decir tiene que el Tea Party es profundamente anti-sindicalista. Otra persona en la dirección del Tea Party es Christine O’Donnell, que es una trabajadora desempleada que el Tea Party ha promocionado meteóricamente.

El ideario económico del Tea Party es ultraliberal, en una defensa exacerbada de los intereses del mundo empresarial. El eje de todas sus propuestas es reducir al mínimo el tamaño y el rol del Estado (excepto en el sector militar), siendo el mantenimiento de la bajada de impuestos a las rentas más altas, que el Presidente Bush aprobó -y que el Presidente Obama quiere eliminar-, el eje de su propuesta económica. Esta medida supondría un beneficio para el 1% de la población, la más rica, de 3,8 billones de dólares. Esta medida va acompañada de la propuesta de reducir drásticamente los impuestos, lo cual explica su atractivo entre las clases populares. Su base electoral es, sobre todo, además de grupos empresariales, las clases medias en apuros económicos y sectores de la clase trabajadora no cualificada blanca. Esta popularidad y movilización popular anti-estado consigue movilizar a sectores populares, en parte, como resultado de la desmovilización y desmoralización de las izquierdas, causada por la excesiva moderación de la Administración Obama. Hoy la ultraderecha está movilizada y las izquierdas están desmovilizadas en EEUU.

Una última observación. El Tea Party tiene mucho en común con la ultraderecha española, afincada primordialmente en el PP, y muy en particular con la rama aznarista, que procede históricamente del aparato del estado dictatorial.  Intereconomía, la Fox o programas de Losantos son intercambiables, aún cuando Intereconomía expresa en su programa España en la memoria una postura promotora del fascismo español (con homenajes al “carnicero de Andalucía”, el General Millán Astral) que debido a su alianza con Hitler sería visto con desagrado en la Fox. El eje Franco-Hitler-Mussolini es muy impopular en EEUU, que luchó en una guerra (la II Guerra Mundial) contra el nazismo y el fascismo. De ahí que el Tea Party, aún cuando tenga elementos comunes con el fascismo europeo, adopte formas muy distintas en su expresión y mensaje. En realidad, lo que hemos visto es la transformación de la ultraderecha europea en una ultraderecha más americanizada, como el Tea Party, intentando distanciarse de sus raíces fascistas o nazis, con la excepción, como siempre, de la ultraderecha española. Spain is different.

Por lo demás, semejanzas no quiere decir similitudes. Y la historia nunca se repite en términos idénticos. Pero en el momento de mayor crisis económica que el mundo ha sufrido desde la Gran Depresión, es importante no ignorar las lecciones que nos ha dado la historia y una constante en aquella como en esta situación es la amenaza que representan para las democracias los movimientos de ultraderecha, fascistas o fascistoides, que naturalmente no se presentan como tales, y que tienen características específicas según el país en el que existen. De ahí la importancia de conocer no sólo sus peculiaridades nacionales, sino sus elementos comunes.

Mario Vargas Llosa y el Tea Party

Por último, acabo de leer el artículo de Mario Vargas Llosa en El País de ayer (24.10.10) titulado “Las caras del Tea Party”, que me motiva a añadir estas notas a mi artículo, para mostrar claramente el significado que para tal autor significa la libertad. En esta columna de El Plural de la semana pasada, señalé el error que significa considerar a Mario Vargas Llosa como el campeón de los derechos humanos y de la libertad, que muchos medios en España lo han considerado. En mi artículo mostré la selectividad en su denuncia de los derechos humanos (permaneciendo con un silencio ensordecedor cuando tales violaciones ocurren en gobiernos neoliberales como el gobierno de Uribe, de Colombia) o su interpretación de libertad (limitándose a definir como libertad, la libertad de los poderes económicos y financieros en la defensa de sus intereses). Pues bien, esta interpretación aparece claramente en su defensa del Tea Party en el citado artículo. Aún cuando reconoce los muchos puntos negativos que tal movimiento tiene (es imposible ignorarlos), concluye definiéndolo como un “movimiento algo sano, democrático y profundamente libertario”, añadiendo Mario Vargas Llosa, que tiene “un sentimiento justo anti-estado que merece ser incorporado a la agenda política, pues apunta a problemas reales que enfrentan la cultura democrática”. Me pregunto como los halagadores de este autor interpretarán este apoyo (del supuesto defensor de los derechos humanos y de la libertad) al movimiento más reaccionario que existe hoy en EEUU, claramente promovido por intereses empresariales afectados negativamente por las reformas del Presidente Obama, movimiento que defiende abiertamente los intereses del capital y de las rentas superiores, tal como he señalado en mi artículo, opuestos a cualquier tipo de intervención pública que afecte sus intereses. Esto es, tal como yo indiqué en mi artículo anterior, lo que el Premio Nobel de Literatura entiende por libertad y por derechos humanos. Tengo que asumir que los múltiples aduladores que llenaron páginas y páginas aplaudiendo tal compromiso, no comparten tal entendimiento con el autor.

Por otra parte, los españoles sabemos como el fascismo español se presentó como un movimiento anti-establishment  también, a fin de captar el apoyo de las clases populares, con buena dosis de libertarianismo en su narrativa, tomando incluso los colores negro y rojo del anarquismo español como los suyos. Y vimos después qué  hicieron cuando gobernaron. El fascismo, repito, fue el movimiento que promovido por las estructuras de poder económico, oligárquico y financiero, intentaron parar las reformas que afectaron sus intereses. Y de ahí las semejanzas (a pesar de las muchas diferencias) con el Tea Party de EEUU.

Vicenç Navarro

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
  • Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University.

El Supremo, ¿discrimina?

La igualdad en la ley y, sobre todo, en la aplicación de la ley es un valor democrático fundamental. Es una expresión del respeto a las personas por razón de su dignidad. Pero también es uno de los medios básicos para frenar o impedir el abuso por los poderes públicos mediante actos o decisiones arbitrarias. Así lo proclama el art. 14 de la Constitución y es exigible a todos los poderes públicos. Es un derecho de todos los ciudadanos que tiene una particular relevancia ante los jueces, a los que es exigible la prohibición de cualquier forma de subjetivismo o arbitrariedad que conduzca a la desigualdad de trato de los ciudadanos sujetos a ellos, a un trato que resulte discriminatorio. Y en los procesos contra el juez Garzón, particularmente el derivado de la investigación de los crímenes del franquismo y el de unos supuestos cobros indebidos que le atribuyen los querellantes por razón de unos cursos impartidos en una universidad de Nueva York, concurren serios indicios de la vulneración por el Tribunal Supremo (TS) de dicho principio constitucional.

A cinco meses de la expulsión del juez Garzón de la función judicial, cada vez se hace más patente el trato discriminatorio de que es objeto. En el primero de ellos, es alarmante y reprochable cómo el TS demora injustificadamente el proceso, retrasa varios meses sin fundamento legal la resolución de recursos que debía haber resuelto en varios días y mantiene al juez en una posición de evidente indefensión. Hasta el pasado 8 de octubre no se ha resuelto, desestimándolo, el recurso que a finales de abril interpuso Falange contra su expulsión del proceso. Los meses transcurren con una escasa actividad procesal mientras el juez Garzón continúa expulsado. Todo imputado, cualquier querellado, tiene derecho a que se practiquen “sin demora las diligencias pertinentes” y los trámites procesales siguientes, sobre todo cuando ya se ha acordado la apertura del juicio oral. El juez Garzón también tiene derecho a una tramitación diligente de la causa, derecho que es un contenido esencial del derecho a la tutela judicial efectiva y que el TS le está objetivamente denegando y, por tanto, discriminando.

Este trato desigual es aún más patente en el proceso que instruye el magistrado Marchena, siempre con la oposición del fiscal, por los supuestos cobros en la citada universidad. Los querellantes denunciaron ante el TS al juez Garzón el 12 de junio de 2009. A partir de ahí se suceden actos procesales insólitos en un Estado democrático de derecho. El 15 de dicho mes, el TS acuerda la apertura de una causa penal por los hechos denunciados y el 15 de septiembre acuerda practicar unas “diligencias de prueba” para la comprobación de la denuncia. Todo ello, sin ponerlo en conocimiento del querellado. Ciertamente, estaba facultado legalmente para tomar esa decisión, pero no podía hacerlo sin informar de ella al juez Garzón. El TS actuó, pues, de forma oculta desconociendo un derecho fundamental reconocido en la ley procesal penal: “La admisión de denuncia o querella y cualquier otra actuación procesal de la que resulte la imputación de un delito contra persona o personas determinadas, será puesta inmediatamente en conocimiento de los presuntamente inculpados”. Precepto ignorado por el TS en perjuicio del derecho de defensa del juez Garzón. Finalmente, el 28 de enero de 2010 se admite a trámite la querella y comienzan las investigaciones del instructor Marchena.

El TS lleva, pues, investigando al juez Garzón por esta causa trece meses, lo que revela una preocupante impericia investigadora por más que Marchena, en el Auto de 9 de septiembre, atribuya la dilación de una investigación injustificable al “desgobierno contable” de la referida universidad. Incapacidad instructora que llega al extremo de acordar una medida absolutamente desproporcionada y vulneradora de derechos: ordenar a la Guardia Civil investigar indiscriminadamente todas las cuentas del juez Garzón durante un año. Mientras tanto, se sabe que una asociación judicial en 1989, percibió, naturalmente en pesetas, “generosas aportaciones”, por decirlo en los propios términos del TS contra el juez Garzón, de varias entidades de crédito: 500.000 de la Caja de Ahorros de S. Sebastián, 200.000 de la Caja de Ahorros de Guipúzcoa y 1.000.000 de la Caja de Ahorros de Madrid. Los jueces así beneficiados lo fueron, como todas las asociaciones de jueces y fiscales durante 25 años, por razón del “cargo público que desempeñaban” como razona el TS para justificar el reproche penal al juez Garzón. Así sigue ocurriendo y nadie ha abierto un proceso penal contra los jueces o fiscales que formularon la solicitud de la aportación y se beneficiaron de ella.

Pero hoy, además, ya está funcionando el “Club Banesto Justicia” para jueces y fiscales. Una oferta de cuentas corrientes con un “atractivo interés al 1,25%, sin comisiones de administración ni mantenimiento”, una “hipoteca bonificada, sin comisión de apertura, y con un tipo de interés inicial de Euribor + 0,65% y que, en función de los productos contratados, puede verse reducido hasta un mínimo de Euribor+ 0,40%”, préstamos personales “hasta 72 meses al 7,90%”, y otras ventajas como “leasing mobiliario e inmobiliario”, ”con un gran tratamiento fiscal”, y así sucesivamente. Es un ejemplo de cómo la magistratura es cuidada por los poderes económicos. Y una muestra de un trato desigual, que es más reprochable al TS que, objetivamente, se perfila como un poder incontrolado e incontrolable. Grave problema para nuestro sistema democrático.

Carlos Jiménez Villarejo – Consejo Científico de Attac España. Ex fiscal Anticorrupción.

Demasiados Peligros para dejarlos seguir así.

Los Bancos y entidades financieras que causaron la crisis han logrado salir de ella reforzados, sin que se hayan puesto en cuestión sus privilegios y con mucho más poder económico y financiero gracias a que los Gobiernos y los Bancos Centrales asumieron el principio de que eran demasiado grandes para caer.

Con ese criterio se han podido justificar las ayudas multimillonarias de todo tipo que se han puesto en sus manos a pesar de que así se ha dejado sin sancionar los comportamientos irresponsables, se incentiva que se vuelvan a dar y se hace a los grandes bancos más grandes aún, lo que hará que la próxima crisis que provoquen sea más dura y difícil de gobernar que esta.

Ni los gobiernos ni los Bancos Centrales ni los economistas liberales que imponen a la ciudadanía una constante disciplina en aras de lograr la eficiencia y, según dicen, la equidad (ahora nos indican que hay que reformar las pensiones para hacer que nuestro sistema sea “más justo”) no han tenido problema alguno para saltarse esos objetivos cuando se ha tratado de ayudar a la Banca.

Por el contrario, frente a los daños que han provocado los Bancos a miles de personas al actuar con ocultación, con manifiesta irresponsabilidad y mala fe, las autoridades, por regla general, son mucho más ajenas y despreocupadas.

Con el fin de aumentar de cualquier manera el volumen de deuda, que es el negocio que proporciona beneficio y poder a los Bancos, éstos han llevado a cabo en los últimos años una verdadera serie de tropelías ya bien conocidas que han sufrido principalmente los clientes más indefensos, de menor renta y con conocimientos e información sobre las prácticas bancarias. Los que, a diferencia de los Bancos, parece que son demasiado pobres como para salvarlos.

En los dos últimos años se ha empezado a comprobar que docenas de miles de personas y pequeñas y medianas empresas han sido sencilla y llanamente engañados por los Bancos que les ocultaban la letra pequeña de los contratos, que disimulaban los riesgos de los seguros que les vendían con otro nombre u ocultos en fórmulas incomprensibles y que, en suma, establecían condiciones leoninas en los préstamos o créditos que les ofrecían como si fueran un regalo de la providencia.

Las autoridades miraron entonces a otro lado y les dejaron hacer y ahora que cientos de miles de personas han perdido sus viviendas o se enfrentan a obligaciones de pago de las que nunca fueron advertidas, siguen disimulando y protegiendo a los privilegiados causantes de todos estos abusos.

Las organizaciones de defensa de los consumidores calculan que alrededor de 300.000 familias españolas han perdido su vivienda en los últimos tres años. Y no se puede alegar que se trata solo del efecto de una simple falta de pago. Detrás de ello hay, como acabo de señalar, condiciones leoninas, daciones fraudulentas, información oculta y tasaciones de viviendas hechas por una de las partes con manifiesta falta de veracidad y respeto a las condiciones del mercado que tanto pregonan los bancos y los liberales que callan ante todo esto.

El número de familias a las que se les han cortado el suministro de servicios básicos como la luz o el agua es incalculable, pero basta hablar con las organizaciones civiles que atienden estos problemas para comprobar que son también docenas de miles.

No es exagerado afirmar que solo los afectados por la estafa bancaria en torno a los “swaps”, los seguros aparentemente dirigidos para proteger a los prestatarios de las subidas de los tipos pueden ser en toda España alrededor de 100.000.

El sistema bancario español, el de más altos beneficios de Europa y el de costes de utilización para la clientela más elevados, es la fuente de un sin fin de irregularidades y de injusticias que pueden llevar a cabo con la mayor alevosía e impunidad. Es verdaderamente incomprensible que los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones y movimientos sociales no pongan en primer plano todo este tipo de conductas para evitar la transferencia ilegítima de renta de las personas y empresas a la Banca que llevan consigo.

No creo que haya otro país en el mundo en donde el pueblo tenga más defensores que en España pero, a pesar de ello, ninguno ha levantado su voz de una manera contundente frente a un problema que hubiera requerido su actuación mancomunada y radical pues se viene produciendo de forma alevosa, a plena luz del día y con consecuencias dramáticas, creo que se puede decir sin exagerar, para millones de personas y familias enteras.

Ni siquiera es posible confiar en España en que la administración de justicia haga honor a su nombre y ponga orden en todo ello, pues en docenas de sentencias ha resultado evidente que las atenciones de todo tipo que los bancos tienen con muchos magistrados y jueces no caen en saco rato.

Las prácticas bancarias dominantes, las que han dado lugar a la crisis y las que se siguen llevando a cabo, constituyen un mal social que hay que erradicar. A ningún otro tipo de ciudadanos se le permitiría hacer lo que hacen los bancos (y junto a ellos las grandes empresas de servicios).

Para ponerle coto al abuso bancario generalizado habría que reclamar firmemente de los poderes públicos que adoptaran algunas medidas urgentes e imprescindibles:

– Investigar con auténtica independencia las prácticas bancarias en España, concretando la naturaleza y efectos reales de cada una de ellas para depurar las responsabilidades de cada entidad.

– Extender esa investigación al comportamiento del Banco de España que, en lugar de haber impedido la opacidad, el abuso, las cláusulas leoninas y el engaño ha optado generalmente por el silencio o por la explícita complicidad con la Banca. No se puede entender que se haya llegado a producir un daño y un engaño tan extendido y tan rentable para la banca sin la colaboración de la máxima autoridad bancaria.

– Conocer con exactitud las personas que han sufrido malas prácticas bancarias y cuantificar el daño que les han producido para hacer que los bancos asuman las consecuencias el daño provocado.

– Revisar todos y cada uno de los procedimientos de desahucio o dación que se hayan producido, con especial atención a las condiciones de suscripción de los créditos y a las tasaciones realizadas.

– Promulgación de las normas y creación de los fondos necesarios para garantizar la devolución de las viviendas a las personas de renta baja que la hayan perdido por razones de disminución de ingresos y para evitar que esto se produzca en el futuro.

– Actuar en el mismo sentido respecto a las familias que no disponen de acceso a los servicios básicos por falta de pago como consecuencia de pérdidas imprevistas de ingresos.

– Creación de una jurisdicción especial para perseguir los abusos bancarios y promover ante las instituciones europeas el establecimiento de un código ético de inexcusable cumplimiento por parte de todas las entidades financieras.

El daño que ha generado el sistema bancario español en los últimos años y que se traduce ahora en auténticos dramas para cientos de miles de familias y en una losa pesada para el conjunto de la economía no es un asunto menor, ni siquiera algo que solo tenga que ver con la exigencia elemental de que cualquier persona o institución que lo produzca debe resarcirlo. La cuestión principal estriba en que el mantenimiento del poder tan desmesurado que tiene la Banca y los privilegios de los que goza para ganar dinero como y en la cantidad que quiera son verdadera y materialmente incompatibles con una sociedad democrática y segura.

Fuente: JUAN TORRES LÓPEZ

  • Consejo Científico de ATTAC España.
  • Doctor en CC. Económicas y Empresariales.
  • Catedrático de Economía Aplicada en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales – Universidad de Sevilla – Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

Publicado en Sistema Digital

[Manifiesto] Cien académicos catalanes denuncian la actual política de criminalización de los movimientos sociales

Las y los abajo firmantes, profesoras y profesores de las universidades catalanas, denunciamos la actual política de criminalización de los movimientos sociales por parte de la gran mayoría de medios de comunicación de nuestro país y de muchos responsables políticos de las instituciones que lo gobiernan. Se ignora, se esconde, se desinforma y nunca se dialoga con el abanico de propuestas y alternativas que desde estos movimientos sociales se están haciendo en todas partes, para transformar y dar nuevas opciones de vida en sociedad.

Focalizar en ciertos episodios violentos, sin ni siquiera escuchar la contestación y la voz de los movimientos sociales a los que se ataca es directamente criminalizarlos; construir el chivo expiatorio y desviar la atención ciudadana de los conflictos reales en los que estamos inmersos más que nunca en nuestra sociedad: el paro, la pobreza y la exclusión social, la desigualdad creciente entre grupos, el recorte constante de los derechos sociales, el debilitamiento de las reivindicaciones del movimiento obrero organizado, el racismo y la xenofobia, la corrupción política y su impunidad, la violencia contra las mujeres, la dureza y la severidad del control penal contra los más vulnerables, el índice creciente de encarcelamientos, detenciones, sanciones … Espiral de violencia estructural en aumento. Una sociedad verdaderamente democrática, que debe respetar plenamente el derecho a disentir y a discrepar, no se lo puede permitir.

¡Digamos basta!

Cataluña ha sido, es y queremos que sea una sociedad de acogida y de refugio a la diversidad de todo tipo, a la diferencia de color, de sexo, de opinión y también de revuelta. Bienvenida sea.

Digamos basta a la invención mediática que etiqueta de antisistema a los movimientos sociales. Los movimientos sociales se sublevan, luchan y proponen que otro mundo es posible.

Digamos basta a la criminalización de los movimientos sociales!

LISTADO DE PERSONAS ADHERIDAS AL MANIFIESTO

1.Albert Sales (Universitat Pompeu Fabra) 2.Alejandro Andreassi Cieri (Universitat Autònoma de Barcelona) 3.Alessandra Caporale (Universitat Oberta de Catalunya) 4.Ana Isabel Garay Uriarte (Universitat Autònoma de Barcelona) 5.Ana Collado Sevilla (Universitat de Barcelona) 6.Àngel Cebollada Frontera (Universitat Autònoma de Barcelona) 7.Anna Camps Mundó (Universitat Autònoma de Barcelona) 8.Antonio Giménez Merino (Universitat de Barcelona) 9.Antonio Madrid (Universitat de Barcelona) 10.Apen Ruiz (Universitat Oberta de Catalunya) 11.Arcadi Oliveres (Universitat Autònoma de Barcelona) 12. Aurora Leal (Universitat Autònoma de Barcelona) 13.Barbara Biglia (Universitat Rovira i Virgili) 14.Bernat Muniesa Brito (Universitat de Barcelona) 15.Blanca Callén (Universitat Autònoma de Barcelona) 16.Carles Feixa Pampols (Universitat de Lleida) 17.Carmen Azcárate (Universitat Autònoma de Barcelona)18.Carolina Puga (Universitat de Barcelona) 19.Clara Camps Calvet (Universitat de Barcelona) 20.Conchi San Martín (Universitat de Barcelona) 21.Daniel Raventós (Universitat de Barcelona) 22.Daniel Turón (Universitat Oberta de Catalunya) 23.Dídac Sánchez-Costa (Universitat Oberta de Catalunya) 24.Dino Di Nella (Universitat de Barcelona) 25.Eduard Vinyamata (Universitat Oberta de Catalunya) 26.Elisabet Almeda Samaranch (Universitat de Barcelona) 27.Encarna Bodelón González (Universitat Autònoma de Barcelona) 28.Esteve Espelt (Universitat de Barcelona) 29.Fabià Díaz-Cortés (Universitat Autònoma de Barcelona) 30.Fèlix Balanzó Guerendiain (Universitat Autònoma de Barcelona) 31.Ferran Cortes Izquierdo (Universitat de Barcelona) 32.Ferran Izquierdo Brichs (Universitat Autònoma de Barcelona) 33.Francesc Espinet (Universitat Autònoma de Barcelona) 34.Francisco Fernández Buey (Universitat Pompeu Fabra) 35.Gerard Pla Cadafalch (Llotja, Escola superior d’arts i disseny) 36.Gerardo Pisarello (Universitat de Barcelona) 37.Ignasi Pons i Anton (Universitat de Barcelona) 38.Iker Puente Vigiola (Universitat Autònoma de Barcelona) 39.Isabel Gómez Alemany (Universitat Autònoma de Barcelona) 40.Jaume Botey Vallès (Universitat Autònoma de Barcelona) 41.Joaquim Sempere (Universitat de Barcelona) 42.Joan Benach (Universitat Pompeu Fabra) 43.Joan Pujol Tarrés (Universitat Autònoma de Barcelona) 44.Joana Conill Amelivia (Universitat Pompeu Fabra) 45.Joel Feliu (Universitat Autònoma de Barcelona) 46.Jordi Ibáñez Fanés (Universitat Pompeu Fabra) 47.Jordi Mir Garcia (Universitat Pompeu Fabra) 48.José Adelantado (Universitat Autònoma de Barcelona) 49.José Luis Gordillo Ferré (Universitat de Barcelona) 50.José Luis Lalueza (Universitat Autònoma de Barcelona) 51.Josep Canals Sala (Universitat de Barcelona) 52.Josep Maria Antentas (Universitat Autònoma de Barcelona) 53.Josep Mª Fericgla (Universitat de Barcelona) 54.Josep Fontana (Universitat Pompeu Fabra) 55.Juan-Ramón Capella (Universitat de Barcelona) 56.Lourdes Beneria (Universitat de Barcelona) 57.Manuel Aguilar Hendrickson (Universitat de Barcelona 58.Manuel Castells Oliván (Universitat Oberta de Catalunya) 59.Manuel Delgado Ruiz (Universitat de Barcelona) 60.Marc Sanjaume i Calvet (Universitat Pompeu Fabra) 61.Ma.Inés Massot Lafón (Universitat de Barcelona) 62.Marcel Pie Barba (Universitat de Barcelona) 63.Mar Morón Velasco (Universitat Autònoma de Barcelona) 64.Margot Pujal Llombart (Universitat Autònoma de Barcelona) 65.María Jesús Izquierdo (Universitat Autònoma de Barcelona) 66.María José González Madrid (Universitat de Barcelona) 67.Marta Llobet (Universitat de Barcelona) 68.Marta Utset Canal (Universitat Autònoma de Barcelona) 69.Martí López Andreu (Universitat Autònoma de Barcelona) 70.Martin Rodrigo y Alharilla (Universitat Pompeu Fabra) 71.Mercè Izquierdo (Universitat Autònoma de Barcelona) 72.Miguel Angel Sahagún Padilla (Universitat Autònoma de Barcelona) 73.Miguel Candioti (Universitat Pompeu Fabra) 74.Miquel Izard (Universitat de Barcelona) 75.Miriam Sol Torelló (Universitat Oberta de Catalunya) 76.Natalia Ribas Mateos (Universitat de Barcelona) 77.Natalia Rosetti Maffioli (Universitat Autònoma de Barcelona) 78.Núria Vergés Bosch (Universitat de Barcelona) 79.Pep Garcia-Borés i Espí (Universitat de Barcelona) 80.Pere Solà Gussinyer (Universitat Autònoma de Barcelona) 81.Pilar Albertín (Universitat de Girona) 82.Rafael Merino (Universitat Autònoma de Barcelona) 83.Raimundo Viejo Viñas (Universitat Pompeu Fabra) 84.Ramon Franquesa (Universitat de Barcelona) 85.Ricard Vinyes (Universitat de Barcelona) 86.Robert Tomàs Calvo (Universitat Autònoma de Barcelona) 87.Salvador Aguilar Solé (Universitat de Barcelona) 88.Salvador López Arnal (Universidad Nacional de Educación a Distancia) 89. Silvia Lannitelli Muscolo (Universitat de Barcelona) 90.Samuel-Lajeunesse (Universitat Autònoma de Barcelona) 91.Sònia Arribas (Universitat Pompeu Fabra) 92.Sònia Sánchez Busques (Universitat Autònoma de Barcelona) 93.Susana Narotzky (Universitat de Barcelona) 94.Tomás Herreros Sala (Universitat de Barcelona) 95.Tomàs de Montagut (Universitat Pompeu Fabra) 96.Xavier Domènech Sampere (Universitat Autònoma de Barcelona) 97.Xavier Ferrer Gallardo (Universitat Autònoma de Barcelona) 98.Xavier Oliveras González (Universitat Autònoma de Barcelona) 99.Víctor Jorquera (Universitat de Barcelona) 100.Verena Stolcke (Universitat Autònoma de Barcelona)

Para muestra un botón de RTVE:

Corrent Roig

La Democracia y sus falsos amigos: nuevas perspectivas para nuevos avances.

Día internacional de la Democracia. Discurso pronunciado en Naciones Unidas el 15 de septiembre de 2010.

Juan Carlos Monedero – Profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid.

“Los cuatro puntos cardinales –dijo el poeta chileno Huidobro- son tres: el Sur y el Norte”. Bien podría hacer dicho que en el fondo son tan sólo uno, el Norte. Pero también sabemos, con Hegel y con el sentido común, que sin esclavo no hay amo. El Sur es una metáfora de la ausencia, de lo que no cuenta.

La teoría crítica es aquella que entiende que lo que existe no agota las posibilidades de la existencia. Walter Benjamin habló de cepillar la historia a contrapelo para contar la suerte de los perdedores, Paolo Freire nos trajo la pedagogía del oprimido y Francisco de Goya en su cuadro sobre los fusilamientos del tres de mayo de 1808, pintó a la derecha el ejército inclemente, geométricamente ordenado tal y como el canon de la razón manda, bien armado y dispuesto, digno de la Francia ilustrada de Napoleón. Pero no olvidó a la izquierda plasmar a sus víctimas, desordenadas, en el desconcierto sin armonía de la muerte, pero alumbradas por un farol que, al tiempo que negaba el brillo a las luces de la Ilustración, se lo entregaba precisamente a los que la historia, también la historia de la democracia, suele dejar fuera de foco.

Para los científicos sociales empezar citando a un poeta no sería bien considerado. Casi una cuestión de mal gusto. A la ciencia política no le gustan las metáforas. Sabemos que difícilmente Maquiavelo o Rousseau podría publicar en la American Political Sciencie Review. La ciencia social ha aprendido a rechazar todo aquello que no sabe medir, igual que aprendió a asumir como un dato de la realidad aquello que no sabe cambiar. Muestra una enervante incapacidad para construir nuevos indicadores que den cuenta de las nuevas realidades, y mucho menos se atreve, en nombre de la ciencia, a intentar, en expresión de Boaventura de Sousa Santos, una sociología de las ausencias o una ciencia política de las emergencias. Y lo que no mide, concluye, no existe. En ese juego de fuerza disfrazado de objetividad científica, aquello que existe pasan a medirlo con indicadores que, antes de hablar, ahorman las realidades sociales, como una zapatilla de Cenicienta en manos de príncipes caprichosos. Y disculpen otra vez una metáfora.

En nombre de la ciencia, se rellenan pizarras con fórmulas matemáticas para terminar diciendo que, en base a sus cálculos, es radicalmente imposible que ocurra lo que está ocurriendo, como se queja el filósofo gráfico Andrés Rábago. Lejos de abrir nuevos rumbos o teorizar ángulos ciegos, la ciencia política hace poco más que reforzar el statu quo.

En un reciente informe del PNUD se escucha una queja acerca de lo que llama “facilismo económico” de gobiernos que gastan, al parecer con alegría, en el bienestar de sus pueblos. ¿A alguien se le ocurriría hablar de “facilismo económico” o de “expectativas irrealizables” para referir los cientos de millones de dólares y euros gastados para rescatar a una banca irresponsable? ¿Por qué el reparto de bienestar a los pueblos es populismo y el reparto de bienestar a las élites es seriedad macroeconómica?

Llevamos muchos decenios con debates sobre la democracia prácticamente idénticos. Los problemas han sido identificados, mensurados y clasificados en listas que ya amarillean. Algunas causas son reiteradamente expuestas (señal de que no se solventan), los catálogos de soluciones se clonan y un cierto optimismo atraviesa a la academia oficial que confunde la acumulación de análisis repetidos con acumulación de conocimiento.

Sin embargo, las señales de mejoría no pueden ser más inequívocamente señales de empeoramiento. Estamos ante una crisis que afecta a todos los ámbitos de la vida: crisis económica, ecológica, alimentaria, inmobiliaria, financiera, energética, bélica, y también, aunque cueste medirla, de sentido. El cumplimiento de los objetivos del Milenio se aleja y los sistemas financieros rescatados hace unos meses han terminado, agradecidos, arrodillando a los países que los sacaron del agujero. Y disculpen de nuevo la ironía. Estos, a su vez, han golpeado las bases del Estado social y, de camino, la ayuda al desarrollo. Y ya es un lugar común decir que somos como los pasajeros que seguían bailando mientras el Titanic se hundía. Si el ser humano es racional ¿cómo es posible explicar esta inconsistencia? ¿por qué si supuestamente sabemos lo que nos pasa, no terminamos de salir de esto que nos pasa? Quizá, y ésta es una de mis hipótesis, lo que nos pasa, podemos decir con Ortega, es que no sabemos qué nos pasa. No parece suficiente que una discusión entre seis haya pasado a ser una discusión entre veinte.

Parece evidente que el moderno científico social, al igual que le ocurre a su época, tiene dificultades para pensar adecuadamente. Esto es, piensa mal. Y en esa senda, también piensa mal lo que sea y deba ser la democracia. Al mismo tiempo, y no es un problema menor, hay personas y grupos interesados en que esto sea así.

Resulta sorprendente que lo que el propio PNUD recoge como avances en América Latina en la última década –surgimiento de nuevos movimientos políticos, reconocimiento creciente de los derechos sociales (incluidas las minorías y las mujeres) mayor eficacia de los poderes ejecutivos, mantenimiento del equilibrio macroeconómico, la pérdida de la influencia del Consenso de Washington y el aumento de la autonomía- sean todos elementos puestas en marcha por gobiernos como el de Venezuela, Ecuador, Bolivia o Brasil que con frecuencia han caído en alguno de los muchos ejes del mal que dicta el Norte, sanciona la academia y publicita el medio de comunicación de turno.

Los científicos sociales pensamos mal porque con las herramientas conceptuales melladas con las que obramos no podemos salir del callejón sin salida en el que está metida la ciencia social desde, al menos, la crisis del modelo keynesiano a finales de los años sesenta.

La segunda parte del problema, insistimos, es la existencia de actores interesados en que, a lo sumo, algo cambie para que lo sustancial quede invariable. Que hay gente interesada en negar el pensamiento alternativo es tan evidente como el esfuerzo que se hace para hacer hegemónico un tipo de pensamiento y para presentar como anacrónico, inferior, débil o ideológico y malintencionado el alternativo. Se trata de un intencionado esfuerzo para debilitar las opciones alternativas. De no ser así, las democracias realmente existentes no insistirían en esas valoraciones negativas de una supuesta “izquierda carnívora” ni tolerarían con tanta facilidad esos saltos de gigante de la política a la empresa y de la empresa a la política que privatizan las magistraturas políticas hasta generar la sospecha, resucitada del joven Marx, de si no se han convertido en representantes de los intereses de las grandes corporaciones.

Resulta llamativo el creciente interés por asuntos mercantilizados (bien sean deportivos, musicales, televisivos o festivos), junto al evidente desinterés por los asuntos vinculados al quehacer político colectivo, pese a que el primero no ofrece sino identidades débiles –junto a cierta interacción del grupo al poseerse un tema común de conversación-, mientras que las segundas están ligadas al tipo de vida al que se va a tener acceso uno mismo y el resto de la ciudadanía. Una empatía racional que podría hacer de la reciprocidad un ejercicio constante de la vida personal y social, que se sustituye por la emocionalidad vacía de una fusión masiva y mercantilizada sobre la que no se tiene ningún control más allá de la posibilidad de comentar, en una esfera comunicativa cacofónica, opiniones incapaces de cambiar nada esencial. Esto no significa que esos ámbitos de identidad –ligados, repetimos, al deporte o a actividades culturales- no sean relevantes y puedan, incluso, abrir vías ricas para el ahondamiento democrático. Significa que el control que se ejerce sobre ese ámbito hace bien difícil ese contenido emancipador, funcionando, por lo común, como algo compensatorio y consolador.

Hay cierto consenso en que estamos en un cambio de época que afecta al diagnóstico de la democracia y a su terapia. Un momento de activar los frenos de emergencia para no precipitarnos al vacío. Un mundo se marcha, aunque no termina de despedirse, y otro se aproxima, aunque no termina de llegar. El desarrollo tecnológico está obrando un cambio civilizatorio y ciertas inercias, a veces institucionales, no dejan que esas fuerzas desplieguen toda su capacidad emancipatoria. Como todo cambio político, por definición puede caer del lado de la regulación o del lado de la emancipación. Ese cambio civilizatorio puede mercantilizar aún más todos los ámbitos sociales o puede generar una corresponsabilización y una consciencia que permitan un nuevo salto en el proceso de democratlización. Le corresponde a organismos esenciales como Naciones Unidas acompañar a la prudencia de tiempos imprudentes, la audacia de tiempos de transformación.

¿Por qué se mueve en zigzag tambaleante la reflexión sobre la democracia? Debemos entender que las tres grandes autopistas que nos han traído hasta la actualidad –el Estado moderno, el sistema capitalista y el pensamiento moderno- están sometidas a grandes mutaciones que los cuestionan, al tiempo que no hay en el horizonte alternativas a la altura de su capacidad demostrada. Se sabe lo que no se quiere pero aún no es momento de saber con claridad qué y cómo se quiere.

Sin embargo, podemos afirmar que ninguna respuesta sería tan irresponsable como pretender regresar a un pasado idealizado y que ya no existe. El Estado moderno está desbordado por problemas para los que es muy pequeño o demasiado grande, y las respuestas que ofrece, basadas en la competitividad entre Estados y no en la complementariedad, ahonda en la crisis que lo pone en cuestión. El sistema capitalista vive ahora mismo una de sus recurrentes crisis, y si bien es difícil saber si se trata de una crisis “del” capitalismo o una crisis “en” el capitalismo, parece evidente que su abanico de respuestas cada vez es más reducido y sus soluciones más dramáticas. Por último, el pensamiento de la Modernidad está confrontado por el lastre de su linealidad (que deja fuera de vista lo que ignora su visión simplista del progreso), por su eurocentrismo y occidentalismo (que le hace olvidar, por ejemplo, que hubo antes democracias en América Latina que en Europa), por su productivismo (que hace de la tierra un recurso supuestamente inacabable y que ya ha logrado hacer de la mitad del planeta tierra un yermo irrecuperable) y por su machismo (que no permitió que la mirada femenina complementara en igualdad de condiciones a la mirada masculina, empeñada en tutelarla y condenarla a la “infantilidad” del que “no fona”, del que no tiene voz).

Sólo entendiendo los cuellos de botella a los que nos conducen estas tres cansadas autopistas, podemos replantearnos algunos supuestos que superen igualmente los callejones sin salida de una democracia basada en el Estado nacional, en el pensamiento moderno y en el capitalismo, especialmente en la fase de globalización actual en que los procesos de valorización del capital han puesto a su servicio, sin posibilidad de marcha atrás, el resto de los órdenes sociales.

Esto no significa que el Estado, el capitalismo o la modernidad estén muertos. Ya sabemos en qué quedaron esos certificados prematuros de defunción en el pasado. Y tampoco significa que haya que derribarlos sin saber por qué van a ser sustituidos. Significa que, y este es un plano normativo que está en la política al menos desde Aristóteles, hay que utilizar sus potencialidades para dar un salto a la altura del cambio civilizatorio en curso y que nos sitúe en otro momento de la humanidad. Si hablamos de “déficit democrático” hay ahí una valoración normativa. Atrevámonos a ir hasta el fondo.

Igualmente, la crisis de estas tres grandes autopistas sitúa en un nuevo lugar la discusión acerca de la democracia “realmente existente.” La desafección ciudadana; el cuestionamiento de la capacidad de la representación para autorizar a los gobiernos (no basta ganar elecciones para gobernar); la incapacidad del modelo para lograr autogobierno, igualdad y justicia, claves para su legitimidad; la irrupción de nuevas formas de articulación política que priman la identidad como forma de crear cemento social; el aumento de las “zonas marrones” donde operan sin reglas estatales las diferentes mafias, corporaciones, narcotraficantes, terroristas, clubes u otros estados que hurtan su responsabilidad; la naturalización de actores no democráticos como determinantes necesarios en la gestión de las democracias (mercados, empresas transnacionales, organismos financieros internacionales, bufetes de abogados) o la misma pérdida de legitimidad de las instancias internacionales con base democrática, son todos elementos que invitan a un esfuerzo de clarificación conceptual que vaya más allá de un ejercicio intelectual o una justificación de lo que ya existe.

Es tiempo, señoras y señores, también de gestos que señalen la posibilidad del cambio. En el día internacional de la democracia, cabe una pregunta. Los pueblos han demostrado una enorme paciencia siempre y también recientemente. Valga pensar en desastres como el Katrina en Nueva Orleans, el Tsunami de Indonesia, el terremoto de Haití o la riada de Pakistán; en derrames petroleros como el del Golfo de México o los constantes derrames, más silenciados, en Nigeria, presentados como menos graves sólo porque tienen lugar en África y no en el Norte opulento; los abusos contra los derechos humanos que estremecen en Palestina, en la franja de Gaza, en la Nicaragua de los años ochenta, condenados en este caso por Naciones Unidas; las matanzas de etnias por etnias en países de África (casi siempre acompañadas e instigadas desde países desarrollados), el asesinato de demócratas, comunistas, disidentes o rebeldes en Asia, en América, pongan ustedes, en definitiva la atrocidad que quieran referir, nos hace pensar, decía, si no va siendo hora de algún gesto que dé esperanza a los sin esperanza: un Jefe de Gobierno que dimite por no poder cumplir su programa electoral, un Gobernador de un Banco Central que entrega el cargo porque le pesa más el bienestar de su pueblo que las presiones de los mercados o de las instancias financieras internacionales, un Presidente de Asamblea que deja la magistratura porque no puede hacer las leyes ni controlar al gobierno, un Secretario de Asamblea general de Naciones Unidas que abandona el cargo porque no acepta mandatos ni vetos de nadie que no sea el G-192…

Podemos leerlos como gestos vacíos, como gestos demagógicos o también como señales de una nueva manera de entender la democracia que avance en la senda del autogobierno, la libertad y la justicia. Porque, recordemos, estamos hablando de democracia.

La discusión sobre la democracia no va a avanzar en tanto en cuanto no se entienda que los avances democráticos nunca han sido una concesión graciosa de ningún poder. La Revolución Francesa sentó las bases para los derechos civiles, identificando como enemigo a la monarquía y a la aristocracia en donde primaba la herencia de familia por encima del mérito. Las revoluciones de 1830, de 1848, la Comuna de París de 1871, identificaron como enemigo al privilegio y la exclusión y sentaron las bases del sufragio universal y los derechos políticos. La revolución mexicana de 1910 o la rusa de 1917, sentaron las bases de los derechos sociales, señalando como enemigo a la explotación y al autoritarismo por el que se deslizó el pensamiento conservador en el periodo de entreguerras, el que llevó a la derecha, liberada de compromisos democráticos, al fascismo, al nazismo o al franquismo. Aunque de manera menos nítida, el mayo del 68 sentó las bases para los derechos de identidad y una nueva oleada de derechos individuales y colectivos que acompañó a los procesos de descolonización, a la incorporación de la mujer a mayores niveles de ciudadanía, a una mayor libertad sexual y a una crítica general al autoritarismo y la violencia que tuvo como enemigos a rescoldos de la guerra mundial escondidos en la guerra fría, a la deriva autoritaria soviética, a cúpulas eclesiásticas y a sectores militaristas, sin olvidar el sempiterno patriarcalismo que dice mujer y piensa inferioridad y subordinación.

Este análisis demostraría, frente a interpretaciones tan amables como insostenibles, que la democracia nace, crece y se consolida contra sus enemigos. La discusión sobre el futuro de la democracia tiene aquí uno de sus principales palancas o frenos. En la corriente principal de la ciencia política, estos principios se asumen solamente en el discurso, pero no en la práctica. La retórica liberal mantenía la prohibición del mandato imperativo como un elemento funcional a la construcción de mercados nacionales. Pese a la evolución del sufragio censitario al sufragio universal, se mantiene en los parlamentos actuales, aunque la práctica de los partidos políticos la niega sistemáticamente. De la misma manera, hay un discurso sobre la soberanía popular, la justicia, la libertad que, al tiempo que se expresa, es hurtado precisamente por los enemigos de la democracia. Había un solo Muro en Berlín, pero parecían mil. Hay muros entre Palestina e Israel, entre México y los Estados Unidos, entre Marruecos y España, entre Marruecos y el Sahara, pero parece que no existen porque los que los levantan tienen el don de etiquetar y hacer que la carga de la prueba recaiga sobre las víctimas. La lucha democrática, cuando renuncia a los hechos, complica su trabajo pues tiene lugar contra el fantasma de un discurso dicho por antidemócratas en nombre de la democracia.

Ignorando este aspecto, los teóricos se refieren al discurso, los medios se refieren al discurso, las asambleas se refieren al discurso, Naciones Unidas se refiere al discurso, pero los pueblos viven en las prácticas. Eso explica ese alejamiento de una democracia que se dice pero que no se hace. Y como se trata de medir una ausencia, no se mide. Y como no se mide, los científicos sociales concluyen que no existe.

En una encuesta a estudiantes sobre el último libro de ciencia política que habían leído, una alumna contestó: El principito de Maquiavelo. Sabemos emocionarnos con Saint Exupéry. Sabemos mirar con recelo las recetas del florentino al príncipe para ganar o retener el poder. Pero cuando una cosa enmascara a la otra, sonreímos si es inocuo o debemos alertarnos cuando supone una amenaza. Repito: aquellos aspectos que señala el PNUD como logros de logros en América Latina en la última década, fueron denostados como populistas, demagógicos o, con esas categorías que funcionan como balas, como propios de Estados canallas.

Quizá, señoras y señores, la idea central que traigo a este foro de Naciones Unidas tiene que ver con el convencimiento de que la democracia no es consenso sino, muy al contrario, un producto del conflicto. Politizar es inyectar disconformidad, disidencia, alternativa; despolitizar, por el contrario, es negar el conflicto. Todo aquello de lo que hoy nos enorgullecemos en nuestras sociedades es producto del conflicto social de una ciudadanía consciente y organizada. Todo aquello que se está perdiendo, haciendo de nuestras sociedades, como dice Santos, democracias de baja intensidad, tiene que ver con la negación del conflicto, con la exigencia de un diálogo que, como punto de partida, niega las posibilidades reales del diálogo al cercenar los ámbitos de discusión.

Si bien es sensato construir “consensos de gobierno”, esto sólo es posible asumiendo su correlato de conflicto social con los que, históricamente –y noten que es un problema empírico, no teórico- han frenado el desarrollo de la inclusión democrática.

Vimos que derechos civiles, políticos, sociales e identitarios son producto de protestas y, más aún, de revoluciones que sólo la distancia dulcifica. Lo más vinculado a la idea de justicia de los ordenamientos constitucionales y de la propia Carta de Naciones Unidas tiene que ver con el antifascismo y la derrota de las potencias del eje. De la misma manera, la discusión sobre el futuro de nuestra democracia, dará vueltas y vueltas sin moverse del sitio mientras no entienda que hay un enemigo incompatible con la democracia. Me refiero al paradigma neoliberal, que, recordemos, no nació, como el liberalismo, para enfrentar el feudalismo y su correlato del vasallaje, sino que su objetivo, como señalaron Friedrich Hayek o Milton Friedman, era el Estado social.

La propuesta neoliberal de privatización, desregulación laboral y liberalización, subvirtió derechos y garantías adquiridas en todos los órdenes y se erigió como el enemigo por excelencia de la democracia. El neoliberalismo, victorioso, recuperaba todos los viejos enemigos antaño derrotados por la democracia: el aristocratismo, regresado en esa suerte de cámara alta que son los mercados y las finanzas, el privilegio, reconstituido como capacidad de decidir o incidir en las decisiones que reconstruyen privilegios fiscales, legales o laborales; el autoritarismo, naturalizado en su vinculación al complejo militar industrial y armamentístico o a la creciente militarización de las policías; o la explotación directa o indirecta ligada al aumento de desempleo, del empleo precario y de las jornadas laborales junto a descensos salariales y dificultades para acceder a jubilaciones dignas.

La reconstrucción de la democracia necesita clarificar su enemigo, que hoy, repito, es principalmente el neoliberalismo. No puede Naciones Unidas afirmar la bondad de los avances democráticos medidos en elecciones, aumento de la seguridad o de la libre expresión si no asume que esos tres ámbitos se ven privatizados por los intereses defendidos en un Consenso de Washington al que se declara muerto pero que goza de una extrema buena salud, quizá no como Consenso, pero sí como Washington.

Buena parte de los discursos clásicos sobre la democracia son discursos fúnebres en honor de los caídos en defensa de la soberanía (esto es, el autogobierno), la libertad y la justicia. Al Discurso de Pericles en Atenas, de Lincoln en Gettysburg, del sucesor de Toussaint de Lovertoure proclamando la independencia de Haití, de los Libertadores americanos después de cada batalla, de Simón Bolívar ante la ciudadanía combatiente o los políticos apáticos, hay que sumar hoy los discursos de los Presidentes de la América Latina en pie en el Mar del Plata frenando ilegítimos tratados de libre comercio, sumar a los pueblos gritando democracia para defender a sus legítimos gobernantes amenazados por los defensores históricos del privilegio, traer las proclamaciones audaces dictadas en esta misma sede de Nacioens Unidas o las intenciones que incorporan las proclamaciones de las nuevas constituciones que inauguran un auténtico contrato social con los antaño excluidos.

En las denuncias de la incompatibilidad entre la democracia y los dictados del FMI o el Banco Mundial se está dejando claro que el discurso del fin de la política es una excusa del dinero para definir en solitario la política. En el “buen vivir” ecuatoriana, en la defensa de la Pachamana boliviana, en el “inventamos o erramos” venezolano que genera las misiones y las comunas, hay más inventiva democrática que en los envejecidos discursos de la academia y en los agotados recitales de las instancias internacionales al servicio de la plutocracia que, regresando una vez más a nuestros clásicos, ya denunciara Aristóteles.

Si repetimos que la solución es la participación ¿dónde están en nuestras propuestas los presupuestos participativos, el empoderamiento popular, los movimientos sociales con capacidad ejecutiva, los revocatorios de los mandatos públicos, la postulación de políticas públicas participadas popularmente, la defensa de una democracia deliberativa sobre la base de medios de comunicación alternativos, la apuesta por formas de democracia social, la democracia en las empresas, las fábricas, los comercios?

LA DISCUSIÓN SOBRE LAS PALABRAS

Cuando le preguntaron a Miguel de Unamuno si creía en la existencia de Dios, contestó: “dígame qué entiende por creer, por existir y por Dios y le contesto”.

Habría un consenso mínimo en que la democracia es una forma de organización que tiene como principios el autogobierno, la justicia y la libertad. Estos tres principios tienen como resultado la inclusión en los beneficios de la vida en sociedad, así como las responsabilidades recíprocas que esa vida reclama. De ahí la fuerza que aún guarda el Discurso de Lincoln en Gettysburg al afirmar que la democracia “es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Legitimidad de origen, legitimidad de ejercicio y legitimidad de resultados. La soberanía emana del pueblo, no de ningún dios, de ningún rey ni de ningún sabio, de ningún grupo de sabios o estrategas (y aquí están incluidos los politólogos y el resto de los científicos sociales). Es el pueblo el que se gobierna a sí mismo de manera directa o, en forma consentida, a través de representantes con capacidad para mantener una relación de identidad o de satisfacción de intereses con el pueblo representado. La democracia deja de serlo, por último, si el resultado de esa fórmula de autogobierno y de garantía de libertad no reparte de manera inclusiva las ventajas de la vida social.

Sin embargo, la evolución de lo que pueda ser una democracia se ha ido vaciando de contenido, de manera que nunca ha habido más países formalmente democráticos y, al tiempo, nunca la democracia ha estado tan vacía de contenido real. Tanto en los resultados como en el ejercicio, pues cada vez hay menos aspecto de la vida social sobre los que la ciudadanía es interrogada. Si una de las preguntas esenciales de la ciencia política actual es ¿sobre qué aspectos de la vida social soy consultado?, podemos afirmar que la lista se ha reducido considerablemente, al caer buena parte de las definiciones de la política económica en una suerte de factum divino definido desde una morada extraña donde habitan los mercados y los dioses.

Este vaciamiento de los nombres se construye en una esfera pública donde los medios de comunicación, en realidad empresas de medios de comunicación, han mercantilizado la información, hurtando su condición de bien público, al tiempo que han confundido la libertad de expresión –un derecho de la ciudadanía- hasta presentarlo como un derecho propio y autoregulado. La influencia de los medios de comunicación y su vinculación con los mercados –al punto que los partidos políticos se convierten en rehenes de ese cártel- hace imposible asumir la existencia de una auténtica democracia.

No se trata de un resultado azaroso. Los medios de comunicación, en realidad, como decimos, empresas de medios de comunicación, han operado perversamente en esta dirección. Desde el nacimiento de la Trilateral en 1973, y más en concreto a partir de 1975, los responsables de esa suerte de gobierno mundial en la sombra -retomando una expresión usada por el que fuera asesor de Salvador Allende, mi compatriota Joan Garcés-, establecieron que el exceso de democracia, junto a la información libre y una participación por encima del nivel de institucionalización, eran responsables de lo que llamaron “crisis de la democracia”.

Desde ese momento, los medios son, quizá, el principal actor político en las sociedades contenidas, pues tiene capacidad de doblegar a los partidos, ensalzar o hundir candidatos, direccionar a la opinión pública, perfilar sus contornos a través de encuestas, preparar guerras, ocultar información, cambiar consejos de administración, adjudicar rating de audiencia, ubicar publicidad u ocultar otra, en definitiva, hurtar la creación de una esfera pública deliberativa que es condición sine qua non de un juego democrático basado en la alternancia de opciones que se conocen.

Por su parte, la academia hizo su parte, y, además de expulsar de los currículum cuestiones vinculadas a la teoría política, redujo la discusión acerca de la democracia a cuestiones electorales, toda vez que las llamadas “escalas” (esto es, el hecho de que las ciudades actuales con millones de personas excederían el tamaño de la polis griega) harían necesaria la representación e imposible la participación e, incluso, la deliberación. En cualquier caso, ese no era el problema de fondo, y sí más el hacer del modelo de democracia liberal representativa no ya el hegemónico, sino el único. Si el problema fuera de escalas, no se explicaría la oposición férrea que se despierta ante los casos de democracia participativa que se intentan en otros lugares, similar al encono que despiertan el uso de formas de trueque, sistemas de intercambio nacional o internacional alternativos, monedas comunales, medios de comunicación comunitarios o ligados a movimientos sociales, etc. Si fuera un problema técnico, bastaría dejarlos hundirse y no mostrar tanta disposición a determinar su hundimiento. Tanto encono, señoras y señores, no deja de ser una señal de la firme voluntad de que no emerjan las alternativas.

Recientemente, el premio Nobel Joseph Stiglitz señalaba la falta de consistencia empírica de los principales axiomas neoliberales: primero crecer y luego repartir; rebajar impuestos a los ricos como medida económicamente eficiente; vender el patrimonio público; abrir las fronteras; mantener enormes reservas de divisas; no incurrir en déficit público pese a elevadas cifras de desempleo, etc. Como quiera que la ciudadanía no es asidua lectora de libros de economía, corresponde a los medios la responsabilidad de haber construido eso que se llamó “pensamiento único”, esto es, un grupo de recetas fuera de las cuales sólo existía la tiniebla de quienes no entendían de economía. El llamado “Consenso de Washington” expresó su canon. Los medios lo convirtieron en “único”.

Igualmente, vemos ahora mismo imágenes estremecedoras de mujeres que sufren castigos antiguos, pero esas imágenes no son gratuitas pues coinciden en el tiempo con tambores de guerra sonando en Oriente próximo. Millones de mujeres son lapidadas en el mundo por el hambre, la esclavitud sexual, la enfermedad o por las consecuencias de realizar abortos ilegales, pudiendo establecerse vinculaciones férreas entre el comportamiento de los que reclaman el recurso a la guerra para defender a las mujeres, y el sufrimiento de millones de mujeres y niños en el mundo. Patentes médicas, especulaciones en bolsa con el precio de bienes de primera necesidad, bloqueos, esquilmación de los recursos naturales, robo de los saberes ancestrales…concentran a un mismo tipo de víctimas y de victimarios. Recordemos igualmente que las guerras suelen ser un negocio para los que las instigan. Y otro tanto podemos afirmar respecto a las armas de destrucción masiva que generaron el genocidio de Irak. No es posible pensar la democracia con semejante ruido de fondo.

En el caso señalado, como en lo que ocurre en la actualidad en países azotados por el narcotráfico, la conmoción anula la reflexión, la conciencia no crece, el miedo deja paso a respuestas securitarias y el entendimiento se retira. Y otro tanto es válido cuando vemos magnificado el caso triste de un preso en huelga de hambre, al tiempo que observamos cómo se silencian las huelgas de hambre de indios mapuches, de mineros o de sindicalistas, decenas de personas en huelga de hambre, que son hurtadas a la opinión pública, sin olvidar los millones de personas en hambre forzada que no provocan tantas riadas de tinta.

La academia tiene que revisar sus conceptos, y entender que el discurso sobre la modernización desarraigó a los pueblos del Sur y los sometió al modelo de valorización del Norte; que el discurso sobre las transiciones a la democracia se hizo sobre la ausencia de participación popular y la renuncia a las reparaciones (valga el ejemplo de la democracia española, presentada como ejemplar, y a la que no le importó llamarse así pese a asentarse sobre 130.000 cadáveres de demócratas asesinados y asesinadas por la dictadura de Franco, una vez derrotado el ejército republicano, y que aún hoy, siguen en cunetas, campos y caminos; junto a cosas parecidas que podíamos decir de Indonesia, Brasil, Chile, Guatemala, El Salvador, Colombia, etc.); debe la ciencia política entender que la gobernabilidad puso la sospecha en la arena popular en un momento donde la crisis de legitimidad ponía la responsabilidad en el lado de los gobiernos, al igual que la gobernanza, más cerca de la plutocracia que de la democracia, que niega el conflicto y aboga por un entendimiento entre víctimas y verdugos en un momento de la humanidad en donde nunca las desigualdades fueron tan grandes.

La teoría política democrática tiene grandes retos ante sí. Una democracia que corriera con los tiempos podría atreverse a presentar el consumo que excede al que permite el propio territorio como una invasión a otro país, reservándole el mismo trato que el de una guerra de conquista. Si un Estado que tiene el 5% de la población mundial es responsable del 25% de la emisión de CO2 ¿no está ese exceso poniendo una suerte de bota militar ecológica sobre otros países?

La teoría democrática puede pensar en nuevos indicadores que incorporen nuevas miradas para salir de su parálisis. Indicadores verdes que incorporen los gastos ecológicos. Indicadores rojos que muestren el daño de la explotación. Indicadores violentas que midan el compromiso con la igualdad. Indicadores amarillos que ayuden a mantener el patrimonio cultural de los países. Indicadores blancos o azules que pongan un precio de referencia a la producción de mercaderías que están detrás de las guerras, de la violencia, de la extorsión. Recuperaría así la ciencia social una presencia y un prestigio que hoy no tiene, y sería más fácil ver a politólogos acompañando a movimientos sociales que asesorando a estructuras de decisión incapaces de generar cambios. ¿Se atreve el pensamiento social a devolver a a sociedad el esfuerzo que ésta hace para que nos dediquemos a nuestra labor?

Una nueva definición de democracia que entienda que hay un nuevo demos, un nuevo pueblo, debido a las migraciones: que explique que todo el que vive en un lugar debe ser considerado de ese lugar. Porque, de lo contrario, en nombre de la democracia se estaría excluyendo, como hizo la Grecia clásica con los esclavos, a parte importante de los que sostienen laboralmente a los países. E igualmente reflexionar que hay un demos en el futuro, con derechos pero sin deberes, que son las nuevas generaciones, lo que obliga a incorporar al nuevo demos a la naturaleza y hace de la idea de decrecimiento, especialmente en el Norte, una idea sin la cual ya no es posible pensar la democracia.

En definitiva, hay elementos en la discusión sobre la democracia que estaban atascados en la teoría pero que han sido resueltos en la práctica. Si se quiere entender el posicionamiento de pueblos conscientes sobre la democracia, hay que incorporar como variables duras de su análisis elementos empíricos tales como el colonialismo, el imperialismo, la subordinación de las mujeres como ciudadanas de segunda clase, las empresas de medios de comunicación, la crisis ecológica y la sumisión de los aparatos judiciales a un modelo periclitado de democracia. Un ejemplo claro de esta contradicción la hemos visto en Honduras, donde un gobierno legítimo aún está esperando su regreso al poder. Esa estrategia nace de los enemigos de la democracia, forma parte de una estrategia de uso interesado de los aparatos judiciales o parlamentarios cuyo fin es lograr por medios diferentes a los electorales la derrota de gobiernos que están intentando modelos alternativos. Intentos similares en Venezuela y otros países de la zona estarían dentro de este apartado y obliga a la teoría política a ponerse al lado de los gobiernos constitucionales o de los subterfugios pseudolegales. Cuidado con esa supuesta objetividad académica que se cree justa y ecuánime porque reparte la mitad de la culpa para Hitler y la otra mitad para los judíos.

La democracia sólo puede entenderse como inclusión en los cuatro principales ámbitos de lo social: el económico, el político, el normativo-jurídico y el cultural. Y podemos hablar de autogobierno cuando las decisiones tomadas en nombre del pueblo reflejan las preferencias del pueblo tomadas de manera libre e informada. Un pueblo está empoderado cuando está incluido y esa inclusión genera derechos y responsabilidades.

Una vez más regresamos a la educación y a la información. El fin de la educación no es crear ni clientes ni productores, sino ciudadanos conscientes que generen, como garantía de avance en la emancipación, problemas constantes de gobernabilidad. Así avanza la democracia. Por eso es igualmente relevante la memoria de los pueblos. Los esfuerzos de los pueblos más exitosos se plasman en las instituciones que, por eso, tienen su objetivo en el bien común. Si esas presiones sociales exitosas se ignoran, se pierde la experiencia, se pueden perder fórmulas adecuadas para el interés general y se cae, en el mejor de los casos, en el ensayo y error. La ocultación de la memoria va contra la democracia, y su tergiversación en libros, periódicos, noticieros, películas o juegos informáticos es un atentado contra la democracia.

ALGUNAS CONCLUSIONES

Ya lo planteó Polanyi: la economía de mercado genera una sociedad de mercado. La economía está empotrada en lo social, y su separación, convertida en una variable independiente, es un delito contra la democracia. Si el acceso a los bienes básicos, alimento, vivienda, sanidad, educación, cultura, trabajo, quedan fuera del ámbito político electoral, el resultado debe ser necesariamente la desconfianza ciudadana por la política. Como plantea Chomsky, cuando has decidido que la elección del rey se eche a cara o cruz, ya te da lo mismo que la moneda esté trucada.

Hay que entender que en las nuevas formas de democracia participativa hay cosas que, aunque no se puedan medir, existen. Al participar se sabe uno parte de la construcción de las bases comunes de una sociedad. En la participación se nutre la idea de reciprocidad y de corresponsabilidad. En la participación -que no puede reducirse, a riesgo de quedarse en nada, al acto mediado de votar- se está construyendo sentido. Un nuevo sentido que no puede medirse en criterios mercantiles. Por eso los pueblos sumidos en procesos participativos hacen de la alegría un elemento central: saben que están en un camino muy fecundo.

Los esfuerzos no basados en la competencia sino en la complementariedad, rompen la falta de evidencia de la que se quejan los científicos sociales, politólogos, sociólogos, economistas: son posibles y útiles. Alguien tendrá que explicar, más allá de las insuficiencias, cómo un pequeño país como Cuba lidera el apoyo médico en el Pakistán o el Haití desolados por los terremotos y las riadas, y aún tiene músculo para ayudar a Venezuela en su voluntad de llevar médicos a los cerros pobres donde una medicina mercantilizada no quiere subir porque no lo ve rentable.

La lucha por los Objetivos del Milenio que no avance, necesariamente retrocede. Retrocede porque las opiniones públicas pierden interés ante la falta de avances y la dejación de las autoridades, porque el tiempo siempre desgasta, y más cuando no pasa nada, porque la ausencia de logros desmoraliza, porque la naturalización del fracaso invita a la resignación.

Nos encontraremos con Maquiavelo, como le decía a su amigo Francesco de Vettore, en un sitio diferente al cielo plácido, y allí seguiremos hablando con él. Pero en la reconstrucción de la democracia, es momento de escuchar al pequeño príncipe republicano de Saint Exupéry, cuando afirmaba: “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar”. Es por eso que la discusión sobre la democracia, no está ahora tanto en cuestiones técnicas como en discusiones ideológicas.

Necesitamos saber que el dragón puede ser derrotado. Hay que salir de la jaula donde no hay escapatoria. De lo contrario, a lo más que anhelaremos es a que sus llamas quemen a otros antes que a nosotros. Mala estrategia que, a lo sumo, retrasa la suerte individual al tiempo que construye el suicidio colectivo. La democracia tiene que identificar a sus auténticos enemigos.

Estamos en Naciones Unidas. Señoras y señores, para que no huela azufre, hay que limpiar. Y para limpiar, como bien saben los pueblos, hay que empezar por abrir las ventanas.

¿Antisistema? Por supuesto

Josep Maria Antentas y Esther Vivas son autores de ‘Resistencias Globales. De Seattle a la crisis de Wall Street’

A raíz de los incidentes ocurridos en Barcelona el 29-S, la crítica a los “antisistema” ha inundado el debate en los medios de comunicación asociando, de forma reduccionista y descontextualizada, el concepto antisistema y la violencia urbana.

Lejos de esta imagen interesada, la práctica diaria de los “antisistema” se encuentra en las federaciones de vecinos opuestas a la especulación inmobiliaria, en el sindicalismo alternativo, en el activismo contra el cambio climático, en los foros sociales, en la defensa del territorio frente a las grandes infraestructuras, en los centros sociales autogestionados, en la generación de experiencias de consumo alternativo y de promoción de la agroecología, o en los intentos de abrir una brecha en el sistema político impulsando candidaturas alternativas. Los movimientos sociales alternativos se caracterizan por ser motores del cambio social, generar propuestas rompedoras y fomentar nuevas formas de sociabilidad, de pensamiento crítico y de creación artística, liberando la creatividad humana encorsetada en las rutinas cotidianas.

En un contexto donde la credibilidad y la legitimidad del actual modelo económico está en entredicho, a pesar de que sus valores han penetrado profundamente en las conciencias de los de abajo, el poder establecido lucha para evitar que descrédito y malestar se transformen en movilización. Para conseguirlo es preciso que los trabajadores piensen que esta no sirve para nada y que todo está perdido de antemano. De ahí los discursos oficiales sobre la imposibilidad de practicar otra política, de ir contra los mercados internacionales, de la inevitabilidad de las reformas anunciadas, y las tentativas de fabricar un mensaje mediático de fracaso del 29-S con fines desmoralizadores.

Se requiere también desacreditar al anticapitalismo emergente y a los movimientos sociales. Los intentos de criminalizarlos y estigmatizarlos pretenden abrir una fosa insalvable entre las minorías activistas y el grueso de los sectores populares. Lo vimos a comienzos de siglo en el momento de auge del movimiento “antiglobalización” y lo vemos ahora en medio de las resistencias a la crisis.

El sensacionalismo en torno a la violencia del 29-S ha buscado descalificar directamente a la huelga, en el caso de los sectores reaccionarios opuestos a la misma, o a los movimientos sociales alternativos, en el caso de la izquierda institucional, favorable a la convocatoria, pero contraria a una perspectiva de ruptura con el presente orden de cosas.

El tratamiento mediático de las acciones violentas cuando tienen lugar en manifestaciones y actos de protesta contrasta crudamente con el de la violencia de todo tipo que emana de las relaciones de poder, dominación y explotación del sistema actual, a menudo invisibilizada y naturalizada. Así, por ejemplo, el énfasis exagerado en los destrozos en inmuebles el día de la huelga sirve para esconder violencias mucho más graves sobre personas ocurridas durante la misma, como la represión policial a los piquetes sindicales y, sobre todo, las coacciones empresariales a los trabajadores para que no secundaran la huelga.

Ante un sistema sombrío y violento, incapaz de satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de seres humanos y responsable de una crisis ecológica global que amenaza a la propia supervivencia de la especie, somos muchos quienes sin duda nos consideramos antisistema, aunque le veamos poca utilidad en utilizar un concepto fabricado por los mass media y de claras connotaciones peyorativas. Si el sistema al que nos oponemos es el capitalismo, nada mejor que definirnos simplemente como anticapitalistas.

A pesar de su aparente carácter negativo, el anticapitalismo, tal y como lo entendemos, desemboca directamente en la formulación de propuestas alternativas que apuntan hacia otro modelo de sociedad. “La indignación es un comienzo. Uno se indigna, se levanta y después ya ve”, señalaba el filósofo francés Daniel Bensaïd. Del rechazo inicial a lo existente se pasa después a la defensa de otra lógica opuesta a la del capital y a la dominación.

Los límites del término son, en cierta forma, los límites del periodo actual, todavía de resistencia y de (re)construcción, marcado por la dificultad para expresar una perspectiva estratégica en positivo y para afirmar tanto una perspectiva revolucionaria de transformación, como un horizonte de sociedad alternativo. Los grandes conceptos de la historia del movimiento obrero, como “socialismo” o “comunismo”, tienen hoy un significado equívoco debido al fracaso de los proyectos emancipatorios del siglo XX. Se precisan todavía nuevas experiencias fundacionales para imponer nuevos términos o recuperar los antiguos.

En vistas de cómo va el mundo, el anticapitalismo es hoy una apuesta perfectamente razonable y un verdadero imperativo moral y estratégico. No parece que sean los antisistema quienes deban justificarse, sino los pro-sistema quienes deberían hacerlo. “No se puede ser neutral en un tren en marcha”, nos recordaba el historiador Howard Zinn en su autobiografía, y menos en un tren desbocado hacia el precipicio como lo es la humanidad, retomando la lúcida metáfora de Walter Benjamin. Hay que escoger entre dos lógicas antagónicas, la de la competencia y del todos contra todos o la de los bienes comunes y la solidaridad. Este es el dilema planteado por los movimientos anticapitalistas y antisistémicos de hoy en día.

Fuente: Josep Maria Antentas y Esther Vivas / Público

Es la hora. No nos sobra el tiempo.

Bien, pues vamos allá. Creo tenemos ya muchos datos y análisis muy buenos acerca de la Huelga General del 29 de Septiembre, bien escritos y certeros. Ahora es pues el momento de la acción, de aplicar lo pensado. Dice Emir Sader en su último libro “El Nuevo Topo” publicado por El Viejo Topo, que los cambios sociales en las repúblicas latinoamericanas, que han vivido procesos de afirmación popular y nacional y que caminan hacia el post neoliberalismo, han sufrido primero un proceso de rechazo del neoliberalismo, valga la redundancia, fruto tanto del desprestigio popular por lo negativo de sus consecuencias y el rechazo a los gobiernos que aplicaron sus recetas, como por la eclosión de los Movimientos Sociales enfrentándose a ellas, aunque tales afirmaciones se me puede decir no sólo las ha escrito E. Sader, bien cierto es que lo ha analizado con mucho detalle.

En el Reino de España

Pero veamos la situación del Reino de España. Se está aplicando un duro plan de ajuste tipo FMI, impulsado por este organismo y por la Unión Europea, que también lo aplica en otros estados europeos, pero de forma especial en Grecia, Portugal, Letonia y la propia España.

Este plan, está empobreciendo yá a la población trabajadora, e incrementando el paro tanto de asalariadas y asalariados como de autónomos y autónomas. Además las cifras de paro juvenil son escalofriantes y sólo se mitigan por el colchón familiar proteccionista mediterráneo, pero claro, muchos de estos hogares también viven hoy de subsidios. Luego, ojo con la fragilidad del colchón de los papás y mamás.

Los grados de precariedad son igualmente aterradores y en aumento. En muchos hogares del Estado español, lo único fijo hablando de ingresos son las pensiones de los abuelos y abuelas, que en gran parte se destinan a apoyar a hijos y nietos.

El descrédito de la ya abiertamente denominada clase política, que no es sino una oligarquía política, alcanza a ser tenido como problema nacional por parte de la ciudadanía, según encuestas del propio INE, organismo oficial demoscópico.

El PSOE ha perdido la confianza de sus votantes de izquierdas, pero también la batalla de las ideas y los principios, además los posibles sucesores de Zapatero que el grupo PRISA ya baraja descaradamente, son incluso más conservadores y de derechas que el actual presidente. El PP, mantiene su electorado firme, pero no crece.

El PP mantiene el férreo apoyo del numeroso franquismo sociológico. El miedo de una parte de las católicas clases medias, y un nuevo mensaje populista de extrema derecha que están adoptando a marchas forzadas para captar votos entre las clases trabajadoras y sectores empobrecidos carentes de ideología social.

IU, crece con un raquítico 6 ó 7% que no la convierte en alternativa real, hecho éste que no le debe alegrar, sino hacerle reflexionar mucho más, pues a pesar de su apoyo a la Huelga General no crece excesivamente.

Es pues momento de comenzar las resistencias y las denuncias frente al modelo neoliberal de ajuste impuesto ya con todas sus consecuencias, y del que la contrarreforma laboral no ha sido sino el primer aldabonazo. Desde ATTAC España, llevamos tiempo alertando que ahora vienen a por las pensiones y que el poder político de la banca es yá el único poder realmente existente hoy en el Reino de España.

Los sindicatos de clase y los mayoritarios en especial, a pesar de sus dudas y anteriores cesiones y vacilaciones, han demostrado de sobra su implantación y su capacidad de movilización, superior en el espectro de la izquierda a cualquier otra fuerza política o social, si bien han necesitado del prestigio y buen nombre de las OSC y ONGs que han convocado la Huelga General y la han apoyado, que han sido sólo las claramente transformadoras, de ciudadanía crítica y solidarias, que no todas ni mucho menos.

Tienen pues CC.OO y UGT la obligación de no fallarnos. Ninguna cesión. Yo humildemente les invito a que se levanten por ahora del Pacto de Toledo, pues su presencia allí legitima el ataque que se está fraguando contra el sistema público de pensiones. El atraco que se está preparando contra la caja de las pensiones públicas, aconseja una reacción tan rápida como contundente.

Posibles alternativas. Sembremos la esperanza

Estamos pues ante dos hechos claros, el golpe de estado de los poderes financieros y la consiguiente dictadura de los mercados, con una apariencia de democracia representativa formal. Es decir, el poder ciudadano ha sido desplazado por el poder financiero y de los bancos, así como de las familias oligárquicas que nos dominan desde tiempos del franquismo. Los políticos profesionales lo reconocen constantemente, al referirse siempre ellas y ellos mismos a “los mercados” y sus intenciones, contentándose mucho “cuando reaccionan bien”.

Ante esto es la hora del movimiento social, digo movimiento social, sin referirme a las OSC, lo digo en lo que significa, la movilización cívica y de las clases populares y trabajadoras frente a esta agresión.

Estamos pues según muchas y muchos coincidimos, en la hora de la sociopolítica. CC.OO, UGT las Intersindicales etc. pero también ATTAC y otras OSC muy combativas, debemos estar haciendo sociopolítica, además juntos. Reconocemos a quienes tienen más capacidad de movilizar, pero en estos tiempos todos y todas somos imprescindibles. También, claro está, los partidos y agrupaciones políticas alternativas al neoliberalismo, pueden y deben jugar un papel muy importante.

Podemos entrar pues, en el proceso de rechazo al neoliberalismo. En la conformación de la alternativa política. Porque todas y todos tenemos derecho a hacer política en el más noble y alto sentido de la expresión.

Las movilizaciones deben continuar como en Francia. La próxima reunión del G20 a principios de noviembre puede ser una magnifica ocasión para volver a salir a las calles. No podemos perder la pulsión del 29S y algo hay que hacer, pero yá. La nula respuesta del Gobierno y las fuerzas conservadoras sea cual sea su sigla, que han hecho piña con “los mercados” e implantan su programa, así lo merecen.

La izquierda debe reagruparse sobre bases democráticas y antineoliberales, pero de forma participativa y plural. Tal y como acertadamente señalan Armando Fernández Steinko y Manuel Monereo, la izquierda vive tiempos de emergencia. No estamos repartiendo influencias y puestos, no. Menos aún debatiendo quién es la vanguardia. Estamos jugando con el futuro de personas, con su derecho a comer caliente tres veces al día y vivir con dignidad, a poder trabajar o al menos a poder disfrutar de una vejez con tranquilidad, ver el futuro con esperanza, y poder aspirar a ser felices y amarnos.

No sé quien tiene el resorte. No sé dónde se aprieta el botón, pero este artículo humildemente pretende ser parte del impulso que le dé al botón.

Los gobiernos tienen el derecho de suicidarse, el socioliberalismo ha enterrado a la socialdemocracia oficial. Pero los demás y las demás no podemos dejar a las gentes, a la ciudadanía, en manos de la derecha y la extrema derecha. En manos más aún de lo que están, de los mercados, es decir del capital y sus estructuras de poder y de alienación cultural.

Nosotras y nosotros no podemos renunciar, menos suicidarnos. Nosotras y nosotros hemos de apretar ese botón, que nos ponga en pie. Sé que el responder es cosa de todas y de todos, pero sé también que algunas y algunos tenemos más responsabilidad.

Propuestas concretas

Propongo pues:

– Una amplia alianza social, de la que es modelo ACTIVOS CONTRA LA CRISIS, pero también las plataformas de apoyo a la huelga general y contra la crisis y por los derechos sociales que han funcionado y funcionan en ciudades como Murcia o Granada, con presencia de todas, incluidas CC.OO y UGT, además de Foros Sociales, etc.

– Pienso que una alternativa política de izquierdas, es muy deseable, y que recoja las tradiciones socialdemócratas clásicas, comunistas y libertarias de lucha social y convergencia, profundamente democrática y fundamentalmente antineoliberal, ecologista que impulse la justicia climática así como la justicia fiscal y unos presupuestos redistributivos. Que se oponga a las privatizaciones e implemente la banca pública. No dogmática, moderna y amable en lo plural, personal e ideológico. En esto también CC.OO y UGT tiene mucho que opinar y aportar.

-Un activo, flexible y continuo movimiento social de la ciudadanía movilizada para obligar al Gobierno a seguir políticas a favor de los y las ciudadanas y nó de los mercados. Debe ser flexible, pues hemos de tener en cuenta a paradas y parados, autónomas y autónomos, pero a también a las y los precarios, los eventuales, la legión de amenazadas y amenazados por el piquete patronal, ese que despide a la mínima sin respetar los derechos democráticos de trabajadoras y trabajadores.

– Un trabajo continuo y efectivo por lograr una mayor coordinación de las movilizaciones en toda Europa y una Huelga General Europea.

Un mundo cambiante, incrementa nuestras posibilidades. ¿Qué juega a nuestro favor? Pues en primer lugar ya nos hemos, y hemos demostrado que podemos. El 29-S recuperamos la dignidad.

En segundo lugar el mundo ha cambiado y mucho, y nos están vendiendo mercancía caducada, pues las potencias centrales ya no lo son tanto, son sólo una sombra de lo que fueron, y los periféricos que están emergiendo lo son en muchos casos sólo de ubicación geográfica, y claro, según se mire, pues el mundo es redondo.

Sólo el gasto en tecnología militar los diferencia, pero en ocasiones ya ni eso, por desgracia. El comercio mundial, ha cambiado, pero no las reglas neoliberales, luego ese es un terreno abonado para profundizar alianzas globales, también en lo sociopolítico alternativo y de izquierdas.

El mundo tiene otra amenaza fruto del capitalismo depredador y es la ambiental, la climática, la defensa de la Madre Tierra, siendo esa lucha global y transversal.

Hay experiencias ya exitosas en la construcción de nuevas izquierdas, que además son influyentes y con fuerza. En última instancia si somos capaces de articular una resistencia como en Francia que se está demostrando muy eficaz, ya habremos avanzado mucho.

Además empezar a reíros de esos y esas pobres engañabobos que piensan que los europeos y angloamericanos somos todavía “la comunidad internacional”, el G20 volverá a fracasar por eso, porque hay ya muchos intereses contrapuestos, les guste o no. Pero también que sigue habiendo una forma dominante de gobernanza mundial que es suicida para con la humanidad.

Todas estas variables en el Estado Español, nos afectan, perjudican y a la vez benefician. Pero en cualquier caso hay que tenerlas en cuenta a la hora de movilizar. Además el plan de choque FMI y UE en el Estado español, aumentará el paro, disminuirá la capacidad económica de las clases populares, incrementará el malestar contra los bancos y el rechazo a los gobiernos. En ese momento, o se ofrece un nuevo sueño de justicia y cambio social, de democracia económica, o la extrema derecha estará ahí con su programa de engaños para seguir encumbrando a los poderosos y proteger su salida a su crisis laminando a las personas que estamos por el cambio, por el otro mundo posible.

Fuente: Carlos MartínezPresidente de ATTAC España

El Ayuntamiento de Valladolid condenado por vulnerar derechos Constitucionales.

El TSJ condena al Ayuntamiento a pagar 30.294 euros a la CGT por el desalojo de la plaza de Colón

La sentencia indica que se ha violado el derecho constitucional de reunión y manifestación

Desalojo del campamento de la CGT por parte de la Policía Local. eldiadevalladolid.com

La Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) condenó al Ayuntamiento de Valladolid a pagar 30.294,58 euros a la Confederación General del Trabajo (CGT) por daños y perjuicios por el desalojo del «campamento libertario» organizado por el sindicato el 23 de septiembre. Además, el Consistorio deberá abonar las costas, según recoge la sentencia, contra la que podrá presentar un recurso de casación en el plazo de diez días.

Estimamos íntegramente el recurso contencioso-administrativo número 1515/2007 interpuesto por el sindicato Confederación General de Trabajo contra la actuación administrativa realizada por la Policía Municipal del Ayuntamiento de Valladolid el 23 de septiembre de 2010; condenando al Ayuntamiento de Valladolid a abonar a la actora en concepto de daños y perjuicios la cantidad de 30.294,58 euros, con expresa imposición de costas al citado municipio del modo indicado en el último fundamento jurídico de esta sentencia», dice el fallo. Asimismo, el auto declara radicalmente nulo el desalojo del «campamento libertario» por violación del derecho constitucional de reunión y manifestación. El TSJ condena al Ayuntamiento de Valladolid a indemnizar al sindicato con 30.000 euros por daños morales, más el coste del enganche eléctrico no utilizado. La condena recae sólo sobre el Consistorio porque el sindicato no solicitó una pena para el Estado. El tribunal explica en la sentencia que si la Subdelegación del Gobierno no pone condiciones al ejercicio del derecho de reunión cuando se comunica por el sindicato la convocatoria del campamento, esa actividad es «legal» y «procedente a todos los efectos». Además, añade que si el Ayuntamiento quiere poner condiciones (cambios de itinerario o que se respete el césped) debe comunicarlo a la Subdelegación. En este caso el Consistorio no objeto nada. Por tanto, el alto tribunal indica que la falta de respuesta de la Subdelegación y del Ayuntamiento implica la autorización de aquellas actuaciones íntimamente ligadas al ejercicio del derecho de reunión (en este caso el aparcamiento, la «acampada», o la exhibición de publicidad). Sin perjuicio que todo exceso en esa reunión, manifestación o acampada sea susceptible de ser sancionado. Por ello, considera un abuso de poder que se formulen denuncias por unos hechos que van íntimamente unidos al ejercicio del derecho de reunión, legítimamente ejercido. En ese sentido, el TSJ reconoce que la Policía Local incluso se excedió en el decomiso de objetos, quitando a los manifestantes efectos que nada tenían que ver con la acampada que decía estaba prohibida, cuando, como se dice en la sentencia, no puso objeción alguna. «La intervención de la policía municipal no ya desmantelando el campamento sino formulando denuncias por determinadas actuaciones administrativas, íntima e ineludiblemente ligadas al ejercicio del derecho de reunión, entraña una extralimitación, un abuso del poder, absolutamente injustificado, ejercitado únicamente con la finalidad de impedir el ejercicio de un derecho fundamental. Recuérdese que en este caso, por parte del sindicato actor no ha habido extralimitación alguna», recoge la setencia.

Respuesta del Ayuntamiento.

Por otro lado, el Ayuntamiento mostró hoy su «disconformidad» con el fallo y anunció que estudiará interponer el recurso de casación. El Consistorio defiende, en un comunicado de prensa, que la presencia de decenas de personas congregadas por la CGT en la vía pública desde las 11.30 horas del día 23 de septiembre, ejerciendo su derecho de reunión, «no fue en ningún momento interrumpida por la Policía Municipal, cuyos agentes se limitaron a confirmar que los organizadores carecían del preceptivo permiso de ocupación de vía pública para los enseres que poseían, entre los que había tiendas de campaña, sillas, cámara frigorífica con bebidas, colchonetas y altavoces, entre otros». En este sentido, explica que ante la negativa de los manifestantes a retirar tales elementos, tras ser apercibidos para ello, la Policía Municipal se hizo cargo de los mismos y procedió a su traslado a la sede de Jefatura, donde fueron entregados a los interesados esa misma tarde. Además, aclara que los manifestantes convocados por CGT permanecieron en la Plaza de Colón hasta las 14.30 horas, sin que la Policía Municipal «coartara el ejercicio de ese derecho constitucional de reunión, y sin que en ningún momento impidiera dicha concentración».

Por último, las mismas fuentes aclaran que la actuación municipal en este caso «estuvo encaminada a hacer cumplir las Ordenanzas Municipales y preservar los espacios públicos, y así se ha expresado desde el primer momento». «Ello, en modo alguno, supone cercenar ese derecho de reunión», sentencian.