Alimentos y especulación

Julio C. Gambina – ATTAC Argentina

Los precios internacionales de los alimentos retomaron una lógica alcista, en el mismo sentido del ciclo previo entre 2007 y 2008. Las razones se derivan principalmente de la especulación financiera en las principales bolsas agrícolas del mundo: Chicago, New York y Londres.

En 2007 fue la crisis de las hipotecas lo que llevó a los especuladores a desarmar sus posiciones en paquetes tóxicos de préstamos incobrables para posicionarse en materiales primas, productos agrícolas, ganaderos, petróleo y otros minerales, haciendo subir los precios en forma alarmante.

La recesión mundial del 2009 hizo bajar los precios, pero a la primera señal de recuperación en este 2010, los precios internacionales retomaron impulso, aún no en el techo alcanzado en 2008, pero ya mayores a los instalados en el piso del 2007. El temor a la depresión frenó la especulación y limitó el escenario inflacionario, que amenazaba a reinstalar estancamiento con inflación.

Ahora vuelven a subir los precios del maíz, del trigo o la soja y la especulación de negocios a “futuro” explica una parte importante del curso alcista. La rueda especulativa continúa definiendo el ciclo de acumulación de capitales a escala y global, y no importa que la FAO señale que 1.020 millones de personas sufren hambre en el mundo. Si el miedo a los préstamos tóxicos elevó el interés en la especulación con alimentos, la recesión morigeró las ansias por ganancias rápidas, hasta la gigantesca intervención estatal para el salvataje de empresas en crisis, lo que determinó el reinicio de la burbuja especulativa, de nuevo con alimentos.

Resulta curioso verificar el hambre en simultáneo con el incremento de la capacidad productiva de la sociedad contemporánea, salvo que asumamos que el objetivo del capitalismo no pasa por satisfacer necesidades de las personas, sino resolver ganancias, acumulación y poder del núcleo empresario concentrado en la rama de la alimentación. Esa es la razón de la ampliación productiva alimentaria y el récord de hambrientos globales.

Pero es interesante interrogarse sobre quién resulta beneficiario de esos precios en alza, porque una respuesta rápida puede inducir a pensar en los países productores y exportadores de esa producción alimentaria. Sin embargo, con la lógica de dominación en el capitalismo contemporáneo, ya no solo cuenta la propiedad de la tierra (privada o estatal), sino el manejo del paquete tecnológico que define la producción específica. Es lo que ocurre en todas las ramas de la producción primaria en el país y en el mundo, donde las transnacionales en diferentes sectores de la agricultura, la ganadería, los combustibles o la minería son quienes marcan el rumbo y se apropian del grueso de la facturación.

Con lo cual, nos encontramos con un cuadro de situación donde el precio internacional de los alimentos tiene un componente especulativo, resuelto en bolsas y bancos que administran los mercados de capitales mundiales y por otro en el proceso de producción monopolizado por transnacionales.

En contrario, los países exportadores o importadores sufren con empobrecimiento y deterioro de la calidad de vida. En los primeros por la orientación creciente a la mono producción, desalojando la producción familiar diversificada y concentrando la tierra y la producción en función de una demanda mundial sesgada hacia mercados con capacidad de consumo. En el caso de los segundos por imperio directo del encarecimiento de alimentos destinados al consumo familiar, recreando un ciclo vicioso de empobrecimiento.

Un argumento sostenido relativo al incremento de los precios internacionales alude a la mayor demanda de países altamente poblados como la India y China, que a su vez manifiestan tasas de crecimiento superiores a la media mundial en los últimos años, especialmente durante la crisis mundial actual. Siendo cierto no explica el caso chino, con tasas de crecimiento promedio del 10% acumulativo anual por tres décadas, sin incidir desde entonces en la mayor producción, comercio y alza de precios.

El componente especulativo a nivel mundial se extiende con fuerza a la salida de la crisis de rentabilidad de los años 70´ y se potencia en los 80´ y 90´ con capacidad de generalizar sus efectos más allá de las finanzas y extenderse a diferentes áreas de la producción. Es que la especulación con dinero se extiende en simultáneo con un proceso creciente de mercantilización de la vida que lleva la negociación en títulos a toda la esfera de la producción material. Se trata de un momento donde la calidad de satisfacer necesidades básicas alimentarias es transformada en búsqueda de valorización de los capitales invertidos. ¿Hasta cuándo soportará la sociedad la primacía de la especulación y la concentración por sobre las necesidades alimentarias de la población?

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La actual especulación sobre la alimentación mundial.

Durante este verano de 2010, los precios mundiales del trigo, el maíz y la cebada han experimentado incrementos tremendos del 50 %, en los que los observadores han detectado signos similares a los de la otra crisis alimentaria de 2008, que trajo hambrunas y motines desde Bangladesh hasta Haití pasando por África. En la actualidad, la peligrosa situación del mercado mundial de los alimentos demuestra que, a pesar de las lecciones aprendidas desde entonces, se ha hecho muy poco para prevenir nuevas crisis.

Lo decía el pasado mes el director del Centro de la Universidad de Berlín para la Investigación del Desarrollo, Joaquín von Braun (Ft, 9/8/2010), destacando que sigue sin abordarse el mal funcionamiento de los mercados del grano y que eso es un fracaso. Precisaba, entre otros aspectos, que entre las fuerzas que concurren en la fijación de los precios de los alimentos, sobresale el creciente papel de los especuladores.

Según datos publicados, los contratos de futuros del trigo para septiembre 2010 mostraban el mayor y más rápido incremento en los precios desde 2008. En esta como en otras materias primas alimenticias, la explicación la encontraban dos especialistas del Financial Times, en los comportamientos de las grandes corporaciones de la alimentación que procuran asegurarse precios futuros ante la incertidumbre de estos mercados agrícolas mundiales (Hedging helps foodmakers through uncertainty in august 2010. Ft.com, 12/8/2010)

Por un lado, el detonante de ese alza actual de los precios de materias primas alimenticias han sido las reducidas expectativas de las cosechas en Rusia, Ucrania y algunas zonas del Europa occidental; y particularmente, la prohibición rusa de exportación de trigo, que afirman que ha acelerado el riesgo de un pico en los precios, socavando la confianza mundial en la estabilidad de precios y suministros el comercio de alimentos.

Y las multinacionales de la alimentación se han apresurado a incrementar los contratos que garanticen sus suministros ante el temor de ver desabastecidos los escaparates de los supermercados; han adelantado los contratos llamados de futuro que fijan cantidades y precios para fechas anticipadas. Una modalidad de la especulación que acompaña a los mercados a escala brutal. Y así, recientemente aparecen las grandes multinacionales fabricantes mundiales de alimentos como Tyson Foods, Anheuser-Busch InBev, General Mills, Kellogg y Kraft, como cooperadores necesarios de los especuladores financieros.

Porque a la evolución de la especulación tradicional, se ha añadido la irrupción de especuladores puramente financieros, un nuevo tipo de especulador que es descrito en un informe reciente de la ONG holandesa SOMO. Son especuladores que después de haber definido un cierto precio en el contrato de derivados deciden pasar el riesgo a otros; es decir, convierten el contrato de suministro futuro en un producto comercializado en los mercados financieros mediante esos contratos de derivados, cuyo valor deriva del precio de la materia de referencia o subyacente.

De este modo, el producto subyacente (el trigo, la cebada, el maíz, etc.) se convierte en producto financiero con el cual especular y trasladar el riesgo del suministro y precios futuros a otros participantes. Esta especulación ajena a los mercados reales, desestabiliza los precios de la materia prima agrícola. Son los nuevos especuladores que entran en el juego de casino desde el año 2002.

De entrada digamos que los principales operadores de los derivados sobre materias agrícolas no son ahora los grandes terratenientes como antaño sino la gran banca financiera. Actualmente, los grandes negociantes de derivados de materias primas forman parte de los grandes bancos que están muy activos en muchos mercados financieros. Porque disponen de mayor capitalización y solvencia para ser contrapartes en esos contratos de derivados, gracias a las ayudas financieras que han recibido de los contribuyentes. Por supuesto, son ellos quienes saben del negocio.

Son, sobre todo, un pequeño número de conglomerados financieros que domina el negocio de los derivados y servicios conexos; y están fuertemente interconectados por las relaciones comerciales que mantienen entre ellos. Los tres mayores “dealers” en derivados de Wall Street son Goldman Sachs, JP Morgan y Bank of América, que ahora son propietarios de Merrill Lynch, Citigroup y Morgan Stanley. Y entre los europeos, los mayores actores en los mercados de derivados son Credit Suisse, Deutsche Bank, HSBC, Rabobank y UBS.

A finales de 2009, eran parte del 96% de las operaciones de derivados OTC realizadas por los holdings de 25 bancos estadounidenses y que son valoradas en 293 billones (trillion). La continuación de la crisis durante el año 2009, no fue obstáculo para que los bancos estadounidenses ganaran un mínimo de 28,000 millones de dólares en el negocio de los derivados.

Las ganancias de los conglomerados referidos salen de los derivados financieros de las materias primas de maneras muy variadas, entre otras de la especulación como negociantes de swaps por su propia cuenta, diseñando contratos y haciendo de intermediarios por una comisión, prestando asesoramient por una comisión, operando en bolsas y cámaras de compensación por una comisión y ofreciendo servicios relacionados con índices bursátiles por una comisión. Siempre ganan. Además, sacan provecho de los intereses de los préstamos a otros especuladores. Los enormes beneficios que obtienen de estos negocios de derivados les llevan a promover este comercio financiero así como a pagar elevadas retribuciones variables (bonus) a sus directivos y a su personal. (The commodity bubble. Financing Food Financialisation and Financial Actors in Agriculture Commodity Markets. Documento de divulgación de SOMO, Abril 2010)

Y, mientras tanto, las tecnocracias internacionales fortalecidas por sus consensos con la banca, tienen listos los borradores de próximos acuerdos en Seúl que “regulen” la banca global sin perturbar su funcionamiento. Pero para que entren en vigor no antes de 2019.

Juan Hdez.Vigueras