UNA ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN.

En estas últimas fechas se habla mucho sobre la regeneración democrática, la regeneración política y otras regeneraciones necesarias dentro de un sistema democrático que parece haber pasado a mejor vida, o que tal vez nunca formó parte de nuestras vidas y quedó en un simple documento institucional de buenas intenciones. Pero olvidamos que para que ese engranaje de la maquinaria democrática funcione correctamente, debe existir una regeneración social y una profunda regeneración de las personas.

Francisco y yo hemos pasado un mes a las puertas del Banco Santander en Paseo de Gracia de Barcelona, a escasos metros de la Plaza de Cataluña, donde todavía flotan en el aire esos sentimientos de indignación que han dejado miles de personas que ocuparon esa y otras plazas de nuestro país, y que siguen su lucha fuera de las mismas trasladándose a barrios y organizando acciones concretas, que no solamente den continuidad a este esperanzador movimiento, sino que consigan despertar conciencias en una ciudadanía que muy difícilmente se percata de lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, ya que viven aislados en su mundo superfluo y egoísta.

Algo está cambiando, sí. Algo cambia en paralelo a toda esta iniciativa del 15 M, y es el incremento de irracionalidad y la mayor indiferencia con la que una inmensa mayoría de ciudadanos han decidido hacer frente a las dificultades que atravesamos, amén de la mayor ausencia de actitudes fundamentales que históricamente han definido a la especie humana, sentimientos como el amor, la solidaridad y el sentido de la justicia, quien tal vez no debería ser representada con la balanza y una venda en los ojos, ya que esa venda es la que muchos de nosotros nos ponemos a la hora de mirarla.

En uno de mis anteriores escritos os comunicaba que el Paseo de Gracia se convirtió durante los largos meses que estuve a las puertas del Santander, en uno de los mejores observatorios sociales y antropológicos, donde estudiar el comportamiento humano y la respuesta de las personas ante los problemas que sufre esta sociedad. Y no solamente eso, como diría mi amigo Javier Santana, el pequeño espacio urbano que estuvimos ocupando durante mi huelga de hambre, junto a centenares de personas que me acompañaban en diferentes momentos y se solidarizaban con mi lucha, se convirtió durante ese tiempo en el mayor tramo democrático de ese Paseo de Gracia, justo a la salida de una de las mayores entidades bancarias que han creado con su terrorismo financiero una dictadura sin precedentes en este país.

Ante nosotros han desfilado estos días decenas de miles de transeúntes, entre los cuales predominan de manera aplastante los “autómatas” (personas que parecen no ver ni sentir, y que han olvidado de una forma tan peligrosa su solidaridad que ponen en riesgo de extinción a toda la especie humana). Posiblemente sea muy descarnado el comentario que hago, pero es que ya no es indignación lo que siento, sino rabia e impotencia al comprobar la escasez con la que aparecen las personas de entre ese gran rebaño de cómplices de una deleznable inmoralidad que gobierna nuestra sociedad y nuestras vidas.

Hace más de medio millón de años vivió en Atapuerca (Burgos) un anciano que sufrió cierto grado de minusvalía locomotriz, causada por importantes enfermedades degenerativas que le aquejaron mucho tiempo antes de morir, con más de 45 años de edad. A esta conclusión llegó un grupo de paleontólogos del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), que estudió un esqueleto fósil parcial de un corpulento varón.

El texto revela asimismo que este anciano discapacitado, antepasado de los neandertales, tuvo que haber necesitado de una atención especial para poder sobrevivir, pues las enfermedades que padecía tuvieron seguramente manifestaciones posturales y dolorosas en las zonas lumbar y pélvica que le obligarían a adoptar una posición encorvada y, quizás, a usar un báculo para mantenerse erguido. Por ello, este individuo probablemente estaría impedido para cazar, entre otras actividades.

El valor y la lucha, son elementos que hacen grandes a las personas en los momentos más difíciles, momentos en que muchos ciudadanos precisan de una ayuda, no solamente económica, principalmente emocional. La humanidad ha de caracterizarse por su condición de sensibilidad ante los atropellos que sufren los seres que la formamos, independientemente de que esos problemas no les afecten personalmente a ellos sino a sus semejantes. Posiblemente sean ciertos los datos de que casi un 30% de la población española raya o supera el umbral de la pobreza, pero es asqueroso ver y sentir la indiferencia con la que vive ese 70% restante de habitantes que no se preocupan lo más mínimo por las personas que están sufriendo. Posiblemente no sean conscientes de que todos formamos parte de un mismo círculo en el que van cambiando las tornas y se van fundiendo etapas a medida que rueda, posiblemente no sean conscientes de que en ese ecosistema existen unos recursos limitados, y para que ellos disfruten de su provisional y falsa situación de acomodo, otros tienen que ver cómo sus cadenas se restringen y les ahogan.

Algo tiene que pasar para que las personas entendamos que es imprescindible recuperar nuestra esencia humanitaria, por muy escondidos y olvidados que esos ingredientes estén en nuestro interior. Algo tiene que pasar para que la razón y la justicia impere sobre la insensatez y el egoísmo, sobre la estúpida apariencia que pretendemos ofrecer a nuestro entorno, sobre el mayor daño que provocamos, si cabe, a las personas que ya sufren, porque de lo contrario, esa minoría creciente de ciudadanos va a explotar, y con ellos se van a derribar los falsos pilares de las apariencias que dan forma a un concepto de vida totalmente erróneo.

Gritos que reclamaban estos días la defensa de unos derechos humanos, han dejado afónicas las gargantas que los lanzaban. Gritos de desesperación para salvar una vida humana se apagaban estos días en el Paseo de Gracia de Barcelona, ante la masiva indiferencia de las gentes que lo recorrían. Hoy Juan Pedro, seguirá contando con el apoyo y amor incondicional de una familia que no lo abandona. Hoy Juan Pedro recibirá una doble alegría, la de un padre que regresa a su lado tras ver frustrados sus intentos de buscar apoyo para salvarle la vida, y la alegría de no poder ver la complicidad con la que toda una sociedad le niega la oportunidad a disfrutar con dignidad sus últimas luces de vida.

José Luis Burgos.

Esta es la naturaleza real de los individuos que gobiernan este país, “los banqueros”… auténtico cáncer de nuestra sociedad.

Durante el transcurso de mi viaje por distintas ciudades de la geografía española, he ido recogiendo testimonios de distintas víctimas que han caído en las redes de la banca. El abanico está abierto a cualquier banco o caja, por tanto, no es que yo me haya centrado únicamente en las estafas del Banco Santander, pero os puedo asegurar que de cada 10 casos, casi el 50% pertenecen al Santander. ¿Casualidad? ¿Mayor volumen de negocio? ¿Más ladrones que el resto? … lo dejo a vuestra opinión.

He recogido testimonios de víctimas del Banco Santander para todos los gustos. Delitos de blanqueo de capital, utilizando cuentas y datos de clientes, sin ellos saberlo. Delitos por falsificación de firmas para quedarse con el dinero de herencias. Delitos por apropiación indebida de fondos, por incumplimientos de contrato, utilización de datos de personas difuntas para el blanqueo de capitales o evasión de fortunas hacia paraísos fiscales, acosos, amenazas… ¡Vaya, un repertorio delictivo de lo más completo!

UNA VIDA HUMANA EN PELIGRO

Hay un caso especialmente sangrante con el que se me revolvió el estómago y salí de su domicilio, después de 3 horas de entrevista y grabación en vídeo, con un nudo en la garganta y una impotencia tremenda. Una familia humilde, sin ningún tipo de cultura financiera. Una familia destrozada en manos de psiquiatras desde hace ya unos años. Una familia que vive con la desgracia de tener un hijo tetrapléjico desde hace ya 11 años, tras haber sufrido un accidente de tráfico cuando tenía tan solo 19 años y regresaba un día de su trabajo. Lesiones cerebrales tras haber permanecido sin respiración durante mucho tiempo, a la espera de que llegasen ambulancias con atención médica.

Tras una larga lucha con la compañía de seguros, consiguieron cobrar la indemnización por un importe de 300.000 euros. Tuvieron ese dinero ingresado durante bastante tiempo en una cuenta de ahorro del banco X, hasta que un día, los secuaces de Botín olieron el dinero y fueron a visitarlos a casa. El Banco de Santander les vendió una película perfecta donde iban a aportarle grandes beneficios a su hijo Juan Pedro, era una inversión que no le ofrecían a cualquier cliente, se la hicieron a ellos como atención especial a la difícil y trágica situación en la que había quedado Juan Pedro. Los padres, “repito, con una ingenuidad y falta de conocimiento absoluto en materia financiera”, dijeron al Santander por activa y por pasiva, que ese dinero no les pertenecía a ellos sino a su hijo Juan Pedro, para darle toda la atención que precisara y hacerle la vida más llevadera. En todo momento quedó claro que ese dinero no podía correr ningún riesgo y que debía tener disponibilidad absoluta ante cualquier contratiempo o tratamiento clínico que tuviera el hijo.

El Banco Santander les aseguro que su dinero no corría ningún peligro y que supondría un beneficio importante para el futuro de su hijo, con lo cual, finalmente accedieron a la operación. Se trataba de una operación para clientes selectos, ellos con su escaso dinero no podían entrar en tan selecto club, pero para que pudieran beneficiarse, “y siempre como atención especial a Juan Pedro”, el Santander pondría otros 300.000 euros. Se trataba de la famosa estafa de MADOFF que sufrió la banca, precisaba una valoración patrimonial de 1.000.000 de euros para poder acceder a las condiciones de inversión, ese dato ellos no lo sabían, pero después de los años se han dado cuenta que les hicieron firmar un contrato con una valoración total de su vivienda más el efectivo, completamente falsa, ya que tasaron la vivienda por un importe infinitamente superior, declarando que poseía un patrimonio neto de 1.200.000 euros.

Con el transcurso del tiempo, Juan Pedro ha ido empeorando. Tuvieron que vender un pequeño comercio de comestibles para dedicarse las 24 horas del día a su cuidado. El dinero que obtuvieron de la venta lo invirtieron en un tratamiento médico de una clínica privada de Galicia; 7 meses ingresado con un coste mensual superior a los 6.000 euros, pero no importaba el dinero porque a Juan Pedro se le notaba una mejora notable. Cuando agotaron el dinero se dirigieron al banco para sacar una cantidad, fue cuando ya se encontraron con el problema de que no podían retirarlo en ese momento porque sufriría una pérdida importante y el contrato que habían firmado tenía una permanencia de largo tiempo. Los vecinos, “una población pequeña de 4.000 habitantes”, hicieron una colecta por todo el pueblo y les obsequiaron un importe para que pudiera continuar su tratamiento, pero pasado un tiempo tuvieron que abandonarlo porque el dinero se acabó y el banco no les daba un céntimo.

Hace tres años les propusieron un tratamiento médico regenerativo en una clínica alemana. Fue entonces cuando les dijeron definitivamente en el Santander que su dinero se había invertido en productos de alto riesgo y se había perdido. Pero desde entonces, el banco se sacude el problema de encima y no atiende a las demandas de la familia. Para compensar la pérdida, ofrecieron regalarles unas acciones preferenciales de Endesa, las cuales han perdido en más de un 40% su valor y no les dejan tocarlas. Sin recursos económicos para alimentarse y cuidar de su hijo, el Santander les concedió dos préstamos por los cuales les cobra anualmente más de 7.000 euros. Decidieron coger un abogado para interponer una demanda, pero el banco les amenazó diciendo que si hacían eso no verían un céntimo de su dinero, y los chantajeó hasta el extremo de bloquearle el dinero de los préstamos para que no pudieran hacer frente a los honorarios del abogado.

Podríamos continuar con la estafa, pero lo que cuenta en definitiva es la situación gravísima que está atravesando la familia y la salud crítica de Juan Pedro, ya que por falta de recursos económicos su deterioro es cada vez mayor. En estos momentos precisa de respiración asistida tras practicársele una traqueotomía. Debido a esto último hay que ingresarlo frecuentemente en urgencias por insuficiencia respiratoria e infecciones bronquiales… La vida de Juan Pedro se apaga. Posee un corazón fuerte que lo mantiene vivo, pero cada vez más débil y con menos esperanzas.

Mientras tanto, los deleznables responsables del Banco Santander se comportan como asesinos y miran con absoluta pasividad, sin importarles que se pierda una vida.

Ante tales hechos, he decidido aparcar mi segunda etapa del “peregrinaje” y ayudar a esta familia, defendiendo, hasta donde sea necesario, nuestra dignidad y, denunciando nuevamente en la calle y con todas las energías, ante las puertas del Santander en Paseo de Gracia, ambos atropellos, el de Juan Pedro y el mío. Mañana jueves parto hacia Jaén, donde ofreceremos una rueda de prensa en el salón de actos del Ayuntamiento de Villargordo, para desplazarnos a continuación con un numeroso grupo de vecinos, asociaciones de derechos humanos y otros movimientos, hasta las puertas de la oficina principal de Jaén, y denunciar con una concentración masiva el robo y la barbarie que se está cometiendo. En la rueda de prensa estará presente Juan Pedro, pero a Barcelona no podrá venir, ya que debería viajar en ambulancia con un equipo médico que lo asista, y aun así, se expondría su vida a un riesgo innecesario. A partir del lunes, día 6 de junio, estaremos su padre y yo ante las puertas del banco para combatir con fuerza.

Os dejo alguno de los carteles que utilizaremos, para que los podáis coger con total libertad y colgarlos en vuestros blogs, si queréis apoyarnos en esta lucha que parece sin final, solo tenéis que clicar en las imágenes para ampliarlas y descargarlas.

Aumentan los botines de Botín.

Y luego aparece el mayor sinvergüenza del país ante “sus” medios de comunicación, diciendo que están muy contentos por los miles de millones que ha obtenido de beneficio el Santander en el 2010, un 1% más que el año anterior 2009, de los cuales han repartido más de 5.000 millones en dividendos a los accionistas.

Al borde de la miseria con cuarenta mil euros.

Antonio López protesta ante la sucursal del BSCH en Maó para reclamar el dinero que la entidad invirtió sin su permiso.

De la impotencia a la desesperación pasando por la angustia y la irritación. Así asegura sentirse el cliente de la sucursal del BSCH en Sant Lluís, Antonio López Bonnín, quien reclama la devolución de unos 40.000 euros que tenía ingresados en dicho banco.

El denunciante, quien ayer reiteró su protesta plantándose ante la entidad bancaria de la calle Ses Moreres en Maó, asevera que el banco sigue sin pronunciarse al respecto. “Nadie ha reaccionado, sigo sin respuestas y la situación empieza a ser límite”, indica. Además añade que la Justicia tampoco avanza. Fue en agosto de 2009 cuando presentó ante los Juzgados de Maó una denuncia por apropiación indebida, estafa por comportamiento engañoso e inversiones no autorizadas, entre otros delitos, y “no comprendo cómo ante un problema tan grave aún no me han citado a declarar”. Intuye que “hay algo o alguien que retrasa el proceso”. López Bonnín resalta incrédulo que “nos han informado que falta que se personen los directores que según la denuncia han falsificado mi firma”.

El caso se remonta a 2007 cuando regresó a la Isla tras un tiempo trabajando fuera. Al interesarse por su dinero el banco le comunicó que había sido invertido en diferentes productos y valores. Según López, una parte de la cantidad estaba a plazo fijo y el resto en una libreta de ahorros. El denunciante se dio cuenta de que habían falsificado su firma, aspecto que corroboró un perito calígrafo.

Antonio López está en paro, sin cobrar prestación puesto que es menor de 45 años de edad y no tiene cargas familiares. “Vivo gracias a mis hermanos”, a pesar de ello, de los siete, uno es minusválido y otro tan solo recibe una prestación de 400 euros con la que justo puede sobrevivir. “Estoy desesperado, mi hermana ha tenido que dejarme dinero para poder pagar el alquiler de la casa donde resido”, reitera. López Bonnín asegura haber tocado fondo. La desesperación es tal que se ha visto obligado a acudir, alguna noche, a recoger alimentos de algún supermercado.

Apareció ayer casi sin fuerzas, apoyado en una pancarta de cartón que rezaba “El Banco Santander me ha quitado todo mi dinero falsificando mis firmas. Justicia” y otro sujetado por su hermana Consuelo y que literalmente decía “Pedimos justicia para mi hermano”.

La protesta tan solo duró una hora y media. A pesar de ello, el denunciante asegura haberse sentido arropado por la ciudadanía atestiguando que “más de uno se ha parado preocupándose por mi caso y otros incluso se han sincerado explicándome problemas similares, el Santander nos está engañando”. Además de todas estas desgracias, López Bonnín declara sentirse vetado. “He intentado contactar con medios nacionales y todos han hecho caso omiso al problema, me ha llegado a los oídos que el banco tiene demasiado poder para que alguien se atreva a hacerle la zancadilla”.

Fuente: Menorca Info