Benedicto XVI: un enemigo de la humanidad.

Hoy día 6 y mañana 7 de noviembre el papa Benedicto XVI visita la ciudad de Barcelona. Dicha visita, sufragada en buena parte con dinero público, ha generado diversas campañas en defensa del laicismo y de la separación entre Iglesia y Estado. El siguiente texto es la intervención preparada por el científico británico Richard Dawkins para la manifestación realizada en Londres el 18 de septiembre pasado contra la visita papal. Al final, el alcance de la manifestación –se calcula que asistieron unas 15.000 personas- obligó a los oradores a recortar sus discursos.

¿Debería haberse recibido a Joseph Ratzinger con la pompa y la ceremonia reservadas a un Jefe de Estado? No. Como Geoffrey Robertson ha mostrado en su libro The Case of the Pope, la pretensión de la Santa Sede de actuar como Estado se basa en un pacto fáustico que permitió a Mussolini conceder a la Iglesia más de tres kilómetros cuadrados del centro de Roma a cambio de su apoyo al régimen fascista. Nuestro gobierno aprovecha la ocasión de la visita del papa para anunciar su intención de “acercarse a Dios”. Que no nos sorprenda, como comenta un amigo mío, si Hyde Park se cede al Vaticano para cerrar el trato.

¿Debería Ratzinger, pues, ser recibido como jefe de la Iglesia? Evidentemente, si los católicos a título individual desean pasar por alto sus muchas infracciones a la ley y tender una alfombra roja al diseñador de sus zapatos rojos, que lo hagan. Pero que no nos hagan pagar al resto. Que no pidan al contribuyente británico subsidiar la misión propagandística de una institución cuya riqueza se calcula en decenas de miles de millones; una fortuna para la cual la expresión “mal habida” viene como anillo al dedo. Y que nos ahorren el espectáculo nauseabundo de la Reina, del Duque de Edimburgo, de los representantes de la Casa Real y de otros dignatarios arrastrándose y adulándolo como sicofantas, haciéndonos creer que se trata de alguien a quien deberíamos respetar.

El predecesor de Benedicto, Juan Pablo II, era considerado por algunas personas un hombre santo. Pero nadie podría llamar santo a Benedicto XVI sin que se le caiga la cara de vergüenza. Este viejo y malicioso intrigante es todo menos un santo ¿Un intelectual? ¿Un académico? Es lo que suele decirse, aunque no está claro que puede haber algo académico en la teología. Como mínimo, nada respetable.

El desafortunado y breve incidente del paso de Ratzinger por las Juventudes Hitlerianas  ha sido puesto en un paréntesis, ampliamente respetado. Yo mismo he respetado esta moratoria. Pero tras oír el escandaloso discurso del Papa en Edimburgo, en el que culpó al ateísmo por la existencia de Hitler, es imposible no sentir que la veda se ha levantado ¿Habéis escuchado lo que dijo?

“Todavía hoy podemos recordar cómo Gran Bretaña y sus líderes se levantaron contra una tiranía que pretendía erradicar a Dios de la sociedad y negar a muchos nuestra humanidad común, especialmente a los judíos […] Mientras reflexionamos sobre la aleccionadora experiencia del extremismo ateo del siglo XX”.

Al leer este párrafo, uno se pregunta sobre el talento en materia de relaciones públicas de los asesores que permitieron su incorporación en el discurso. Pero claro, me olvidaba, su consejero oficial es ese Cardenal que al ver el color de algunos funcionarios de migraciones en Heathrow concluyó que debía haber aterrizado en el Tercer Mundo. Seguramente, al pobre hombre le cayó una buena cantidad de Ave Marías, además de su repentino ataque de gota diplomática (un ataque en el que uno no puede evitar preguntarse si el pie afectado es el que se pone en la boca al hablar).

En un comienzo, yo estaba indignado por los vergonzosos ataques del papa a ateos y laicistas, pero luego los vi como un estímulo. Como una muestra de que los habíamos puesto tan nerviosos que sólo les quedaba echar mano al insulto, en un intento desesperado de distraer la atención del escándalo de las violaciones de niños.

Probablemente es muy severo pretender que el Ratzinger de 15 años entendiera lo que suponían los nazis. Como católico devoto, es posible que, junto al catecismo, le inocularan la odiosa idea de que los judíos eran responsables por haber matado a Jesús. De hecho, el argumento de los “asesinos de Cristo” no fue rechazado hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965) por una Iglesia cuya psique estaba atravesada por un antisemitismo de siglos.

Adolf Hitler fue un católico apostólico romano. O al menos tan católico como los cinco millones de británicos llamados católicos de este país. Hitler no renunció nunca a su catolicismo bautismal, que es el criterio que supuestamente permite afirmar la existencia de cinco millones de católicos británicos hoy. Una de dos. O se tienen cinco millones de católicos, en cuyo caso hay que hacerse cargo de Hitler, o Hitler no era católico, en cuyo caso habría que dar una cifra honrada del número genuino de católicos que existen en el Reino Unido hoy –los que de verdad creen que Jesús se convierte en una hostia, como supuestamente profesa el ex Profesor Ratzinger-.

Sea como fuere, Hitler no fue ateo. En 1933 se ufanaba de haber “erradicado el ateísmo” al haber prohibido la mayoría de las organizaciones ateas de Alemania, incluida la Liga alemana de librepensadores, cuyo edificio fue convertido en una oficina de información para asuntos eclesiásticos.

En última instancia, Hitler creía en una “Providencia” personificada, probablemente relacionada con la Divina Providencia invocada por el Cardenal Arzobispo de Múnich en 1939, cuando Hitler se libró de ser asesinado y el Cardenal ordenó un Te Deumespecial en la Catedral de Múnich para agradecer a la Divina Providencia por la salvación del Führer.

Puede que nunca sepamos si Hitler identificaba su “Providencia” con el Dios del Cardenal. Lo que sí tenía claro era el carácter abrumadoramente cristiano de sus grupos de apoyo, los millones de buenos cristianos alemanes que, con la inscripciónGott mit uns (“Dios con nosotros”) en la hebilla de sus cinturones, hicieron el trabajo sucio por él. Hitler conocía bien su base social. Por eso “se acercó a Dios”. Este es un extracto del discurso que pronunció en Múnich, en el corazón de la católica Baviera, en 1922:

“Mi sentimiento como cristiano me permite ver en mi Señor y Salvador a un luchador. Me permite ver al hombre que, solo y rodeado por unos pocos seguidores, reconoció a esos Judíos por lo que eran, al que convocó a los hombres a luchar contra ellos, y al que –Dios es Verdad!- fue el más grande no por su sufrimiento sino por su lucha. Con amor infinito como cristiano y como hombre, leo el pasaje que explica cómo el Señor se  irguió en toda su grandeza y cogió el látigo para echar del Templo a las víboras y serpientes ¡Cuán terrible fue su lucha contra la ponzoña judía! Hoy, dos mil años después, con la más profunda emoción, me doy cuenta más profundamente que nunca que fue por eso que derramó su sangre en la Cruz”.

Este es sólo uno de de los numerosos discursos y pasajes en Mein Kampf en los que Hitler invoca su cristianismo. No sorprende, pues, que haya recibido tanto apoyo  de la jerarquía eclesiástica alemana. Pío XII, predecesor de Benedicto, no está exento de culpa, como de manera devastadora demostró el escritor católico John Cronwell en su libro Hitler’s Pope.

Sería desconsiderado extenderme en este punto, pero el discurso de Ratzinger en Edimburgo este jueves fue tan desafortunado, tan hipócrita, tan propio de quien arroja piedras sobre su propio tejado, que sentí que debía responder.

Incluso si Hitler fuera ateo –como Stalin seguramente lo fue- ¿cómo se atreve Ratzinger a sugerir que exista conexión alguna entre el ateísmo y sus atrocidades? No más, desde luego, que las podrían existir entre éstas y su incredulidad en los duendes o los unicornios. Y no más, tampoco, que su afición al bigote, algo que comparten, por ejemplo, con Franco y Saddam Hussein. No hay camino lógico alguno que conduzca del ateísmo a la maldad. A menos, claro, que se esté empapado de algunas obscenidades ancladas en el corazón de la teología católica. Me refiero –estoy en deuda en este punto con Paula Kirby- a la doctrina del Pecado Original. Esta gente cree –y enseña a los niños pequeños, junto a la aterradora falsedad del infierno- que los bebés “nacen en pecado”.  Este pecado sería el de Adán, quien por cierto, como ellos mismos admiten ahora, no existió nunca. El pecado original significa que, desde el momento en que nacemos, somos malvados y estamos corrompidos, condenados. Salvo que creamos en su Dios. O que sucumbamos a la zanahoria del cielo y al palo del infierno. Esta, señoras y señores, es la impresentable teoría que permite asumir que fue la falta de creencia en dios lo que convirtió a Hitler o a Stalin en los monstruos que fueron. Todos somos monstruos a menos que seamos redimidos por Jesús. Una teoría vil, depravada, inhumana, sobre la que basar la propia vida.

Joseph Ratzinger es un enemigo de la humanidad.

Es un enemigo de los niños, ya que ha permitido que sean violados y ha alentado la infección de sus mentes con la culpa. Está vergonzosamente claro que la iglesia está menos preocupada por colocar a los niños a salvo de violadores que por salvar almas sacerdotales del infierno. Y que su preocupación principal consiste en salvar su propia reputación a largo plazo

Es un enemigo de las personas gay, ya que ha descargado sobre ellos el tipo de intolerancia que su iglesia solía reservar a los judíos.

Es un enemigo de las mujeres, ya que las mantiene apartadas del sacerdocio como si el pene fuera una herramienta esencial para cumplir con los deberes pastorales ¿A qué otro empleador se le permitiría discriminar en razón de sexo, sobre todo tratándose de un empleo que de forma manifiesta no requiere fuerza física ni otra cualidad que sólo se suponga a los varones?

Es un enemigo de la verdad, ya que propaga mentiras descaradas sobre la inutilidad de los condones contra el SIDA, especialmente en África.

Es un enemigo de la gente más pobre del planeta, ya que la condena a tener familias numerosas que no pueden alimentar y, con ello, a la esclavitud de la pobreza permanente. Una pobreza que casa mal con las obscenas riquezas del Vaticano.

Es un enemigo de la ciencia, ya que obstruye investigaciones vitales como las de las células madre, no con argumentos morales sino con base en supersticiones pre-científicas.

Y aunque es lo menos grave desde mi punto de vista, Ratzinger es incluso un enemigo de la propia iglesia de la Reina, ya que de manera arrogante ha asumido el desprecio de su antecesor por las órdenes anglicanas, considerándolas “absolutamente nulas y vacías”, al tiempo que trata de reclutar furtivamente vicarios anglicanos para apuntalar su propio penoso y decadente panorama sacerdotal.

Finalmente, y quizás es lo que más me preocupa personalmente, es un enemigo de la educación. Dejando de lado el duradero daño psicológico causado por la culpa y el miedo y que han hecho infame a la educación católica en todo el mundo, Ratzinger y su iglesia alimentan una perniciosa doctrina educativa: pretender que la evidencia constituye una base menos confiable para creer en algo que la fe, la tradición, la revelación y la autoridad, sobre todo su autoridad.

Richard Dawkins, de 69 años, estudió en Oxford. Es un biólogo evolucionista, defensor muy conocido del ateísmo y autor de 10 libros. El último es Evolución. El mayor espectáculo sobre la Tierra.


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¿Qué es la Pedofilia?

Indice:

a. Se distinguen dos variantes en la pedofilia.
b. Características personales y sociales del sujeto.

I. LA SITUACION

1. La Perspectiva Social
1.1 Nivel Internacional – Prostitución Infantil.
1.2 Nivel Familiar – Incesto.
1.3 Nivel comunitario – Pederastia.
a. Las circunstancias.
b. La personalidad del agresor.
c. El aparato judicial.

2. Perspectiva psicológica.
2.1 La leyenda griega de Sófocles.
2.2 La estructura triangular de la pedofilia.

3. Perspectiva ética.

II. EL PROBLEMA

1. Lugar del menor en la sociedad.
2. Actitud de los adultos en relación a los menores.
a) El menor como sujeto.
b) El menor como objeto.

III. CONSEJOS PARA NIÑOS QUE NAVEGAN POR INTERNET

Pedofilia

Es la presencia de fantasías o conductas que implican actividad sexual entre un adulto y un niño.

Puede darse de diferentes formas: en relación a la orientación, puede ser de tipo heterosexual, homosexual o ambas; en relación a objeto, éste puede ser exclusivamente pedofílico o no.

Las conductas de la pedofilia van del simple exhibicionismo hasta la penetración. El adulto suele ganarse la confianza y el cariño del niño para luego llevar a cabo sus objetivos.

a. Se distinguen dos variantes en la pedofilia:

La sentimental homoerótica y la agresiva heterosexual. Los sentimentales homoeróticos tienen poco interés por las mujeres, toda su capacidad sexual se concentra en los niños, concretándose bajo la forma de caricias que le provocan el orgasmo. Los agresivos heterosexuales intentan satisfacer sus impulsos con niñas, con métodos que van desde la seducción a la violencia.

b. Características personales y sociales del sujeto:

En su mayoría los pedofílicos son hombres, menos agresivos que los violadores; muchos de ellos son alcohólicos o psicóticos de mente torpe o asociales, y su edad fluctúa entre los 30 y 40 años; generalmente, de fuertes convicciones religiosas, en general, son hombres débiles, inmaduros, solitarios y llenos de culpa.

La personalidad del agresor de mediana o mayor edad es de un individuo solitario y con dificultad para establecer relaciones heterosexuales normales, suele tener baja autoestima, con pocos recursos para enfrentar situaciones de stress y frecuentemente abusa del alcohol y/o sustancias. Por lo general, no presenta trastorno psicopatológico. Sin embargo, se ha visto que dos tercios de los reclusos pedofílicos maduros llevaron a cabo esta conducta en momentos que sufrían de situaciones estresantes.

El pedofílico no se acerca a los adultos debido a que teme ser castrado por ellos, que son representantes de sus padres, hacia los que dirige sus impulsos incestuosos.

Se identifica con su madre y se relaciona con los niños de la misma manera como añora que debiera ser su relación con ella, por ese motivo es que elige a niños que puedan representarlo a él mismo. El temor a la castración intensifica su narcisismo, por la necesidad de protegerse a sí mismo.

Poco se sabe de las causas, pero se dice que una de ellas es el aprendizaje de actitudes negativas hacia el sexo, como experiencias de abuso sexual durante la niñez, sentimientos de inseguridad y autoestima baja, con dificultad en relaciones personales; lo que facilita la relación adulto-niño.

En algunos casos de pedofilia resulta beneficiosa la técnica de la desensibilización encubierta, en la que se asocian los factores estimulantes para el sujeto con situaciones aversivas que resultarían de la expresión de sus impulsos; al avanzar el tratamiento se entrena a los pacientes para que imaginen la atracción por mujeres adultas.

Frecuentemente se observa una disminución de la atracción hacia las niñas y una disminución aún mayor en la ansiedad producida por las mujeres.

El I Congreso Mundial contra la exploración de los menores, realizado en Estocolmo del 27 al 31 de agosto de 1996, estableció un plano de acción coordinador entre los diferentes Estados y los Servicios policiales internacionales. Con todo, las cuestiones de fondo sobre el significado e las causas de la pedofilia permanecen abiertas.

I. LA SITUACION

A través de tres perspectivas, social (1), psicológica (2) y ética (3), daremos una visión de conjunto sobre la exploraciónsexual de los menores en la sociedad y presentaremos una nueva comprensión del menor “víctima – sexual”, con las posibles implicaciones preventivas y terapéuticas.

1. La Perspectiva Social

El abuso sexual de los menores puede acontecer dentro del cuadro familiar (incesto), en el ámbito comunitario (pederastia) o a nivel internacional (prostitución infantil).

1.1 Nivel Internacional – Prostitución Infantil

En el Congreso de Estocolmo se reclamó la atención para los dos millones de menores explotados sexualmente en todo el mundo y para las nuevas y sofisticadas formas de esta industria criminal contra la humanidad que mueve, anualmente, muchos millones. Asia es el continente más afectado, con cerca del 600 mil criaturas prostituídas en Filipinas, 300 mil en la India, , 250 mil en China y 30 mil en Sri Lanka y Nepal.

Los tentáculos de esta red ignominiosa internacional se extienden desde Brasil, con 500 mil menores prostituídos, y los Estados Unidos, con 300 mil, hasta los países de Europa, como Bélgica, donde el nefasto pedófilo Marc Dutroux, con sus sótanos de tortura y aberraciones sexuales con menores, conmovió recientemente al mundo.

En Portugal no hay estadísticas publicadas, pero se calcula que cerca de 900 menores en ambientes y grupos marginados, se prostituyen en la periferia y centro de las grandes ciudades, o están implicados en la red internacional del prostitución.

En la mayor parte de los países del Este de Europa no existe legislación alguna contra la prostitución infantil. En Bucarest, hay cerca de 2 mil niños en la calle, que se venden por un dólar o tres hamburguesas. En Hungría, las adolescentes de 13 o 14 años maquilladas, venden su cuerpo en las autopistas a los automovilistas extranjeros de países occidentales.

Alemania es el país con mayor número de turistas sexuales y de mayor demanda de material pornográfico. Le siguen Estados Unidos, Australia, Francia y Nueva Zelanda. Más del 60% de las jóvenes prostituídas de Berlín provienende los países del Este y, muchas veces, se contentan con la remuneración de una cama limpia, un poco de comida y una ducha caliente.

Los Pedófilos de todo el mundo se comunican entre sí a través de imágenes servidas por medio de técnicas sofisticadas, como internet. Entre las causas de pedofilia mencionadas en el Congreso de Estocolmo, está la pobreza, que induce a muchos padres a prostituir a los hijos para sobrevivir, la urbanización no planificada, las migraciones, la desintegración familiar y el miedo al contagio de sida.

1.2 Nivel Familiar – Incesto

– La sexualidad de los hijos es motivo de conflicto para los padres.
– Las manifestaciones púberes de los adolescentes vienen a despertar en los padres problemas no resueltos de su propia Adolescencia.

Todo lo que acontece en la adolescencia en relación con la sexualidad, acontece del mismo modo en la crisis de mediana edad de los padres, pero en sentido inverso.
Al canto del cuco en la primavera corresponde el canto del cisne em el otoño, La melodía es la misma. El deseo es el que es diferente. Es en este contexto familiar conflictivo, agravado por la desintegración de la vida familiar, por la precocidad sexual de los niños, por el abuso de poder de los adultos y por las perturbaciones de comportamiento de los padres, que se infiltra el acto incestuoso. El incesto es una violencia sexual que transgrede las leyes de la vida familiar y perturba la armonía entre padres e hijos. El paso al acto incestuoso es siempre desestabilizador del orden afectivo y sexual de la víctima e del agresor.

El incesto compromete a los miembros de la familia a guardar silencio, bajo amenaza de ruptura y de desintegración familiar. Se calcula que el 65% de las mujeres fueron víctimas alguna vez, durante la infancia, de un acto de abuso sexual Incestuoso.
El incesto padre-hija es el más frecuente y sus consecuencias perniciosas se hacen sentir.

En la infancia, como fracaso escolar, como perturbaciones de comportamiento, fobias en relación a la sexualidad, sexualización de las relaciones (perversiones, precocidad sexual), etc.

En la adolescencia, como dificultades en la identidad femenina, rechazo de la imagen corporal, estados depresivos graves, perturbaciones alimentarias (anorexia) y otras, delincuencia y prostitución, etc.

En la adolescencia, como dificultades en la identidad femenina, rechazo de la imagen corporal, estados depresivos graves, perturbaciones alimentarias (anorexia) y otras, delincuencia y prostitución, etc. En la madures, con crisis afectivas frecuentes, depresiones, disfunciones sexuales en la relación conyugal (frigidez, vaginismo, etc) y proyección de las propias fantasías incestuosas en la sexualidad de los hijos.

En la vejez, con brotes de angustia y depresión suicidaria, sobre todo al comienzo de la menopausia.
En una muestra de 95 casos de relación incestuosa (Estados Unidos, 1989), 42 casos tuvieron lugar entre padre e hija, 26 entre hermanos, 17 entre abuelo y nieta, y 10 entre primos y otros.

1.3 Nivel comunitario – Pederastia

El abuso sexual por pederastas de la calle es traumático pero ocasional y, raras veces, está preparado, como en el incesto, y organizado, como en las redes de prostitución infantil.

En este tipo de violencia sexual, las circunstancias, la personalidad del agresor u el aparato judicial ocupan un lugar destacado.

a. Las circunstancias

La mayor parte de los menores víctimas de abuso sexual urbano o suburbano son aprehendidos en jardines públicos, a la salida de las escuelas, en los predios en ruinas o en descampados. La taza relativamente baja de adolescentes-víctimas se explica, en parte, por el porcentaje de uniones contraidas circunstancialmente para ocultar la violación. El menor curioso y sin experiencia del mundo es fácilmente sugestionable por las propuestas y actitudes de un adulto diferente, aparentemente simpático. A veces, las malas condiciones de vida familiar llevan al menor desamparado a vagar por las calles, en busca de un padre o de una madre imaginarios, que acaban por encontrar, dramáticamente, en la persona del pedófilo.

b. La personalidad del agresor

Hay pedófilos de todas las clases sociales. Los más peligrosos sin, ciertamente aquellos en los que el niño confía por naturaleza, como un criado, un amigo de la familia, o aquellos que el niño idealiza por sus funciones, como un sacerdote, un profesor, un bombero e un policía. El acto perverso de estas personas insospechadas deja cicatrices profundas en el alma del niño bajo la forma de culpa y de angustia. Los pedófilos menos peligrosos, desde el punto de vista psicológico, son los marginales, los exhibicionistas de la calle. Estos actúan desde fuera, compulsivamente como un relámpago, y después son castigados y encarcelados, con gran alivio reparador para el menor. La imagen del “bestia” es irreversible, pero los efectos brutales de sua cto acaban por diluirse poco a poco con el tiempo: “Finalmente, es un tarado que no sabe lo que hace”.

c. El aparato judicial

La intervención de la justicia es indispensable para la seguridad y reparación de los individuos. Con todo, la manera cómo se actúa judicialmente resulta, la mayor parte de las veces, traumática, por falta de preparación psicológica de los agentes. El simple hecho de tener que reconstruir los hechos al detalle y de tener que someterse a exámenes médicos y psicológicos es yu, en sí, un segundo trauma. El menor-víctima es obligado a revivir lo que para él fue motivo de gran sufrimiento. En tanto que el psicólogo es un profesional comprensivo que tiende a desdramatizar la situación, el juez es un profesional obsesivo que dramatiza aún más los acontecimientos en nombre de la justicia.

¿Cómo conciliar estas dos situaciones, aparentemente contradictorias, una de carácter culpabilizante (la judicial) y la otra de carácter sublimatorio (la psicológica) en bien del niño?

2. Perspectiva psicológica

El adivino de Delfos anunció al rey de Tebas, Laos, que su hijo Edipo lo mataría para casarse con su madre, la reina Jocasta.

Aterrorizados con el oráculo, los padres abandonaron al hijo en la montaña, donde fue encontrado por un pastor que lo llevó a la corte del rey de Corinto. Ahí creció convencido de que era el príncipe heredero de Corinto. Entretanto, el adivino de Delfos volvió a hablar al joven Edipo para predecirle la misma tragedia. Horrorizado, Edipo dejó el país y se marchó a Tebas. A las puertas de la ciudad luchó y venció a la Esfinge que impedia el paso a los transeúntes. Con todo, sólo consiguió entrar en la ciudad después de matar a un cazador que le impedía el paso.

En la ciudad, los habitantes lloraban la muerte de su rey que nunca más regresó de cazar, y proclamaron a Edipo rey de Tebas, porque los había librado de la Esfinge sanguinaria, dándole como esposa a la reina Jocasta.

2.1 La leyenda griega de Sófocles

Se trata de una leyenda griega de Sófocles, de hace más de 2.300 años, cuya simbología universal y de todos los tiempos nos sensibiliza profundamente, por expresar la realidad de nuestro psiquismo, igual que sus deseos, fantasías, actitudes y comportamientos, en relación a las personas que más amamos. Freud le dio el nombre de “Complejo de Edipo” porque corresponde a la situación afectiva y conflictiva entre padres e hijos, entre adultos y menores.

La tragedia de Edipo, que inspiró a miles de poetas, de escritores y de artistas, por su carácter psicológicamente expresivo y colectivo, se torna referencia obligada para comprender la sexualidad humana. La larga historia del amor humano, enigmática por naturaleza, está sujeta a turbulencias y desvíos en relación con las personas amadas, pudiendo acabar en tragedia. La pedofilia, como accidente que perjudica la sexualidad, es una manera trágica de relacionarse afectivamente con el otro.

Es tarea del destino humano resolver el conflicto edipiano con los padres, convenientemente, antes de la edad adulta, para poder vivir en paz consigo mismo y con los demás. El pedófilo es un edipiano atrapado que pervirtió el amor del padre/madre para asegurarse su propio placer.

Incapaz de relacionarse sexualmente con un adulto, su sexualidad permanece polimorfa como la de un niño. El niño es la salida a sus impulsos descontrolados. Todo acto de abuso sexual con menores es edipiano, no sólo por su naturaleza arcaica, sino por la desproporción entre los dos protagonistas.

La pedofilia transgrede la ley de las diferencias sexuales y se convierte en violación del derecho a ser uno mismo, sin que medie la interferencia brutal de un extraño.

2.2 En la estructura triangular de la pedofilia, encontramos:

Un adulto agresor que victimiza narcisistamente a una criatura-indefesa, bloqueada, bajo el signo del silencio, con sus propias fantasías culpabilizantes en una sociedad envolvente, más o menos permisiva, donde se desenvuelve el drama. En la dinámica del incesto, el agresor es el padre y la víctima son los hijos/as, tras las lágrimas resignadas de la madre impotente.

Finalmente, en las redes de la prostitución infantil, la agresión viene de la industria sexual organizada, que, bajo pretexto de turismo, actúa sobre millares de criaturas del mundo de la miseria y del hambre, ante la pasividad complaciente de Estados y Gobiernos del mundo entero.

La perversión sexual con menores comienza ya a pagarse caro.

Es cada vez mayor el número de individuos, de grupos y de familias que, inmersos en la promiscuidad de costumbres, son incapaces de distinguir la proximidad afectiva dentro de la distancia, la temporalidad del amor dentro de la intemporalidad, lo limitado del corazón humano dentro de los límites del espacio y del tiempo.

Es entonces cuando la vida comienza a perder sentido y seguir viviendo se vuelve un absurdo, en vez de una aventura maravillosa.

3. Perspectiva ética

Desde el punto de vista moral el pedófilo no es un deficiente mental exento de responsabilidades, ni un delincuente al margen de las leyes de la vida social y familiar (puede ser un buen professional o un buen padre de familia), sino un hombre o una mujer diferentes en la manera de vivir la sexualidad, condicionados en la libertad por la estructura de su personalidad, aunque responsables por el mal que introducen en el mundo, cuando actúan pedofílicamente.

II. EL PROBLEMA

La lucha contra la violencia sexual con menores pasa necesariamente por la reformulación de dos grandes cuestiones:

1. Lugar del menor en la sociedad

En los países ricos del planeta (Alemania, Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña…) en los últimos 10 años, hu aumentado significamente el número de menores que viven por debajo del nivel tolerable de pobreza.

En estos mismos países, la sobrevivencia de millares de niños depende de factores arbitraron, como la balanza de pagos, la fluctuación de la coyuntura económica, etc. En Africa y en América hay millares de niños que pagan con su integridad física o mental las deudas fabulosas de sus respectivos países.

Más del 70% de niños mueren en estos países es por males fácilmente curables y más fácilmente previsibles, como el sarampión, la diarrea, el tétano, la neumonía, etc.

En los países donde la explotación sexual de los menores es más intensa, como en Tailandia, Filipinas, Sri Lanka y Brasil, se asiste a una verdadera catástrofe silenciosa: 40 mil niños mueren diariamente de desnutrición y de otras dolencias, incluido el SIDA, por contagio con turistas sexuales de occidente: 150 mil luchan desesperadamente contra el hambre o contra las secuelas de la misma; y 100 mil en edad escolar no van a la escuela.

En circunstancias normales, las niñas parecen ser más resistentes que los niños a los sesgos de los primeros años de vida. Con todo, en determinados países de discriminación sexual contra las niñas (India, Pakistan, etc…) más de un millar de niñas mueren anualmente, por el simple hecho de no haber nacido varón. Son pospuestas a los niños en el ingreso a la escuela.

En la Europa de final de siglo, la época que atravesamos no se presenta nada propicia para los menores. Con la urbanización y con la alta tecnología sofisticada, el abandono de niños y los malos tratos físicos y psíquicos nunca habían alcanzado proporciones tan alarmantes: 6 millares de niños de familias llamadas normales sufren de depresión.

El trabajo competitivo y excesivamente prolongado de los padres fuera de cada están alterando las relaciones de la vida familiar. Con menos tiempo para los hijos, y sobre todo, con menos disponibilidad para escucharlos, los padres se sienten culpables. Es rara la familia donde los padres y los hijos consiguen reunirse para reír, llorar, cantar o simplemente estar juntos, por causa de la interferencia de la televisión.

Las nuevas familias de hecho, o reajustadas después del divorcio, raramente consiguen sanar las heridas dolorosas de los hijos, provocadas por la separación de los padres.

El resultado de esta situación, es que muchos padres, consciente o inconscientemente, rechazan a los hijos, sobre todo cuando éstos presentan señales de inconformidad o de sufrimiento. En la comunicación padres-hijos, se pasa fácilmente a los hechos, con malos tratos por parte de los padres o con violencia psicológica por parte de los hijos.

Muchas veces, los padres, agotados todos los recursos interiores por falta de tiempo para ellos mismos, buscan en los hijos e hijas la satisfacción sexual que no encuentran el la pareja o como compensación a las carencias profundas de su propia infancia, nunca satisfechas.

En este mundo en transformación, será todavía el menor, con su mundo personal, una de nuestras mayores prioridades?

2. Actitud de los adultos en relación a los menores

Hay dos actitudes dominantes de los adultos con respecto a los menores, que se convierten en dos maneras diferentes de estar en el mundo con ellos:

a) El menor como sujeto

El menor es suficientemente apto desde el nacimiento, para dar un sentido a su vida. El acto de mamar, jugar, dar los primeros pasos, etc., son maneras del niño de afirmarse como sujeto autónomo de deseos, frente a los adultos.

La prueba de esta autonomía está en el hecho de que las palabras y gestos de los padres sólo tienen sentido para el niño cuando son percibidos e interpretados por él, a su manera.

El bebé sólo aprehende lo que puede asumir, personalmente, dándole un significado propio. En la edad escolar, el menor se distancia más de los adultos al adquirir una cierta manera de saber, de sentir y de ver las cosas.

Su filosofía del mundo y de la vida se convierte en “escuela propia” diferente de la de los adultos.

En la adolescencia la autonomía toma mayor dimensión con la capacidad de estar solo, de crear un proyecto de vida y de sentir su propio mundo interior.

El hilo conductor de este proceso interior hacia la autonomía es la sexualidad con la crotización del cuerpo, las nuevas posibilidades de relacionarse, la curiosidad persistente y la fuerza del deseo.

Cuando la sexualidad se altera, es toda la personalidad la que entra en crisis, con pérdida del gusto por vivir. Por eso, cualquier interferencia sexual por parte de los adultos, a nivel del cuerpo o de los deseos del menor, como acontece en la pedofilia, compromete gravemente su felicidad.

El adulto que respeta la dinámica propia de la autonomía infantil está atento a sus manifestaciones sexuales y, lejos de interferir, procura vivir con el menor, aprendiendo con él.

b) El menor como objeto

El menor es un objeto para el adulto, cuando éste, incapaz de contener sus impulsos, los proyecta inconscientemente en la persona del menor, volviéndose ésta una ocasión de placer, una compensación afectiva, una oportunidad para tenderse a sí mismo en el futuro un subterfugio ante el miedo a la muerte. Esta actitud perversa del adulto puede comprometer seriamente la relación del menor consigo mismo, con el mundo y con los demás.

El hecho de que el menor no se mueva no significa que no tenga un espacio propio de proporciones ilimitadas. El hecho de no hablar no significa que no tenga deseos de comunicarse. El hecho de ser biológicamente inmaduro no significa que no tenga una vida sexual propia que respetar.

III. Consejos para Niños que navegan por Internet

Evita concertar citas a través de Internet con personas a las que no conoces.No facilites tu dirección, ni tu número de teléfono, ni el nombre de tu colegio, ni tampoco tu foto.

Desconfía incluso de tus “ciber-amigos”, recuerda que las personas con las que estableces contacto a través de la red, no siempre son lo que parecen e incluso puede que no digan la verdad. No olvides que nadie puede verlos.

No todos los lugares de “chat” (charla) a través de la red son apropiados para niños o adolescentes, aún cuando ellos se anuncien como “especiales para niños y adolescentes”. Si alguien escribe algo que te resulte vergonzoso, incomodo o que te cause preocupación, informa sobre ello inmediatamente.

No respondas nunca a mensajes obscenos, con fotos indecentes o con contenidos insinuantes. Informa de ellos a tus padres y saca una copia de los mensajes. Podrían ser delictivos.

Te aconsejamos no enviar datos de tu tarjeta de crédito o detalles de tu banco a personas desconocidas, o de las que no has comprobado previamente su identidad. Alguien podría utilizar los datos para robarte.

No facilites tu contraseña a nadie, podrían hacerse pasar por ti.

Desconfía de las ofertas que parecen muy atractivas a primera vista. Lo más probable es que se trate de un engaño.

Permanece alejado de las páginas destinadas a los “mayores de 18 años”, esas advertencias están allí para protegerte. Algunas páginas para adultos pueden acarrear costos en tu factura telefónica y descargar la información puede dañar los archivos de su ordenador.

Fuente: http://www.pedofilia-no.org/