Mi Perfil

José Luis Burgos Fernández.

Hace aproximadamente 50 años, la población infantil española sufrió el azote de una infección vírica sin precedentes en nuestro país: miles de niños padecíamos los resultados del virus de la polio, provocando la muerte de una parte de nuestro sistema nervioso. Esa destrucción de las neuronas motoras, además de otras secuelas importantes que nos dejó, causó una debilidad muscular en nuestros cuerpos y parálisis aguda flácida, derivando en lo que también se conoce como parálisis infantil.

Yo fui uno de esos niños afectados con apenas 18 meses de vida, el virus me paralizó mi pierna derecha y me dejó bastante debilitada la izquierda, tuve que caminar desde entonces con la ayuda de un bitutor ortopédico. A partir de ese momento comenzó mi crisis, pero también mi lucha por sobrevivir. Superar una niñez muy complicada, la dualidad por el deseo de una adolescencia exultante, contra las limitaciones físicas y los complejos. Luché por tener una vida similar a la de cualquier persona, por tener una formación, una familia, un trabajo digno, para que mis padres no sufrieran más de lo debido, que vieran que no pasaba nada. Buscaba una felicidad que parecía haber encontrado.

Creíamos que el final de la lucha se acercaba y obteníamos nuestro premio. Esos niños crecieron y se hicieron mujeres y hombres, habían conseguido una estabilidad que les acercaba a esa felicidad. Pero no fue así, la vida se ensaña de nuevo con nosotros, aquello no fue más que un aperitivo en nuestro gran banquete de sufrimiento, el plato fuerte estaba por servir, pero a los comensales invitados no nos habían advertido de ello. En la actualidad, muchos de nosotros nos vemos afectados por el denominado Síndrome Post-Polio.

La post-polio es una afección neurológica que produce un conjunto de síntomas, como son la fatiga y la debilidad muscular progresiva con perdida de función acompañada de dolor, sobre todo, en músculos y articulaciones, además de atrofia muscular, problemas respiratorios, etc.

Se cree que la causa radica en una utilización excesiva de las neuronas motoras que quedaron vivas, a lo largo del tiempo, sufriendo un agotamiento metabólico, que conduce a una incapacidad para regenerar nuevos axones que reemplacen a los que se degeneran. Si el virus de la polio mató el 50% de nuestras neuronas motoras, el otro 50% restante ha venido haciendo a lo largo de todos estos años un sobreesfuerzo importante para cubrir, en la medida de lo posible, esas carencias. Y ustedes se preguntarán si algo así, que parece de tan lógico razonamiento para cualquier neurólogo que se precie, no se sabía y se podría haber prevenido. Esa misma pregunta me la hago yo con mucha frecuencia.

A mis 48 años de edad, en plena madurez intelectual, es lamentable estar sufriendo las secuelas tardías de una poliomielitis que, tan lenta y dolorosamente nos está causando una incapacidad para el desempeño de nuestras labores y vida cotidiana. Es lamentable que no recibamos la atención médica adecuada para retardar, o revertir los síntomas, y posibilitar la continuidad de nuestras vidas productivas. Es lamentable que tras largos años de esfuerzo y sacrificio, tengamos que vivir una nueva batalla para la cual nos encontramos absolutamente indefensos e ignorados por nuestros gobernantes.

Ninguno de nosotros, de esos niños afectados, podíamos imaginar que varias décadas después de sufrir la polio y haber luchado por normalizar nuestras vidas, volveríamos a atravesar por la tortura de este segundo episodio. ¿En qué piensan las autoridades sanitarias de este país? ¿Cuándo van a reaccionar ante nuestros problemas? ¿No piensan hacer nada por nosotros? ¿Esperarán a que transcurra el tiempo y poco a poco vayamos desapareciendo?

Pero esto, amigo visitante, no es más que un caso entre las miles de injusticias que a diario comete la sociedad con nosotros. Mi caso no es ni más ni menos dramático que el de cualquier persona con diversidad funcional.

Las personas discapacitadas aún están lejos de lograr un desarrollo pleno y en muchas ocasiones son invisibles en sus sociedades. “No hay excepciones. En todos los países del mundo, los discapacitados han sufrido y sufren permanentes discriminaciones y violaciones, a pesar de la protección que les ofrecen diferentes tratados internacionales”.

Han sido muchos años de esfuerzo y periplo profesional por cuenta propia, tras 17 años como profesional libre tuve que abandonar mi empresa por no poderme centrar en ella como debía, el deterioro físico y mental que estoy atravesando rompió por completo mi vida y la estabilidad de mi familia. Se hundieron con rapidez unos pilares que me había costado mucho construir. A partir de ahí comienza un camino duro, ¡durísimo! Algunas de las amistades que creía tener y a las que tanto había beneficiado con mi despacho me dieron la espalda y me ignoraron.

Obligado a iniciar una nueva vida con más limitaciones y reducida movilidad que antes no tenía. Hacer frente a los compromisos y obligaciones contraídas con una planificación de vida que nada tenía que ver con la de ahora, una falta de comprensión y sensibilidad total por parte de agentes económicos e incluso sociales. Pero sobre todo, una falta de conciencia política y una total ignorancia que te hacen sentir, después de haber generado tanta riqueza y pagado tantos impuestos, como residuo humano al que después de haber utilizado se desecha.

En la actualidad me encuentro afectado por una nueva discapacidad, como resultado de una severa escoliosis en la columna que antes no tenía y que me ha dejado en una silla de ruedas. Esta nueva situación ha derivado en una gran invalidez, que me ha sido reconocida por las Autoridades Sanitarias de Cataluña, concediéndome la pensión pertinente por dicho concepto. Tras el importante recorte de ingresos que sufrió mi economía familiar, me vi obligado a hacer uso del seguro que tenía contratado con el Banco de Santander, para liquidar la hipoteca que poseo con ellos. Estos degenerados y sinvergüenzas, en lugar de satisfacer el importe de la prima que cubría el seguro y a la que tengo derecho para cancelar mi hipoteca, han decidido no pagarme un céntimo y embargarme la casa. El motivo que argumentan es que desconocían mi discapacidad anterior y que si lo llegan a saber nunca me hubieran hecho un seguro. http://joseluisburgos.blogspot.com

Este blog refleja mi compromiso social para la Defensa de los Derechos Humanos y en especial, de las Personas con Discapacidad. Mi lucha personal contra la tiranía totalitaria que se está implantando en el mundo, no cesará mientras me queden un mínimo de neuronas semi-sanas. Soy una de las personas débiles de este sistema y como tal, considero que mi lugar está al lado de los débiles, ayudándonos a superar los atropellos que sufrimos a diario y, combatiendo como lo he venido haciendo durante toda mi vida.

Aquí les dejo mi correo de contacto jlburgos@mmediterraneo.com por si precisan de mi ayuda, o tienen cualquier tipo de consulta.

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