La grandeza de la diferencia y de saber imponerse al paradigma del sistema.

Maestro Pineda

El rostro y el discurso de Pablo Pineda, el único diplomado universitario con síndrome de Down en España, removió, desde nuestra portada, a una sociedad que pone etiquetas y cercena las posibilidades de las personas con discapacidad.

Cuando nació, hace 29 años, a sus padres les dijeron que nunca podría aprender, excepto lo más sencillo. Hoy es diplomado en Magisterio y pronto se licenciará en Psicopedagogía por la Universidad de Málaga. Y ha empezado a trabajar en el área de bienestar social del Ayuntamiento de esa ciudad, que es la suya. Ciertamente, Pablo Pineda es la única persona con síndrome de Down, en toda Europa, que ha llegado tan lejos; una excepción, casi un milagro. Tal vez una esperanza para cierto número de padres que, angustiados, se preguntan qué porvenir les espera a sus hijos que, como Pablo, han nacido con un fallo genético. En esta entrevista, Pablo envía un mensaje a sus iguales, y a los padres de esos niños, a los profesores y a la sociedad entera. Sabe lo que dice: ha convertido su difícil vida, marcada por una categoría (…), en una experiencia singular a base de esfuerzo, de aguante, de buscar los caminos más idóneos; en un transcurrir lleno de satisfacciones conseguidas a pulso y una a una. La verdad es que si Pablo Pineda es una excepción, él no quiere serlo; no quiere estar solo, ni que le señalen con el dedo. Y si no para de hacer entrevistas, de salir por televisión, es porque todo lo hace para ayudar al colectivo del que se ha convertido en una bandera.

"A los 21 años me entero de lo que es esta discapacidad. Cuando empecé a leer en los libros, me dije: yo no soy así"

"Te etiquetan y de ahí no sales. Lo que más me compensa es demostrar lo que somos capaces de hacer"

Creo que está muy acostumbrado a las entrevistas. Mucho. Al principio me chocaba, porque veía mi vida tan normal, tan fuera de interés. ¿Y qué he hecho yo de extraordinario? Aunque la primera noticia de que era síndrome de Down la tuve a los seis o siete años. Un profesor de universidad que llevaba el Proyecto Roma, don Miguel García Melero, en el despacho del director me preguntó: "¿Tú sabes que eres síndrome de Down?". Yo, inocentemente, le dije que sí, aunque no tenía ni idea. Él lo notó y se puso a explicarme qué era eso (…). Y yo, como a todo le saco punta y tengo esa agudeza mental, le dije: "Don Miguel, ¿soy tonto?".

¿Por qué se lo preguntó? No sé. Es difícil saberlo. Quizá si a los seis años te asocian con un síndrome, tú lo asocias a ser tonto o no. Él me dijo que no era tonto, y le pregunté: "¿Y voy a poder seguir estudiando?". Él me dijo: "Sí, por supuesto". Luego comenzó el proceso de la calle; los niños empezaron a decirme: "Pobrecito, está malito". Y yo me enfurruñaba, porque no estaba enfermo.

Pero sí veía que su cara era distinta. Eso sí. Que tenía los ojos más alargados, que las manos no eran iguales. No había visto a otros niños con síndrome, pero quizá tenía la mosca detrás de la oreja. En casa le pregunté a mi madre: ¿Es verdad que soy síndrome de Down? (…) Y volví a hacer la misma pregunta: "¿Puedo seguir estudiando?". "Claro", dijeron, "sin problemas". Estaba muy a gusto en el colegio, con mis compañeros. Luego, durante un tiempo, no tuve interés de saber más; hasta que empecé a estudiar la carrera de Magisterio, a los 21 años, al tocar el campo de la educación especial: ahí es cuando me entero de lo que es esta discapacidad. Aunque, al describirla, los libros hablaban de que era una enfermedad y de la cultura del déficit, de todos los problemas que tienen. Muy negativo. Y cuando empecé a leerlo, me dije: yo no soy así.

¿Pensó que era un síndrome de Down un poco especial? Exactamente. También pensé (…) que otros muchos síndromes de Down que ya conocía tampoco eran como los describían los libros. La literatura nos pone peor de lo que somos, y nos aparta. (…)

¿Y cuándo se aceptó del todo? Pronto. He dado conferencias, y en una de ellas, cuando tenía 14 años, una señora me preguntó si me haría la cirugía estética para cambiar los rasgos de mi cara. Y le dije: "No, lo tengo a mucha honra". Y luego: "¿Es que no te gusta como soy?". Yo he sido muy exigente conmigo mismo. (…)

En realidad, su vida debe de ser difícil, necesita ser un buen guerrero para llevarla. Sí que es duro, más que nada porque siempre tienes que estar demostrando que puedes. (…) Es muy cansado, te hartas. A veces piensas que los prejuicios han disminuido, pero es que están más soterrados. (…)

¿Sus padres le han empujado a que hiciera usted las cosas, consultaron a los médicos cuando era pequeño? Cuando empezamos, más que consultar a los médicos, eran ellos los que decían a los médicos qué había que hacer. Ellos decían: este niño no podrá aprender más que las cosas más sencillas, y mis padres no les hacían caso: tu ocúpate de las amígdalas, que yo me ocupo de su educación. Nunca creyeron que no podría aprender. (…) Mis padres siempre han pensado que yo debía ser autónomo y me han educado para ello. (…)

Leía el otro día en un libro que ser Down, como sucede con otras cosas, le coloca a uno en una categoría que pesa mucho más que las potencialidades que se tengan, los talentos que pueda tener. Te etiquetan y de ahí no sales. Toda la vida voy a llevarlo encima. Así como a David Bisbal le llaman el triunfito, a mí me llaman el síndrome de Down. Hay consuelos (…), yo veo que en el trabajo me consideran útil, y eso me gusta. Pero lo que más me compensa es demostrar lo que somos capaces de hacer, que lo vean a través de lo que yo hago. Claro que esto solo se puede entender si a uno le importan los demás, si eres progresista. (…)

Doctorado en cine

Tras la pista. El maestro Pineda, de nombre Pablo, primer universitario con síndrome de Down de Europa, tiene hoy 37 años, sigue viviendo en Málaga, en casa de sus padres, igual que sigue escuchando Los 40 principales. Se diplomó en Magisterio, pero no llegó a licenciarse en Psicopedagogía. Le quedaron cuatro asignaturas y las fue abandonando poco a poco, mientras preparaba el asalto a una trinchera inesperada y quizá aún mayor: el cine.

Concha de plata. En 2009 interpretó con éxito apabullante a un trasunto de sí mismo en la película Yo, también, junto a la actriz Lola Dueñas, rol por el que se le concedió la Concha de Plata a la mejor interpretación en el Festival de Cine de San Sebastián, y por el que fue candidato al Goya al mejor actor revelación.

Integración. Su caso abrió una cuña, pero los muros persisten: sigue siendo el único español con síndrome de Down (hay unos 34.000 en España) en posesión de un título universitario. Y solo un 5% de aquellos en edad de trabajar tiene empleo.

Su lucha. Ocho años después de que saliera su rostro en nuestra portada -"guardo la revista como oro en paño"-, Pineda se dedica a impartir conferencias y a batallar por sus semejantes. "He viajado a Bélgica y cruzado el océano hasta Colombia", dice. Para que los directivos de Endesa, Mapfre o Bancaja vean en su rostro el salto posible. "Les impresiono, se quedan descolocados". Un proyecto alicantino que lleva su nombre ha impulsado la contratación de 42 personas con discapacidad en empresas privadas.

Fuente: El País.com

Iniciativa discriminatoria que afectará a la salud ciudadana.

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La Asociación para a Defensa da Sanidade Pública rechaza el copago en las recetas de pensionistas.

SANTIAGO DE COMPOSTELA, 25 Nov. (EUROPA PRESS) –

   La Asociación Galega para a Defensa da Sanidade Pública ha expresado este viernes su rechazo a la posibilidad apuntada por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, de aplicar el copago en la prestación farmacéutica y ha calificado de "injusta" este medida, en concreto, para el colectivo de pensionistas.

   "Las declaraciones del presidente de la Xunta de Galicia sobre su intención de aplicar copagos en la prestación farmacéutica supone un nuevo paso en su estrategia solapada, pero cada vez más acelerada, de introducir los copagos en la sanidad pública gallega con el argumento de que la crisis obliga a recortar gasto pública", denuncia la asociación.

   En este sentido, considera que esta medida "pretende hacer pagar las recetas a los pensionistas", lo que supone una iniciativa "discriminatoria que limitará el acceso de los pensionistas a la atención sanitaria y afectará a su salud", apostilla.

   "Los pensionistas son las personas con menos ingresos y con mas necesidades de medicamentos por padecer enfermedades crónicas. Son muy pocos los pensionistas que no toman medicación de manera habitual y frecuentemente suelen necesitar varios medicamentos para su múltiples dolencias", recuerda la asociación.

   Por ello, señala que esta medida "es injusta además por que los responsables de la prescripción no son los pensionistas sino los médicos que recetan los medicamentos", que, matiza, "sufren la presión de la industria farmacéutica".

   "Núñez Feijóo da un paso más en su estrategia de hacer pagar la crisis a los sectores más vulnerables y desprotegidos, mientas promete rebajar los impuestos a los más ricos y poderosos", concluye la Asociación para a Defensa da Sanidade Pública.

El copago sanitario atenta gravemente contra la salud

 

Jueves, 24 de Noviembre de 2011  inSurGente.org

Un artículo de Ángeles Maestro.

Pocas veces ha llegado tan alto el grado de alienación del discurso electoral. Sólo comparable con el nivel de descrédito generalizado del mismo. El centro del debate político ha sido la salida de la crisis, cuando todo el mundo sabe que después del túnel solo se vislumbra otro aún más negro.

Los candidatos han hablado de que la protección social es intocable cuando acaban de pactar una reforma constitucional que establece la prioridad absoluta del pago de la deuda, de sus intereses y el cumplimiento a rajatabla de los objetivos de déficit público. En roman paladino, la traducción práctica de esa reforma es blindar drásticos recortes del gasto público que, como bien sabemos, no se aplicarán a la financiación pública de bancos u cajas de ahorros, ni a la financiación de la iglesia católica, ni a la de la enseñanza privada – directa o por la vía de la desgravación – ni a los gastos en armamento,.. etc. Gobierno y oposición están atados a una lógica que, como se está demostrando, nos lleva directamente al precipicio. Han eliminado la única opción alternativa: no pagar la deuda para priorizar el gasto social y reestructurar el sector productivo.

Para confirmar la verdad que las paredes gritan: “Otro capitalismo es imposible”, el presidente de la Generalitat de Cataluña no ha tardado ni 48 horas en anunciar nuevas medidas de ahorro, incluido el más emblemático de todos: el copago sanitario y/o farmacéutico.

Todos lo negaron públicamente durante la campaña, nadie lo llevaba en el programa y todos han callado cuando Artur Mas ha hablado. Las encuestan hablan claramente de un rechazo mayoritario a la introducción de cualquier tipo de tasa por el uso de los servicios sanitarios o farmacéuticos, pero ahora, con los votos ya amasados, ha llegado el momento de introducirlo y no sólo para el pueblo catalán.

La introducción de cual tipo de tasa sanitaria o la modificación en la aportación del paciente, activo o pensionista, en los medicamentos tiene necesariamente que ser establecida por una norma de ámbito estatal. En el caso del pago de los medicamentos sería preciso reformar la Ley 29/2006 de garantía y uso racional de los medicamentos y en el caso de la tasa para acudir a consultas, urgencias, medios diagnósticos ..etc, sería necesario modificar el Real Decreto 1030/2006 que regula el contenido de la Cartera de Servicios Básicos y Comunes para todo el Estado. Cuando se publicó un informe interno de la Consejería de Sanidad de diciembre de 2010 en que se analizaban las “prestaciones prescindibles o de acceso restringido” y se calculaba el ahorro producido por su eliminación o exigencia de copago, se hacía referencia al Real Decreto citado. La conclusión lógica[1] fue que tal Informe era uno de los 17 encargados por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud a las CC.AA. al tiempo que ministras y altos cargos negaban enfáticamente la introducción de cualquier tipo de tasa.

La falacia de “desincentivar el abuso”.

El copago, como bien sabemos es repago, ahora más que nunca. El impuesto sobre las rentas de la población asalariada, detraído directamente de la nómina, supone ya el 85% de lo recaudado por el IRPF, el fraude fiscal – del capital – llega al 25% del PIB y, en medio de la crisis, la parte de la renta nacional que se llevan los beneficios empresariales ha crecido dos puntos pasando del 44,7 al 46,5%. Todo ello sin entrar a analizar un sistema fiscal en el que tributa más el dinero ganado trabajando que las rentas del capital, el escándalo de las SICAV, la continua reducción o eliminación de impuestos como patrimonio, sucesiones, la desgravación por el uso de la sanidad y la enseñanza privada, etc.

El pago de una cantidad por el uso de una prestación sanitaria supone gravar a la persona precisamente en el momento de máxima vulnerabilidad – cuando está enfermo – y cuando además aumentan los gastos de todo tipo y disminuyen los recursos como ocurre con la baja laboral.

El argumento, sistemáticamente utilizado por todos los defensores del copago “desincentivar el abuso” es una falacia. Sin negar que existan casos de uso injustificado de consultas, que deben resolverse de forma individualizada, los datos[2] relativos a las consultas médicas en atención primaria indican con claridad que si se excluyen las consultas de carácter administrativo y las que pueden ser atendidas por otros profesionales – como se hace en otros países – la frecuentación está por debajo de la media de la UE.

Por otro lado no hay que olvidar que es el médico y no el paciente el que prescribe ir al especialista, realizar determinadas pruebas diagnósticas o administrar determinado tipo de medicamentos.

El copago al servicio de la privatización

Dependiendo de la cuantía de la tasa la discriminación económica puede ser mayor o menor. La experiencia de introducir tickets moderadores muy bajos (menos de 2 euros) ya se ha realizado en otros en otros países, como Canadá y ha tenido efectos demoledores: se reduce drásticamente el uso el uso de servicio sanitarios o medicamentos para el 20% más pobre de la población, para quien esa cantidad es relativamente importante, independientemente de la gravedad de su padecimiento. En el caso de tasas sanitarias como las que se introdujeron el pasado mes de julio en Italia (10 euros/consulta atención primaria, 25 euros/ consulta especialista, 25 euros/ atención en urgencias sin ingreso, etc) los efectos, aun no cuantificados, serán demoledores para amplias capas de la población con menos recursos. Así está sucediendo en Portugal donde también se están cobrando 10 euros para acceder a la consulta de atención primaria. Médicos procedentes del Estado español que trabajan en el Alentejo refieren estar viendo cánceres con un nivel de desarrollo aquí desconocido como resultado de que la población más pobre prescinde de programas preventivos y retrasa la consulta.

Además de las graves y prioritaria consecuencias para la salud del copago, el impacto sobre el gasto sanitario es justo el contrario: el coste de los tratamientos aumenta.

En Grecia los drásticos recortes en sanidad (despidos, cierres de servicios, etc) han disminuido las consultas en medicina general y especializada, pero se han incrementado entre 2009 y 2010 en un 24% los ingresos hospitalarios.

Si la reducción del gasto no se produce, sino todo lo contrario – habida cuenta además de los costes administrativos generados por la recaudación – , y ellos lo saben, ¿cuál es la finalidad que persiguen?

Si tenemos en cuenta que en sanidad el 15% de la población (personas mayores, enfermos crónicos y pobres, en general) consume el 80% del gasto sanitario, dificultar el acceso a las prestaciones sanitarias o farmacéuticas a ese sector social, asegura el negocio privado en sanidad. Todo el mundo sabe que ante una patología compleja o costosa está asegurada la derivación a los hospitales públicos desde la sanidad privada.

Si a ello añadimos que el capital está trabajando con datos de desempleo en el Estado español del 30% sine die, se está configurando una situación bien diferente de la del pleno empleo que aconsejó sistemas sanitarios públicos, gratuitos, de calidad y universales para restaurar rápidamente la fuerza de trabajo. El futuro que nos diseñan es el de una sanidad tipo beneficencia para la población con menos recursos, como en EE.UU., y una asistencia sanitaria de calidad para quienes puedan pagarla. El copago encaja las piezas del puzzle: pobres, personas mayores y enfermos crónicos consumirán menos servicios sanitarios y medicamentos, independientemente de la trascendencia del medicamento o la gravedad de la enfermedad.

Hay soluciones, exactamente en sentido contrario

El sistema sanitario público tiene problemas serios de calidad y de despilfarro que las privatizaciones y los recortes agravan. Tanto el gasto farmacéutico injustificado o como la sobrecarga de las urgencias tiene razones múltiples, bien conocidas, entre las que destaca el déficit de personal sanitario, la consiguiente masificación de las consultas de atención primaria, sobre las que también recaen demandas socio-sanitarias, de salud mental y las consecuencias de la práctica inexistencia de la medicina preventiva, que a falta de otros recursos se “resuelven” con recetas. A todo ello hay que añadir la parasitación de la sanidad pública por parte de la privada, además del encarecimiento y la incompetencia manifiesta de la gestión privada de la sanidad pública en la resolución de enfermedades graves.

Las medidas deberían ir dirigidas al aumento y racionalización de los recursos sanitarios públicos, sobre todo los preventivos y de atención primaria, además de medidas integrales de política del medicamento: fabricación pública de medicamentos esenciales, eliminación del registro de medicamentos inútiles o injustificadamente caros, distribución de medicamentos en la cantidad requerida en los centros de salud, etc. Todo ello redundaría a medio plazo en una reducción del gasto y en lo que es más importante: la mejora en la calidad de la atención.

Si no se abordan este tipo de medidas es porque la estrategia privatizadora está bien arraigada y el beneficio privado es incompatible con la universalidad y la calidad de la asistencia sanitaria pública.

Por el contrario, la valoración desde principios irrenunciables de equidad, salud y servicio público sólo puede ser la siguiente:

– No se puede aceptar ningún tipo de pago para el acceso a servicios sanitarios, ni ningún aumento en la aportación del paciente a los medicamentos, ni de activos, ni de pensionistas, que sólo contribuiría a empeorar la accesibilidad económica, ya muy deteriorada por la caída en picado de las condiciones de vida de la población.

– El servicio sanitario público debe ser gratuito en el momento de uso. Son los impuestos directos, los que gravan la riqueza, los que deben establecer diferencias en las aportaciones a las finanzas públicas.

– El co-pago que pretenden justificar desde objetivos recaudatorios o de racionalización en el uso de las prestaciones sanitarias, obedece al objetivo real de favorecer la privatización (si hay que pagar por ir al médico, ¿por qué no pagar una póliza en la sanidad privada?) y quitarse de en medio a los mayores obstáculos al negocio privado en sanidad: enfermos crónicos, personas mayores y pobres en general.

No es ninguna exageración decir que el copago sanitario o farmacéutico pone en riesgo la vida de muchas personas. Es este un asunto altamente sensible que puede movilizar a muchas personas. Más temprano que tarde hay que ponerse manos a la obra.

Si privatizar empresas es un robo, privatizar servicios públicos como la sanidad es un crimen[3].

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[1] Un análisis pormenorizado del Informe citado puede encontrarse en Maestro, A. (2011) “Datos concretos del copago sanitario” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=122105

[2] Consultar http://blogs.publico.es/dominiopublico/1759/el-copago-sanitario/

[3] http://www.redroja.net/index.php/documentos/campanas/501-privatizar-es-un-crimen

Artículo escrito para "El Otro País"

NADA SOBRE NOSOTROS, SIN NOSOTROS.

No podemos pedir a nuestros políticos un compromiso social si nosotros mismos, las personas que les votamos, no somos capaces de implicarnos en las movilizaciones que han de dar un giro total al rumbo del desastre que está invadiendo el planeta.

El compromiso de la ciudadanía pasa por renunciar a la pasividad y defenderse de la gran epidemia de ignorancia que reina en nuestras mentes y nuestros hogares. El virus de la ignorancia es el principal aliado de los poderes financieros y gubernamentales. Tiene su origen en nuestra educación y se extiende principalmente a través de las televisiones, utilizando también otros medios escritos para desinformar o manipular la información.

La falta de pensamiento crítico en nuestra sociedad, contribuye a la pérdida de unos valores fundamentales en el género humano, necesarios para la honestidad y libertad de las personas. Los centros docentes y universitarios, lugares donde se deberían encontrar las neuronas cerebrales de ese pensamiento crítico, por el contrario, desarrollan y suministran talentos a un sistema que utiliza su capital intelectual para fomentar la corrupción y destruir nuestro entorno natural y social.

Se ha abierto la campaña electoral, y con ella la vergonzosa manipulación que los medios informativos, principalmente las televisiones, comienzan a ejercer sobre una parte importantísima de la ciudadanía que todavía no se ha enterado del argumento que tiene esta escabrosa película llamada “crisis”, y de los perversos objetivos que persiguen sus actores.

Se ha anunciado a los cuatro vientos un debate televisivo entre los que parecen ser “únicos” candidatos a dirigir este país. Más de medio millón de euros gastados de nuestros impuestos por una televisión pública, para ofrecer un combate entre los dos púgiles que la banca ha decidido poner al frente de nuestro país. Porque dando tanta proyección a ese debate, meten en el subconsciente de esa ciudadanía ingenua e indecisa que los demás candidatos no cuentan, que el resto de partidos políticos son solo comparsa.

Ese es el único margen de maniobra que dejan a la ciudadanía para que sigan creyendo que son libres y que esto es una democracia. Elijan ustedes a su verdugo, o lo que es mejor…, ¡háganse ustedes mismos el harakiri! Pero sepan que después del 20N habrá un claro vencedor y un evidente perdedor; el vencedor y gobernante: LA BANCA, el perdedor, el de siempre: NOSOTROS.

A medida que pasan los meses, se suman por decenas los miles de personas que acuden a la llamada de las movilizaciones sociales, no convocadas por los sindicatos, sino por los propios colectivos de afectados y, otros comprometidos en la lucha que hemos de llevar a cabo para cambiar este mundo. Personas que manifiestan su rechazo a las políticas que toman nuestros gobiernos, gritándoles muy claramente que no se sienten representados. Una vez más, esos políticos se dirigen a nosotros dejando muy clara una cosa: que hace ya mucho tiempo que nos perdieron el respeto.

ES MOMENTO DE CAMPAÑA

Y lo que está claro es que en campaña electoral es importantísimo que, además de los políticos, hablemos nosotros. Llevo dos años luchando públicamente, no solo contra el Santander, contra la banca en general. He visitado 28 ciudades españolas recogiendo testimonios de víctimas de esa banca, que reflejan en su mirada el drama y la tragedia por la que están atravesando. Me he gastado todos los ahorros, que con sacrificio, había conseguido reunir para comprarme una silla de ruedas eléctrica, algo que me resulta imprescindible para tener una mayor independencia y libertad. No sé si llegaré a recuperar ese dinero, pero en mi orden de prioridades, liberar a nuestros hijos de esta esclavitud financiera, y que todos los ciudadanos despertemos de la gran mentira que vivimos, están por delante de mi precaria movilidad.

Es una absoluta falta de respeto comprobar que la gran mayoría de partidos que se presentan a estas elecciones y, que dicen querer salvarnos de la crisis, no hacen alusión alguna a los culpables que han generado esta situación, ni incluyen en sus programas las responsabilidades que piensan exigir a esos culpables. Siento una gran decepción e impotencia al comprobar que tanto esfuerzo y sacrificio empleados estos dos años, no dan todavía un mínimo resultado… ¡Pero éste que escribe dice que no se rinde!

Hoy parto con dirección a Madrid para comenzar mañana jueves, 10 de noviembre, una huelga de hambre junto a Francisco Cañas, padre de una de las víctimas que encontré en Jaén, y que durará los días que restan de campaña electoral. Nos plantamos ante el Congreso de Diputados con la pancarta que os adjunto al final.

En esta campaña electoral, las víctimas de este sistema tenemos que hablar muy alto, no permitamos que sigan hablando públicamente de nosotros sin estar presentes. Nada sobre nosotros, sin nosotros. ¿Alguien se anima a acompañarnos al Congreso de Diputados en Madrid? Será un placer veros allí.

José Luis Burgos

La marabunta.

Por Mª Ángeles Sierra.

La incertidumbre política y económica mundial es cada día más preocupante. Todos nuestros derechos, todos nuestros esfuerzos, todas nuestras aspiraciones para desarrollar una vida digna y de calidad recaen en manos del poder del 1% de la población que es el que controla y domina la capacidad productiva, económica, política y social en beneficio fundamentalmente de sus propios intereses personales.

La geografía mundial está siendo sibilinamente recolonizada por el despiadado poder capitalista mundial dispuesto a reducir a la humanidad a su mínima expresión y parece que lo está consiguiendo.

Pese a que el mundo se une intentando globalizar su protesta y aprovecha las nuevas herramientas tecnológicas existentes para intentar hacer frente a estas brutales situaciones, aun no es suficiente para derribar las fuerzas del devastador poder que se nos viene encima.

En España, educación, salud y muy especialmente dependencia, están sufriendo un duro ataque por parte de estas doctrinas neoliberales. ¿Qué podemos hacer nosotros que somos como un grano de arena en medio del desierto?

No es que quiera ser pesimista, sino que quizás si queremos conseguir y contribuir a hacer algo grande, tan grande como defender y apuntalar de una forma eficaz nuestros derechos, debemos de empezar por sentirnos muy pequeños, además de muy libres y dispuestos. Pero también hemos de aprender a identificar, rechazar y atacar de un modo muy determinado cualquier instrumento inmediato que sirva para retroalimentar ese despiadado y opresor capitalismo sanguinario.

El derecho a la educación gratuita y de calidad, a la salud gratuita y de la calidad y a vivir en  situación de dependencia con toda la dignidad que cabe esperar y elegida libremente por quienes viven en esa situación de dependencia, son derechos básicos que junto con el derecho a una vivienda digna y a un empleo digno y a unas prestaciones sociales dignas, ante nada y ante nadie, deberíamos dejar arrebatarnos.

Quizás uno de nuestros primeros deberes, sea el de desposeernos de ese cúmulo de encubrimientos inconscientes heredados que por mor de absurdas nostalgias, nos sigue ofuscando.

La situación que vivimos no es un asunto que se pueda reducir a la batalla entre socialistas  y populares o cualquier otro partido inmerso con posibilidades dentro del abanico electoral. Está en juego nuestra supervivencia y algo más grande si cabe, nuestra independencia y libertad. En definitiva está en juego nuestra propia identidad, tanto de una forma física o tangible como moral.

Quizás nos ha llegado el momento de aprender a convertirnos en hormigas guerreras, hormigas legionarias y marabunta sin necesidad de construir ningún hormiguero permanente, creando así colonias de personas dispuestas a atacar la presa del capital en cualquiera de sus formas y en masa.

El poder de la tecnología y el poder del pensamiento, al menos y de momento, nos acompañan.

Hacia la vida política del futuro

 

La interacción en redes sociales y el final de "la cultura de la Transición" cambian las formas de hacer política
El esquema que llega no solo desborda a los partidos sino también a las organizaciones y movimientos sociales
El individuo libre, creativo y sin compromiso de militancia pesa más que lo colectivo
03.11.2011 · Por Juan Luis Sánchez


Que hay vida política más allá de los partidos no es algo nuevo. Decir lo contrario sería negar la existencia de
los lobbies empresariales, de la incidencia política de las ONG, del asociacionismo o de proyectos pequeños en la periferia del sistema. Y sin embargo se extiende la sensación de que una realidad nueva se abre paso, un escenario del que el 15M no parece ser causa sino una consecuencia, un prototipo, un catalizador. El nuevo esquema de la vida política se está dibujando y puede que lo que salga no tenga nada que ver con lo que heredamos desde hace siglos.

“Hasta ahora la politica ha estado formada por voces organizadas y colectivas”, nos dice Carolina, una de las impulsoras de la movilización global del 15 de Octubre que reunió a cientos de miles de personas en todo el mundo. Sin embargo, ella es de las que percibe que se abre camino “el pensamiento crítico individual” en un esquema político en red, donde la fuerza de lo personal está por encima de lo colectivo, “y luego todo se vierte” en lo común, se comparte, se retroalimenta. Donde la militancia no es un valor y la lealtad tampoco.

Puerta del Sol, 15 de mayo de 2011. (Juan Luis Sánchez)

Despejemos la mente por un momento de la etiqueta ‘15M’. No estamos hablando (solo) del mayo de 2011. Podemos encontrar los primeros rasgos incipientes de este fenómeno en los días posteriores al 11-M de 2004, en el “pásalo” como primer ‘retuit’; ahí comienza a extenderse el discurso sobre “el poder de las redes” y de la formación de comunidades que trascienden lo geográfico.

Más recientemente, las protestas contra la Ley Sinde demuestran la capacidad de determinados líderes de opinión, operando en sus espacios de expresión personales y sin representar a nadie más que a sí mismos, de arrastrar a otros miembros de su comunidad y, en efecto dominó, llegar a incendiar la red contra un proyecto político concreto. Esa minoría, no estructurada pero influyente, consigue impactar en la vida política mediática y a día de hoy casi ningún partido se presenta a las elecciones sin dedicar unas líneas en su programa electoral al debate sobre la propiedad intelectual.

Un ejemplo más: el ataque institucional y empresarial contra Wikileaks, que provoca la reacción de miles de usuarios con conocimientos muy específicos de tecnología, generando contenido y activismo en favor del proyecto de Julian Assange. Y podríamos seguir con lo que ha sucedido este año en el Norte de África y Oriente Medio.

Mapa conceptual del 15M (unalineasobreelmar.net). Esquema de un modelo descentralizado. Click para ampliar.

En todos estos casos, la influencia y riqueza política de la red ha ido muy por delante de la acción de los partidos. Son “los primeros experimentos de la organización vírica global del siglo XXI“. Eso nos dicen desde el colectivo @isaachacksimov, que impulsan el activismo tecnológico desde hace 10 años. En Democracia Real Ya nos decían hace poco que están naciendo “los movimientos ciudadanos de presión”, una “categoría social nueva, igual que se crearon en su momento los partidos políticos o los sindicatos”. La palabra ‘los’ va en negrita porque igual que son estos podrían ser otros, opuestos ideológicamente o con fines muy diferentes. Lo que está por desarrollarse es la fórmula de la actividad sociopolítica del futuro. Si Internet no es solo una herramienta sino que cambia la forma en la que consumimos, nos comunicamos, ligamos, leemos o hacemos amigos, por qué la política se iba a poder resistir.

“Los miembros cambian, se suman o desconectan temporalmente” de las causas y “no tienen por qué estar de acuerdo con todo”, explica @isaachacksimov sobre esta forma de organizarse, que de alguna manera se parece al trabajo de las comunidades de desarrolladores informáticos de software libre. “Se funciona de manera asíncrona: cada uno se conecta cuando puede, a la hora que puede, y aporta lo que puede” al proyecto común.

En la asamblea y en el ordenador. (J.L.S.)

En esa línea, el abogado Javier de la Cueva, uno de los usuarios de Twitter más influyentes de las primeras horas del 15M, dijo al principio de las movilizaciones: “Hemos llegado hasta aquí cada uno por separado. Se puede por separado llegar a mucho más”. O dicho, poco después, con más sorna: “el pueblo distribuido, jamás será vencido”. El abogado Josep Jover definía el 15M hace unos días como “la primera revolución que se hace por gente de ciencias y no de letras”.

“La mejor forma de expresarse como individuos está en Internet y las redes sociales”, insiste Carolina. “Te presentas como persona que se agrega a cosas que están pasando. Te permite ser propositivo y no estar siempre a la contra, que mi pensamiento no es solo soltar exabruptos ni ser anti-cosas”, explica. Y ahí están las herramientas: Twitter, Facebook, miles de listas de correo y plataformas desarrolladas por la propia comunidad, según sus necesidades, como la cartografía que ha recopilado el arquitecto Pablo de Soto.

Lista de correo donde debate el grupo de Economía de Sol

De esta dinámica nace el debate, la opinión y la presión ciudadana. Esa sería la nueva forma de influir sobre las decisiones, participando en política desde fuera hacia adentro y en comunidades – como ocurre en la tradición anglosajona, por ejemplo – pero con la potencia y la riqueza de la conexión en red.

Por eso dice Carolina que “el concepto de militancia” actual es “muy excluyente, con códigos muy marcados, donde se ve perfectamente quién tiene el peso. Es normal que la gente piense que no pinta nada y se vaya”. Esta crítica, que generalmente se hace sobre las estructuras orgánicas de los partidos políticos, Carolina la hace extensiva a los movimientos sociales y al formato de las asamblea: “El asamblearismo significa una falsa horizontalidad, es burocracia”, dice. “Yo creo que las cosas deben ser más intuitivas y fluidas”.

La política en red no solo viene a desbordar las estructuras de las organizaciones más establecidas sino también las de los ambientes más críticos. “Si miras ahora mismo en la red, hay cientos, miles de personas hablando con sus amigos, familiares, compañeros de trabajo… Son ellas las que van a decidir lo que ocurra este próximo mes, por ejemplo”, nos dice @isaachacksimov. “Así funcionamos: aparecemos en la calle, luego volvemos a la red, se recombina todo y al tiempo volvemos a aparecer”.

Mapa de las interacciones de usuarios de Facebook, en 2010 (Facebook)

Empiezan las dudas. ¿Y qué pasa con la brecha digital, con aquellos que no tienen conexión o habilidades en Internet? “Hay que cuidar todos los frentes”, dice @isaachacksimov, aunque reconoce que la tecnología y la red es el futuro. “Es mucho más democrático un lugar, la red, donde participan miles de personas que una asamblea donde quizá solo pueden ir 300“, apostilla Carolina, que nos pone el ejemplo del 15O. “Fue una convocatoria impulsada por un grupo pequeño de personas y que fue acogida masivamente sin tener que pasar por todas asambleas que se supone que tendrían que haberla legitimado”, explica.

Venga, otra duda. Entonces, ¿quién da legitimidad a las acciones? Es una pregunta que surge a menudo alrededor de estos movimientos en red y con otro ejemplo paradigmático: la ocupación del Hotel Madrid en la madrugada del 15 al 16 de octubre por parte de un grupo de unas 40 personas, cuando la multitudinaria manifestación se había ya disuelto. Esa iniciativa, que suscitó y sigue suscitando mucho debate “interno”, fue saludada y luego difundida por determinados nodos del movimiento, como @acampadasol o @madrilonia, y que, de manera informal, acaban integrando estas u otras acciones dentro del ‘paisaje 15M’ sin que sean aprobadas por ninguna asamblea general. Y sin embargo, eso no implica necesariamente el apoyo del resto de la comunidad, que se mueve sin compromisos ni lealtades.

Luego está el debate de los egos, otro punto de fricción. Si se fomentan los liderazgos individuales, ¿qué tipo de sociedad se está en realidad promoviendo? ”El discurso del logro, del éxito, etc. es radicalmente opuesto a la filosofía que yo le presupongo al procomún“, se dice en un diálogo anónimo del colectivo ZEMOS98. “Incluso te diría que pondría en cuestión las marcas personales”.

Laboratorios de democracia directa

El doctor en Derecho Josep Lluis Martí, especializado en nuevas tecnologías y democracia, tiene claro que “es más eficiente la inteligencia en red de cientos de individuos comunes, bien informados, con sentido común y buena fe que la de diez expertos”. En el blog documental La revolución horizontal, Martí apuesta por “evolucionar hacia la democracia deliberativa” para superar el actual sistema parlamentario donde “las leyes no se debaten, se negocian”. Martí plantea que la tecnología permite que el ciudadano intervenga en el proceso tras “un proceso de deliberación”.

Hay algunas iniciativas que ya proponen formas de democracia directa adaptadas al sistema actual, la mayoría experimentales. En 2008 se fundó el Partido de Internet, que tres años de trabajo después ha conseguido los avales suficientes para presentarse por una circunscripción en las Elecciones Generales del 20 de Noviembre, la de Cádiz. El Partido de Internet no tiene ideología ni programa electoral, solo normas de funcionamiento: si salen elegidos, los diputados de este partido se comprometen a votar en el Congreso lo que decidan sus simpatizantes a través de Internet. Para evitar el agotamiento, se establecen formas de delegación de voto a personas de confianza, de forma puntual o para temas en concreto.

Dibujo promocional del Partido de Internet

Otra apuesta, ésta mucho más reciente y apoyada por Democracia Real Ya, es “Democracia 4.0“, como quieren llamarla sus creadores. Se trataría de un sistema que garantice una cuota de participación directa de los ciudadanos en las votaciones del Parlamento. Los que participen en la votación ya se representan a sí mismos, con lo que cuantas más personas participen en una votación, a menos ciudadanos representa cada diputado y menos valor tiene su voto. Es un modelo híbrido y variable.

Mientras todas estas iniciativas crecen, fracasan o mutan, el runrun de la nueva vida política influye ya sobre las intenciones de los partidos políticos. Los conceptos de regeneración democrática o participación electrónica aparecen en diferente medida en el programa electoral para el 20N de PSOE, UPyD y sobre todo en el de Izquierda Unida, que incluye entre otras la apuesta por la revocación de cargos públicos, y en el de Equo, que ha aplicado sistemas de voto online para sus primarias y una red social se simpatizantes para la creación de su ideario.

El fin de la cultura política de la Transición

¿Cómo todo este magma de innovación política ha podido permanecer casi invisible a los principales medios y organizaciones políticas? Puede que, en parte, porque muchos han preferido refugiarse en conceptos culturales huyendo de la palabra política y eso les ha hecho menos identificables ante ‘lo oficial’. Pero sobre todo porque ‘lo oficial’ les ha estado mirando permanentemente como si fueran una masa apolítica o marginal. El sempiterno error de preguntarle a los que plantean cambios en la cultura, en la economía o en la educación que por qué no entran en política, como si lo que hacen no lo fuera. De pedirles que voten, como si muchos no votaran ya. El cambio es que el voto está dejando de ser el elemento definitorio de la vida política de las personas. “¿¡Apolíticos!? ¡Superpolíticos!”, aclaraba una pancarta en Sol.

Viñeta de Miguel Brieva

“El monopolio de la palabra ha estallado, ha sido desbordado”, nos dice el editor y pensador Amador Fernández-Savater. “Han aparecido otros asuntos de los que hablar y una forma nueva para construir la percepción de los problemas”.

En España hay quc cruzar el fenómeno global de la red con la muerte de la ’Cultura de la Transición’, término que acuña Guillem Martínez para definir los lenguajes y los criterios sociales que se aplican en España desde el paso del franquismo a la democracia y que ahora empiezan a desvanecerse. En el terreno de lo político, Fernández-Savater nos describe la cultura de la Transición como “consensual, desproblematizadora y despolitizadora”.

“Lo de consensual suena bien, pero en realidad no es un consenso tras el diálogo sino un pacto previo sobre las cosas de las que se puede hablar y de las que no”, aclara Fernández-Savater. “Cuando se dejan atrás los años 70, la cultura política de la Transición dice: ea, esto es lo que hay. Y se ponen unos temas sobre la mesa de los que sí se puede hablar: nacionalismo, laicismo, los toros o los límites de la velocidad”. Pero las cuestiones esenciales de la democracia, según esta teoría, no se tocan. Por eso se tiende a evitar el conflicto político (desproblematizar) y a despolitizar la cultura.

El primer gráfico # y este cartel son creaciones de vocesconfutura.tumblr.com

La cultura de la Transición ha entrado en crisis, por un lado, porque “los miedos gestionados por la política desde el 77 (medio al Golpe de Estado, miedo a la herencia del franquismo, miedo al terrorismo de ETA) son miedos en declive. No es que sean inventos, son cosas bien reales, pero realidades en desaparición”, explica Fernández-Savater. Por otro, porque la contraprestación del consenso, es decir, la protección de derechos como la salud, la educación o el transporte “también se está debilitando”.

El característico empeño del 15M por no clasificarse como de izquierdas o de derechas sería, según este planteamiento, una manera de “escapar a la trampa de la cultura de la Transición, que abusa de ese esquema para dividirnos falsamente”, dice Fernández Savater. “La gente no se deja encasillar porque así no nos dejan plantear debates interesantes. Y además nos asignan unas supuestas alianzas y unos supuestos enemigos que quizá no son los que queremos tener”. Según él, empieza a tener sentido hablar de “individuo conectado a una esfera pública o, mejor, a la esfera de lo común”.

Fuente: PeriodismoHumano