Perdonándome mis lágrimas o regándome el alma.

Es fácil esquivar la lanza, más no el puñal oculto.

(Provervio Chino)

Mª Ángeles Sierra.

Pensar es sencillo, además de necesario. Lo difícil es aprender a compartir los pensamientos, con la naturalidad que  da la inocencia, participándoles con los demás sin temor. Es la siempre absurda fuerza de la crítica y la incomprensión la que habitual e inmerecidamente nos paraliza y aprisiona. Ese puñal oculto que tantas veces sin saberlo, esgrimimos contra nosotros y hacia dentro.

Tras meses encerrada en la tortuosa prisión que envuelve mis pensamientos; curando mis heridas, calmando mi dolor, envolviendo y ya para guardarlos, mis recuerdos, sigo sin saber si algo de mí se ha ido para siempre, o por el contrario he vuelto a recuperar a la persona que era, aunque ya no importa.

Todo ha sido confusión y recuerdo. Todo ha sido duda, que ahora se ha convertido en calma, aceptación e indiferencia.

Cada realidad es como es y no puede ser de otra manera.

Solo basta con aprender a vivir con ella, aceptando que algunas pretensiones no tienen cabida porque se escapan entre los dedos de otras realidades diferentes, que no por ello dejan de ser.

El camino es amplio, largo, duradero y solo hay que sentir la tierra bajo la planta de los pies y seguir recorriendo sus tramos, avanzando con el devenir paisajístico que a mi lento paso iré encontrando y saboreando para preñarme de otras nuevas realidades siempre masticables, siempre digeribles, siempre transformables, siempre mejorables, que la humanidad me irá susurrando.

Posiblemente haya sido cruel conmigo misma, porque no supe preservarme a tiempo de todas y cada una de las tormentas que cayeron sobre mí y que veía aproximarse. Pero ya es tarde para lamentaciones y sería cobarde, además de inaceptable, reprocharle al antojado cielo sus naturales variantes.

Detuve demasiado el tiempo de mi rítmica andadura, añorando e intentando recuperar tiempos ya irrecuperables porque son tiempos pasados y el pasado no regresa más que en el recuerdo y la añoranza.

Vi con mucho dolor como los amigos inventados  que nunca tuve y creí tener poco a poco me fueron dando la espalda, quizás porque fui yo quien vino a demostrar que nadie podía esperar de mí, lo que yo misma de mi no esperaba, descubriendo con ello, que si acaso solo yo me di la espalda porque llevada por un espejismo ilusorio, cambié parte de mi pauta, esperando de aquellos, tanto como de mi esperaban. Es decir, me envolví en mi propia trampa.

Me convertí en el elemento acusatorio y en la culpabilizada de una serie de absurdos desmanes que ni yo misma imaginaba por lo que vi recorrer por todo mi cuerpo la rabia y el dolor tan similar a la que siente un lobo herido, atrapado en una trampa,  en medio de una oscura noche infranqueable. Tras un leve aullido guardé silencio, me refugié en la oscuridad mientras fui lamiendo mis heridas una a una hasta curarlas.

Llegué a comprender el significado y la composición de cada lanza, mientras la luna me iluminaba y me descubría que a fin de cuentas no soy más que una hembra enamorada, que siempre estará sola librando una batalla.

Lo difícil es esquivar el puñal oculto y no la lanza. Lo difícil es llegar a comprender y a perdonarse tantas lágrimas secadas, las mismas que  fueron regándome el alma.


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