Cuerpo a tierra, que tienen plan B.

“Lo pueden llamar plan B o de otra manera; lo importante es cumplir, porque los mercados tienen hoy una tolerancia cero a los incumplimientos”.

– José Viñals, Director de Asuntos Monetarios del FMI –

Nunca me jugaría una cena con el gobernador del Banco de España, porque acabaría desplumándome en un restaurante de postín. Y es que Miguel Ángel Fernández Ordóñez nunca falla, y cuando dice algo, sabe de qué habla. Nos equivocamos al tomarlo por un consejero que lanza propuestas o un vigilante que da tirones de oreja para guardar la ortodoxia. Nada de eso. Lo suyo no es proponer, sino anticipar: cuando nos parece que está sugiriendo o exigiendo medidas al gobierno, en realidad está avisando de cuáles serán los próximos pasos en política económica.

Y si no, acuérdense de cuando meses atrás hablaba de la necesidad de una reforma laboral por decreto, cambios en el sistema de pensiones o ajustes presupuestarios. Todos le criticábamos por ofrecer recetas intragables, pero en realidad no estaba recomendando nada, sino anunciando lo que venía, para que se nos hiciera el cuerpo. Así que ahora, cuando habla de la necesidad de tener un “plan B” con más recortes y reformas, no está aconsejándolo, sino saludando su próxima llegada.

El gobernador soltó lo del plan B como quien no quiere la cosa, y la expresión ya ha hecho fortuna, recogida por el FMI, por lo que es previsible que en los próximos días oigamos hablar mucho de ese plan B. Si no nos gustaba el plan A –reforma laboral, reducción salarial a funcionarios, ajuste presupuestario, reforma de pensiones-, ahora ya sabemos que detrás viene el plan B, otra vuelta de tuerca, como para que supliquemos “virgencita, que me quede con el plan A”.

La reducción del déficit, dijo Fernández Ordóñez, es un “objetivo sagrado”, y añadió que los mercados e instituciones financieras van a tenernos “bajo vigilancia” para que no nos desviemos, y van a exigir las “medidas correctoras” que hagan falta. Es decir, que puede haber plan B, y luego plan C, D y ya ven si queda abecedario.

Que ellos tienen planes para nosotros, no es ninguna sorpresa. La pregunta es otra: ¿tenemos nosotros plan B para hacer frente a su plan B? Apenas hemos sido capaces de esbozar un plan A frente a su plan A, y ya se nos ve cansados y sin ideas.

Fuente: Isaac Rosa / Público

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