Objetivos que tardarán un milenio.

Les recomiendo que esta semana no coman viendo el telediario, porque les van a fastidiar el cocido con las clásicas imágenes de niños hambrientos que todas las televisiones tienen en el fondo de armario. Nos esperan tres días de datos abrumadores, acompañados de discursos graves, buenas intenciones y campañas de sensibilización protagonizadas por famosos y deportistas.

Se reúne la Cumbre de Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, donde los gobernantes del planeta repasarán el grado de cumplimiento de todo aquello que prometieron hace diez años. Uno lee hoy los objetivos y le da la risa por no llorar: resulta que en 2000 se juntaron los mandamases planetarios y dijeron, venga, que nosotros podemos, que vamos a reducir la pobreza y el hambre a la mitad, universalizar la educación, reducir la mortalidad infantil, lograr trabajo decente para toda la humanidad, y frenar la malaria y el sida. Y un jamón, añadiría algún ministro gracioso en el brindis final.

Tal vez los participantes en aquella cumbre pensaron que lo de “objetivos del milenio” se refería al plazo en que debían cumplirlos: un milenio. Pero no, el plazo era mucho más corto: antes de 2015.

Y no crean que nos tomaban el pelo, ni que eran unos ingenuos. Según el FMI, que de estas cosas sabe un rato, las cosas iban bien, estábamos en el buen camino para cumplir los objetivos en plazo… Pero, ay, estalló la crisis y se fue todo al garete. Sólo en este año, 64 millones de personas más a la pobreza extrema, y lo mismo con el resto de indicadores. Pero ya digo, que si no llega a ser por la crisis, palabrita que tenemos un mundo sin miseria en cinco años.

Perdonen tanto sarcasmo, pero es que estos megaplanes me parecen una broma. Según el optimista Ban, bastarían 100.000 millones de dólares más los próximos cinco años para conseguir los objetivos; una minucia al lado de lo gastado en salvar el sistema financiero. Mientras no cambie un sistema económico que funciona como un balancín, haciendo necesarios millones de miserables abajo para que unos pocos nos mantengamos arriba, ya pueden prometer.

Fuente: Isaac Rosa / Público

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