¡Austeridad! ¡Contención! ¡Apretaos el cinturón!

Vivimos una época caracterizada por una profunda crisis del sistema que está sirviendo para que la ínfima minoría de los “amos del dinero” salden sus últimas cuentas pendientes con su otrora poderoso adversario: el movimiento obrero occidental. Así, en los países desarrollados —el llamado primer mundo— las medidas anticrisis de los gobiernos que sirven a los oligarcas que detentan el poder real están suponiendo el desmantelamiento definitivo de los últimos restos del Estado del bienestar y una agresión sin precedentes a los derechos sociales y laborales de la mayoría.

El capitalismo financiero absoluto, defendido a capa y espada por unos medios de comunicación vasallos del pensamiento únicoy por unos gobiernos que representan el papel de intermediarios entre el capital y la sociedad en la ficción democrática, está inmerso en un proceso de acumulación en manos privadas sin precedentes en décadas, gracias a las políticas neoliberales y a las rigurosas “recetas” de derecha extrema que están aplicando con denodado empeño —y de forma unánime— los partidos del sistema en sus países centrales (liberal-conservadores en Gran Bretaña o Francia, neofascistas en Italia, democristianos en Alemania, demócratas en EEUU, socialistas en España, Grecia y Portugal…). Estas medidas, que se presentan como “las únicas posibles y viables”, están causando ya el empobrecimiento masivo de la propia base social y política de este sistema (y de sus partidos): los sectores sociales que se consideraban “clases medias”, que también vuelven a la cruda realidad inmersos en un proceso de proletarización creciente.

Por su parte, el núcleo de la clase trabajadora, viejo enemigo del capitalismo hasta su abducción ideológica, asiste a la liquidación de derechos conquistados en décadas de lucha obrera a causa de la desregulación y precarización del llamado “mercado laboral”, de la negociación colectiva y de los sistemas públicos y servicios sociales (pensiones, sanidad, etc.). Así, sólo en España, el número de pobres de solemnidad ya se sitúa en torno a la redonda cifra de 10 millones de ciudadanos. La precarización de las condiciones laborales (horarios, jornada, salarios), en algunos casos propias del siglo XIX, ha provocado que —en un país con más de cuatro millones de parados— tener empleo ya no implique necesariamente poder vivir con relativa dignidad e incluso, en ocasiones, poder disponer de una ración diaria de proteínas suficiente.

Las movilizaciones anticapitalistas por una salida social a la crisis que iniciaron los trabajadores griegos y que se han extendido después a otros países europeos están aún en una fase embrionaria. La respuesta de la izquierda sindical y política (desorientada ésta última aún en tribulaciones ajenas como los nacionalismos en el caso de España, o desmantelada y postrada en Italia desde la voladura controlada del poderoso PCI) no se corresponde, ni mucho menos, con la magnitud de la ofensiva adversaria. Si no se desarrollan de forma sostenida y masiva hasta las últimas consecuencias y hasta cumplir sus objetivos, las movilizaciones serán tan útiles como un paraguas en pleno huracán…

Fuente: Paco Arnau / Ciudad futura

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