La cortina de humo de los gobiernos del G-20 +

¿Alguien recuerda que el presidente de la República francesa (Sarkozy) dijo que se iba a refundar el capitalismo? Tras las cumbres del G-20 en Washington 2008 (con Bush); en Londres y Pittsburg-USA 2009 (con Obama) y 27 junio 2010 en Toronto-Canadá, nos preguntamos: ¿Donde está la tan anunciada regulación y supervisión de las finanzas? Porque la crisis continúa…

Contra la desinformación sobre la crisis.

El sistema bancario y financiero global ha escapado intacto y es el mismo que generó la crisis y que ahora domina las finanzas de los gobiernos europeos.

Tras las cumbres de Washington y de Londres, la pretendida refundación del capitalismo se ha concretado por ahora en el rescate de los paraísos fiscales por el G-20 como centros financieros homologados para no residentes (grandes bancos, milmillonarios y corporaciones transnacionales) que instrumentan la especulación financiera que trajo la crisis económica.

Juan Hdez. Vigueras

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¡Contra los ricos no se protesta…! Brutal represión policial en Toronto por las protestas contra la cumbre del G20

Más de 10 mil personas salieron a la calle  durante la Cumbre del G-20, celebrada este fin de semana en Toronto, Canadá, para pedir cambios profundos en las políticas económicas impulsadas y respeto a los derechos humanos. Desde la alcaldía de Toronto se indicó que hay algunos detenidos que afrontan cargos como obstrucción a la justicia y destrucción de propiedad. Autoridades locales reabrieron algunas vías de comunicación y estaciones del subterráneo que habían sido cerrados como medida preventiva.

Los resultados de la protesta reportaron 900 arrestos , haciendo de este el mayor arresto masivo en la historia del país. Muchos activistas han sido detenidos sin cargos, en movilizaciones civiles y pacíficas de protesta y mantenidos en pequeñas jaulas atestadas de manifestantes durante horas o incluso días. El Centro de Medios Alternativos (AMC) y periodistas independientes también han sido objeto de allanamientos ilegales, detenciones, 8 detenciones sin cargos y un arresto por romper la paz. Estos días se está dando cuenta de la represión policial ejercida en las detenciones masivas así como recabando testimonios de las personas que la han sufrido.

El 28 de junio los activistas de medios libres realizaron en Toronto una rueda de prensa para poner en evidencia los arrestos masivos, la violencia policial y la intimidación a la que se sometió a la población. En la misma, explicaron los motivos políticos por los que se actuó contra los periodistas y movimientos sociales de la comunidad; así como también contaron cómo fueron elaborados perfiles de las personas sobre la base del tipo de ropa, por llevar números de teléfono para asistencia legal o por residir en determinados barrios. También informaron sobre las condiciones crueles y brutales en que se encuentran los detenidos, arrestados y encarcelados.

Testimonio de la periodista independiente Amy Miller, sobre el trato policial y la violencia ejercida contra las mujeres:

Mi nombre es Amy Miller, fui detenida ayer, estaba con Adam y otro compañero, íbamos para cubrir la acción de solidaridad con los presos. Mientras íbamos en camino vimos cómo un grupo de jóvenes estaban siendo detenidos y nos acercamos para ver que pasaba . Sin darnos cuenta ya estaban pateando a mi compañero y lo mismo me pasó a mí. Me tomaron del cuello y me agacharon a la fuerza, después fui detenida durante 13 horas aproximadamente. Me pusieron en una celda con unas 25 mujeres jóvenes. Durante esas 13 horas de mi detención me dijeron cosas que son repulsivas y totalmente inapropiadas; me dijeron que me iban a violar, me dijeron que me iban a disparar con sus pistolas, me dijeron que se asegurarían de que yo no quisiera ejercer el periodismo en mi vida y que me violarían cuantas veces fuera necesario. Cuando estuve en el centro de detención vi muchas mujeres que fueron desvestidas por los policías para revisarlas, policías hombres. Una mujer que salió de ahí totalmente traumatizada dijo que le habían violentado sexualmente con los dedos.

Presa por tirar pompas de jabón a un policía.

Una joven activista lanza pompas de jabón a un policía canadiense durante la pasada cumbre del G-20. Se entabla un diálogo con el policía, que amenaza con detener a la joven “por agresión”. El video termina con el arresto de la muchacha. No hubo insultos de la joven, ni talante agresivo, solo pompas de jabón lanzadas con un juguete. Otros policías miran la escena, que termina con la muchacha metida en una jaula policíaca. Increíble pero cierto.

Alive in Honduras

Stiglitz: Los gobiernos deberían crear sus propios bancos.

Si los bancos no prestan, los gobiernos deberían crear sus propios bancos y encomendarles esa tarea, propone el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz.

“En Estados Unidos entregamos a la banca 700.000 millones de dólares. Si hubiésemos invertido sólo una fracción de esa cantidad en la creación de un nuevo banco, habríamos financiado todos los préstamos que se necesitaban”, explica Stiglitz en declaraciones al Independent on Sunday.

En realidad se habría conseguido con mucho menos: “Pongamos 100.000 millones, apalanquemos esa cantidad por un factor de diez a uno (atrayendo fondos del sector privado) y obtendremos una capacidad crediticia de un billón de dólares, más de lo que necesita la economía real”, explica.

El problema en Estados Unidos es que el estímulo fiscal no fue el que era necesario: “Consistió en buena parte en recortes de impuestos, y cuando se dio dinero a los bancos, fue a los que no debía haber ido”.

“Consecuencia de todo ello es que no se ha restablecido la actividad crediticia. Es previsible que este año se embarguen dos o más millones de casas más que el año pasado”, advierte el experto estadounidense.

Tras los ataques de los mercados financieros a Grecia, primero, y luego a España, el consenso parece ser el de que los gobiernos deben ahorrar, critica Stiglitz, que compara la situación actual a la de la Estados Unidos durante la presidencia de Herbert Hoover.

Los gobiernos, como el británico, no sólo se niegan a estimular la economía, sino que se dedican a recortar el gasto, como hizo Hoover en 1929, con la consecuencia de que el “crack” de Wall Street degeneró en la Gran Depresión.

“Hoover creía que cuando se entra en recesión, aumentan los déficits, por lo que optó por los recortes, y esto es precisamente lo que quieren ahora los estúpidos mercados financieros que nos metieron de lleno en los problemas que tenemos”, señala el premio Nobel. Según Stiglitz, es el clásico error de quienes confunden la economía de una familia con la de una nación.

“Si una familia no puede pagar sus deudas, explica, se le recomienda que gaste menos para que pueda hacerlo. Pero en una economía nacional, si se recorta el gasto, decae la actividad económica, nadie invierte, disminuye la recaudación fiscal, aumenta el gasto en desempleo y uno termina sin dinero para pagar las deudas”.

“Hay muchos experimentos que lo demuestran gracias a Herbert Hoover y el Fondo Monetario Internacional”, dice Stiglitz, según el cual este último organismo aplicó esas recetas erróneas a Corea, Tailandia, Argentina, Indonesia y muchos otros países en desarrollo en los años ochenta y noventa.

“Sabemos lo que ocurre. Las economías van a debilitarse, se reducirán las inversiones y se producirá una terrible espiral descendente”, dice Stiglitz, que recuerda lo sucedido en Japón, que acometió un experimento similar en 1997, cuando estaba en vías de recuperación, aumentó el IVA y se hundió en una nueva recesión.

La respuesta, según Stiglitz, no es reducir el gasto público sino redirigirlo: “Se puede recortar el dinero que se gasta en la guerra de Afganistán. Se recortan varios cientos de millones de dólares desperdiciados en el sector militar. Se reducen las subvenciones al petróleo”.

“Hay muchas cosas que pueden recortarse. Y hay que aumentar el gasto en otras áreas como la investigación y el desarrollo, la infraestructura, la educación”, todas ellas áreas en las que el Gobierno puede obtener una buena rentabilidad de sus inversiones.

Según Stiglitz, “no hay tampoco ninguna razón por la que no podrían aumentarse en un 40 por ciento los impuestos a las ganancias especulativas (del sector inmobiliario).

Ese tipo de especulación, dice, “no beneficia a la sociedad y la tierra va a seguir ahí, con independencia de que la gente especule o no. Y a cambio de eso, se rebaja el gravamen a otras actividades como la investigación y desarrollo”.

Fuente: Efe – Londres

Líderes de los países ricos sin estrategia financiera viable se ocupan de la guerra.

El G-8, grupo de las naciones más ricas de la tierra, concluyó su cumbre anual en Muskoka (Canadá) con una condena a la “falta de transparencia” de las actividades nucleares de Irán y al ataque de Corea del Norte contra el navío de guerra surcoreano “Cheonan”.
Al no poder resolver sus diferencias sobre una nueva estrategia financiera global, los líderes mundiales reunidos en Canadá volcaron su atención hacia los problemas más complicados en política exterior, señaló eufemísticamente la AP.

Por su parte el comunicado del G-20, una segunda élite de naciones ricas más emergentes entre los 192 estados miembros de la ONU, no obliga a aplicar impuestos a los bancos. O sea, que el capitalismo caníbal apuesta a la guerra ante su incapacidad para regular la crisis económica, ecológica, etc.

Los dirigentes de las ocho naciones más industrializadas del mundo, integrantes del Grupo de los Ocho, programaron empezar su segundo día de conversaciones el sábado enfocándose en el estancamiento en materia nuclear con Irán y Corea del Norte.

En el caso de Teherán, Estados Unidos y otros países europeos ejercieron presión para que otras potencias también impongan nuevas sanciones a Irán por su controversial programa nuclear, las cuales se sumarían a las medidas tomadas por el Consejo de Seguridad de la ONU este mes.

Sin embargo, China y Rusia apoyaron con renuencia las sanciones de la ONU y se han negado a tomar más medidas de castigo de forma unilateral. Pero, obvio que al final da lo mismo.

Las discusiones en materia de política exterior llevadas a cabo por los líderes del G8 _Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia_ ocurrían tras un día de conversaciones en las que el grupo no pudo llegar a un acuerdo sobre la combinación de gasto público y reducción del déficit que se necesita para que la economía mundial avance.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, argumentó que la economía global sigue siendo frágil y no debería ponerse en riesgo al tener países que reduzcan demasiado rápido sus déficit, mediante cortes en el gasto público y aumento de los impuestos, lo que puede llevar a un crecimiento económico más lento.

Pero los líderes de Gran Bretaña, Alemania, Canadá y Japón alegaron que las reducciones del déficit son necesarias para calmar a los inversionistas luego de la inestabilidad del mercado experimentada en mayo, cuando Grecia casi cae en bancarrota al no poder pagar su monumental deuda soberana.

La reunión del G8 se realizó en un complejo vacacional a dos horas en carro del norte de Toronto. Al terminar viajaron para las conversaciones del Grupo de los 20.

Fuente: Norelys Morales Aguilera

¿Qué se pretende con la reforma laboral?

Hay un consenso total entre los poderes financieros, la gran patronal y los economistas y políticos liberales que se transmite constantemente a los medios de comunicación sobre la necesidad de realizar una reforma del mercado laboral.

También lo hay sobre los contenidos que debería tener esa reforma. Básicamente, el abaratamiento del despido, la descentralización de la negociación colectiva, la flexibilización de los modos de contratación y ahora con menos énfasis, la disminución de costes laborales como los asociados a las cotizaciones sociales.

Sin embargo, es verdaderamente sorprendente que no haya coincidencia sobre los objetivos que pretende la reforma. Es como si un grupos de médicos se pusiera de acuerdo sobre la medicina que debería tomar un paciente pero cada uno de ellos dijera que así se iba a resolver una enfermedad distinta. ¿No nos haría eso sospechar de sus conocimientos o de sus intenciones?

La mayoría de quienes defienden la reforma suelen coincidir en que es imprescindible llevarla a cabo para hacer frente a la crisis y al desempleo tan preocupante que se produce en nuestra economía. Pero el acuerdo no va más allá.

Los economistas del Grupo de los 100 que forman parte de la autocalificada “elite” de la profesión, como hicieron el pasado miércoles en el informativo del programa 24 Horas de TVE Bentolila y Santos, afirman que dichas propuestas se realizan para crear empleo, tal y como ha afirmado también el propio presidente de gobierno. Pero hasta dirigentes de la patronal, personalidades tan expertas como Felipe González y otros economistas liberales más sinceros y rigurosos reconocen, por el contrario, que las refomas de este tipo no lo crean y que, si acaso, permitirán que el que se cree sea mejor cuando se empiece a generar.

Me parece que esas contradicciones no son fruto de la casualidad.
Lo que ocurre sencillamente es que las propuestas que se están haciendo de reforma laboral se basan en una serie de falsedades que de tanto oír se dan por buenas y en un abanico de prejuicios ideológicos que se difunden sin cesar para disimulan lo que de verdad se busca con la reforma laboral.

La primera falsedad es que la reforma laboral sea necesaria para hacer frente a la crisis y más concretamente para acabar con el paro que ésta ha provocado. Es falso porque el desempleo que hoy día se registra en nuestra economía no es el resultado de la legislación laboral, de los costes de despido imperantes (cuando se han perdido casi dos millones de puestos de trabajo sin mayores dificultades por parte de las empresas) o de las rigideces de la negociación colectiva. Es bastante evidente que se han perdido tantos puestos de trabajo como consecuencia de la crisis financiera que ha provocado la irresponsable actuación de la banca y que ha dejado sin financiación a miles de empresas, del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la desconfianza empresarial que todo ello ha originado y, quizá como fenómeno añadido, de un incremento anómalo (aunque no por ello indeseable) de la población activa arrastrado por el propio crecimiento del empleo de años anteriores.

Por tanto, para hacer frente a la crisis lo necesario no es la reforma laboral, como se viene diciendo, sino dar soluciones a estos problemas que la originaron en última instancia y de los que apenas se habla, y mucho menos cuando de la banca y del aseguramiento de la financiación se trata.

Otra falsedad es la que deriva de afirmar que se podrá garantizar ahora o más tarde mayor volumen de empleo o de mejor calidad simplemente actuando sobre el mercado de trabajo. Se trata de una tesis liberal que la evidencia empírica ha demostrado en innumerables ocasiones que es falsa, o cuanto menos insuficiente, porque la creación de empleo no depende simplemente de las condiciones de la oferta y la demanda en el mercado de trabajo sino de lo que pase en el mercado de bienes.

Lo que puede ofrecer una reforma como esta es lo mismo que produjeron las anteriores, en España y en todos los países en las que se han llevado a cabo: mano de obra más barata y más dócil, puestos de trabajo más precarios y mejores facilidades para obtener beneficios a costa de producir menos y peor, pero nunca un incremento en el nivel de empleo por sí misma. Lo que crea empleo general es la demanda global del conjunto de la economía y no la demanda de trabajo de cada empresa: por muy barato que sea el despido, o por muy buenas condiciones de negociación que tenga un empresario, o por muy atractivo que sea el modelo de contratación, los empresarios no contratarán empleo si no tienen expectativas de obtener beneficios y eso dependerá principalmente de su volumen de ventas, de las condiciones imperantes en el mercado y de su estructura general de costes que generalmente tiene más que ver con factores relativos al entorno general de la empresa que con el montante particular de sus costes laborales.

Es una falsedad también decir que se puede combatir la dualidad en el mercado de trabajo (un problema que efectivamente habría que resolver en nuestro mercado laboral) incorporando nuevas formas de contrato y concretamente un tipo único.

Es una falsedad porque se soslayan las razones que han dado lugar a esa dualidad y que fundamentalmente tienen que ver con el modelo productivo y de creación de actividad que han impuesto las grandes empresas con gran poder de mercado a las demás, y no con los modelos de contrato: la externalización abusiva, la subcontratación generalizada, el deterioro del empleos generado por las administraciones públicas como consecuencia de la escasez de gasto público para financiar la creación del capital social, la conversión en autónoma de buena parte de la población trabajadora asalariada…

También es falso y no cuenta con evidencia empírica que pueda justificarlo afirmar que se va a crear más empleo o de mejor calidad abaratando el despido o flexibilizando la contratación. Es justamente lo contrario lo que ha ocurrido después de las reformas anteriores (algo que los liberales reconocen pero que justifican diciendo que no fueron tan lejos como debieran). Lo que ha venido después de todas ellas ha sido el aumento de la temporalidad y de la rotación de los contratos (hasta 13 millones en el pasado año) y nunca aumentos en la calidad del empleo o incluso de su volumen con independencia de las condiciones generales de la economía.

Y tampoco es exactamente cierto decir que el mercado laboral español es rígido, o más que otros países de la Unión Europea, cuando hemos podido comprobar que las empresas han podido realizar ajustes de todo tipo y recurrir a prácticamente cualquier tipo de contrato en estos años y a despedir sin problema a la mano de obra que no podían asumir cuando la crisis bancaria ha destrozado la actividad económica. Como tampoco lo es que los salarios españoles sean excesivamente altos y limiten nuestra competitividad.

El problema del empleo en España no está en el mercado de trabajo. Está en el modelo de crecimiento, en el predominio de un tipo de actividad de bajo valor añadido y dependiente, en el tamaño tan reducido de las empresas como consecuencia del tipo de redes interempresas que han impuesto las grandes, en la escasez de capital social que pueda dinamizar la innovación y que permita competir por una vía diferente a la de abaratar la mano de obra, en la gran oligopolización de los mercados, en el excesivo poder político de la banca que le permite imponer condiciones favorables a sus beneficios pero letales para la creación de riqueza productiva, entre otros factores. Y el problema radica, sobre todo, en que los grandes capitales obtienen tantos beneficios en las épocas de crecimiento intensivo a base de este modelo que les compensa soportar las fases recesivas sin modificarlo porque no es sobre ellos sobre quien recaen sus costes e inconvenientes. Sobre todo cuando ocurre como ahora, que esas grandes empresas o los bancos que han acumulado cientos de miles de millones de beneficios en los últimos años gracias a este modo de actuar no tienen dificultades para imponer nuevas medidas que permitan reforzarlo para volver a las andadas.

En resumen, la reforma laboral que la gran patronal y la banca están reclamando al gobierno no responde a las causas que han provocado la crisis y el desempleo, no va a lograr crear más puestos de trabajo, no acabará con la dualidad entre empleos indefinidos y temporales, no elevará la productividad ni mejorará la competitividad de nuestras empresas, salvo las de aquellas que solo la buscan abaratando la mano de obra.

Su función no responde a las mentiras que nos cuentan. Como escribía Joaquín Estefanía recientemente es “la de señal o emblema de que en España se practica una política económica ortodoxa de gran austeridad” (El País, 6-6-2010). Y desde hace mucho tiempo sabemos que lo único que busca esa política no es otra cosa que crear mejores condiciones para que los poderosos ganen más dinero todavía.

Fuente: JUAN TORRES LÓPEZ.

  • Doctor en CC. Económicas y Empresariales.
  • Catedrático de Economía Aplicada en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales – Universidad de Sevilla – Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

En España ya no existen las izquierdas, ¿y ahora, quién defiende al populacho?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Luis Burgos.


Bancos españoles, medios de comunicación y Camorra italiana.

Hasta el pasado mes de octubre solía publicar una columna quincenal en un periódico regional del grupo Vocento. No había recibido ninguna objeción a mis textos hasta el que envié para publicar el martes 27 de octubre. En éste, bajo el título El banquero y el presidente, yo contrastaba el patrimonio del presidente del gobierno español, hecho público recientemente y valorado en 209.206 euros, y la jubilación del consejero delegado del BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, de 55 años, que ascendería a tres millones de euros anuales. Llegó la fecha prevista de publicación en el diario y no apareció mi columna, ni tampoco explicación alguna. Tras intentar saber la razón, alguien del periódico, en un alarde de sinceridad que agradezco, me aclaró que el motivo era la presencia en el artículo de la crítica a esa astronómica jubilación. “Qué te voy a contar que tu no sepas”, añadió mi interlocutor. Me indicó que tres días más tarde me informaría de la decisión tomada a alto nivel sobre mi artículo. Nunca más se dirigieron a mi y el artículo no se publicó. No he vuelto a tener relación con ellos.

Para quien no sepa, es oportuno aclarar la estrecha relación del grupo Vocento con el BBVA, en concreto a través de la familia Ybarra. Como es sabido, Emilio Ybarra fue presidente del BBVA. Su hijo, Emilio Ybarra Aznar, fue nombrado en enero de 2007 presidente de CMVOCENTO, la empresa encargada de gestionar la publicidad de todo el grupo mediático. Antes fue director general del multimedia del diario La Rioja y de El Correo; y posteriormente director general de Desarrollo de ABC. Todos ellos diarios del grupo Vocento.

El hermano del ex presidente del BBVA, Enrique Ybarra, es vicepresidente de Vocento y presidente de la Fundación Vocento, posee además el 6’536 de las acciones del grupo de comunicación. En el consejo directivo del grupo se encuentra también Ignacio Ybarra, dueño del 11’628 de las acciones a través de su empresa Mezouna S.L. Es también consejero del BBVA y, desde 2008, responsable de la Unidad de servicios Transaccionales Globales de BBVA, habiendo ocupado desde 1998 otros cargos como los de Director de la Unidad de Instituciones Financieras, Director de Negocio de Banca Mayorista América y Director de la Unidad de Clientes Globales. Entre los años 1998 y 2001 fue director de la Unidad de Clientes Globales de BBVA.

No acaba aquí la saga. Se encuentra también el hermano Santiago Ybarra y Churruca, presidente del Consejo de Vocento desde 2001 hasta 2008 y hoy consejero. Y Alvaro Ybarra y Zubiria, también consejero del grupo de y dueño de un 0’458 % de acciones.

Hasta ese día yo había criticado en mis columnas al gobierno español, al Partido Popular, a la monarquía, al gobierno de Estados Unidos, a los políticos locales de diferente signo… sin que encontrase ninguna objeción en el periódico. Pero es evidente que pretender criticar al BBVA en las páginas de un diario del grupo Vocento era una pretensión imposible. Lo de la libertad de expresión acaba cuando aparece el dinero y los nombres propios.

En su libro “Gomorra”, el periodista italiano Roberto Saviano cuenta con todo detalle el funcionamiento de la Camorra napolitana. Se han escrito muchos libros sobre el crimen organizado en Italia, y no digamos películas, pero no eran muy exhaustivos en dar nombres con precisión, algo que hace Saviano en su obra. El 23 septiembre 2006 el autor participó en un acto publico en la ciudad Casal Di Principe, en la región de La Campania, bajo control de la Camorra, entre el público había numerosos jóvenes y estudiantes de la comarca, sobre los que era fácil imaginar su destino. En ese momento les retó: “Iovine, Zagaria, Schiavone (nombres de los capos de la organización criminal), no valéis nada, que se vayan, esta tierra no os pertenece. Y digo a los chicos: pronunciad sus nombres, veis, se puede hacer. Pronunciad el nombre de un boss no te pone en peligro, es una tontería. Pero es el miedo a no decir su nombre lo que nos lleva a utilizar términos y expresiones como ‘aquel’, ‘Él’ o ‘has visto quien pasó’ sin pronunciar el nombre propio jamas. Se trata de una especie de código con el cual creces, según el cual es mucho mejor no pronunciar algunos nombres”. Saviano los enumera ante ese público e inmediatamente capta la tensión que se ha generado en la sala. Desde entonces debe vivir con escolta policial en paradero secreto. Se equivocó cuando afirmó que no era peligroso decir los nombres. Por haberlo hecho murieron jueces, arrepentidos, policías y periodistas en Italia.

Parece que hay mucho en común entre la Mafia, la Camorra, los bancos y los medios de comunicación. Todo funciona sin problema hasta que salen los nombre propios, hasta que se señalan los criminales. Entonces se acaba la seguridad para Roberto Saviano y la libertad de expresión para quienes quieren escribir en los medios controlados por la banca.

En Gomorra, Roberto Saviano relata que las organizaciones criminales napolitanas terminan controlando a los comerciantes mediante préstamos que les garantizan liquidez. Los comerciantes los prefieren porque el interés es menor que el de los bancos. Cuando se endeudan va aumentando el porcentaje que deben dar a la organización mafiosa, pero, “los clanes no son como los bancos, que se cobran las deudas arramblando con todo; ellos explotan los bienes dejando que trabajen en ellos las personas con experiencia que han perdido su propiedad”. Al final la banca puede llegar a convertir en buenos a los mafiosos.

Fuente: Pascual Serrano / Rebelión

Tu otro banco… y cada día el de más gente.

No soy un moroso. Soy un estafado e ignorado por un sistema capitalista brutal y despiadado.

Yo era un ciudadano productivo más, de los muchos que hay como yo, víctimas del escándalo financiero que se está produciendo y encubriendo en nuestro país por las fuerzas políticas existentes. Trabajaba con ilusión, pagaba mis impuestos, generaba puestos de trabajo y riqueza.

Suscribí una hipoteca con el mismísimo diablo disfrazado: una de las entidades más fuertes del panorama económico y financiero nacional e internacional, el Banco de Santander. Pagaba puntualmente la misma hasta el momento en que una enfermedad degenerativa se apoderó de mi cuerpo y, con ello, de todas mis posibilidades de mantener la misma vida laboral y productiva que hasta ese momento había realizado. La nueva discapacidad me fue generando unos costes económicos de adaptabilidad de vida, consultas médicas y tratamientos, que nuestro actual sistema político y Administrativo, no cubre ni de lejos en su totalidad

Puse en conocimiento de esta entidad bancaria mi nueva situación, confiando en que su anunciada respetabilidad me correspondería con el mismo apoyo que yo un día les dispensé a ellos, que responderían a la confianza que yo les deposité al suscribir mi operación de crédito. Esperaba que ante mi nueva situación de invalidez, con la que he perdido una importante movilidad y me obliga a desplazarme en silla de ruedas, el banco me abonaría el importe de la póliza de seguro que en su día me obligaron a contratar y, que preveía este tipo de situaciones, más la de accidente o fallecimiento.

Pero lejos de rebajar ese importe de mi hipoteca y presentar una propuesta de amortización que se adaptase a mi nueva situación económica, me convertí en presa de sus constantes acosos y malas maneras. Poniendo la guinda a estos abusos el mismísimo Director de la Sucursal del Banco de Santander que me concediera en su día la hipoteca: esta persona entró en mi domicilio particular saltando por encima de una puerta que se encontraba cerrada, ante la presencia de testigos que corraboraron este hecho en la denuncia que interpuse ante la policía autonómica catalana.

Hoy me encuentro con que se han comido mis ahorros y una buena parte de los ingresos que obtenía cuando podía desempeñar mi trabajo. Pretenden embargarme mi hogar y dejarnos a toda la familia en la calle, prestos a subastarlo por un importe muy inferior a su valor real y al que en su día yo mismo suscribiera, para beneficio de crápulas y subasteros.

Ese es el Banco de Santander. Una de las entidades que más fondos públicos y privados recauda y gestiona; una de las entidades que más beneficios económicos habitualmente declara. La misma que se jacta de invertir 200 millones de euros en el equipo de Ferrari y Fernándo Alonso, para seguir luciendo poderío en esta España de amodorramiento, de circo y pandereta. La misma que financia con fortunas inmorales la compra de futbolistas, para que ese poderío, forjado con el dinero de sus clientes y los abusos que le permite el Gobierno ejercer sobre los mismos, traspase fronteras y muestre al mundo el despilfarro que existe en este país, por encima de necesidades sociales de primer orden, por encima de conciencias y personas desesperadas, para hacer todavía más evidente la falta de sensibilidad y compromiso con una sociedad que le ha permitido todo y se ha convertido en la Meca de ávidos banqueros y políticos corruptos.

Un país que no siendo ni de lejos la tercera potencia económica mundial, ha metido entre las filas del capitalismo internacional al tercer banco más potente, ese que con nuestro dinero se ha convertido en uno de los más ricos, pero también de los más pobres en gratitud y calidad humana. Ese que ha sabido, como todos sus homólogos nacionales, aprovecharse de la bondad de las gentes conformistas de este país, aprovecharse también de sus desgracias y, de una legislación que parece proteger únicamente los intereses de estas entidades, en detrimento de los más débiles. Una legislación que utiliza la maquinaria democrática y su Estado de Derecho, para dar forma a un inverosimil escenario de injusticia para sus ciudadanos y, albergar a un gran número de insaciables tragaperras que se han arropado bajo las sábanas celestiales de este fantástico paraíso financiero situado al sur de Europa.

Este es su banco y cada día el de más gente, el mismo en el que invierten su vida y su dinero.

Estoy aquí con mi hijo, en la calle, donde ellos nos quieren dejar. Me he plantado ante una oficina del Santander porque deseo poder mirar y que me mire a los ojos uno de los hombres más ricos del mundo: el Sr Botín. Para que sepa de donde sale una sustancial parte de sus beneficios y de su dinero, de tragedias como la que hoy os cuento.

José Luis Burgos.


La toma del poder por Wall Street y el próximo colapso financiero.

El viernes 27 marzo 2009 en la Casa Blanca, el Presidente Obama reunía a 13 presidentes ejecutivos de los grandes bancos (Citigroup y Goldman Sachs, entre otros) para solicitar su colaboración, diciéndoles “ayúdenme y se ayudarán”; y todos los presentes repitieron como un mantra: “ en eso estamos todos juntos”. Porque gracias al dinero del contribuyente y a los préstamos ilimitados facilitados por la Reserva Federal a bajo interés, se había impedido que los bancos allí representados cayeran como el Bear Stearns o el Lehman Brothers. Obama quería aprovechar la crisis de Wall Street para lograr concesiones; pero ya en los meses siguientes quedó claro que no había logrado su cooperación, iniciándose una batalla que dura hasta hoy.

Aprobado en enero 2010 un proyecto legal en el Senado y otro, paralelamente, en la Cámara de representantes, una comisión interpartidaria del Congreso se afana en ahora en refundir ambos textos que, en cualquier caso, se alejan mucho de las ideas de reforma expuestas en las declaraciones del Presidente. Sin embargo, la gran banca no muestra gran inquietud porque su influencia sobre Washington es sólida. Christopher Dodd, presidente del comité de banca del Senado, recibió legalmente 2,9 millones $ de la industria financiera en 2007-2008, menos que el candidato Obama pero más que cualquier otro senador. Y esa misma industria fue el primer donante para Barney Frank, el presidente del comité de servicios financieros de la Cámara. Son ejemplos concretos de los instrumentos sobre los que se asienta la gran influencia política de Wall Street sobre Washington, que se desarrolló y afianzó durante la etapa de Clinton; al imprimir un giro histórico al partido demócrata alejándolo de los sindicatos y aproximándolo a la gran banca.

Esos y muchos otros datos y su análisis político son el contenido del libro del profesor Simon Johnson, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y ex economista jefe del FMI, y de James Kwak de la consultora Mac Kinsey, publicado bajo el título 13 Bankers. The Wall Street takeover and the next Financial Meltdown. (Pantheon Books. Nueva York, 2010) Un documento lúcido de gran eco en los EEUU, y de interés para comprender la situación actual, en particular en Europa, aunque sus referencias históricas se focalizan en las reformas bancarias de Franklin Delano Roosevelt tras la crisis de los años treinta y en las reformas de su antecesor, Teodoro Roosevelt, que destruyó los monopolios industriales a principios del siglo XX.

La tesis central que se desarrolla ya la adelantó Simon Johnson en su breve ensayo “El golpe (de Estado) tranquilo” publicado en la revista The Atlantic (disponible en castellano), acerca del poder incontrolado de las finanzas, que en los últimos treinta años ha logrado que los bancos se hayan convertido en uno de los sectores más ricos y en una de las fuerzas políticas más poderosas, alcanzando un consenso político en Washington basado en que lo que es bueno para Wall Street es bueno para los EEUU. Y su peso en la política ha generado un entorno de “laissez faire” que ha hecho a los grandes bancos cada vez más grandes y con mayor riesgo, llegando en 2008 a poner en peligro el sistema financiero mundial tomando como rehén a la economía real.

Los bancos de Wall Street son la oligarquía de la nueva América, un grupo que gana poder político por razón de su poder económico y luego utiliza ese poder político para su propio beneficio” (p.6). Los rápidos beneficios y los bonus de los ejecutivos se transforman en poder político mediante contribuciones para las campañas electorales y el atractivo de la ida y vuelta de la política a la gran banca y viceversa; algo que – sostienen los autores – refuerza la credibilidad y la influencia de Wall Street. Para resumir, “en los últimos años el sector financiero de los EEUU y su influencia política son un serio riesgo para el bienestar económico y sin cambios significativos no hay razón para creer que no experimentaremos el próximo auge, la próxima quiebra y el próximo presidente explicará al pueblo americano que tiene que rescatar la gran banca (Wall Street) con el fin de salvar a la gente (Main Street). Y el cambio significativo requerirá abordar la desproporcionada riqueza y poder de un puñado de grandes bancos en el pináculo del sector financiero” (p.190). Son afirmaciones que suscribe un renombrado economista que dirigió los equipos técnicos del FMI.

Como dice un comentarista de este libro, resulta difícil entender por qué mientras la labor conjunta de la administración pública, los fabricantes de aviones y las líneas aéreas ha logrado un sistema de transporte aéreo muy complejo, eficiente y cada vez más seguro; por el contrario, nuestros bancos y reguladores han creado un sistema financiero menos eficiente y mucho más peligroso; y que, además, se resiste a su reforma y a su control.

Juan Hdez.Vigueras

Érase una vez… la corrupción y la codicia.

Ven al Santander, queremos ser tu Burguer.

Atropello Histórico del Santander y sus Cómplices del Gobierno.